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   Capítulo 2 Tiene que irse antes de que salga el sol

La chica de mi vida Por Vegetable Palabras: 19012

Actualizado: 2020-03-03 00:07


Carla se estaba volviendo loca. No tenía idea de qué hacer con ese hombre. ¿En qué demonios estaba pensando ella? ¿Cómo podía haberlo llevado a casa de esa manera? Al mirarlo, decidió que definitivamente no era una buena idea, y un pensamiento cruzó por su mente: '¿Y si es un delincuente? Tal vez tendrá antecedentes penales'. Al lanzarle una mirada, Carla se dio cuenta de que él tenía manchas de sangre en toda la camisa. 'Por lo que puedo ver, seguramente será algún tipo de criminal', pensó ella. Al verlo nuevamente, su mente comenzó a enloquecer, '¿Por qué lo perseguían esas personas? Debe haber hecho algo bastante horrible para que quisieran golpearlo ciegamente'.

Echando un vistazo a su alrededor, Carla se tomó un segundo y pensó: 'Entre tanta gente en el mundo... ¿Por qué me tiene que pasar esto a mí?'. En realidad, su madre le había advertido que nunca se involucrara con este tipo de hombres. Ella solía decir: "Estos hombres te quitarán todo el dinero, te dejarán sin hogar y con el corazón roto". Carla le creía a su madre, por eso nunca se había asociado con hombres así, hasta ese momento.

'¿Y si vuelven esas personas? ¿Qué pasa si me vieron la cara y decidieron ir tras de mí? Espero que no piensen que tengo algo que ver con este hombre ni con lo que sea que haya hecho él'. Los ojos de Carla se abrieron al pensar que esos hombres pudieran perseguirla.

No sabía nada sobre este hombre, pero sí sabía que llevarlo a casa podría causar un caos total. La idea de que él estuviera en su casa hizo que un escalofrío recorriera su espalda. 'Por lo poco que sé, bien podría ser un asesino'.

Carla realmente quería ayudarlo porque esa era una de sus cualidades. Tenía un corazón muy gentil y siempre estaba dispuesta a echar una mano a quien lo necesitara, pero por mucho que quisiera ayudar a ese hombre, sabía que no podía. Ella tenía un hermano pequeño de diez años al que cuidar y nunca haría nada para poner su vida en peligro.

Los padres de Carla habían fallecido a una edad muy joven, cuando su hermano era solo un bebé. Desde entonces, Carla se había convertido en su madre y su hermana al mismo tiempo, dado que no tenían otros parientes cercanos en la ciudad, ella tuvo que hacerse cargo de él.

Mientras Carla intentaba sacar a ese hombre de su motoneta eléctrica, oyó una voz familiar detrás de ella que le dijo: "Qué emoción, Carla. Finalmente has traído a un chico a casa. ¿Es tu nuevo novio?". Era algo inusual ver a Carla con un chico, ya que ella nunca había tenido un novio serio, pues siempre estaba ocupada con algo, con el trabajo, el cuidado de su hermano y el pago de sus deudas. Así que realmente nunca había tenido tiempo para tener novio. Antes de que Carla pudiera darse la vuelta, le escuchó decir a la mujer: "¿Por qué no le invitas a subir a tomar un café o algo así? Estoy segura de que a tu hermano le encantaría conocerlo".

Al darse la vuelta para ver quién era, Carla pensó, desesperada: 'Oh no, es Jena Wang. No puedo lidiar con esta mujer en este momento'. Jena acababa de terminar su recorrido habitual alrededor de la manzana y fue entonces cuando los vio. Indudablemente, Jena era una mujer muy linda. Tenía las piernas largas, delgadas y bronceadas y la cintura muy pequeña, pero era incapaz de mantener su nariz fuera de la vida de los demás incluso si lo intentara.

Jena comenzó a caminar hacia Carla con una gran sonrisa en su rostro, ya que quería conocer a su nuevo novio.

"Por favor, Jena, ahora no es un buen momento", le dijo Carla, quien había planeado dejarlo en un callejón entre los dos edificios, detrás de los contenedores de basura, sin embargo, ya no podía seguir con su plan, ya que sabía que Jena vería lo que estaba a punto de hacer.

