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   Capítulo 5 Me ofrezco a mí mismo como pago

La chica de mi vida Por Vegetable Palabras: 9514

Actualizado: 2020-03-06 00:07


"Carla, no me siento muy bien. ¿Pueden hablar más tarde, después de que volvamos?", le susurró Terence al oído soplando el aliento tibio sobre su rostro, quien luego asintió a Jena cortésmente, con un par de ojos estrellados en el apuesto rostro.

"Lo siento, pero Carla y yo tenemos algo urgente que hacer, así que nos tenemos que ir, ahora mismo".

Al decir eso, pasó el brazo por la cintura de la chica, a quien esa acción la tomó por sorpresa y se retorció como protesta luchando por zafarse de sus brazos mientras él la conducía con fuerza hacia la puerta del vecindario.

A la mayoría de las amas de casa de mediana edad como Jena le encantaban los chismes, por lo que si Carla continuaba con la conversación, esta no habría terminado en breve tiempo

y él había perdido la paciencia.

"¿Por qué hiciste eso?".

"¿A qué te refieres? Nunca le dije que fuera tu novio".

"Pero al ver cómo te comportabas, Jena podría pensar que tú y yo somos...".

"¿Realmente te importa tanto lo que piensen los demás? Lo importante es que tú y yo sepamos si lo somos o no".

"Te equivocas, sí que me importa. Jena es una chismosa de lo peor. Ya verás que, mañana antes de que amanezca, todo el vecindario sabrá que he pasado la noche con un hombre que traje a casa".

Ambos seguían discutiendo sobre este tema incluso después de despedirse de Jena, y ninguno de los dos estaba dispuesto a ceder.

Terence alzó las cejas mientras la miraba, pues ella parecía estar muy ansiosa por negar cualquier tipo de relación romántica entre los dos. '¿Tan malo sería tenerme como novio?'.

Después de que salieron del hospital, Carla revisó los recibos y se los entregó a Terence, quien iba detrás de ella.

Ya había sido lo suficientemente desafortunada al haberlo conocido el día anterior, y para empeorar las cosas, Karen la llamó y le insultó y le gritó mientras estaba en el hospital con él.

Sin embargo, gracias a su rapidez mental, le dijo a Karen que había tenido un accidente menor y que todavía estaba en el hospital y, por lo tanto, logró zafarse de la culpa.

"Ya que hemos salido del hospital, será mejor que nos despidamos aquí. Estos son los recibos de lo que costó tu tratamiento, así que supongo que podemos encontrar un banco ahora mismo, que te permite pagarme lo que me debes".

Al echarle un vistazo a la pila de papeles, Terence tragó saliva. Sus ojos oscuros brillaron y las comisuras de sus labios se crisparon nerviosamente.

"No tengo

dinero". "¿Qué...?", Carla se enfureció. Ella no le creyó y, sin pensarlo, se apresuró y comenzó a registrarlo. ¿Cómo era posible que no llevara ni teléfono ni tarjeta bancaria consigo?

Él no trató de detenerla, y en lugar de ello, levantó los brazos ligeramente para que ella lo pudiera registrar a fondo.

"Tú viste el tipo de situación en la que estaba ayer. Era un momento de vida o muerte. ¿Quién pensaría en traer cosas tan triviales encima en un momento como ese?".

Mirándolo enojada, Carla sacó su teléfono celular y se lo dio. "Llama a tus amigos, a tu familia, parientes o novia, y pídeles que te traigan dinero", le dijo la joven apretando los dientes.

Terence miró el teléfono celular con indiferencia y se encogió de hombros sin siquiera intentar tomarlo.

"¿Cómo es posible que recuerde tantos números de teléfono? Además, ni siquiera soy de la Ciudad BH, y no tengo novia".

La joven lo miró boquiabierta, pues encontraba difícil creer todo lo que estaba sucediendo. "Entonces, ¿por qué me dijiste que me pagarías diez veces lo que había perdido?".

"Era una situación muy grave. A grandes males, grandes remedios, pero te prometo que cumpliré mi palabra y te pagaré más tarde", le explicó él. De todas las personas en el mundo, el destino los había unido precisamente a ellos dos. Él se sentía impotente, ya que no tenía más remedio que decepcionarla.

Carla se puso de pie con las manos en las caderas y lo miró con desprecio. En su interior sentía un fuerte deseo de estrangularlo, por lo que en voz baja y amenazante pronunció: "¡Me mentiste! Debería regentearte en un club nocturno como acompañante, de esta forma en una noche me podrías devolver el dinero".

Terence no se escandalizó por su comentario, sino que le lanzó una media sonrisa sexy y entrecerró los ojos hacia ella.

"¿Para qué molestarse? ¿Qué tal si te sirvo solo a ti y me convierto en tu acompañante exclusivo? ¿No sería eso mucho mejor?".

'Esa persona aún no se ha rendido. Incluso ha puesto hombres encubiertos por toda la Ciudad BH para encontrarme'.

"No estoy interesada. Ni siquiera te conozco No quiero tener ninguna relación con un desconocido... ¿Qué estás haciendo?".

