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   Capítulo 29 Un abrazo largo

Deseos cumplidos Por JACINTA CANINO Palabras: 9512

Actualizado: 2020-01-28 00:05


La mañana llegó.

Rufus se había marchado la noche anterior, dejando a Cassandra en brazos de un sueño inquieto.

Con las primeras luces del día, ella se despertó. Era todavía muy temprano, pero ya le era imposible volver a dormir. Se quedó en la cama, medio dormida, esperando que los tenues rayos de luz hicieran su efecto y la terminaran de despertar. Esa mañana, en el desayuno, no había ni rastro de Rufus. ¿No había regresado la noche anterior?

Solo había dos personas sentadas a la mesa: Horace, con una expresión sombría y Jill, que estaba igual de gruñona que siempre. El sitio de Lionel estaba vacío, y Cassandra no tenía idea de dónde podía estar.

"Buenos días", saludó cortésmente a la pareja.

Ninguno de los dos respondió, como si no la hubieran escuchado. Cassandra procedió a sentarse, sintiéndose incómoda, teniendo cuidado con cada movimiento que hacía, como si temiera molestarlos. Tomó un vaso de leche y lo bebió con una atención inusual, mientras Horace y Jill seguían sentados sin decir nada.

Después de un tiempo, el silencio se volvió demasiado insoportable y Cassandra no pudo evitar preguntar: "¿Dónde está Rufus? ¿No lo han visto últimamente?".

Jill levantó la cabeza súbitamente al oir sus palabras, como si hubiera dicho algo imperdonable. Miró a Cassandra, en silencio pero queriéndola matar con la mirada.

Por alguna razón, la muchacha sintió como si hubiera ofendido a alguien. Bajó la cabeza, esperando el reproche de Jill, aunque no estaba claro qué era lo que le molestaba. En cambio, fue Horace quien habló, dejando escapar un profundo suspiro mientras miraba a Cassandra.

"Él no está aquí. Probablemente estará ausente por mucho tiempo", dijo con tristeza, su mirada ahogaba a Cassandra con un dolor desconocido. Cerró los ojos y continuó: "Todo fue culpa mía".

Era raro ver a Horace tan triste. Parecía estar ocultando algo.

"¿Qué pasó?", Cassandra siguió preguntando.

No había podido deshacerse de las sensaciones de la noche anterior. Se sentía incómoda, como si algo no estuviera bien.

"No te culpes. Esa mujer murió a causa de una enfermedad. Tú no tienes la culpa", dijo

Jill con amargura, que había estado callada hasta ese momento. Cassandra palideció ante sus palabras.

¿Esa mujer? ¿Murió por una enfermedad?

Horace se volvió bruscamente hacia Jill y le dijo: "¡Tú! ¡No te involucres en asuntos que no te conciernen! Rufus está preparando el funeral de su madre en el extranjero, por lo que estará ausente por algún tiempo. Yo les debo todo, a él y a su madre..."

Horace lanzó otro suspiro triste, y Jill no habló nada más del asunto.

En este momento, la atmósfera pasó de incómoda a claustrofóbica. La mente de Cassandra empezó a dar vueltas al enterarse de los acontecimientos, y por alguna razón, una parte de ella se sintió triste.

La madre de Rufus había muerto. No era de extrañar que actuara de manera tan rara la noche anterior.

Aunque Cassandra no sabía mucho sobre su relación, supuso que Rufus estaría afectado por los hechos. Estaba claro, especialmente por lo que había pasado la noche anterior, de que estaba afligido. Cassandra pudo sentir el pecho presionado al recordar su expresión perdida.

"Papá, ¿asistirás al funeral?", preguntó sin pensar. En el momento en que pronunció sus palabras, se dio cuenta de su error. Jill la estaba mirando furiosa. Cassandra casi podía sentir cómo la mirada de su suegra le quemaba la piel por la ira que destilaba.

"¡Cassandra Qin!", dijo ella fríamente. "¿Debo recordarte que eres la esposa de Lionel? ¿Por qué estás tan preocupada por ese hijo ilegítimo? Esto no es de tu incumbencia. ¡NO estás en condiciones de hablar sobre estas cosas!", le advirtió Jill, dando un puñetazo sobre la mesa.

Cassandra miró hacia abajo una vez más, aunque solo fuera para evitar los ojos de la mujer. 'Jill está actuando de manera completamente irracional. ¿Por qué estar celosa de una persona muerta?', pensó para sus adentros, pero mantuvo la boca cerrada.

Las dos mujeres se sorprendieron cuando Horace estalló exclamando: "¿Por qué le gritas a Cassandra? ¡No quiero escucharte hablar de Rufus de esa manera nunca más, ten cuidado con lo que dices!"

Jill se estremeció ante la ira en su voz y no dijo nada más. Lo único que hizo fue darle a Cassandra una mirada llena de resentimiento, con lágrimas amenazando salir de sus ojos. Se levantó y subió corriendo las escaleras, secándose el rabillo del ojo.

Al ver las lágrimas de aquella mujer que normalmente era insensible, Cassandra se sintió culpable. Ella no sabía que su pregunta la molestaría tanto, y expresó una disculpa, "Papá, lo siento. No tenía ni idea..."

