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   Capítulo 6 Yo soy quien manda en esta casa

La chica de mi vida Por Chang Du Palabras: 9659

Actualizado: 2020-03-07 00:03


Después de cerrar la puerta, Carla se revolvió el pelo con un suspiro frustrado mientras caminaba hacia el sofá.

Al sentarse, la chica se quedó mirando fijamente a la pared, con la mente en blanco, y durante un par de largos minutos en los que pareció una estatua de piedra.

Después de unos veinte minutos, inconscientemente, ella echó un vistazo hacia la puerta, pero todo seguía igual y esta seguía cerrada. El silencio era tan ensordecedor que ella anhelaba escuchar aunque sea un solo golpe en esa puerta.

Después de oler la deliciosa sopa de costillas de cerdo que Terence le había dejado en la cocina, la culpa que sentía la chica se deslizó cada vez más hacia sus entrañas.

Si bien él había salido de la nada y ni siquiera le había dicho quién era realmente, era posible que tuviera una buena razón para ocultárselo.

Además, lo del hospital les había tomado mucho tiempo y ahora ya estaba muy tarde.

'¿A dónde podría haber ido? Ni siquiera llevaba un centavo', pensó Carla, quien se sentía cada vez más preocupada por haberlo echado de casa de esta manera.

De repente, la puerta se abrió desde el exterior y entró Sean. Al guardar su llave, notó que su hermana estaba acurrucada en el sofá en posición fetal.

Carla no se molestó en levantar la vista pues sabía que era Sean, quien acababa de volver de la escuela.

"Carla, ¿por qué le pediste a Terence que me recogiera de la escuela? Tenía fiebre esta mañana y todavía no se ha recuperado de las heridas, aunque tengo que decir que es realmente un tipo increíble. Jeremy me invitó a jugar al baloncesto después de la escuela y Terence vino a buscarme. ¡Fue increíble verlo hacer una volcada!", con una mirada de admiración en los ojos brillantes y claros como el cristal, Sean se sentó junto a su hermana en el sofá.

Tan pronto como el chico terminó de hablar, Carla levantó la cabeza y vio al hombre que acababa de entrar en la casa con unas cebollas en la mano.

"Has vuelto, Terence".

Al verlo, Sean se levantó de inmediato y lo ayudó con las cebollas de su mano, y después agregó con voz emocionada y sin quitarle los ojos de encima, "Terence, ¿me podrías enseñar cómo hacer volcadas como tú?".

Después de ver a Carla primero, quien de momento todavía parecía estar muy sorprendida por su repentina aparición, Terence le dio unas palmaditas en el hombro a Sean y le respondió: "Claro. Tan pronto como me recupere podremos quedar después de la escuela para practicar. La cancha de baloncesto del vecindario no está mal.

Yo me ocuparé de estas cebollas. La sopa está casi lista. Voy a verla".

Después de esta conversación, el hombre entró en la cocina caminando de manera elegante como siempre, y actuando como si nada hubiera pasado, procedió a cocinar. Carla, por otro lado, no estaba tan serena como él, así que se levantó del sofá y se volvió hacia Sean para decirle: "Sean, ve a tu habitación primero y haz tu tarea. Te llamaré cuando la cena esté servida".

"Bien", Sean asintió con la cabeza y se dirigió hacia su habitación con la mochila.

Al ver que se fue su hermano, Carla se dirigió a la cocina con paso lento y luego se apoyó contra la puerta intentando penetrar con la mirada la espalda del hombre, quien al estar ocupado cocinando en ese momento, parecía muy alto y de algún modo confiable.

"¿Por qué volviste? ¿Y cómo descubriste a qué escuela va Sean?".

Terence aún estaba lavando las verduras cuando escuchó esas preguntas, y entonces se giró para mirar a la mujer que estaba detrás, y luego sonrió y le respondió: "La sopa aún no está lista. No puedo dejarla así.

En cuanto a la escuela de Sean, vi los trofeos en su habitación cuando estaba arreglando la casa. No fue tan difícil".

A diferencia de Terence, quien parecía estar perfectamente tranquila, Carla mantenía una lucha interna. Ella lo había echado de casa poco antes, pero ahí estaban, parados nuevamente bajo el mismo techo, y él incluso estaba preparando la cena en la cocina como si nada hubiera pasado.

"Soy un hombre de palabra. Te dije que te devolvería el dinero y no pienso romper esta promesa, así que decidí quedarme y ayudarte a ti y a tu hermano de la manera que pueda.

Todo lo que quiero es pagarte lo que te debo, nada más. Si te molesto de alguna manera, lo siento", le explicó él con toda sinceridad antes de volver a cortar las verduras.

Quizá ella estuviera un poco furiosa con él antes de que le explicara las cosas, pero ahora le entendía mejor y ya no quería echarlo de nuevo.

Después de que él terminó de cocinar, Carla se quedó bastante asombrada al ver la excelente y fabulosa cena que había puesto sobre la mesa, que consistía en cuatro platillos y también una sopa. Era una cena muy elegante, y debido a eso, la joven no pudo dejar de mirar al hombre que estaba sentado junto a Sean en el lado

opuesto de la mesa.