"Este no es mi novio. ¿Por qué piensas eso?", le preguntó Carla. Jena pudo notar una ligera irritación en su voz. "¡Pero por favor! Carla... Es obvio. Sabes que es completamente normal traer a un hombre a casa. No tienes que ser tímida al respecto", le dijo Jena.

"Me alegro que hayas encontrado a alguien, Carla. Has estado haciendo todo esto por mucho tiempo y realmente necesitas un descanso", agregó Jena, con una gran sonrisa en el rostro. 'Desearía que fuera cierto', pensó Carla para sí misma. Después de decir lo que tenía que decir, Jena le sonrió y luego tomó un sorbo de agua, se dio la vuelta y comenzó a trotar hacia las escaleras.

Entonces Jena se detuvo y giró la cabeza con la intención obvia de decir algo más. Carla puso los ojos en blanco y pensó: '¿Qué va a decir ella ahora?'.

"No andes demasiado tiempo afuera. En las noticias dijeron que se avecina una tormenta", dijo Jena guiñándole un ojo.

"Los veré después. ¡Que se diviertan!", les gritó ella mientras soltaba una pequeña risita y desaparecía por las escaleras. Carla le sonrió sin entusiasmo cuando se fue y pensó: 'Gracias a Dios que se ha ido'.

Cuando Jena la vio con su 'novio' fuera del edificio, la cabeza del hombre estaba sobre el hombro de Carla, y como estaba bastante oscuro, ella no pudo ver su rostro en absoluto, y fue por eso que Jena pensó que estaban 'jugueteando'.

Tan pronto como la mujer se fue, Carla colocó el pesado brazo del hombre alrededor de su cuello e intentó bajarlo de su motoneta. "¿Por qué eres tan pesado?", le dijo ella.

'¿Acaso soy estúpida? ¿Por qué estoy haciendo todo esto por un hombre al que acabo de conocer?

¿Por qué estoy haciendo tanto por este hombre? Lo salvé de ser perseguido y asesinado por algún tipo de pandilla, y ahora tengo que llevarlo a rastras a un lugar seguro. Si lo llevo a casa nos pondrá a Sean y a mí en peligro. Lo justo sería dejarlo por ahí y olvidar su existencia'.

Su mente comenzó a dar vueltas nuevamente, 'Yo no soy así... Nunca me podría perdonar a mí misma si lo abandono en algún lugar de mala muerte'.

Entonces Carla lo registró buscando cualquier tipo de identificación, y cuando encontró su billetera, intentó buscar su nombre, pero no pudo encontrar nada. Mientras lo registraba, notó que Terence no llevaba nada valioso consigo, pero algo más importante invadió su mente: '¿Acaso me atrae este hombre?'. Entonces detuvo su patrón de pensamiento antes de pensar más en ello. Carla siempre se había prometido a sí misma que encontraría a un hombre que pudiera hacerse cargo de ella económicamente, además, quería que fuera alguien atractivo, encantador, romántico y que la ayudara a llegar lejos en la vida. Su mente volvió a la realidad del hombre inconsciente que tenía enfrente, '¿Realmente me está haciendo dudar acerca de mi futura alma gemela? ¿Me habrán afectado las palabras de Jena?'.

"¿Me afectaron?", se dijo en voz baja a sí misma.

Carla no podía creer que estuviera pensando tan profundamente en un hombre al que nunca antes había visto, y le comenzó a doler la cabeza por todo el esfuerzo mental que estaba haciendo. Entonces decidió que tendría que arriesgarse y llevarlo a casa hasta que estuviera mejor. Sabía que dejarlo por ahí no sería lo correcto. Quizás hasta estaba comenzando a sentir algo por él.

Carla luchó para subir ese hombre inconsciente por las escaleras hasta que finalmente llegó a la puerta. Al tenerlo abrazado con las dos manos, fue incapaz de alcanzar las llaves en su bolsillo, así que pateó la puerta y gritó: "Sean, ¡abre la puerta! ¡Es urgente!".

Mientras tanto, estaba luchando por mantener al hombre en pie, había usado toda su fuerza y estaba cargando con todo el peso de él. "Vamos. Solo un poco más", Carla pateó la puerta y gritó de nuevo, "¡Sean, date prisa!".

