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   Capítulo 30 La aventura

Deseos cumplidos Por JACINTA CANINO Palabras: 8808

Actualizado: 2020-01-29 00:05


Las fotos habían sido tomadas en la penumbra, y a la oscuridad de la noche, las dos figuras, que simplemente se habían cruzado, parecían estar cerca y mirándose con cariño. Cassandra se inclinó para recoger la evidencia de su delito, y trató de mantener la compostura delante de Lionel.

"Esas fotos fueron tomadas el mismo día que te graduaste de la Universidad Sapienza en Roma. ¿No me habías dicho que no conocías a Rufus de antes? Entonces, ¿cómo es posible que ustedes se encontraran en el mismo crucero?"

Los labios de Lionel se torcieron con desdén, conteniendo su ira. Esas fotos habían caído en sus manos por accidente. Al parecer, el día de su graduación, Rufus había estado con ella.

¡Se conocían desde hacía mucho tiempo, y su esposa le mintió al respecto!

Sin embargo, Cassandra no sabía nada sobre cuándo se habían tomado esas fotos. Esa noche se había emborrachado, y no pudo recordar nada de lo que había hecho hasta que estuvo sobria nuevamente.

Ella no tenía idea de que Rufus estuviera en el crucero esa noche. En cuanto a las fotos, ella no sabía cómo las habían tomado ni quién lo había hecho. Ni siquiera sabía de su existencia hasta ahora.

"¡Cassandra, será mejor que me expliques esto!".

Su prolongado silencio estaba haciendo enfurecer a Lionel mucho más de lo que ya estaba. Sus ojos agudos y fríos se clavaron en el rostro de Cassandra cuando la obligó a responder su pregunta.

"Hubo muchos invitados en el crucero. No sabía que Rufus estaba allí. Como puedes ver, estas fotos fueron tomadas desde ese ángulo a propósito. Además, aunque él hubiera estado en el mismo crucero, juro que no lo conocí esa noche", dijo

Cassandra sin dejar notar ni una pizca de emoción. Ella no estaba nerviosa o agitada ante la voz áspera de Lionel. No podía intimidarla. Lentamente levantó la barbilla y miró a Lionel desafiante, y agregó: "Si no me crees, espera a que vuelva Rufus y pregúntaselo cara a cara. O puedes agrandar este problema y decirle a tu padre que Rufus y yo hemos tenido una aventura. Eso te gustaría, ¿no?".

La expresión en el rostro de Lionel se volvió inescrutable por el sarcasmo en sus palabras. Cassandra claramente lo estaba amenazando. Ella no creía que él tuviera el coraje de hacer lo que ella decía.

"Cassandra, ¿de verdad crees que voy a creer en tus palabras?"

Lionel no era tonto. Sabía que quien estaba detrás de la cámara había tomado esas fotos a propósito. Sin embargo, eso no cambiaba el hecho de que Cassandra y Rufus se habían conocido en Roma.

"Nunca me has creído, ¿verdad? No importa lo que yo diga, todo es inútil porque nunca me escuchas. No tengo nada que decir sobre estas fotos. Puedes investigarlas si quieres. Tú y yo estamos casados, Lionel, en caso de que lo hayas olvidado. ¡Ódiame todo lo que quieras, pero por favor no me uses como una herramienta para ayudarte a deshacerte de Rufus!".

Cassandra nunca había sido tan racional como lo estaba siendo en ese momento. Podía ver las cosas claramente: Lionel no estaba enojado con ella por esas fotos. A él no le importaba que pusieran en riesgo su matrimonio. ¡Solo quería encontrar una excusa para eliminar a Rufus de Tang Group!

Lionel miró a Cassandra con la boca abierta, sorprendido. Por primera vez en años, sintió que la mujer que se encontraba frente a él era más inteligente de lo que pensaba. Y una sonrisa amenazaba aparecer en sus delgados labios.

"Cassandra, te he subestimado".

Lionel decidió admitir. Se acercó a Cassandra y le tocó la barbilla, mirándola con interés.

"Si no hay nada más, debo volver a mi trabajo".

Cassandra ya no quería hablar con Lionel. Se dio la vuelta tan pronto como terminó de hablar, lista y ansiosa por irse. Sin embargo, al segundo siguiente, sintió que Lionel la tiraba del brazo, y jadeó sorprendida.

"Cassandra, ¿qué tal si cooperamos entre nosotros por una vez?", le dijo

Lionel deteniéndola en seco. Perpleja, Cassandra frunció el ceño cuando se volvió para mirar a Lionel, y se quedó mirándolo con ese par de ojos tan bonitos que tenía.

"No lo entiendo".

Bajó la cabeza y miró la mano de Lionel, que todavía la tenía cogida por el brazo. Ella se sacudió, sintiéndose asqueada.