Antes de que ella pudiera comenzar a decir algo, Sean le preguntó: "Terence, ¿dónde aprendiste a preparar estos platos tan deliciosos? ¿Eres cocinero?".

El chico estaba muy asombrado por la deliciosa comida, la cual sabía mucho mejor que los simples platos que le preparaba su hermana normalmente.

"No, no soy cocinero, pero tengo una tía que es una famosa chef. Solía vivir con ella y aprendí algunas cosas mientras estuve allí, así que preparar la cena no es una tarea demasiado difícil para mí".

Al decir eso, Terence dejó suavemente un tazón de sopa frente a Carla, a quien aunque le era difícil de admitir, se sentía muy conmovida por la sopa caliente que había puesto enfrente, ya que era la primera vez que un hombre le cocinaba a excepción de su padre, por lo que sus sentimientos entraron en conflicto.

Después del fallecimiento de sus padres, había pasado mucho tiempo desde la última vez que ella y Sean habían comido acompañados por alguien más, pues sus familiares solo los veían como una carga y no pasaban mucho tiempo con ellos. Incluso si algunos de la familia venían de visita de vez en cuando, se iban lo antes posible y ni siquiera querían quedarse a comer con ellos.

Después de la cena, de repente surgió un problema.

¿Cómo iban a dormir los tres en esa pequeña casa que solo contaba con dos dormitorios?

Además Sean tenía que hacer su tarea por la noche, así que necesitaba una habitación tranquila para poder concentrarse, y su cama era solo de 1.2 metros de ancho, apenas suficiente para que dos personas durmieran en ella.

"Hermana, Terence puede ser tu novio, así él podría quedarse contigo en tu habitación", la aconsejó Sean, influenciado por las tramas de las series de televisión que veía.

Pero más que eso, Terence cocinaba muy bien y también era bueno jugando al baloncesto, y por ello el chico estaba 100% satisfecho con la idea de que viviera con ellos.

Sin embargo, antes de que el chico pudiera terminar sus palabras, se le arrojó al rostro un cojín con la imagen de un lindo perrito.

"¡Cállate! Vuelve a tu habitación ahora mismo, que eso no es problema tuyo", le dijo Carla, poniendo los ojos en blanco. Al verlo regresar a su habitación, ella se sentó en el sofá y volvió la mirada hacia Terence, quien estaba sentado enfrente, y le dijo: "Nuestra casa es demasiado pequeña, así que no tenemos sitio para ti".

Mientras arreglaba una computadora portátil rota que había encontrado en un rincón de la casa, él le respondió sin levantar la cabeza: "Puedo dormir en el sofá".

Al escuchar su respuesta, la joven le dijo apretando los labios: "De acuerdo, pero no se te permite andorrear por la noche, especialmente sin ropa.

Y deberás encargarte también del desayuno y la cena todos los días, aparte de las tareas domésticas. Además, no traigas a nadie más a la casa ni entres en mi habitación sin pedir permiso".

"No hay problema", le respondió él sin siquiera levantar la cabeza, ya que todavía estaba ocupado arreglando la computadora portátil con la ayuda de un destornillador.

Al darse cuenta de que ni siquiera le echó un vistazo después de todo lo que había dicho ella, Carla se sentía ofendida, por lo que se paró frente a él, le levantó la barbilla con la mano y le advirtió con las cejas levantadas: "Terence, mírame a los ojos cada vez que te hable. ¿Me escuchas?".

Ella era quien mandaba en esa casa, la que ganaba el pan, por lo tanto, con toda seguridad necesitaba ser respetada, especialmente por él.

Para Terence, era la primera vez que una mujer le levantaba la barbilla de esa manera. Se quedó aturdido por un segundo, pero pronto dejó escapar una sonrisa amable de sus labios e hizo a un lado la computadora portátil, "Sí, su majestad. Lo que usted diga".

Entonces la miró fijamente con un brillo de diversión en sus ojos profundos, y la chica se perdió en su mirada cautivadora por un instante antes de que pudiera procesar lo que acababa de suceder, que le dio mucha vergüenza y que le hizo soltar rápidamente la barbilla del hombre.

"Perfecto. Ya es tarde y tengo que ir a la cama ahora mismo", murmuró ella mientras sacudía ligeramente los hombros tratando de quitarse la vergüenza antes de dirigirse hacia la habitación.

El baño se encontraba en el otro extremo de la sala, así que después de ponerse el pijama en la habitación, la joven no tenía más remedio que pasar por delante de Terence para ir a bañarse.

Ella levantó la vista y vio que él la estaba mirando al pasar.

Como era verano, el pijama que llevaba Carla era bastante delgado, y los ojos del hombre se quedaron fijos en su cuerpo en ese momento, mostrando una chispa de diversión.

Él la miró de pies a cabeza, sin siquiera intentar ocultar su mirada, que sin duda la enloqueció de inmediato, "¡Terence An!".

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