Sean le gritó desde el otro lado de la puerta, "Ya voy. ¡Sé paciente! ¿Olvidaste tus llaves otra vez? Deja de patear y gritar, Carla. ¡Es tarde y la gente está durmiendo!".

El chico corrió hacia la puerta lo más rápido posible. "¡Vamos, Sean! ¡Abre la puerta!", le gritó Carla desde el otro lado de la puerta. Finalmente llegó a la puerta

y la abrió, y estaba a punto de soltarle a su hermana una retahíla, "Qué...". El ver a su hermana cargando con un hombre cuyo rostro estaba cubierto de sangre inmediatamente hizo que Sean olvidara lo que estaba a punto de decir. Se quedó sin palabras

y casi se le había detenido el corazón, por lo que se quedó parado allí, mirando al hombre desmayado.

Sean tenía solo diez años y nunca antes había visto tanta sangre, así que era natural que reaccionara como lo hizo.

Carla lo miró, "¿Por qué te quedas ahí parado...? ¡Ayúdame!". Sean la miró con la boca abierta. Estaba en estado de shock, sin embargo, se las arregló para pronunciar una frase, "De acuerdo".

Ella arrastró al hombre al interior tomándolo de sus brazos, pero no pudo llevarlo muy lejos. Había sudor corriendo por su rostro enrojecido. "No había hecho tanto ejercicio en todo el año", bromeó Carla, feliz de no tener que cargarlo más.

Sean miró por la puerta para ver si alguien había visto lo que estaban haciendo, pero no había moros en la costa, de modo que cerró la puerta y corrió el seguro por si acaso. Sean intentó ayudar a su hermana tomando al hombre por los pies, y después de mucho esfuerzo, lograron ponerlo en el sofá. "Fue un trabajo muy pesado", exhaló Carla mientras se limpiaba el sudor.

Sean apartó la mirada del hombre que yacía allí y le preguntó a su hermana: "Carla, ¿quieres decirme por qué hay un hombre inconsciente y con la cara llena de sangre recostado en nuestro sofá?". Entonces comenzó a burlarse de ella, "¿Es esto lo que te dan como propina al entregar pizza?".

Ella le respondió en un to

no sarcástico: "¡Ja, ja! Muy gracioso, Sean". La chica caminó hacia el baño, tomó un paño húmedo y comenzó a limpiar la sangre de la cara del hombre. "¡Solo cállate! ¡Ve a buscar el botiquín de primeros auxilios ahora mismo!", instruyó Carla a su hermano.

"Esto es muy emocionante. Nuestra casa se ha convertido en un hospital. Siempre quise ser médico", le dijo Sean con una sonrisa de oreja a oreja.

De pie, el chico no dejaba de mirar al hombre que yacía en el sofá. Su imaginación se había echado a volar acerca de cómo ese hombre había resultado herido. "¡Sean, el botiquín!", le gritó Carla. El chico salió de su ensueño y corrió a buscar el equipo de ayuda médica.

Carla limpió toda la sangre de la cara de Terence, y posteriormente le quitó la camisa, la cual también estaba llena de sangre, y la echó en la lavadora. Después tomó una manta del armario y la puso suavemente sobre él.

Carla lo revisó para determinar cuán graves eran sus heridas. Resultó que Terence solo tenía algunos cortes y contusiones, pero nada demasiado serio. Fue entonces que Carla notó sus rasgos faciales y la forma prominente de su mandíbula.

"Bien, ahora ya parece estar bien. Sean, tu trabajo ha terminado aquí, así que vuelve a tu habitación ahora y termina tu tarea. No hagas que te lo repita".

"Pero, Carla... Quiero estar aquí cuando él se despierte", le respondió el chico. Ella lo volteó a ver y, con voz severa, le dijo: "No hay peros, Sean. Solo vete".

Sean la obedeció y se fue a su habitación. Necesitaba terminar su tarea e irse a la cama, ya que tenía que ir a la escuela a la mañana siguiente.

Por alguna extraña razón, Carla no estaba cansada en absoluto, y solo quería sentarse y esperar a que el hombre se despertara.

