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   Capítulo 20 Complicando las cosas

Deseos cumplidos Por JACINTA CANINO Palabras: 8178

Actualizado: 2020-01-19 00:05


La voz de Lionel resonó en los oídos de Cassandra, provocando que ella dejara de caminar. Cubriéndose la cara y sintiéndose frustrada, lentamente se dio la vuelta.

"Juro que no vi nada", exclamó Cassandra, quien se sentía arrepentida pero también humillada. En su tono no se escuchaba ni un solo rastro de celos, lo cual era extremadamente extraño para un matrimonio como ellos; sin embargo, este tipo de situaciones eran completamente normales para ella.

Cassandra no tenía ni la más remota idea de cómo se suponía que debía actuar una esposa que acababa de atrapar a su marido siéndole infiel con otra mujer; se le dificultaba fingir celos porque era consciente de que su matrimonio solo existía por cuestiones legales, un simple documento que solo servía como una fachada falsa para guardar las apariencias ante los demás.

"Lionel, ¿esta mujer es tu esposa?", preguntó la glamorosa mujer, quien arqueó las cejas y tenía su rostro manchado de lápiz labial. Incluso si esta dama conociera la identidad de la chica que acababa de irrumpir en la oficina, no habría mostrado intenciones de retirarse y dejar solo a Lionel. Después de juzgar a Cassandra de pies a cabeza, la mujer logró dibujar una sonrisa con la que claramente expresó su aire de superioridad.

Una pregunta tan descarada hizo sospechar a Cassandra. 'Ya veo, ¿entonces me hizo venir hasta aquí porque deseaba involucrarme en toda esta farsa?', se preguntó ella. Al recordar por qué había venido en primer lugar, rápidamente despejó su cabeza y respiró hondo:

"Señor Tang, ¿puedo saber dónde están los documentos?", preguntó Cassandra en un tono cortés, ignorando por completo la mirada inquisitiva de la mujer. Miró con frialdad y calma a su marido, quien ahora tenía en el rostro una expresión confusa.

Por razones que no podía explicar, su furia por Cassandra le hacía gritar por dentro. Cuando se puso de pie, apartó cuidadosamente a la bella mujer que tenía en sus brazos, tomó los documentos que estaban en la mesa y caminó hacia Cassandra, avanzando lentamente en cada paso.

Esta última, por otro lado, se sintió algo incómoda al ver la expresión de enojo en el rostro de Lionel. La confusión se manifestó como un ceño fruncido, pero ella trató de mantenerse tranquila y serena, esperando que él dijera algo.

"¿Cómo es posible que no reacciones con lo que acabas de ver? ¿No te hace sentir nada, ni un poco?", inquirió el hombre con disgusto mientras la encaraba y la veía de frente. Lionel estaba asombrado, ya que para su propia sorpresa, su supuesta esposa no estaba nada molesta por su acto de infidelidad. Él no esperaba que esto sucediera así. Frunciendo las cejas, le arrojó los documentos a Cassandra con indiferencia.

Ella permaneció tranquila y mantuvo una expresión que denotaba lo confundida que estaba. Mirando fijamente a Lionel y con la misma expresión en su rostro, Cassandra tomó los documentos.

En su primer día de trabajo, su esposo descaradamente había llevado a su amante a la compañía, ignorando por completo sus sentimientos. Además, lo hizo con premeditación y realmente se aseguró de que ella lo viera para hacerla sentir inútil e insignificante.

Sin embargo, Lionel cometió un error: se sobreestimó a sí mismo y subestimó a Cassandra. A ella le pareció divertido que hubiera tramado algo para alguien a quien ni siquiera le importaba él.

"Supongo que ahora podré continuar con mi trabajo", se excusó Cassandra en cuanto recibió lo que necesitaba.

Era asqueroso e incómodo para ella quedarse allí por más tiempo.

Cassandra permaneció fría y distante en todo momento, provocando que Lionel se perdiera en sus propios pensamientos, ya que no esperaba que su esposa actuara de esa manera.

"No has respondido mi pregunta", le recordó el hombre, quien estaba disgustado por cómo Cassandra lo había ignorado a él y a la escena que acababa de presenciar, mostrándose indiferente ante todo esto. Normalmente sus empleados lo respetaban debido a su poder y autoridad, y nadie se atrevía a salir de su oficina sin su consentimiento. Obviamente esta mujer no e

ra de las personas que lo consideraban su superior; era evidente que a ella simplemente le daba igual.

