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   Capítulo 27 ¿Me has echado de menos

Deseos cumplidos Por JACINTA CANINO Palabras: 13455

Actualizado: 2020-01-26 00:05


Cassandra sintió un dolor que adormeció su mano, la cual acababa de bajar. Era de esperar, ya que ella había empleado toda su fuerza en esa única bofetada, para asegurarse de que quedara marcada en la piel de Lionel, quien estaba fulminando con la mirada a Cassandra. Sus miradas llenas de ira se encontraron. Él podía sentir su piel quemándose del escozor provocado por la bofetada.

No era la primera vez que ella lo golpeaba. Lionel resistió el impulso de llevarse una mano a la mejilla para aliviar el dolor punzante en la piel; definitivamente le dejaría una marca, pero se negó a darle el placer a Cassandra de verlo afectado por esto.

Al ver que él estaba dominado por una furia silenciosa pero evidente, Cassandra comenzó a sentirse incómoda, perdiendo las agallas que poco antes había mostrado. "Tú me insultaste primero, así que acabo de devolverte el favor", dijo ella, tratando de modular su voz para evitar que sonara temblorosa.

Ella podía percibir la ira del hombre que tenía enfrente; parecía que iba en aumento y que volvía más pesado el aire a su alrededor. Cassandra dio unos pasos hacia atrás para mantenerse distante de él. Lionel seguía en silencio y en ningún momento le quitó los ojos de encima. '¿Acaso exageré?', se preguntó a sí misma.

"Ca... ssan.. dra... Qin".

Lionel finalmente habló, pronunciando su nombre sílaba por sílaba, como si tomara cada sílaba con su boca y la aplastara. Después caminó poco a poco hacia ella; por cada paso que él daba, Cassandra retrocedía otro. Fue una persecución lenta, ya que la distancia entre ellos iba haciéndose cada vez más corta. Cassandra podía sentir como el miedo llenaba su pecho.

Sus manos se enfriaron cuando tocaron la pared detrás de ella, percatándose de que ya no tenía más espacio para retroceder

y no tenía ningún lugar a donde escapar. Ella alzó la cabeza en un modo desafiante, apretando los puños y mirándolo directo a los ojos. Su corazón martilleaba en su pecho, esperando el próximo movimiento de Lionel. 'De todos modos ya lo golpeé. Nada puede cambiar este hecho. No tiene sentido preocuparse, así que simplemente esperaré y veré qué hace', pensó para sí misma.

Lionel se irguió sobre ella e inclinó la cabeza: "Ninguna mujer se ha atrevido a pegarme, pero tú ya lo has hecho dos veces", siseó él. "¿Estás segura de que estás lista para afrontar las consecuencias?". Se inclinó hacia adelante, de manera que estaba tan cerca que Cassandra podía sentir su aliento sobre su piel.

La expresión de su rostro era brutal. Mientras la miraba, Cassandra sentía que la frialdad de su ojos era similar a una tormenta invernal; casi podía sentir que se congelaba bajo su mirada. Estaba petrificada, incapaz de moverse, con el miedo apoderándose de su corazón, estrujándolo con sus frías y húmedas manos.

A pesar de esto, ella no desvió la mirada y lo desafió: "No puedo cambiar el hecho de que te abofeteé. Eso ya está hecho. Si crees que fue injusto, puedes devolverme el golpe. Si eres un hombre, entonces actúa como tal. No soy ese tipo de persona que haría cosas despreciables para inculpar a los demás", esto fue lo único que se le ocurrió a Cassandra para intentar arreglar las cosas, aunque en realidad no esperaba ningún gesto de bondad por parte de Lionel. Con todas las agallas que pudo reunir y como si se estuviera preparando para lo que vendría, ella alzó la cara para volver a encontrarse con sus ojos.

"¿Crees que no me atrevo a hacerlo?", él la amenazó, con su ira elevándose a alturas inimaginables. ¡Qué atrevida era esta mujer! Nunca antes había pegado a una mujer ni había pensado en hacerlo; era mejor que aquellos canallas que se atrevían a alzar la mano contra las mujeres, pero esta dama en particular realmente estaba poniendo a prueba su paciencia.

"Si eso te hace sentirte mejor, entonces hazlo. Pero por favor, en el futuro piensa mejor antes de realizar tus acciones. Incluso si sólo está escrito sobre papel, sigo siendo tu esposa. ¿Por qué tienes tantas ansias de verme involucrada en una relación con otro hombre? ¿No te avergüenzas de ti mismo?", sin contenerse, Cassandra le lanzó toda su ira. Lionel se quedó desconcertado ante sus palabras. '¿De qué demonios está hablando ella?', se preguntó, pero antes de que pudiera interrogarla, la mujer comenzó a lanzar una avalancha de preguntas que no le permitían hablar.