Lionel avanzó lentamente y se inclinó sobre su hombro. "¿No sueñas con tener una vida libre? Te estoy ofreciendo la oportunidad de hacer realidad tus sueños. Si admites que tienes una relación co

n Rufus, yo te prometo que te proporcionaré todo lo que quieras. Serás libre como un pájaro", le susurró al oído, con los labios curvados en una sonrisa malvada.

Cassandra podía sentir su aliento caliente acariciando su piel. Dio un paso atrás por instinto, con los ojos bien abiertos mientras miraba a Lionel con incredulidad.

No esperaba que su esposo fuera tan cruel. ¿Cómo se le pudo ocurrir esa idea? Estaba loco si pensaba que ella estaría de acuerdo con sus planes.

"Coopera conmigo. Prometo que no le pasará nada a tu familia. Nos divorciaremos y serás libre de hacer lo que quieras. ¿Acaso no es eso lo que quieres? ¿Qué te parece?".

Lionel fijó su mirada en Cassandra y arqueó una ceja, esperando su respuesta.

El tiempo pareció detenerse en la oficina, y en la atmósfera se podía palpar la tensión mientras Lionel la miraba. Cassandra le dedicó una sonrisa fría.

Era cierto que lo que Lionel acababa de ofrecerle era lo que Cassandra llevaba mucho tiempo soñando: la seguridad de la familia Qin, su libertad. Pero por alguna razón, lograrlo de esa manera la hacía sentirse triste y vacía, y estaba abrumada por esos sentimientos.

"¿Cómo puedes ser tan cruel, Lionel? Estás dispuesto a cambiar la reputación de tu esposa y de tu hermano para satisfacer tu propio deseo. No puedo quedarme contigo un segundo más. Me das asco. No me metas en tu pelea con Rufus. No seré parte de tus planes desvergonzados y vengativos. ¡No soy tan despreciable como tú!"

Cassandra miró a Lionel con burla. Su delicado rostro no escondía el profundo desprecio que sentía por él.

Sus palabras mordaces le sintieron como una bofetada en la cara a él:

"No participaré en tus planes desvergonzados y vengativos. ¡No soy tan despreciable como tú!"

Las últimas dos oraciones hicieron que Lionel entornase los ojos de rabia. Él cogió la barbilla de Cassandra entre sus dedos y la fulminó con la mirada. Su delgada sonrisa estaba mezclada con amenaza.

"¿Qué has dicho?"

Lionel apretó la barbilla de Cassandra con más fuerza, y ella apretó los dientes al sentir el dolor agudo en la mandíbula. Sin embargo, a pesar de esto levantó los ojos hacia él con audacia, haciendo todo lo posible para ocultar cualquier signo de dolor.

"Dije que eres un desvergonzado y vengativo. ¡Eres cruel con tu propia familia! No es de extrañar que papá decidiera pedirle a Rufus que fuera el CEO de Tang Group, a pesar de haber vuelto hace tan solo unos días".

Sus palabras enojaron a Lionel de manera increíble y su otra mano se disparó en advertencia. Cassandra cerró los ojos y le sonrió con frialdad. Ella lo despreciaba desde el fondo de su corazón.

Esperaba que la abofeteara, pero los segundos pasaron y él no hizo nada. Por fin, Cassandra abrió los ojos, y Lionel la soltó dejando caer las manos a su lado.

No la tocó de nuevo.

"Yo no golpeo a mujeres, pero te arrepentirás de lo que me has dicho hoy. Eso no es una amenaza, es una promesa. ¡Ahora sal de mi oficina!".

Lionel recuperó el aliento aunque sus ojos seguían ardiendo de ira y le señaló la puerta para que se fuera.

Sin volver a mirar a Lionel, Cassandra se dio la vuelta y salió de su oficina.

Cuando salió, se dio cuenta de que le temblaban las piernas. Había pensado que Lionel realmente la golpearía. Cassandra inhaló lentamente, tratando de tranquilizar a su conciencia culpable.

Después de todo, Rufus y ella...

La idea hizo que su rostro se pusiera blanco como papel, y con las manos en la barandilla a su lado, Cassandra trató de recuperar el aliento.

No podía creer lo decidido que estaba Lionel en conseguir el poder. No había pasado ni un día de la partida de Rufus y ya había ideado un plan para echar a su hermano de su puesto.

Lionel y Rufus eran hermanos. Compartían el mismo padre. ¿Acaso eso no significaba nada para Lionel?

"¿Cassandra?".

De repente, escuchó a una joven gritar su nombre y eso la devolvió a la realidad. Sus pensamientos se alejaron de Lionel y Rufus y se dio la vuelta. Vio a una mujer con un vestido blanco y negro de pie, no muy lejos de ella, con una dulce sonrisa en el rostro.

Confusa, Cassandra frunció el ceño en un intento de identificar quién era.

Sin embargo, antes de que pudiera hacerlo, la mujer corrió hacia ella y la envolvió en un cálido abrazo. Sonaba eufórica cuando dijo: "¡Oh, Dios mío! Cassandra, ¡eres tú! ¡No puedo creerlo!"

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