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   Capítulo 635 ¡Qué cachondo estás!

Deseos cumplidos Por Changdu Palabras: 10570

Actualizado: 2020-10-18 00:02


Al final, Cassandra cedió: "Está bien, llamaré a una limpiadora para que limpie la casa". Como temía que Rufus volviera y se pusiera a limpiar con ella, no tuvo más opción que darse por vencida.

Después de asegurarse de que todo estaba en orden, abrió la nevera y de inmediato se decepcionó al no encontrar nada adentro, por lo que decidió que tenía que comprar algo de comida para llenarla.

Al salir, mientras pasaba por el frente de un asadero de patos, el olor a grasa la invadió y sintió náuseas, lo cual era extraño, ya que normalmente le gustaba.

Afortunadamente, había un bote de basura a unos pasos, pues corrió hacia él de inmediato e hizo el intento de vomitar, pero no salió nada.

Al darse cuenta de que era un esfuerzo en vano, decidió comprar agua para limpiarse la boca, lo cual la hizo sentir un poco mejor, pero en general la incomodidad seguía allí, así que prefirió apurarse en hacer las compras.

En la parte de carnes, el malestar se despertó de nuevo por un pedazo de res lleno de sangre.

'Es como si estuviera enferma o algo así. Probablemente mi estómago no está muy bien. Ojalá me mejore pronto', pensó.

Dado que el simple hecho de mirar la carne le revolvía todo, prefirió comprar verduras y algunos de sus picoteos favoritos.

Entretanto, Rufus llegó a casa mientras ella todavía estaba en el supermercado.

Después de poner en el carrito todo lo que necesitaba comprar, Cassandra se dirigió a la caja para pagar, pero mientras hacía cola, un niño se estrelló con ella accidentalmente, por lo que perdió el equilibrio y casi se cae.

Asustado, el niño tartamudeó: "Señorita, se encuentra... ¿se encuentra bien? Lo siento".

Ella vio a otro niño que miraba en su dirección desde otro lugar con expresión preocupada, entonces se le ocurrió que ellos estaban jugando a perseguirse, razón por la cual uno de ellos chocó accidentalmente con ella.

Al notar esto, Cassandra le respondió con una sonrisa amable, pues los niños habían comenzado a agradarle gracias a Greyson. Se agachó para quedar en cuclillas y le replicó gentilmente: "Quizá sea mejor que no se persigan aquí en el supermercado, porque hay mucha gente y muchas cosas que podrían romper. Y si haces algún daño, tendrás que pagarlo después de todo".

El niño asintió con fuerza: "Sí, señorita, lo sé. ¡Ya volveré a donde mi hermano está!".

Cassandra le acarició la cabeza y dijo: "Está bien. Ten cuidado. No corras".

Cuando los dos niños finalmente desaparecieron de su vista, ella siguió su camino hacia la caja.

"Señorita, son trescientos setenta y uno", dijo la cajera.

Cassandra abrió su bolso y comenzó a buscar su billetera, pero no pudo encontrarla.

"Señorita, ¿olvidó traer dinero?", preguntó la cajera seriamente.

¡Ella estaba segurísima de que la billetera estaba en su bolso cuando salió de la casa! Además, tenía la certeza de que la tenía cuando se compró una botella de agua hacía un rato. ¿Dónde la habrá dejado?

De repente, recordó al niño que se estrelló contra ella:

'Él debió haberme robado la billetera. No se me ocurre otra forma en que esto pudo haber sucedido', se dio cuenta.

'Pero... era tan pequeño. ¿

agonizaba ella por dentro.

Cuando regresó a la habitación, Rufus encontró a su esposa debajo de una manta, lo cual daba la impresión de que se estaba escondiendo.

"Cassandra, te hice el desayuno. Levántate y ve a comer", dijo él, riendo.

Ella apretó la manta aún más sobre su cabeza y, desde debajo de las sábanas, ella respondió: "No tengo hambre. No comeré".

Por supuesto, él no se iba a rendir así, así que rápidamente le quitó la cobija de encima. "Vamos, Cassandra. ¡Comamos!".

Al segundo, ella apretó los dientes y lo miró fijamente. "Me duele el cuerpo. ¡No puedo moverme!", se quejó con impotencia, ante lo cual Rufus se rio entre dientes y le besó la punta de su nariz. "Lo siento. Culpa mía".

"¡Sí! Es a causa tuya. ¡Es tu culpa!", afirmó ella.

"Lo siento, cariño, De verdad. Vamos, comamos", respondió él.

Sin embargo, Cassandra todavía se mostraba reacia a seguirle la corriente. "No quiero levantarme", refunfuñó mientras se daba una vuelta hacia el otro lado. "La cama es tan cómoda".

Justo cuando terminó su oración, Rufus se puso encima de ella.

"¿Qué estás haciendo? ¡Quítate de encima!", gritó ella. "¿Te enloqueciste? ¡Ni se te ocurra!".

"¡Lo siento, no puedo controlarlo! ¡Eres demasiado hermosa!", respondió Rufus.

Aunque se sonrojó, Cassandra hizo todo lo posible por apartarlo. "¡Estoy demasiada cansado para estos jueguitos contigo en este momento! ¡Por favor, vete! ¡Si no te detienes, te juro que nunca más podrás tocarme!", declaró ella finalmente.

Por supuesto, esto era algo que él no quería que pasara, así que la amenaza funcionó particularmente bien, ya que se levantó de inmediato de la cama. "¡Está bien! ¡Te voy a dejar en paz por ahora!", cedió él.

A pesar de su persuasión, ella seguía sin mostrar ninguna intención de levantarse. "Bueno. Si quieres quedarte en la cama, me quedaré aquí contigo, pero no te prometo que pueda estar quieto. Si accidentalmente te hago algo más tarde, entonces no puedes culparme", bromeó Rufus.

Molesta, Cassandra replicó, "¡Estás demasiado cachondo! Te lo advierto, Rufus. ¡No pases el límite!".

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