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   Capítulo 23 Me siento muy acalorada

Deseos cumplidos Por JACINTA CANINO Palabras: 10008

Actualizado: 2020-01-22 00:05


Con el tiempo, Cassandra se había acostumbrado a la actitud grosera de Lionel y su constantes humillaciones.

De manera que, cuando tomó los documentos, salió rápidamente de la habitación sin molestarse en echarle otro vistazo a Lionel, ignorando por completo su presencia.

Mirando la espalda de Cassandra mientras salía, él no pudo hacer nada más que maldecir con furia. Desde el momento en que Lionel asumió el mando de la compañía, impuso un régimen de terror: nadie podía oponerse a su palabra y obligaba a sus empleados a cumplir sus órdenes de inmediato. Estaba a nada de convertirse en un jefe déspota y completamente irracional, el cual arruinaría a la compañía si no le quitaban el poder lo antes posible. En este lugar, él era como un emperador. Sin embargo, esta pequeña y valiente mujer se negaba obstinadamente a seguir sus reglas, el comportamiento atrevido de ella volvía loco a Lionel.

"¡Maldición! ¡Te arrepentirás de esto!", dijo Lionel para sí mismo mientras rechinaba los dientes y la veía alejarse.

La amplia oficina de Cassandra estaba rodeada de enormes ventanas de cristal, las cuales iban desde el piso hasta el techo, permitiendo que se tuviera una vista panorámica del exterior. Después de que ella regresase a su propia oficina, se concentró en su trabajo. Al estar tan absorta y concentrada en sus labores, perdió toda noción del tiempo y no se dio cuenta de que ya había anochecido.

"Gerente Qin, es hora de irse a casa", le recordó gentilmente la voz de un hombre.

Se trataba de Joel, quien estaba despidiéndose cortésmente de su jefa antes de salir del trabajo.

Mientras tanto, Cassandra seguía trabajando en el diseño, el cual estaba a mitad de ser terminado, sintiendo que las ideas innovadoras fluían libremente por su mente. Temiendo que su inspiración desapareciera, ella quería continuar; ya que después de todo, las ideas no solían llegar tan fácilmente, y al ser una artista, sabía que debía aprovechar este momento.

"Anda y ve. Yo me iré después de terminar mi dibujo", respondió Cassandra sin apartar la vista del dibujo.

A Joel le pareció extraño que su nueva jefa, una mujer, fuera tan adicta al trabajo. Por experiencia propia, trabajar horas extras era una cualidad que asociaba solo con hombres. Pero esta mujer estaba demostrando que se equivocaba. Así que cuando ella ignoró su recordatorio, Joel se quedó allí, impresionado por su empeño. Después de un rato, asintió con admiración y salió discretamente.

Poco después, la noche cayó.

Anticipando que podría quedarse trabajando hasta altas horas de la noche, Cassandra llamó a su suegro para avisarle que no se quedaran despiertos esperando a que volviera, dado que no iría temprano a casa. Horace, pese a estar sorprendido de escuchar que Cassandra tenía que hacer horas extras, se quedó más impresionado por su actitud.

En la oficina de Cassandra, un elegante reloj dorado, el cual combinaba maravillosamente con la pared blanca, avanzaba en silencio. Las maravillas arquitectónicas en el horizonte de la ciudad ofrecían un paisaje espectacular entintado con varios tonos de luz, dándole un toque encantador a la oscuridad de la noche. Bajo la brillante luz de la oficina, Cassandra tenía toda su concentración y energía enfocada en su dibujo. Estaba tan absorta en su trabajo que todo a su alrededor parecía no existir, olvidándose del tiempo y la fatiga.

"Hola, Gerente Qin, ¡todavía sigue aquí!", Una voz familiar irrumpió abruptamente, provocando que ella se despertara de su ensueño. Con los ojos entrecerrados, Cassandra alzó la cabeza y se sorprendió al ver nuevamente a Joel.

"Pensé que se había ido...", dijo Cassandra mientras estiraba la espalda y los brazos, tratando de sacudirse la tensión de estar sentada en una sola posición por demasiado tiempo. "¿Qué lo trae de vuelta?", añadió ella, sin entender por qué había regresado a la empresa a esas horas de la noche.

El dibujo estaba casi terminado; todo lo que necesitaba ella eran unos detalles y con eso acabaría. Entonces, de repente le echó un vistazo al reloj de pared. '¡Oh Dios! ¡Ya son casi las diez!', pensó ella.

"Estaba cerca de aquí, cenando con mis amigos, y entonces se me ocurrió que era probable que usted siguiera aquí trabajando, así que le traje algo de comida. Supongo que todavía no ha cenado", respondió Joel, quien entró en la oficina, le entregó el táper de comida a Cassandra con una mano y con la otra cerró la puerta detrás de él.

Se comportó de una manera tan natural que Cassandra no notó nada extraño en Joel. Ella miró a su asistente con gratitud y felizmente tomó la comida que le había comprado. Su amabilidad era tan inesperada y oportuna. 'Es tan amable de su parte haberme traído la cena a pesar de que nos hemos conocido hoy', pensó ella.

"Joel, gracias", Cassandra le agradeció al hombre, y con una sonrisa agradecida, ella tomó la taza de café que él había traído junto con la comida. Justo en ese momento se percató de lo sedienta que estaba.

