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   Capítulo 7 Un lobo disfrazado de oveja

La chica de mi vida Por Vegetable Palabras: 10354

Actualizado: 2020-03-08 00:02


Al atrapar la pantufla que Carla le arrojó, Terence se echó a reír y le preguntó, burlándose de ella, "¿No fuiste tú quien me dijo que tenía que mirarte a los ojos cuando te hablara? Mira, tienes toda la razón y te debo tratar con más respeto, así que siempre que esté contigo, solo te miraré a ti".

Con los brazos cruzados sobre el pecho, lo miró con frío desdén Carla, a quien le era difícil mantenerse en este momento por haber arrojado una pantufla al hombre y quedarse con uno de los pies descalzo.

"Terence, ¡eres un desvergonzado! ¡Un lobo disfrazado de oveja! ¿Por qué tuve que conocerte?".

'Fuiste tan malo conmigo la primera vez que nos vimos, después me besaste de repente en la calle, y ahora hasta me miras de esa manera tan perversa. ¡Ya me he dado cuenta de cómo eres realmente!', pensó para sí misma.

"Tal vez piensas que finalmente te ganarás mi aprecio, pero no me daré por vencida y no dejaré que me intimides. ¡Sé exactamente cómo lidiar con lobos como tú!", ella le recordó, mirándolo con desprecio.

Entonces la chica caminó tambaleante hacia él, tomó la pantufla y se la puso antes de retirarse hacia el baño.

Terence saltó del sofá tan pronto como ella cerró la puerta del baño de un golpe, y se miró al pequeño espejo que había en el escritorio antes de preguntarse, '¿Me parezco un pervertido? Nadie me había dicho eso nunca. Bueno, por lo menos no en mi cara.

¡No puedo creer que una mujer tan pequeña e indefensa como ella pueda intimidarme de esta manera! ¿Qué diablos me pasa?'.

'Bueno, no, no parece tan indefensa como yo pensaba, sabe cómo hacerme frente y aprovechar cada oportunidad que se le presenta para echarme de casa como ayer', recordó Terence.

Pronto el reloj marcó la medianoche, pero todavía había un rayo de luz resplandeciendo en la sala de estar.

Dicha luz provenía de Terence, quien estaba tecleando rápidamente en la computadora portátil que había reparado. La parpadeante luz blanca se reflejaba en la pantalla y en el rostro solemne que tenía él en este momento.

Él había decidido que, por esta vez, perdonaría a ese hombre y no iba a tomar ninguna acción contra él, ya que los dos habían tenido tantos buenos recuerdos en el pasado que Terence no quería arruinarlos declarándole la guerra.

Pero sería mejor que ese 'viejo amigo' tuviera cuidado, ya que Terence había soportado su comportamiento grosero durante demasiado tiempo, y se le está agotando la paciencia con él. Por tanto, Terence no estaba seguro de cuánto tiempo más podría tolerarlo.

Poco tiempo después, el sol salió para darle la bienvenida a una nueva mañana.

Carla estaba profundamente dormida, pero sus sentidos se despertaron cuando sintió que la otra mitad de la cama colapsaba bajo el peso de otro cuerpo. Todavía tenía los ojos cerrados cuando se quitó la colcha de encima y colocó su pierna sobre la de la otra persona.

"Sean, hoy es sábado. ¿Por qué estás despierto tan temprano? Puedes seguir durmiendo... Vamos, duerme un poco más", le dijo Carla con los ojos aún cerrados.

Terence trató de sofocar la risa con la boca firmemente cerrada, se tumbó de lado y apoyó la cabeza sobre su mano.

Mirando a esta pequeña mujer que lo abrazaba con tanta fuerza que casi no lo dejó moverse, apartó un mechón de cabello de su rostro.

Ella tenía el rostro pequeño y delgado con los diminutos ojos cerrados y la boca fruncida.

Además... Como llevaba un pijama blanco y una de sus largas piernas pendía sobre la de Terence, dejó a la vista la braguita...

Carla quería seguir durmiendo hasta más tarde a pesar de que Sean estaba a su lado, o, al menos eso era lo que ella creía, pero entonces, sus cejas se fruncieron y se juntaron en medio de su frente.

Ella todavía no quería abrir los ojos, pero en ese momento se dio cuenta de que su hermano no podía ser tan alto y musculoso, así que extendió la mano para tocarle la cintura, que inmediatamente la hizo abrir los ojos de par en par. ¡No estaba tocando la cintura de un niño sino la de un hombre adulto!

¡Ella levantó la pierna del cuerpo del hombre y lo pateó tan fuerte como pudo para sacarlo de su cama!

Sean tenía siete años cuando murió su madre, y debido a que no estaba acostumbrado a dormir solo, Carla lo acompañaba todas las noches hasta que se quedaba dormido, por lo que estaba acostumbrada a que él se acostara a su lado y no se imaginó que hubiera sido alguien más.

Terence se sobó la cadera en la zona donde Carla lo había pateado antes de sentarse en el piso donde había caído y volteó a verla. Con los labios curvados en una sonrisa burlona, el hombre se levantó rápidamente para unirse a ella en la cama antes de que pudiera protestar la chica, quien luego levantó la mano para golpearlo, pero él lo anticipó y le sujetó la muñeca mientras la presionó contra la cama para evitar que volviera a golpearlo.

"¿Por qué me estás pegando tan temprano? ¡Te acabas de levantar! Quería despertarte para el desayuno, y sin embargo, ¿así es como me tratas? ¡Qué susto me has dado! Por cierto, Sean pensó que era un buen día y quiere dar un paseo. Y tú, como su tutora legal, ¿no deberías acompañarlo?", continuó burlándose él mien

tras no le dejaba moverse bajo su cuerpo.

