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   Capítulo 8 ¿Cómo te atreves a lastimarla

Los Besos de Jacob Por "Angelú " Palabras: 9211

Actualizado: 2020-02-08 00:16


"No te lo tomes tan a pecho, Jack, no quiero que te hagas daño...". Rose aprovechaba cada instante para colmarlo de halagos. Ella había luchado hasta el final para convertirse en su amante, así que era obvio que no necesitaba de nadie para lograr lo que se proponía.

Jack no podía negar que el sensual cuerpo de Rose le inspiraba un deseo incontrolable, por lo que no tenía problema en prestarle atención. "¿Ahora qué quieres que te compre? ¿Ropa? ¿Joyas?", le preguntó él.

Por su parte, Emily nunca le había pedido nada lujoso; por el contrario, evitaba que Jack gastara mucho dinero en ella. Definitivamente ella era una mejor opción para convertirse en una buena esposa, pero ella lo había traicionado acostándose con otro hombre. ¡Los chupetones en su cuello eran la evidencia más convincente!

"No digas tonterías, en realidad solo me preocupo por ti", le dijo Rose aferrándose a su brazo como una niña mimada.

"¿En serio?". Jack entrecerró los ojos y bromeó: "Pensé que querías algo de mí, pero si no es el caso mejor olvida lo que te dije".

Sus palabras solo le causaron más ansiedad a Rose, por lo que le respondió rápidamente: "Otra vez leíste mi mente, de hecho sí quería pedirte algo pequeñito. Sé que me tratas muy bien, así que me vas a ayudar, ¿no es así?".

Jack no accedió de inmediato y, en cambio, levantó las cejas y le dijo: "Primero dime de qué se trata".

"Estoy participando en el concurso de la Asociación de Joyería Fina y he llegado a la ronda final, pero... no me siento del todo confiada, ¿puedes hacer algo para mí?".

"¿Emily también está participando en la competencia?".

Rose asintió con la cabeza y observó su expresión antes de decirle: "Jack...".

"Bueno, entonces todo dependerá de tu desempeño", dijo él burlándose mientras en su mente volvía a aparecer la imagen del rostro de Emily.

Con tal de vengarse de ella por su traición, Jack estaba dispuesto a ayudar a Rose en lo que deseara.

El tiempo pasó volando y la competencia final no tardó en llegar. Los diseñadores que calificaron a la final se hospedaron en las habitaciones del hotel que les asignaron con el propósito de evitar cualquier oportunidad de hacer trampa. Además, se adoptaron un conjunto de estrictas medidas para garantizar la equidad y la seguridad de la competencia. Algo como contratar a alguien que supliera a los concursantes en el desafío sería completamente imposible gracias a las medidas de seguridad que el comité había establecido.

Después de que Emily llegó a su habitación, dejó las maletas a un lado y se acostó en la gran cama para descansar un poco. Se puso nerviosa cuando pensaba en todos los famosos diseñadores de joyas que habían venido de todas partes del mundo para participar en el concurso.

Ella realmente quería ganar la competencia, ¿pero tenía siquiera la más remota posibilidad de sobresalir por encima de todos esos diseñadores tan talentosos?

"Clic". De repente el sonido de girar la perilla interrumpió sus pensamientos. Inmediatamente, Emily se puso en modo de alerta y se levantó de la cama para preguntar: "¿Quién es?".

Ella recordaba claramente haber cerrado la puerta con llave, por lo que la persona que estaba afuera no podría entrar...

Por sorpresa, la puerta se abrió desde afuera mientras Emily sostenía su propia llave en la mano. Cuando se terminó de abrir, sus ojos finalmente divisaron a un hombre de mediana edad parado en la puerta. El sujeto era bastante gordo y corpulento, tenía la cabeza calva y una gran barriga cervecera.

"¿Señor juez?".

El hombre parado frente a ella era Leo, uno de los distinguidos jueces de la competencia. Emily ya lo había visto antes y por eso logró reconocerlo, pero lo que la impresionaba era su apariencia, el sujeto era como una gran bola de carne parlante.

'¿Por qué uno de los jueces ha venido a mi habitación?', pensó ella. ¡Cualquiera habría pensado que estaría tratando de sobornarlo!

"Saludos, señorita Emily; he visto todos sus trabajos anteriores y puedo decir que usted es realmente talentosa...". Los ojos coquetos de Leo se clavaron en los de Emily, mientras cerraba discretamente la puerta tras él.

En seguida ella tuvo un mal presentimiento al respecto y le dijo: "Señor juez, se lo agradezco, pero creo que ahora no es el momento ni el lugar adecuado para que hablemos de esto. Si usted quiere platicar, deberíamos hacerlo afuera".

"Me temo que allá afuera hay muchas distracciones y no podremos entablar una charla fructífera entre nosotros". Mientras caminaba hacia ella, en el rostro de Leo apareció una sonrisa lasciva que se extendía

de oreja a oreja.