Momentos después, ella fue a verificar brevemente si su hermano estaba durmiendo y silenciosamente regresó al sofá donde estaba recostado Terence. Como no había nadie cerca, Carla comenzó a examinar su rostro y sus rasgos. Le pellizcó la nariz y trató de abrirle los párpados solo para comprobar si seguía inconsciente.

'Me pregunto si alguna vez le hicieron una cirugía plástica en la cara', se preguntó a sí misma.

Al verlo, su corazón comenzó a acelerarse y su mente comenzó a derrumbarse: 'Mira qué bellamente tallados están sus párpados y qué perfecta es su nariz. Esos labios deben haber sido hechos por los propios dioses. ¿Cómo puede un hombre ser tan perfecto?'.

Todavía podía recordar el momento en que sus ojos se encontraron. Esos ojos eran tan seductores que podían tener a uno bajo cautiverio con solo una mirada. Ella nunca se había sentido tan atraída por un hombre con solo mirarlo a los ojos.

Entonces Carla apartó la mirada de su rostro, miró su cuerpo

y pensó: '¿Cómo no noté su cuerpo? ¿Cómo puede tener todo tan perfecto? Este hombre parece irreal'.

Después soltó una risita tímida y le susurró: "Si tan solo supieras cómo te estaba mirando".

El hombre comenzó a moverse y la cara de Carla se puso roja como un tomate por la vergüenza, '¿Me habrá escuchado?'.

Con los ojos cerrados, Terence murmuró: "Ouch, ¿quién me está pellizcando la cara?". Al abrir los ojos, casi se le salió el corazón al ver a una mujer mirándolo fijamente.

Los ojos de Carla se abrieron con sorpresa, "¡Oh, estás despierto!".

Terence trató de levantarse, pero su cabeza estaba demasiado dolorida, "¿Quién eres? ¿Dónde estoy? ¿Dónde está mi camisa?", le preguntó, y después de palparse la cabeza, añadió: "Siento como si alguien me hubiera golpeado en la cabeza con un ladrillo".

Al ver su rostro enojado y sus cejas arqueadas, Carla se asombró por lo magnífica que era su mirada. No podía dejar de mirarlo. '¿Cómo puede ser aún más atractivo cuando está enojado? ¿Es eso posible?'.

Entonces Carla trató de tranquilizarlo, "Shh, está bien. Estás a salvo ahora. Mi nombre es Carla, y puse tu camisa en la lavadora porque estaba llena de sangre. Estás en mi casa". Terence examinó la habitación en la que se encontraba. Era una gran sala de estar, y había ropa esparcida por todas partes, incluido en el piso, sin embargo, el lugar era muy acogedor. Entonces Terence fijó su mirada en Carla.

Algo acerca de esa mujer le parecía familiar, por lo que pensó para sí mismo: '¿Es esta la mujer que entrega pizza?'.

Realmente no le había prestado mucha atención antes, ya que estaba oscuro y Terence no había podido ver cómo era, así que movió ligeramente sus gruesas cejas y pensó: 'Es bastante atractiva, pero en comparación con otras mujeres que conozco, le daría un puntaje de 3 sobre 10 en el mejor de los casos.

Mmm, le daré otro punto por su figura atractiva, así que digamos que es un 4 de 10', pensó el hombre, luego la miró a los ojos, 'Sus ojos son muy misteriosos. ¿A quién estoy engañando? Debo admitir que es hermosa'.

Carla lo sorprendió mirándola y bromeó: "¿Por qué me ves como si fuera un pedazo de carne? ¿Qué? ¿Te sorprende mi belleza?". Entonces le sonrió levemente. Era extraño, pero a ella le gustaba que la mirara de esa manera. "Parece que estás mejor", le dijo Carla con una sonrisa en el rostro. Ella estaba bastante acostumbrada a que la gente la mirara así. Siempre le pasaba cuando entregaba pizza.

Cuando Carla comenzó a sentirse un poco incómoda con él mirándola todo ese tiempo, decidió levantarse y traerle agua.

No se imaginaba que ese hombre no solo la estaba mirando, sino que también tenía algo más en la mente.

Ella regresó con un vaso de agua y se lo entregó.

"Gracias, señorita", parpadeó Terence mientras le dedicaba una sonrisa muy seductora. Carla estuvo a punto de derretirse allí mismo.

