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   Capítulo 4 TRES

PAGADA PARA SEDUCIR AL ÁRABE Por Dulceee25 Palabras: 4396

Actualizado: 2021-03-22 20:14


La noche era larga y ese momento con Amir dio por finalizado al acercarse otro empresario dispuesto a caerle bien para invertir.

Mientras tanto me alejé de él, pero sin perderlo de vista, lo tenía a centímetros de distancia, pero cada vez que podía lo observaba como si fuera una adolescente que miraba a su amor de la secundaria.

Mi imagen captaba las miradas de muchos, pero no la del hombre que quiero que me mire, muchos alzaban la copa para brindar conmigo desde la distancia, pero Amir solo conversaba mientras su semblante era serio y a la vez amigable.

—Es triste ver a una mujer como usted sentada tan sola— se acerca un hombre a mí.

—¿Quién le dijo que ando sola?

—La estuve observando desde que se sentó cerca de la barra.

—Salud por usted, me descubrió— sonreí.

Lo miré sensualmente mientras este idiota babea por cómo crucé las piernas.

—Creo que iré a tomar un poco el aire, aquí dentro hace mucho calor.

Tenía que armar un plan B para llamar la atención de Amir.

Y es que se me ocurrió repentinamente al verlo salir a la terraza.

Fingí no verlo y miré a las preciosas vistas que nos regalaba la noche hasta que sentí unas manos posar por mi cintura.

El tipo de antes.

—Vamos nena, lo deseas tanto como yo.

—Suéltame, no me toques— le pedí, pero este insiste y eso me viene de perla. — Estás muy buena.

Entonces la figura de Amir lo empuja para alejarlo de mí y este me pregunta si estaba bien mientras unas lágrimas falsas salen de mis ojos.

—Señor Al Malik, no es lo que piensa— se justifica ese hombre.

—Lárgate y aprende a respetar a las mujeres.

Al quedarnos solos se gira para tenerme de frente y vuelve a cuestionar la misma pregunta de antes y esta vez negué.

—Lo siento, pero ese tipo quería...— me interrumpe.

—Está bien, cálmese.

Asentí mientras mis manos temblaban y esta vez sí que era de verdad, porque su olor me azotó con tanta intensidad que me dejó tiritando, tan masculino, tan caballeroso.

—Creo que debería pedirme un taxi e irme de aquí.

—¿Un taxi?

Volví a sentir.

— Te puedo llevar, de todas maneras iba a ir a regresar al hotel, por esta noche fue suficiente.

Y bingo, pico y esta era mi oportunidad y espero no equivocarme.

Los segu

ndo vuelan al caminar a su lado, él mantenía distancia mientras me moría por reducir ese trayecto.

—Me di cuenta de que muchos hombres la han estado cortejando esta noche— su voz sonó nada más entrar a su carísimo coche.

Vaya y yo que pensaba que se había olvidado de mi presencia después de esa extraña conversación.

— ¿Usted estaba entre ellos?

Este mostró su perfecta e insuperable sonrisa.

—¿Está coqueteando conmigo, señorita Lauren?

Si se acuerda de mi nombre es porque interés tienen.

—Para nada, solo estoy preguntando, señor Amir.

—Pues déjeme decirle que no lo parece.

Le mostré esa sonrisa que dice Carlos que cautiva y este se detuvo para mirarme.

—¿Tal vez el que coquetea conmigo con esa mirada sea usted?

Este carraspeo y después encendió el motor del vehículo haciéndolo rugir con fuerzas.

—¿Supongo que es la primera vez que sube a una mujer en su auto y que no sea su hermana, madre o esposa si es que la tiene?

—Está en lo cierto.

—Siempre estoy en lo cierto.

Volvió a curva sus labios para dejar ver esos hermosos hoyuelos. ¿Cuántas han sido ya? Desde que entramos en su auto no ha hecho más que sonreír por mis sugerencias y si fuera otro hombre ya se habría lanzado a devorarme la boca.

—¿Estará mucho tiempo en Londres?

—Un par de semanas, de hecho le dije a mi asistente que me buscara alguna guía turística para que me lleve a conocer lugares maravillosos de Londres y por el momento me trajo a un señor de sesenta años.

Solté una gran carcajada por lo que había oído y no es para seducirlo ni nada, todo lo contrario odio el sonido que causa mi garganta al reírme, pero no podía controlarla por su comentario.

—Sí me deja podría ser su guía, y será a su manera sin tocarnos las manos accidentalmente ni nada por el estilo.

Tenía que intentarlo.

—Me parece buena idea.

Oh sí, resultó mi intento.

—Vale, pasaré por usted mañana a las 10:00 a.m.

—¡Perfecto!

No podía creer que su perfección iba más allá de no tocar la mano de otras mujeres que no sean de su familia, ahora no solo se trataba de terminar un trabajo pagado, sino que la curiosidad de saber que hombres como él y según sus amigos dicen y por lo que he visto existen de verdad o no.

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