Emily empezó a devanarse los sesos pensando en la forma más efectiva de deshacerse de él; sin embargo, Leo no le dio mucho tiempo para pensar, pues tan pronto como pudo se abalanzó sobre ella sin darle mayor aviso.

Completamente conmocionada, Emily se resbaló en su intento de huir de él, pero antes de que cayera al suelo Leo agarró su mano y la apretó con fuerza.

"Cariño, no huya. Mientras me haga feliz, le prometo que tendrá un lugar entre los tres mejores diseñadores", le dijo y luego la jaló de la mano dejando ver una mirada lujuriosa y un ardiente deseo en sus ojos.

"¡Juez Leo! ¡Por favor, compórtese!", le reclamó Emily tratando, sin éxito, de zafarse de su agarre. En ese punto solo podía mirarlo con enojo e impotencia.

"¿Comportarme? Usted fue quien dejó una nota en mi habitación, invitándome a venir aquí. ¡Usted es quien me suplicó que nos acostáramos!".

"¡No, yo no fui! ¡De ninguna manera le escribiría algo así!", refutó Emily enojada. ¡Ella sabía que seguramente todo esto era un malentendido!

"¡Basta de la difícil conmigo! Yo puedo convertirte en una superestrella. ¡No sea boba!".

Poco a poco, Leo fue perdiendo la paciencia, por lo que comenzó a agarrarla con más fuerza de las manos hasta que pudo inmovilizarle los brazos.

Pero Emily no se dejó y de alguna manera logró liberar su otra mano para darle una cachetada. El sonido de la bofetada fue tan fuerte que se escuchó como un trueno.

"¡Perra! ¡¿Cómo te atreves a pegarme?!". Leo estaba tan furioso, que parecía que sus ojos estallarían en cualquier momento; su rostro rechoncho borboteaba de la pura rabia cuando exclamó. "¡Voy a darte una lección para que aprendas!".

La expresión de vergüenza en el rostro de Emily fue reemplazada por una de ira, pues planeaba aplicar en él la misma táctica que había usado para lidiar con Jack. Pero en ese instante Emily escuchó un chasquido desde afuera. ¡Alguien afuera había pateado la puerta!

"¿Quién carajo se atreve a...?", maldijo Leo con furia, sin embargo, antes de que pudiera darse la vuelta para ver quién era, alguien lo golpeó con fuerza.

"Vete al diablo...", soltó, pero cuando detalló al hombre que le había golpeado, su expresión cambió drásticamente y titubeó: "Señor Jacob... ¿qué está haciendo usted aquí?".

Jacob miró a Emily y luego le echó un vistazo al hombre que estaba tirado en el suelo. Llamas de furia ardían en sus ojos, como si el día del juicio final estuviera por desatarse desde ellos.

"¿Cómo te atreves a ponerle una mano encima?".

La sequedad de su voz y la forma en que Jacob expresó hizo que Emily se espantara y palideciera como una muñeca de porcelana. Ahora ella realmente temía que todo el mundo se enterara de la vergonzosa aventura que había tenido con él.

Leo tampoco lucía muy bien y pequeñas gotas de sudor comenzaron a formarse en su frente. Sin embargo, no vaciló en atribuirle la responsabilidad a Emily: "Señor Jacob, esta... esta mujer me sedujo primero...".

Jacob ni siquiera lo dejó terminar su oración, pues apenas empezó a hablar lo volvió a embestir con todas sus fuerzas y lo pateó hasta que la mole de carne empezó a clamar por ayuda.

En el fondo de su corazón, ya Jacob consideraba a Emily su mujer. ¡¿Cómo iba tolerar que otro hombre la tocara!? La última persona que lo había hecho había sido su sobrino, Jack, pero desgraciadamente no podía matarlo así como así. En cuanto al patético hombre que tenía enfrente retorciéndose en el suelo, ¡no le importaba en lo más mínimo!

"Señor Jacob, por favor, deténgase...", suplicó Leo, olvidándose de su dignidad. Entonces, se arrodilló ante Jacob y le rogó que se detuviera, pero fue en vano, pues solo recibió otra patada como respuesta.

Emily no era más que una espectadora aturdida; estaba aterrorizada y no podía ni moverse, por lo que se quedó parada sin hacer nada. Ella nunca había presenciado tanta brutalidad en su vida; Jacob estaba actuando como una verdadera bestia salvaje.

"Señor... señor Jacob...", se atrevió a decirle. "¿Acaso sientes lástima por él?", dijo Jacob mirándola con los ojos entrecerrados. Su ojos punzantes penetraron en su alma como un cuchillo caliente cortando mantequilla.

Entonces, Emily tragó saliva y suplicó nerviosamente: "No, no es eso, señor Jacob, es que podrías matarlo... y estarás en problemas si lo haces...".

Jacob se detuvo por un momento para soltar una carcajada sombría.

Justo cuando Leo comenzó a relajarse, pensando que tendría clemencia de su parte, el lujoso zapato de Jacob pisó su mano regordeta, aplástandola con toda su peso.

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