Carla casi se quedó sin aliento con ese hombre encima. Aunque ella solía tener malas pulgas al despertarse, ese día, gracias a él, estaba tan enojada que echaba chispas por los ojos hacia Terence.

"¿No te enseñó tu madre a tocar a la puerta antes de entrar en la habitación de otra persona?".

Antes de protestar más, ella se dio cuenta de que la cara del hombre estaba a solo unos centímetros de ella, cosa que la sorprendió tanto que no pudo moverse y mucho menos seguir con sus quejas.

"Soy tu acreedor y tú eres el deudor. ¿Lo recuerdas? ¡Nuestra relación no ha evolucionado tanto como para permitirte entrar en mi habitación y meterte en mi cama sin mi permiso!", añadió Carla.

Ampliando la sonrisa, él miró sus ojos y luego sus labios antes de preguntarle, "¿Nuestra relación? ¡Pero ya nos hemos besado! ¿O ya has olvidado ese momento mágico? Si ya lo has olvidado, ¡me encantaría recordarte ese momento memorable!", bromeó él. Entonces bajó la cabeza y frunció los labios para encontrarse con los de Carla, quien estaba demasiado conmocionada y aturdida para luchar contra él, o para mover la cara. Ella solo podía mirarlo mientras se le acercaba cada vez más.

Pero en el último momento, él se movió hacia arriba y le dio un suave beso en la frente antes de soltarla.

Entonces Terence se levantó de la cama, se alisó la ropa y finalmente se serenó y le volteó a decir a Carla, "Venga. Vístete y ven a desayunar. Llamé a la puerta pero no me respondiste, y me preocupaba que te hubiera pasado algo. Cuando empujé la manija, la puerta estaba abierta, así que entré", le dijo antes de dejarla.

Carla recuperó la movilidad tan pronto como él se fue y sintió que le estaba dando mucho calor. Se palpó la frente y las mejillas y miró la puerta cerrada mientras se abanicaba con las manos.

'¿Por qué siempre me pasa lo mismo? Cada vez que se me acerca, me quedo embobada, y...

¿Realmente llamó a la puerta antes de entrar?

¿Habrá dicho la verdad? ¿Por qué no escuché nada?', debatió la chica consigo misma.

Entonces sacudió la cabeza intentando quitarse esos pensamientos y a Terence, y finalmente se levantó de la cama para lavarse la cara antes de ir a desayunar.

Cuando ella llegó al comedor, vio huevos fritos, pasteles de verduras y gachas sobre la mesa, cuyo olor le abrió el apetito inmediatamente.

"Carla, ¿vas a trabajar hoy? ¡Es un día hermoso, perfecto para ir al parque de atracciones! Realmente quiero ir. No hemos estado allí en meses. ¿Podemos ir hoy?", le preguntó Sean, quien se apresuró a correr hacia ella al verla entrar al comedor.

Ella había estado muy ocupada con el trabajo últimamente y no podía pasar mucho tiempo con su hermano pequeño, quien siempre estaba atrapado en casa y solo salía pocas veces para visitar a alguno de sus compañeros.

Carla se sentó a comer sus gachas antes de mirar a su hermano. Sean se le unió en la mesa, pero mantuvo la atención en ella en lugar de comer. Con el vendaje en el brazo, Terence también estaba en la mesa pero tenía los ojos puestos en la pantalla de la computadora portátil.

Ella había pedido permiso para no trabajar el día anterior, pues le había dicho a Karen que había tenido que ir al hospital, y le prometió que volvería al trabajo hoy.

"Le preguntaré a Karen si puedo faltar nuevamente. Espero que me diga que sí", le respondió finalmente.

"¿De verdad, Carla? ¡Hurra! ¡Eres la mejor! ¡Te quiero mucho!".

Sean saltó de su silla y la abrazó. Ella fingió quedarse sin aliento ante su abrazo, y el chico la soltó pero se aferró a su brazo mientras saltaba de arriba abajo.

"¡Sean! ¡Basta! ¡Deja de saltar, Sean! Me estoy mareando mucho. Deja de sacudirme, ¿de acuerdo?".

Carla lo fulminó con la mirada mientras zafaba su manga de la mano de Sean.

Después, ella se volvió para mirar a Terence nuevamente y le dijo, "Terence, como no puedes acompañarnos debido a tu herida, es mejor que te quedes en casa. Volveremos después del almuerzo".

"¿Qué? ¡Por supuesto que no!".

Carla estaba sorprendida y no podía creer lo que había escuchado, pues la protesta no provino de Terence, sino de Sean, el cual ahora estaba en una silla al lado de ella.

"Carla, ¡deja que Terence venga con nosotros! Un poco de aire fresco le hará bien y lo ayudará a recuperarse más rápido. ¡Déjalo venir con nosotros! Además, si nos acompaña, puede protegernos de los malos, ¿cierto?".

Aunque Carla había reprendido al chico hacía unos minutos, parecía que él ya lo había olvidado, de modo que tomó nuevamente la mano de su hermana mientras usó los mismos ojos suplicantes de antes para pedirle. "Terence ya ha descansado dos días y se siente mucho mejor ahora", le dijo él.

"Y de todos modos no hay nada que robar en este piso, así que una vez que cerremos la puerta, no hace falta que se quede nadie a vigilar. ¡Por favor, Carla, por favor, deja que venga con nosotros!".

Terence guardó silencio, y cuando Carla volteó a verlo, él simplemente se encogió de hombros y sacudió la cabeza hacia Sean.

Lo que ese gesto significaba era: 'No me importa lo que decidan. Depende totalmente de ustedes dos'.

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