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   Capítulo 17 Viejos recuerdos, nuevas esperanzas

Deseos cumplidos Por JACINTA CANINO Palabras: 9182

Actualizado: 2020-01-16 00:05


"No tienes derecho a decir que no. Como hija de la familia Qin, debes pensar en lo mejor para la familia. Este matrimonio es un paso adelante para todos nosotros. ¡Si te quieres casar o no, no depende de ti!".

"¡Deja de ser egoísta! Casarse con la familia Tang no es un sacrificio".

"¡Debes casarte!".

"Cassandra, lo siento mucho. Perdóname, pero no tengo otra opción...".

Cassandra se levantó de la cama con el cuerpo cubierto de sudor. Las pesadillas habían regresado: viejos y dolorosos recuerdos que contenían el ardor de las palabras. Creyó sentir las lágrimas húmedas de su madre y su inquietante voz disculpándose resonar en la habitación hasta alcanzarla. Respiró hondo, tratando de estabilizar su respiración. Recostada sobre su cama, se envolvió en el edredón, como si envolviera sus propios sufrimientos.

Impulsada por sus recuerdos anteriores y sin poder dormir, se permitió sumergirse en los recuerdos de épocas más atrás. Cuatro años atrás se suponía que era un momento de esperanza. Ella era una estudiante de secundaria que estaba a punto de graduarse. El futuro que tenía por delante estaba pintado en colores cálidos y brillantes. Sin embargo, la vida no siempre era de color de rosa o como a uno le gusta, ¿verdad? Ese año, la familia Qin sufrió grandes fracasos comerciales. Se tambaleaba al borde de la quiebra, debido a que los proyectos empezaron a fallar uno tras otro.

De repente, sus socios comerciales decidieron rescindir los acuerdos y los bancos se negaron a otorgarles préstamos. La compañía estaba a punto de desaparecer, y era como si el mundo se estuviera llevando su futuro poco a poco. Fue en este momento de crisis que la familia Tang apareció como un último hilo de esperanza, ofreciendo una mano a la familia Qin.

Pero, por supuesto, a un precio muy alto: su mano en matrimonio con el hijo de la familia Tang. En retrospectiva, la familia Tang no estaba ofreciéndoles ayuda simplemente como acto de generosidad. Las dos familias se habían entrelazado en relaciones complicadas. En pocas palabras, la caída de la familia Qin perjudicaría, indirectamente, a los intereses de la familia Tang, por lo que no podían permanecer impasibles viendo cómo se iban a la quiebra. La quiebra de la familia Qin podía hacer que la familia Tang descendiera algunos peldaños en el mundo de los negocios. Al final, descubrieron que el matrimonio sería una forma simple de lidiar con sus posiciones complejas.

El matrimonio consolidaría el pacto establecido entre las dos familias, como lo hacían muchas otras familias para obtener una posición más favorable. Al no encontrar otras alternativas, la familia Qin se aferró fuertemente a lo que parecía ser su último hilo de esperanza de supervivencia y aceptó la condición.

Cassandra fue el precio a pagar por el sacrificio. Con solo 18 años, se encontró en un matrimonio de conveniencia con un hombre que nunca había conocido, y sin poder alguno para oponerse.

Recordó cómo había tratado desesperadamente de escapar, rechazando el matrimonio y huyendo de casa. En ese momento se sentía como si el mundo le estuviera jugando una broma cruel. Primero, le quitaban todo lo que tenía y luego le ofrecía un poco de esperanza a costa de su libertad. Estaba decidida a vivir su propia vida, pero no pudo hacer nada más cuando su madre llorosa se arrodilló frente a ella y le suplicó que aceptara. La imagen del rostro manchado de lágrimas de su madre y su voz temblorosa todavía la perseguían hasta el día de hoy. Era como si le hubieran arrancado el corazón del pecho y, con los ojos cerrados, se enfrentó a su propia desesperación para salvar a su familia.

En ese momento pensó que quizá eso era lo mejor para todos.

Llegó el día de su boda. Fue una ceremonia pequeña y simple. El plan original de Horace era celebrar una gran boda, como era la tradición de su familia, y por supuesto demostrar a todo el mundo el poder de la familia Tang. Sin embargo, su hijo Lionel se opuso firmemente.

Cassandra pudo deducir por la actitud de Lionel que él estaba en el mismo bote que ella: obligado a casarse con una persona extraña por el bien de las familias. Era muy irónico que un evento tan feliz les trajera a los dos jóvenes solamente penas y pérdidas.

En la noche de bodas, Lionel ahogó su desesperación en alcohol y se embriagó por completo. Abrió la puerta de la sala de bodas de una patada y entró tambaleándose, agarrando a Cassandra por el vestido de novia y mirándola fijamente a la cara. Sus ojos solo destilaban disguto y enfado.

