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   Capítulo 24 ¿Esperas que pase algo entre nosotros

Deseos cumplidos Por JACINTA CANINO Palabras: 7462

Actualizado: 2020-01-23 00:05


Al hombre le caía un sudor frío por la frente. Podía sentir cómo sus fuertes impulsos sexuales se apoderaban de todo su cuerpo, pero sin embargo, había algo que lo inquietaba. Al mirar hacia abajo, vio un bolígrafo colocado en una posición muy rara en el suelo.

Lo agarró y examinó el pequeño objeto negro equipado en él. Este dispositivo no era nuevo para él, y se dio cuenta de que no era un bolígrafo común y corriente.

¡Era una cámara espía!

Rufus estaba en lo cierto. Alguien estaba vigilando a Cassandra y quería incriminarla deliberadamente.

A paso ligero, se dirigió al dispensador de agua que se encontraba en la esquina de la habitación, y sin esfuerzo, levantó el bidón de agua con ambas manos.

Dudando al principio, frunció el ceño y luego vertió el agua directamente sobre el cuerpo de Cassandra, empapándola de pies a cabeza. A Rufus no le agradó hacer eso, pero tenía que hacerlo.

El repentino escalofrío hizo que Cassandra abriera los ojos al instante, pero antes de que pudiera responder, Rufus volvió a echarle agua fría.

Una, dos, tres veces, la mojó con el agua, y no se detuvo hasta que no quedó ni una sola gota en el bidón.

Rufus estaba de pie junto a la mesa, sosteniendo el envase vacío en una mano, y Cassandra tendida en el centro del escritorio, calada hasta los huesos. Las gotas de agua chorreaban por las esquinas de la mesa, inundando la oficina.

La muchacha estaba pálida como el papel, escupiendo agua de su boca. El agua fría la reanimó, pero estaba demasiado débil para incorporarse.

"¿Estás bien? ¿Puedes hablar?", Rufus le preguntó, sintiendo pena por la vergüenza que le estaba causando a la frágil muchacha. Estiró la mano y le acomodó el largo cabello detrás de la oreja.

Cassandra abrió los ojos débilmente, pero la fatiga la venció por completo antes de que pudiera ver la cara del hombre.

Cuando se despertó de nuevo, se encontraba acostada en una cama, y lo primero que vio al abrir los ojos fue el techo blanco de la habitación. Mientras intentaba despertarse por completo, el rostro de Horace apareció en su campo de visión.

"¿Dónde estoy?", Cassandra preguntó con voz débil.

La cabeza le palpitaba de dolor.

"Anoche, el guardia de seguridad de la compañía te encontró inconsciente en la oficina y te envió al hospital a tiempo. Cassandra, eres mi nuera. No tienes que trabajar tan duro".

Las palabras de Horace hicieron que Cassandra se pusiera seria. Se incorporó lentamente, se apoyó contra la cama y sus ojos empezaron a recorrer la habitación como buscando a alguien.

Pero para su consternación, sólo estaba Horace.

Cassandra se reclinó con la mente en blanco, como si estuviera en trance. La imagen de la noche anterior volvió a su mente. Recordó claramente cómo Rufus echaba el agua fría sobre ella.

"¡Oye Cassandra, despierta!".

Cassandra frunció el ceño mientras los recuerdos de la noche anterior llenaban su mente. Estaba un poco confundida.

'¡La culpa es de esa taza de café!', pensó.

"Cassandra, ¿qué pasa? ¿Estás bien?", preguntó Horace con la voz llena de preocupación al ver que Cassandra estaba aturdida.

La voz de su suegro la hizo volver a la realidad. Parpadeó y habló con una profunda voz nasal ya que estaba resfriada.

"Papá, ¿has venido solo?".

Al terminar de hacer la pregunta, empezó a toser sin control. Horace se apresuró a darle en la espalda unas leves palmadas.

"Rufus ha venido también. Está haciendo los trámites hospitalarios afuera", respondió Horace. "Mira, Cassandra, te aconsejo que no trabajes tan duro después de esto. Si tu familia se entera, podría pensar que nuestra familia está abusando de ti".

