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   Capítulo 96 La chincheta

Los Besos de Jacob By Lan Ke Ke Palabras: 11538

Updated: 2020-03-27 02:32


Cuando escuchó el grito, Jacob entró corriendo solo para encontrarse a una adolorida Emily tirada en el suelo y a su lado, a una Zola distraída.

"¿Qué pasó?", preguntó. Sin esperar una respuesta, Jacob se acercó a toda prisa, llevándose por el medio a Zola. La imagen de Emily adolorida en el suelo le generó una mezcla de rabia y sufrimiento que no pudo ocultar.

"No es nada; no te preocupes; debe ser que pisé algo puntiagudo". Tratando de demostrar que estaba bien, Emily se dispuso a levantarse, apoyándose sobre sus manos y codos, pero, con la misma rapidez, Jacob la agarró para cargarla.

"No, no te muevas", le suplicó.

Preocupado, se inclinó para examinar el pie de Emily. La herida parecía ser mucho más grave de lo que ella demostraba, su pie estaba hinchado y no dejaba de sangrar. Corría peligro de infectarse si no se trataba, además, por lo tensa que estaba Emily, debía dolerle mucho. A pesar de la gravedad del asunto, Zola estaba parada sin hacer nada, como perdida; Jacob no pudo seguir soportándolo y en una oleada de ira, le ordenó a gritos: "¿Qué haces allí parada? ¡Llama al doctor de inmediato!".

Como si despertara de un sueño, Zola tardó un tiempo en volver en sí. Ligeramente frustrada por los gritos de Jacob, no le quedó de otra que obedecerle y bajar las escaleras para llamar al médico.

El galeno no tardó en llegar y revisó con mucho cuidado el pie de Emily. La culpable de su herida había sido una chincheta. Con mucha delicadeza el médico le quitó la chincheta del pie y limpió el área con unas toallitas alcoholadas para desinfectarla y detener el sangrado. A pesar de lo doloroso que era, Emily ni se inmutó, sino que permaneció en silencio. El dolor empezó a disminuir tan pronto como el doctor le aplicó una crema antibiótica con propiedades analgésicas. Finalmente, le vendó el pie con una gasa gruesa.

"Señorita Emily", procedió a explicar. "Afortunadamente, la chincheta no penetró demasiado profundo, pero debe tener mucho cuidado para evitar una infección, mi recomendación sería que limitara sus caminatas". Si bien no era lo que Emily quería escuchar, ella aceptó su consejo, después de todo, no le quedaba de otra; además, Jacob no aceptaría que fuera de otra manera. Luego, el médico les instruyó sobre el uso de la crema y se fue al cabo de un rato.

Todavía algo conmocionado por la situación, Jacob se sentó junto a Emily en un extremo de su cama y le preguntó: "¿Dónde estaba la chincheta?".

'¿Dónde fue que me pinché?', pensó Emily, quien no se había detenido en eso hasta entonces. Después de reflexionar por un momento, le respondió con toda honestidad: "No estoy segura, quizás estaba en la alfombra y simplemente la pisé. No puedo decir si realmente había algo allí".

"¿Quién limpió esta habitación?", preguntó en tono de amenaza. Con los ojos entrecerrados, miró penetrantemente a Zola por unos segundos esperando su respuesta.

En pánico, ella le respondió: "Señor, Kate fue la que limpió esta habitación...". Luego se detuvo, quizás apenada por haber delatado a su compañera de esa forma y añadió: "Fue mi culpa, señor; debí haber revisado con más cuidado la habitación...". Su momento de remordimiento se volvió en miedo a que la descubrieran;

la expresión de preocupación en el rostro de la criada hizo que Emily sintiera empatía por ella, simplemente no podía evitar ver lo mejor de las personas siempre.

"Jacob", dijo con calma. "No fue culpa de nadie, no fue má

y le dijo: "Sí, señor". De mala gana, Zola lentamente arrastró sus pies hasta la puerta, con la esperanza de que él cambiara de opinión. Sin embargo, Jacob no le dijo nada y a ella no le quedó de otra que bajar a avisarle a Sam.

Aunque le sorprendió la decisión de su jefe, Sam no quiso discutir su decisión; después de todo, él sabía lo importante que Emily era para él, entonces comprendió que quisiera quedarse a cuidar de ella.

Luego de hablar con Sam, Zola regresó a la mansión cuando se dio cuenta de que una de las criadas estaba merodeando por el jardín. Sin saber quién era, Zola se acercó ella y vio que se trataba de Kate, su chivo expiatorio, quien estaba angustiada, llorando y hablando sola.

Pronto caminó hacia ella y la tomó en sus brazos, preguntándole en voz baja: "¿Qué estás haciendo aquí, Kate? ¿Por qué no te has ido todavía? ¿No te dije que te fueras de inmediato? El señor Jacob se va a enojar si ve que sigues aquí".

Los ojos de Kate estaban rojos de tanto llorar y, con la voz temblorosa, le dijo: "Zola, te juro que limpié muy bien esa habitación y la revisé con mucho cuidado, de ninguna manera podía haber una chincheta en la alfombra, ¿será que puedes dejar que le explique eso al señor Jacob?".

Los sirvientes de la familia Gu tenían muchos beneficios y un muy buen salario, era natural que Kate no quisiera perder su trabajo. La pobre aún no se explicaba qué era lo que podía haber pasado, ¿de dónde había salido esa chincheta? Ella sabía que no había sido culpa suya y no quería tener que cargar con eso.

Aún más asustada de que la descubrieran, Zola permaneció tranquila y le respondió seriamente: "Lo siento, Kate; no puedo hacer nada por ti, fuiste tú quien limpió esa habitación y fue allí donde la señorita Emily se lastimó. Tanto ella como el señor Jacob están muy enojados por eso, así que si te quedas aquí será peor para ti".

"Zola, pero yo...".

"Te vas con tres meses de salario, no te puedes quejar; además, si te quedas, solo lograrás que el señor Jacob se enoje aún más y quizás pierdas ese dinero también. Debes irte ahora antes de que él te vea". Zola hizo una breve pausa y luego continuó, algo exasperada: "¡Ve! ¿Que estas esperando? Si algo le vuelve a pasar a la señorita Emily, el señor Jacob no tendrá misericordia con nadie".

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