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   Capítulo 2 Eres una mujer atrevida

Los Besos de Jacob Por Elephant Palabras: 9028

Actualizado: 2020-02-02 00:09


"Jack, me está dando frío". Con una sonrisa pícara, Rose continuó seduciéndolo, tratando de despertar a la bestia que había dentro de él. Su voz sonó tan tierna y dulce que ningún hombre podría haberse resistido.

Inmediatamente, Jack envolvió sus brazos alrededor de la cintura de Rose y le dijo: "Bueno, metámonos en el auto para que entres en calor".

Para él, acostarse con una mujer era tan común y mundano como comer.

Sin embargo, Emily era su favorita. Y si bien llevaba mucho tiempo deseando tener sexo con ella, había reprimido sus impulsos carnales para darle su tiempo, pues quería que ella diera el paso antes de atreverse él primero.

...

A pesar de que su relación apenas duró tres años, Emily se había entregado por completo a Jack. A ella le afectó mucho que su novio y su mejor amiga la traicionaran de esa manera tan traumática. Estaba demasiado aturdida y por eso decidió ir a un bar para despejarse.

A eso de las 2 de la madrugada, Emily salió del bar, completamente borracha. Entonces se quitó los tacones y caminó tambaleándose por el medio de la calle.

Entonces, unas luces deslumbrantes llamaron su atención. Confundida y perpleja, Emily se quedó paralizada sin saber qué hacer y solo le quedó mirar al Maybach negro que se dirigiía hacia ella.

"¡Ay!", gritó Emily perdiendo el equilibrio y desplomándose en el suelo al tiempo que el auto frenaba justo frente a ella.

Dentro del vehículo, el impacto del repentino frenazo hizo que la persona que estaba sentada en la parte trasera, quien estaba descansando con los ojos cerrados, saltara de su asiento. Él abrió los ojos y frunció el ceño en señal de disgusto. En seguida le lanzó una mirada inquisitiva a Sam, el conductor, quien también era su asistente.

"¿Qué pasó?".

"Señor Gu", respondió Sam con la frente perlada por el sudor. Entonces continuó: "Alguien apareció de la nada frente al auto, por eso frené tan bruscamente. Estoy seguro de que no atropellé a nadie, seguramente es un estafador que está fingiendo un accidente falso".

"Ve y echa un vistazo".

"Como usted ordene, señor Gu".

Sam salió inmediatamente del auto para ver lo que había sucedido. Lo primero que logró ver bajo la luz de las farolas fue a una hermosa mujer tirada en el suelo, completamente inconsciente. Cuando Sam se acercó, no tardó en percibir el fuerte olor a alcohol que emanaba de ella. Esa chica no parecía ser una estafadora.

"¡Oiga, señorita! ¡Despierte!".

Al acercarse, se quedó conmocionado cuando reconoció quién era.

'¿No es ella Emily Bai, la novia de Jack? ¿Cómo es que terminó aquí y en este estado?', se preguntó Sam para sus adentros.

Afortunadamente, era él quien conducía el automóvil. ¡De haber sido otro, la habrían atropellado!

Sam no se atrevió a tomar una decisión sin la debida autorización, por lo que se apresuró a consultarle a su jefe qué hacer. "Señor Gu, la persona que yace inconsciente frente a nuestro auto es la novia del señor Jack, la señorita Emily Bai. Al parecer se encuentra en un estado de ebriedad considerable...".

Jacob Gu espabiló los ojos de inmediato. Él recordaba a la chica, Jack la había llevado en ocasiones a la casa y la había presentado como su novia. Se trataba de una chica encantadora que tenía una dulce sonrisa. Luego de un momento de duda, finalmente le ordenó a Sam: "Recógela y tráela al auto".

En cuanto recibió la orden, Sam cargó a Emily con cuidado y la metió en el auto.

Ella se sintió incómoda por la forma en la que la habían dispuesto en el asiento. Entonces murmuró algo ininteligible, abrió los ojos y luego miró inexpresivamente al hombre que estaba sentado a su lado con el ceño fruncido. "¿Quién eres…?", preguntó.

Jacob se volvió hacia ella y la miró pero no dijo nada.

Finalmente, Emily abrió por completo los ojos y lo reconoció. "¿Ja... Jacob? ¡Eres... eres tú!", tartamudeó.

Pero Jacob la ignoró y le pidió a Sam que condujera hasta la casa de Jack.

La sola mención de ese nombre hizo que Emily se enfureciera al instante. "No quiero ir a su casa. ¡Él y yo ya no somos nada!".

"¿Terminaste con él?", le preguntó Jacob, sorprendido pero sin demasiado interés.

"Sí, hemos terminado...", sollozó Emily. Las lágrimas brotaron de sus ojos en cuanto recordó lo que había sucedido ese día. Entonces se derrumbó y continuó: "Jack se acostó con otra mujer...

¡Y estuvo detenido en la comisaría bajo sospecha de incitación a la prostitución!".