Ella se puso a comer de nuevo, pero ahora la comida se veía fría y poco ape

titosa, como si hubiera atrapado la amargura de la tensión de esa mañana.

"No, había forma de que lo supieras..." Horace respondió suavemente, sus ojos cada vez más distantes mientras continuaba. "Yo quiero verla una vez más, pero Rufus no me lo permitió..."

Horace se levantó, sacudiendo lentamente la cabeza y alejándose de la mesa con pasos pesados que resonaron por la habitación. Cassandra lo vio salir de la habitación. Sus hombros encorvados lo hacían parecer mucho más pequeño y viejo.

Al quedarse sola en la mesa, Cassandra parpadeó distraídamente, y empezó a sentir cómo una extraña sensación iba creciendo en su interior.

En la compañia, el día transcurrió como de costumbre, y los pasillos se llenaron de pasos y murmullos de empleados que realizaban sus tareas. Parecía que nadie sabía lo que había pasado la noche anterior. Nadie mencionó ni una palabra sobre el cambio aparentemente abrupto de su asistente. Era como si todo se hubiera restablecido en su antiguo flujo y, como de costumbre, había mucho trabajo por hacer y plazos que cumplir. El ajetreo del trabajo la calmó en el momento que se unió a sus colegas y continuó trabajando.

La tarea que Rufus le había dado estaba casi terminada, y ella la completó ese día.

Ahora todo lo que necesitaba era la aprobación de él. Después de su revisión, el diseño estaría listo para ser entregado a los clientes.

Si el diseño era de su agrado, éste sería su primer proyecto exitoso en Tang Group. Se animó ante la perspectiva, recostándose en su silla y sonriendo para sí misma.

Sin embargo, sus pensamientos empezaron a navegar a la deriva sin ella darse cuenta, y se encontró otra vez

pensando en Rufus.

Las imágenes de la noche anterior pasaron por su mente: sus ojos cansados y desanimados y la desesperación silenciosa cuando la sostenía en sus brazos. Frunció el ceño sin darse cuenta.

No podía imaginarse lo profundo que era dolor.

De su estancia en la casa de los Tang, lo poco que sabía de él era, principalmente, que era hijo de Horace con otra mujer, y que había estado viviendo solo con su madre. Debía ser un golpe muy duro para él perder a la única persona a la que podía tomar como familia.

A primera vista, parecía ser vago y malvado, como si no le importara nada, pero Cassandra podía ver claramente que Rufus definitivamente no era un hombre simple. Esta vez, estaba dispuesto a regresar a Tang Group, probablemente con un propósito.

'¿Cómo estará ahora? ¿Estará bien?', ella se preguntó. Los pensamientos de Cassandra ocuparon su cerebro. Se mordía el labio inconscientemente y las delicadas líneas de su rostro dibujaban en él confusión y preocupación.

Un golpe abrupto en la puerta la trajo de vuelta a la realidad.

Cassandra dio un salto en el asiento ante el repentino sonido. Había un hombre respetuosamente parado en la puerta, como esperando su atención.

"Hola, Gerente Qin, soy el asistente del señor Tang. Él desea verle en su oficina", le

dijo sin rodeos.

Lionel. Al escuchar su nombre, Cassandra se sintió un poco desconcertada.

¿Qué querría él ahora? En lo que a ella respectaba, no tenían nada de qué hablar. Dando un pequeño suspiro, se levantó de su silla y respondió: "Vale, iré para allá".

Cassandra hizo a un lado sus sentimientos personales mientras caminaba hacia su oficina. Ella era su empleada, y en la empresa, tenía que actuar en consecuencia como su subordinada.

Era mejor trazar una línea clara entre asuntos privados y comerciales. Este era uno de sus principios básicos, y estaba decidida a ser una de las mejores en su campo.

"Señor Tang, la gerente Qin está aquí", anunció el hombre cuando llegaron a la puerta de la oficina de Lionel.

Su asistente abrió la puerta y ella entró, viendo a Lionel ocupado con un videojuego.

Cuando entró a la oficina, el asistente cerró la puerta y se fue en silencio. Ahora solo estaban los dos en ese amplio lugar. A pesar del gran espacio, Cassandra sentía que se el ambiente era asfixiante.

"¿Pasa algo?", preguntó en un tono frío y distante, yendo directo al grano.

Lionel dejó de jugar y le devolvió a Cassandra la misma mirada fría que ella le estaba dando. Sin ceremonias, se levantó, fue a su escritorio y sacó un sobre de un cajón.

Ella entrecerró los ojos, tratando de entender lo que estaba haciendo.

Se volvió hacia ella y arrojó el sobre sobre la mesa.

Cassandra miraba el sobre en silencio y lo levantó con cautela para ver qué había dentro.

"Echa un vistazo", dijo, sonriendo.

Sus dedos temblaron cuando la imagen que apareció fue la foto de Rufus, con sus brazos envueltos alrededor de ella.

Sus ojos se posaron en el resto de las fotos, que revelaban más imágenes de ambos, caídas en el suelo.

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