Ella se vio silenciada por los labios de él, quien con una mano sostuvo la parte pos

terior de su cabeza mientras con la otra la envolvió alrededor de su cintura, tirando de su cuerpo contra el de él. Con un movimiento ágil, él hizo que ambos giraran hasta ponerse detrás de un parasol chino.

"Te estoy ofreciendo mis servicios, y si no quedas satisfecha puedo mejorar hasta que lo estés", le dijo Terence con seducción después de alejar lentamente sus labios de los de ella.

Carla se quedó sin aliento y todavía tenía los ojos cerrados y los labios ligeramente abiertos. No podía dejar de pensar en ese beso suave y tierno que él acababa de darle. Lentamente, ella abrió los ojos y volvió a la realidad, y con las mejillas sonrosadas, se sintió furiosa y perdida, y al instante pisoteó el suelo con fuerza.

"¡Bastardo! ¡Cómo te atreves! Te salvé, te llevé a casa, te llevé a ver al médico, ¿y así es como me pagas?". Ella lo miró con los ojos llenos de furia y después se limpió los labios con enojo con el dorso de la mano.

"La verdad es que no me queda otra opción. No llevo dinero. Todo lo que tengo para ofrecerte es mi cuerpo. Puedes usarlo de la forma que desees. ¿No es eso lo suficientemente sincero?".

Terence no parecía sorprendido de ver su reacción, y le sonrió levemente mientras vigilaba las dos figuras que acechaban al otro lado de la calle en la que estaban. Él esperó hasta que ellos desaparecieron antes de soltarla.

"No te enojes. Mira, ahora no llevo dinero ni tarjeta bancaria ni teléfono celular, así que si deseas que te devuelva el dinero, tendrás que aprovecharme. Piénsalo. ¿Qué quieres que haga por ti?".

Carla todavía estaba confundida acerca de por qué la había besado y sobre cómo se sintió ella al recibir este beso, por lo que se había quedado sin palabras y no sabía cómo responderlo.

¿Qué era lo que ella más necesitaba?

Necesitaba un hombre.

Un hombre que pudiera ayudarla y apoyarla tanto a ella como a su hermano; un hombre que la hiciera sentirse segura y la acompañara en las buenas y en las malas, sin importar lo que la vida les tuviera reservado.

Aunque se consideraba independiente, de vez en cuando, se sentía sola al tener que luchar contra la dura realidad de la vida.

Aun así, el hombre que necesitaba en su vida no podía ser como este que tenía enfrente en ese momento.

"Venga, vamos. Vi un buen restaurante cuando veníamos para acá. Comamos algo primero".

Terence no era moderado en absoluto, así que prácticamente la llevó a rastras al restaurante y cuando llegó el momento de pagar la comida, no dudó ni un momento en tomar el bolso de la chica y pagar.

Carla no tardó mucho en darse cuenta de que ese hombre era un lobo con piel de cordero.

Por supuesto, era un chico irresistiblemente atractivo, pero bajo esa cautivadora sonrisa suya, acechaba una serpiente escondida entre la hierba.

Después de llegar finalmente a casa, ella estaba exhausta tanto mental como físicamente. Él la había llevado a varios lugares por toda la ciudad y ni siquiera le dio un momento para orientarse. Además, compró muchas cosas como artículos de tocador, e incluso dos mudas de ropa para él, que se pagaron con el dinero de Carla.

¿Cómo era posible que un hombre viviera de una mujer sin sentir una pizca de vergüenza?

Él lucía como un gran CEO pero se comportaba todo lo contrario.

Carla lo vio colgar su ropa nueva en el armario y guardar los comestibles en la nevera como si esta fuera su propia casa. Después él se arremangó la camisa y procedió a poner en orden la desaliñada sala.

Ella sintió una sensación cálida en el corazón.

¡Nuevamente le habían tomado el pelo!

Ella era una simple repartidora que recorría la ciudad todo el día y no paraba hasta la noche. Fue mera coincidencia que lo conociera y fue por un impulso de buena voluntad que lo había salvado, pero ahora…

"Carla, ¿qué te apetece cenar? ¿A qué hora termina la escuela? ¿Necesitas que recoja a tu hermano?".

Terence puso una olla de sopa en la estufa a calentar y luego fue a la sala de estar donde Carla permanecía sin poder salir de su aturdimiento.

"¿Qué te pasa? ¿Te comieron la lengua los ratones?".

Él se paró justo frente a ella y agitó la mano ante su cara, pero ella permaneció en un estado de ensoñación, sin moverse;

pero de repente, sin previo aviso, lo tomó del brazo y lo arrastró hacia la puerta. Después de abrirla, lo empujó fuera usando toda su fuerza y le gritó: "¡Terence, no somos amigos cercanos! Te has puesto demasiado cómodo en mi casa.

Consideraré el dinero que gasté en ti como una donación con fines benéficos. No tienes que devolverme nada.

¡Ahora piérdete y déjame en paz!".

Una vez que terminó de hablar, Carla cerró la puerta de golpe sin darle al hombre una segunda mirada o la oportunidad de decir algo.

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