"Gracias a ti, la mujer que amo me ha dejado. No

eres diferente de una prostituta, ya que también te vendes por dinero. ¿Crees que has ganado? ¿Crees que vas a ser feliz ahora que te has casado conmigo?". Se ahogó con una risa amarga y borracha mientras continuaba: "Nunca te tocaré. Te juro que tendrás una vida miserable. ¡Puedes ser mi esposa en el certificado, pero nunca obtendrás nada de mí!".

Las palabras de Lionel dejaron a Cassandra estupefacta y a la vez muy dolida. Casi podía sentir el veneno en sus palabras, pero una parte de ella entendía por qué actuaba de esa manera. El matrimonio le había costado su felicidad, y ahora estaba atado a ella en lugar de a la mujer que amaba. Podía sentir su angustia desde la punta de sus dedos mientras él la agarraba del brazo, ignorando que ella también era una víctima del matrimonio.

Con esas palabras, Lionel se apartó de Cassandra, como si tocar su piel lo quemara. Luego, se dejó caer en el sofá junto a la cama y durmió allí.

El sueño la evadió esa noche, pensando en lo injusto que era todo: su familia, la familia de él, e incluso él mismo. Sintió como si ya lo hubiera perdido todo. Ella también era una víctima. Cassandra recordó sus palabras anteriores: "¿Crees que has ganado?". La mañana llegó y ella seguía despierta, sentada quieta en la cama con las manos y los pies tan fríos como el hielo. Hasta ese día no había sabido lo frío que podía ser el mundo.

Las emociones empezaron a invadirla, a medida que traía a la memoria sus recuerdos, y finalmente sucumbió a las lágrimas que siempre trataba de mantener a raya. Se envolvió con la colcha con más fuerza, dejando salir toda la amargura que había albergado durante años. Trató de pensar en los tiempos más felices de su vida para poder arrojar un poco de luz sobre la penumbra que la estaba envolviendo. Un mes después de su boda, su madre la ayudó a pedirle a la familia Tang que la dejara continuar sus estudios en Roma.

Esos cuatro años que siguieron fueron los días más felices de su vida. Ella se deleitaba en la libertad del presente, persiguiendo sus sueños y olvidándose del dolor. Era como si las altas basílicas y las vidrieras le dieran nueva vida, llenándola una vez más de colores cálidos.

Pero aun siendo feliz, sabía que en algún momento se le acabaría el tiempo y que tendría que regresar a la triste realidad de la Ciudad G y la vida que había dejado allí. Después de su graduación, ya no tenía ninguna razón o excusa para quedarse, así que empacó minuciosamente sus maletas y los cuatro años, con la esperanza de poder llevárselos consigo al volver a su país para enfrentar su pasado y la realidad.

Mientras el amanecer pintaba lentamente el mundo con su suave luz, los viejos recuerdos se hicieron humo.

Cassandra respiró hondo, con la almohada todavía húmeda por las lágrimas, y supo que tenía que ser fuerte y seguir adelante. Sintió la humedad en su almohada, y decidió no dejar que sus lágrimas fueran en vano.

Los brillantes rayos del sol cayeron al suelo calentando todo lo que tocaban. Atrás quedó la chica de la noche anterior, asustada de sus propias sombras, Cassandra enfrentó el día con una sonrisa determinada en su rostro.

Comenzó a prepararse para su primer día en el trabajo. Eligió una camisa blanca de encaje que le quedaba bien y una falda tubo negra hasta la rodilla, y se ató el cabello en una coleta alta, lo que la hacía lucir fresca y profesional.

Inspeccionándose en el espejo, asintió con la cabeza a su propio reflejo en señal de aprobación y aliento. Tang Group era una empresa inmobiliaria. Cassandra había estudiado arquitectura en Roma, y era muy buena diseñando. Incluso había ganado premios en varios concursos internacionales de diseño.

No hacía falta decir que había recibido ofertas de varias compañías muy bien establecidas, incluso antes de graduarse. Sin embargo, ella rechazó todas las ofertas.

Su posición como esposa del hijo de la familia Tang no le dejaba más alternativa que volver a la Ciudad G, por lo que no podía aceptar ninguna oferta. A pesar de sentirse abrumada por esta conexión, ella no dudó en ningún momento, ya que estaba convencida de que sobresaldría en donde fuera que estuviera.

Además, dejando de lado su relación con la familia Tang, Tang Group era en realidad un buen lugar para empezar a trabajar y demostrar sus capacidades. Reuniendo coraje, Cassandra decidió dedicarse a su próximo trabajo con la esperanza de un nuevo comienzo.

De pie, frente al edificio del Tang Group, y respirando hondo para animarse, Cassandra entró con la espalda erguida y una sonrisa brillante en el rostro.

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