"Señor Tang, perdón por haber interrumpido lo que estabas haciendo con tu novia. No tenía la intención de hacerlo. Pero puedes estar tranquilo, tu secreto está a salvo conmigo. No le diré a nadie de la familia. Solo ten en cuenta que estamos en la compañía, no en un hotel, así que de favor te pido que te comportes mientras estés en el trabajo, señor Tang", respondió Cassandra con una sonrisa desdeñosa. 'Este hombre es tan inmaduro. ¿Tiene miedo de que le contara a Horace? ¿Por qué hizo esa pregunta? Bueno, no me interesan esos trucos infantiles, pero se pasó de la raya al haber traído a su amante a la compañía. Aunque él haya actuado de una manera tan vergonzosa, simplemente no me importa lo que haga', ella sonrió mientras estos pensamientos cruzaban por su mente.

"¿Qué quieres decir? ¿Quién te crees que eres?", cuestionó Lionel con ira, quien a la vez planeaba complicarle las cosas a su esposa. Al haber fracasado en su primer intento, él se apresuró a bloquear la puerta, sin permitir que ella se fuera.

"¿Crees que a mí me interesa entrometerme en tus asuntos? Ahora, por favor, discúlpenme. Tengo trabajo que hacer", exigió Cassandra, quien ahora estaba realmente enojada con Lionel, pues seguía comportándose como un mocoso.

"Lionel, ya que la señora Tang quiere irse, por favor, deja que se vaya", la mujer que durante todo este tiempo había guardado silencio, de repente, abogó por Cassandra. Luego se dirigió hacia ella y se explicó: "Señora Tang, por favor, no malinterprete nuestra relación. Simplemente somos amigos".

Sentada en el escritorio, la cautivante mujer se cruzó de brazos y sonrió. Por su encanto, parecía que tenía buenas intenciones, pero detrás de su voz amable parecía revelar un poco de su carácter dominante.

Cassandra ni siquiera le dio importancia; no le agradeció a la mujer y tampoco volteó a verla, solo le daba curiosidad saber a qué se refería cuando dijo que eran amigos. '¡Ja! Tal vez estuve en el extranjero durante demasiado tiempo y por eso ahora no entiendo qué significa el término 'amigos' en este país', pensó ella. 'Bueno, parece que puede haber una relación íntima entre amigos. Es algo nuevo para mí'.

"Por favor, hazte a un lado. ¡Ya me voy!", nuevamente exigió Cassandra alzando la voz y mirando a Lionel con una gran furia en los ojos.

La otra mujer, quien no recibió gratitud y ni atención de Cassandra, reemplazó lentamente su sonrisa por una cara completamente seria. Apretando los puños, sus ojos estaban llenos de hostilidad.

"Bueno, ¿entonces quieres salir? Cassandra, pensé que eras una mujer lista, ¿o no? Si realmente eres capaz de lograr que las cosas se hagan como tú quieres, ¿por qué no te arrastras entre mis piernas?", dijo el hombre desafiando a Cassandra.

Apoyándose contra la puerta, la sonrisa juguetona de Lionel comenzó a tornarse extraña e incomprensible.

En cuanto él terminó sus palabras, la cara de Cassandra se puso roja de furia, dado que ya no pudo contenerse cuando escucho comentarios tan humillantes proviniendo del hombre que siempre había sido malo con ella. Su resentimiento venció a la calma y la compostura que intentó sostener.

Justo cuando Cassandra estaba a punto de estallar, una voz suave y gentil interfirió en la conversación; junto con la voz llegó un aroma familiar. Confundida, Cassandra miró a su alrededor, desesperada por ver quién hablaba.

"¡Señor Tang! Veo que te gusta bromear con tus empleadas, pero lamento informarte que yo soy el jefe de Cassandra. Tengo que decirte que te metiste con la persona equivocada".

¡Era Rufus! Con la presencia de este hombre, extrañamente el intenso sentimiento de odio que tenía Cassandra se desvaneció lentamente para convertirse en tranquilidad. Ella agradeció su ayuda oportuna, aunque su relación era un poco complicada. Mientras miraba fijamente al hombre que la acababa de defender, de cierta manera se sintió segura, cálida y protegida, aunque era una sensación que no podía explicar.

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