Y sin pensarlo dos veces, se bebió todo el café de un solo trago. Joel la observó atentamente mientras se tomaba la bebida y recorrió toda la habitación con sus ojos, verificando furtivamente si había algo o alguien que pudiera arruinar sus siniestros planes.

Mientras, Cassandra seguía con la cabeza en alto y antes de que pudiera dejar su taza sobre la mesa, Joel sigilosamente dejó caer algo en el bote de bolígrafos que estaba sobre la mesa y caminó lentamente hacia ella.

En cuanto se bebió todo el café, la mujer comenzó a sentir una sensación de ardor en el estómago. El aire acondicionado funcionaba bien y podía sentir que expulsaba una corriente constante de aire frío. Pero entonces, ¿por qué Cassandra sentía mucho calor de repente?

"Gerente Qin, ¿qué le pasa? ¿Se siente bien?", preguntó Joel mientras se acercaba aún más a Cassandra, quien ahora apenas podía mantener los ojos abiertos. Cuando ella se tocó la frente con el dorso de la palma de la mano, comprobó que tenía fiebre.

"¡Siento que estoy ardiendo! ¡También estoy mareada!", murmuró ella con voz débil y sintiéndose aterrada. Vio que todo a su alrededor rápidamente se estaba tornando borroso. Incapaz de seguir manteniéndose derecha, Cassandra se recostó en el respaldo de su asiento, con gotas de sudor por todo el rostro.

"Seguramente ha estado trabajando demasiado duro. ¿Se siente cansada? ¿Puedo darle un masaje para calmar un poco sus nervios?".

Una sonrisa pícara apareció en la mejilla de Joel, y sin esperar su consentimiento, se puso detrás de Cassandra, listo para comenzar con su nefasto plan.

Ahora, no solo Cassandra, sino que el aire en la habitación parecía calentarse. Esa era la atmósfera que él quería. Estaba a punto de ejecutar su próximo movimiento, cuando de repente sonó el teléfono que estaba sobre la mesa, haciendo que Joel se detuviera en seco.

Todavía aturdida, Cassandra oyó sonar el teléfono, pero no pudo ubicar con precisión el lugar donde lo había colocado. Pero incluso si lo hubiera encontrado, no podría controlar su propio cuerpo lo suficiente como para atender la llamada. Afortunadamente, hizo un movimiento inconsciente, con el cual presionó el botón para responder con el modo de altavoz activado. Joel quería detenerla, pero ya era demasiado tarde.

"Emm... ¡hace mucho calor y me siento muy mareada! Ayúdeme, ayúdeme, por favor...", murmuró la mujer, lo cual golpeó fuertemente el corazón del hombre al otro lado de la línea, que no era nadie más que Rufus.

Horace le había comentado que Cassandra se quedaría a trabajar hasta altas horas de la noche. Y sintiéndose preocupado por ella, Rufus iba a la compañía para ver cómo estaba. Estaba parado justo en la entrada principal, y su llamada solo era para confirmar si ella estaba o no en la oficina. Sin embargo, por lo que había murmurado por teléfono, que no se entendía, sonaba muy desesperada y preocupada.

"¿Estás en tu oficina? ¡Demonios! Voy de inmediato para allá", respondió el hombre con su voz ronca y profunda, sonando firme pero con una actitud urgente. Al ser tomado por sorpresa, Joel estaba mortificado. ¡No quedaba nada de lograr su cometido! Estaba a punto de cumplir su plan, pero el hombre que llamó lo había arruinado todo.

Ahora Cassandra estaba acostada en el asiento y parecía que en cualquier momento se desplomaría. Después de reflexionar durante algunos segundos, se le ocurrió otro plan.

Al siguiente instante, después de echarle otro vistazo a la bella mujer, Joel maldijo a la persona que había llamado accidentalmente, y en consecuencia, había arruinado su plan. Pero antes de irse, logró dejar algo en la oficina: la mini cámara que había colocado en el bote de bolígrafos, la cual sería bastante útil para su próximo acto.

De la manera más rápida que pudo, Rufus corrió hacia el elevador que lo llevaría al piso donde se encontraba la oficina de Cassandra. Mientras esperaba en el elevador, se sentía incómodo y no podía dejar de preocuparse por la mujer.

Cuando finalmente logró abrir la puerta de su oficina, corrió hacia la silla y sostuvo a Cassandra entre sus brazos. La abrazó con fuerza y rápidamente echó un vistazo a su alrededor, poniéndose en estado de alerta para detectar cualquier peligro que pudiera estar al acecho en su oficina.

"Me siento muy acalorada... siento que me estoy quemando. Rufus, por favor... ¡Ayúdame, por favor!", suplicó Cassandra, quien asemejándose a un pulpo, usó sus manos y pies para rodear todo el ancho cuerpo de Rufus. Al sentir que este abrazo le era familiar, Cassandra lo abrazó todavía más fuerte; el abrazo apasionado de una mujer fue invadida por la lujuria. Estaba histérica, angustiada y lejos de su estado habitual.

Rufus frunció el ceño al darse cuenta de que Cassandra había sido drogada.

¡Cómo podría alguien tener las agallas para drogarla en su propia oficina! Solo el pensar en ello le provocó una repentina oleada de ira y sed de sangre tan terrible, que se expandió por todo su cuerpo.

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