Horace la contempló con una mirada paternal cariñosa. Estaba muy

satisfecho con su nuera. En su primer día de trabajo, Cassandra se había desmayado en su oficina debido al agotamiento. 'Debe haber trabajo demasiado duro', pensó Horace.

"Bueno. Prometo que no volveré a trabajar tanto. Gracias papá".

Cassandra no se molestó en preguntar qué había sucedido la noche anterior porque ya lo había recordado. No sabía cómo Rufus había conseguido resolverlo todo, pero estaba muy agradecida con él.

Justo estaba Cassandra pensando en Rufus cuando la puerta se abrió. Levantó los ojos y vio que Rufus entraba con una sonrisa irónica dibujada en el rostro.

"Muy bien, me tengo que ir. Rufus te llevará a casa cuando te sientas mejor. Afortunadamente sólo es un pequeño resfriado. Cuídate. y no trabajes tan duro, Cassandra".

Horace miró su reloj y se despidió.

"No te preocupes papá. Yo la llevaré a casa".

La voz de Rufus era tan relajada como siempre. Después de que Horace saliera de la habitación, Rufus y Cassandra se quedaron en el más absoluto silencio. Ella captó la mirada de Rufus e inmediatamente bajó la mirada para evitar el contacto visual con él.

"¿Qué pasa? ¿Te ha bajado la fiebre?".

Mirando la cara sonrojada de Cassandra, Rufus frunció el entrecejo con preocupación. Se sentó en la cama y le acarició la frente con una mano.

La noche anterior, de camino al hospital, la temperatura corporal de Cassandra aumentó repentinamente: tenía fiebre a causa del agua fría y la droga.

La cálida palma de Rufus tocó la frente ligeramente fría de Cassandra, quien mantuvo la cabeza baja, con las mejillas rojo carmesí.

"No te preocupes. Ya no tienes fiebre".

Rufus suspiró aliviado. Sus nervios tensos por fin se podían relajar.

"Anoche, nosotros...", Cassandra tartamudeó ya que seguía queriendo conocer toda la historia. Levantó la cabeza y, armada de valor, miró fijamente a los ojos de Rufus. Había una mirada tímida en su rostro.

"Anoche me sedujiste".

Rufus sonrió perversamente, y el encanto de su hermoso rostro se volvió irresistible. En un tono casual y voz baja, le contó a Cassandra lo que había sucedido la noche anterior.

"¡No, no lo hice!", Cassandra contradijo de inmediato, estaba agitada. Se mordió el labio inferior y sintió remordimiento al pensar en el incidente. No podía creer de que ella hubiera sido la que inició el juego, con deseo y agresividad.

"¿Todavía recuerdas la forma en que me abrazaste? ¿Cómo tus delgados dedos recorrieron mi espalda? ¿Puedes todavía sentir el calor? ¿Eh? ¡Me encantó la forma en que tu cuerpo estuvo contra el mío anoche! ¿Todavía recuerdas eso?", Rufus se burló de ella y observó las expresiones de Cassandra divertido. Le excitaba verla enojada, y la forma en que se mordía el labio despertaba deseos lujuriosos en él.

"¡Cállate! ¡Descarado! Me diste un baño de agua fría anoche. ¿Te acuerdas?".

Irritada, Cassandra se levantó de la cama y miró a Rufus con sus hermosos ojos. Había una sonrisa siniestra en el rostro del hombre.

"Necesitaba que te mantuvieras racional. Tenía que hacerlo. No había otra manera".

Rufus se hizo el inocente, levantando una ceja. Su sonrisa dejó entrever sus dientes y sus ojos marrones oscuros mostraron un placer extraño: estaba disfrutando el momento.

De repente Cassandra se quedó muda y no supo qué responder. ¿Este hombre la había salvado y sin embargo ella lo estaba culpando?

"Bueno, ya veo... ¿Estás imaginando que algo salvaje, placentero y erótico sucedió entre nosotros anoche?", preguntó él.

Ella se sacudió ante sus palabras, que la distrajeron por completo. Entonces, tomándola por sorpresa, él la atrapó contra la cabecera, acarició suavemente su cintura. Lenta, pero apasionadamente, la envolvió en sus brazos...

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