"Sé que me odias. ¿Crees que yo quería esto? Si no fuera por mi familia, ¿crees que me habría casado contigo? No me importa lo que quieras hacer. No seré un estorbo en tu vida, pero ¿no puedes por lo menos dejarme en paz cuando estemos en la compañía?", A Cassandra le costaba respirar, las lágrimas corrían por sus mejillas mientras más palabras salían de sus labios: "Ni siquiera te pido que me trates bien, pero ¿no crees que fue demasiado tratar de drogarme?".

La última pregunta sonaba miserable, incluso para sus propios oídos, pero Cassandra no pudo contener la angustia que hervía en su pecho, dado que todo iba completamente mal. Nunca pasó por su cabeza que él fuera capaz de eso.

De no haber sido por Rufus, quién sabe qué tipo de escándalo se habría producido. '¿Lionel es quien está empeñado en destruirme?', pensó ella.

"¿De qué diablos estás hablando?", espetó Lionel, despertándola de sus pensamientos.

Él levantó su barbilla con un dedo y la obligó a mirarlo directo a los ojos.

Con esta acción, ella soltó una risa amarga, creyendo que estaba negando ser el responsable de lo que le habían hecho. "¿Qué? Señor Tang, ¡no sabía que tenía tan mala memoria! Qué pena, ¿verdad? Lamentablemente, tu plan fracasó. ¿Esperabas que yo te recibiera en el hospital con una botella de champán para que pudieras celebrarlo? Qué lástima", terminó sus palabras con una risa mordaz que resonó por toda la habitación. Con las lágrimas todavía fluyendo, y al haberse dado cuenta de lo sola que estaba, Cassandra suspiró profundamente, tratando de recuperar el aliento; apenas tenía la fuerza para poder mantenerse de pie. '¿Qué fue lo que hice mal?'.

"Cassandra Qin, ¿de qué estás hablando exactamente?".

Lionel cada vez estaba más y más perplejo con cada segundo que pasaba, ya que no sabía de qué estaba hablando ella.

Había pasado la noche con Ivy, por lo que era imposible que hubiera hecho algo para lastimarla. Sabía que era cruel con ella, pero su esposa ya debería estar acostumbrada a eso.

Lionel volvió en sí cuando sintió que lo estaban empujando. "¡Quítate de encima!", escupió Cassandra. "Me das asco".

Ya sabía desde el principio que este hombre la odiaba, pero sintió que había caído muy bajo por lo sucedido en este último incidente. A pesar de que Lionel la trataba mal, Cassandra trató de ser lo más civilizada que

pudo, pero si así era cómo él quería las cosas, entonces estaba preparada para devolverle todos los favores. Agarrando sus cosas y dándose la vuelta, Cassandra se apresuró a irse, sin querer siquiera estar en la misma habitación con este hombre tan despreciable.

Pero antes de que pudiera llegar a la puerta, Lionel se interpuso en su camino. "Dime claramente a qué te referías", le exigió, dado que no la dejaría ir sin averiguar al fondo de esto; incluso la obligaría a explicárselo en caso de ser necesario.

Cassandra usó su mano para secar las lágrimas que había en sus mejillas. Después, con el fuego de su ira ardiendo dentro de su ser, se encontró con los ojos de Lionel y dijo:

"Anoche, el asistente que me asignaste puso droga en mi bebida. Perdí el conocimiento y mi deseo sexual aumentó, además, puso una cámara espía en la oficina. Ya deberías saber el resto de la historia", dijo de forma acusadora. "Si quieres divorciarte, entonces habla con tu padre. Si él está de acuerdo, yo no me negaré, sin duda alguna, no te detendré. De hecho, sería una bendición el poder librarme de todo esto. ¿Crees que me agradas? ¿Crees que quiero estar casada contigo? ¡Tú me das asco!", le gritó ella.

Sus ojos ardían de ira y resentimiento. Ya estaba harta de todo, y ahora se lo haría saber.

La cara de Lionel se tornó pensativa, pero antes de que pudiera hablar, Cassandra lo empujó a un lado con furia y salió de la habitación, dejándolo solo dentro de la habitación y completamente desconcertado. Él frunció las cejas mientras trataba de comprender lo que le acababa de decir, con sus palabras rebotando y repitiéndose en su mente:

'Si no fuera por mi familia, ¿crees que me habría casado contigo...?

¿Crees que me agradas...? ¡Me das asco...!

Si quieres divorciarte, entonces habla con tu padre... ¿No crees que fue demasiado tratar de drogarme?'.

El rostro de Cassandra volvió a aparecer en su mente, se veía cansada y derrotada. Lionel sintió que su pecho se tensaba cuando un sentimiento desconocido le llegó. Odiaba a esta mujer, pero entonces, ¿por qué importaba lo que ella dijera? Le inquietaba el hecho de que sus palabras le afectaran; se sintió extraño, luego confundido e irritado. Optando por concentrarse en el asunto en cuestión, decidió enfocarse en los hechos.