Ella describió la situación en un tono serio, sin darse cu

enta de que hablaba ingenuamente como una estudiante de primaria quejándose de su maestro.

Al escuchar sus palabras, Jacob entrecerró sus grandes ojos y pensó: '¿Prostitución? Se nota que Jack lleva bastante tiempo sin ser disciplinado'.

De hecho, nunca había sido muy estricto con su sobrino, pues en realidad no compartían la misma sangre. Poco le importaba si le había sido infiel a su novia o que tuviera muchas amantes, pero que manchara el apellido de la familia Gu con una acusación por incitación a la prostitución era demasiado.

'¡Jacob, tienes que darle una buena lección a ese chico!', pensó. Cuando Emily se percató de que seguía ignorándola, con gran enojo hizo hincapié en sus palabras. Ella asumió que él no había escuchado lo que le había dicho, por lo que se acercó a Jacob, aferrándose al cuello de su camisa y le dijo: "¿Escuchaste lo que te acabo de decir?".

Jacob frunció el ceño y se quitó sus manos de encima, haciéndola perder el equilibrio y caer de bruces sobre su regazo, cerca de su parte íntima.

Como era de esperarse, cuando ella abrió la boca para respirar, el olor a alcohol combinado con su cálido aliento se extendió por su regazo, que apenas estaba cubierto por dos capas de tela muy fina.

Cuando Jacob sintió el calor en esa zona, se quedó sin poder respirar por un momento.

"¡Deberías darle una lección a tu sobrino!", exclamó Emily con una voz dulce y seductora; gracias a esa voz era que siempre quedaba prendada en los corazones de los hombres.

"Primero debería dártela a ti", dijo Jacob, apartando su cabeza y luego le susurró con voz ronca: "¡Levántate!".

¿Cómo se atrevía a seducirlo en su propio coche? ¿Estaba haciéndolo a propósito?

"¡Jack es un bastardo! ¡Y tú seguramente también lo eres! Todos los hombres de este mundo son unos imbéciles...", expuso Emily, apoyándose contra él en vez de sentarse apropiadamente en su asiento. Actuaba como una niña terca que se había vuelto rebelde.

Bajo otras circunstancias, ella no se habría atrevido a mirar a Jacob porque tenía miedo de su crueldad. Pero ahora, y gracias a la influencia del alcohol, estaba siendo completamente imprudente y decía cualquier tontería que se le ocurría sin considerar las consecuencias.

"El muy descarado me dijo que si quería estar con él tenía que acostumbrarme a sus infidelidades. ¡A la mierda con ese imbécil desvergonzado!", maldijo Emily enojada, quien después canalizó su ira hacia Jacob: "Es muy probable que seas igual que él...

Tú también eres CEO de una gran compañía, así que debes estar rodeado de aduladoras todo el tiempo, tantas como para llenar un estadio de fútbol...".

Jacob comenzaba a perder la paciencia y poco a poco fue apareciendo un destello de ira en sus ojos. En ese instante se dio cuenta de lo difícil que era deshacerse de una mujer borracha. Trataba de alejarla, pero ella seguía cayéndose y aferrándose a él como si fuera un chicle. Emily había perdido el sentido de la vergüenza, pero su imprudencia fue más allá. Entonces, extendió las manos para apoyarlas sobre sus hombros y, con una sonrisa estúpida en su rostro, le dijo: "Jacob, tienes problemas de disfunción eréctil, ¿no es así?".

Esa fue la gota que rebosó el vaso. Ahora ella estaba metiéndose con su orgullo y virilidad y eso hizo que Jacob perdiera la paciencia.

Sin embargo, Emily no mostró ni un ápice de miedo. Más bien le sonrió y lo miró a los ojos, seductoramente. Sus hermosos ojos eran hipnóticos y, a pesar de que ahora sus pupilas estaban dilatadas y apenas se podían apreciar, seguían luciendo demasiado atractivos como para ser reales, brillaban cuales diamantes bajo la luz de la luna. Retazos del reflejo de Jacob bailaban en el iris de sus ojos, como si él fuera lo más preciado en ese mundo para ella.

Cuando sus exuberantes labios rojo cereza se abrían para hablar, parecían estar atrayendo a un hombre para besarlo apasionadamente.

Jacob recordó que esos mismos labios fueron los que exhalaron el olor a alcohol ardiente alrededor de su parte íntima... ¡Esa mujer era un demonio de la lujuria!

"¡Maldita sea, eres una mujer atrevida! Tú fuiste quien me sedujo, así que esto lo provocaste tú misma".

Después de decir eso, Jacob no se pudo controlar y la agarró por la parte posterior de la cabeza para acercarla a él y poder besarla apasionadamente, haciendo que ella se tragara sus palabras.

"Mmm...". El balbuceo provocado por la borrachera fue ahogado e interrumpido por el intenso e insaciable beso de Jacob.

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