Entonces Terence la miró directamente y le dijo: "Por supuesto que eres bastante hermosa. Gracias por traerme a tu casa y cuidarme. Tienes un corazón de oro puro".

Los labios de la chica se curvaron ligeramente mientras se sentaba a su lado. Ella tomó una naranja, comenzó a pelarla y en broma le respondió: "Gracias, pero no soy la virgen de Notre Dame. No necesitas adorarme".

Terence la volteó a ver y le dijo: "Escucha, no doy las gracias a menudo, así que cuando lo hago, tienes que saber que lo digo en serio". "Aunque me amenazaste para ayudarte a huir de la escena, detuviste mi motoneta eléctrica a tiempo para evitar que se derrumbara en la calle, por lo cual estoy realmente agradecida, y es por eso que no voy a decir una palabra más sobre cómo me 'secuestraste' para salir de tus problemas", le dijo Carla lentamente.

'¡Maldita sea, cuando la vida de una persona está en serio peligro, se hace cualquier cosa para sobrevivir!

Fue entonces cuando apareciste frente a mis ojos. ¿Ahora me culpas por secuestrarte? ¿Por obligarte a salvar mi vida? Tuve que hacerlo, no podía dejarte ir así como así... Sería un hombre muerto si no fuera por ti', expresó Terence para sus adentros.

Carla continuó sin dejar de sonreír, "Sin embargo, ¿sí te das cuenta de que me debes mucho por subirte por las escaleras, limpiarte y ofrecerte un lugar seguro para mantenerte alejado de las personas que te perseguían, verdad? Ah, y también por refugiarte de una tormenta que se avecina, además de que todos mis pedidos por entregar se desperdiciaron". Después de hacer una pausa por un segundo, Carla continuó diciendo: "Me prometiste que me devolverías diez veces el valor de mi pérdida.

Tendremos que resolver todos esos números, ¿no es así? Cuentas claras, amistades largas ¿no crees?".

La joven terminó todo lo que tenía que decir sin siquiera respirar, y después se volvió a sentar, soltó una risita y se llevó un gajo de naranja a la boca.

Los hermosos ojos oscuros de Terence se fijaron en ella e hizo una pausa por un breve momento. Sus delgados labios se curvaron en un ángulo perfecto y no pudo evitar sonreír ante esa detallada narración de Carla. Posteriormente se llevó la mano derecha a la cabeza y sintió las heridas mal vendadas. Mientras tocaba las vendas, Terence sintió un dolor agudo en el pecho y se recostó en el sofá.

Viendo su cuerpo sin camisa, él no pudo evitar pensar: 'Podría quedarme aquí, pero me pregunto cuánto de mi cuerpo ella habrá explorado'.

Terence hizo a un lado esos pensamientos y le respondió: "Ya que te prometí que te devolvería cada centavo, tienes mi palabra", y continuó diciéndole: "Todavía tengo mucho dolor. No tengo dinero en este momento, pero te prometo que te lo devolveré cuando pueda". Entonces él comenzó a preguntarse: '¿Y si me deja quedarme por más tiempo? Me gustaría conocerla mejor'.

Carla no estaba demasiado sorprendida por lo que él le había dicho, ya que le vino a la mente lo que su madre solía decir sobre hombres como él, de modo que le respondió con una leve sonrisa: "Oye, estás siendo muy dramático. No creo que te duela tanto. Realmente no puede ser tan malo. Por cierto, justo abajo hay un cajero automático abierto las 24 horas. Ahí puedes sacar dinero". Y continuó: "Ah, y por favor no me digas que me pagarás más tarde. A primera hora de la mañana, por favor. Una vez que me devuelvas lo que hemos acordado, entonces podrás irte".

'Tiene que irse antes de que salga el sol', pensó ella. Carla realmente no quería que Terence se quedara más tiempo del necesario, especialmente si había gente persiguiéndolo. Ella tenía que protegerse a sí misma y a su hermano pequeño.

"¡Pero, espera!", le gritó Terence.

"¿Qué deseas?", le respondió la joven, quien se dio la vuelta para mirarlo. En el fondo Carla se sentía bastante frustrada, '¿Qué demonios quiere ahora?'.

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