'¿Droga? ¿Sexo? ¿Cámara?', pensó para sí mismo.

Permaneció inmóvil por un rato mientras seguía perdido en sus pensamientos. Hasta que finalmente sacó lentamente su teléfono e hizo una llamada, dando instrucciones: "Ayúdame a buscar una cosa".

...

La oscuridad cayó y cubrió la ciudad con sombríos colores.

Dentro de la casa de la familia Tang, Lionel finalmente había regresado después de estar ausente por un tiempo. Sin embargo, no se veía a Rufus por ningún lado.

La cena continuó en silencio, salvo por el tintineo ocasional causado por los cubiertos al chocar contra la vajilla. El joven marido y su esposa comieron sin decir ni una sola palabra y sin intercambiar ni la más mínima mirada. Obviamente había cierta tensión entre ambos, pero era como si la pareja mayor que estaban acompañándolos a la mesa ya se hubieran acostumbrado a la incómoda atmósfera que los rodeaba. Todos continuaron comiendo como si la cosa fuera completamente normal, hasta que el hombre mayor habló: "Lionel, Cassandra, ustedes dos ya no son unos jovencitos, así que deberían planear tener pronto un bebé".

Las palabras fueron solo un murmullo, pero Cassandra sintió como si hubiera oído porcelana rompiéndose en medio del silencio de la habitación.

Fue inesperado, ya que ese tema nunca antes se había tocado. Estaba tan sorprendida que casi escupió su comida. ¿Tener un bebé con ese hombre? Ni siquiera podían soportar estar cerca el uno del otro sin tener sentimientos negativos, y ni hablar de tocarse; simplemente era algo inconcebible. Lionel, por otro lado, estaba mucho más tranquilo y continuó comiendo, haciendo caso omiso a la pregunta de su padre.

Sin embargo, a Jill no le agradó la reacción de Cassandra. "¿Qué? ¿No estás dispuesta a hacerlo? Hace cuatro años quisiste estudiar en Roma y te dimos permiso. Ahora que te hemos concedido ese favor, ¿no crees que te toca compensarlo dándole un heredero a esta familia?", dijo ella burlándose.

Cassandra se encontró incapaz de responder;

sus ojos iban y venían por todos lados, como si hubiera pasado algo por alto. Fue entonces cuando se dio cuenta de que una de las sillas de la mesa se encontraba libre. Rufus aún no había regresado. Cassandra de repente se sintió extraña; cuando él andaba cerca, lo único que quería era que se mantuviera alejado, pero ahora que estaba ausente, ella se sintió algo inquieta y preocupada.

Incapaz de soportar la situación en la que se encontraba y tras lo dicho por su suegra, Cassandra decidió dejar la mesa. "Lo pensaré", respondió cortésmente. "Ya terminé. Gracias por la comida. ¿Puedo retirarme?".

Después, cuidadosamente dejó sobre la mesa los cubiertos y se levantó para caminar hacia su habitación.

Durante todo ese tiempo, Lionel no dijo nada; se limitó a comer y escucharla, así que cuando Cassandra se levantó para dejar la mesa, solo la miró de reojo.

"Mira a esa mujer. ¿Qué se supone que significa eso? ¡Como si le debiéramos algo!", la señora se burló cuando se aseguró de que Cassandra no podía escucharla. Horace solo le advirtió con la mirada, insinuando que se detuviera. Al ver el gesto de su marido, Jill se calló de inmediato y continuó comiendo.

Cassandra optó por ducharse para calmar sus nervios. Cuando terminó, se puso su pijama y apoyó la cabeza contra el marco de la ventana, perdida en sus pensamientos. Sintió que una niebla poco a poco se deslizaba sobre sus ojos, como si estuviera dentro de una ilusión.

'¿Dónde está Rufus?', se preguntó a sí misma. Había tenido el presentimiento de que algo andaba mal desde el hospital. Había rastros de pánico en él, diferente de su tranquilidad habitual. Para complicar aún más las cosas, esta noche no había regresado a casa, además, Horace en ningún momento mencionó su ausencia.

'¿Dónde estará?', esta pregunta seguía dando vueltas en su cabeza.

Cassandra suspiró;

había una sensación muy extraña en su pecho cuando se dio cuenta de lo mucho que pensaba en él. ¿Desde cuándo empezó a preocuparse por ese hombre tan molesto?

"¿Me extrañaste?", una voz masculina habló desde atrás, fluyendo en un tono grave y encantador, como si viniera de un sueño. Cassandra se dio la vuelta, ya que por un instante creyó que sus oídos le estaban jugando una mala pasada, pero se dio cuenta de que estaba equivocada al ver a Rufus parado detrás de ella. '¡Dios mío! ¿Cuánto tiempo lleva aquí y cómo rayos entró?'.

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