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   Capítulo 11 No fue más que una treta

La chica de mi vida Por Luciana Palabras: 10578

Actualizado: 2020-03-12 00:06


Mientras regresaba a su mesa, Carla escuchó a Terence hablar con Nina y caminó en silencio hacia ellos. "¿De qué están hablando ustedes dos?", bromeó ella mientras pasaba su mirada de uno a otro: "¿Están hablando de mí?".

Como Nina no se dio cuenta de que se había acercado la chica, al escuchar eso, se asustó tanto que pegó un salto y estuvo a punto de caer de la silla, antes de ponerse de pie y responderle sacudiéndose la ropa: "¡Qué susto, Carla! No te le acerques así a la gente".

Ignorando la dramática mujer de enfrente, Terence, por su parte, levantó las cejas confundido y le dijo a Carla : "¿Pero de dónde viene eso? No soy del tipo de persona que habla de otras personas a sus espaldas". Entonces él se levantó de la silla y tiró de la silla de al lado para que se sentara Carla, quien le admiró enseguida por ese detalle.

Momentos después, Sean llegó corriendo a toda velocidad y gritó: "Terence, ¡Mira! ¡Mira lo que tengo!".

Al verlo correr así, pensó Terence instintivamente, 'Espero que no se caiga'.

Pues mientras corría Sean, llevaba en las manos una pecera de tamaño mediano que tenía un pez dorado por dentro. "¡Mira! ¡Qué lindo es mi pez!", le gritó el chico emocionado.

"No corras tan rápido, te vas a..." Antes de que Terence pudiera terminar sus palabras, los zapatos de Sean se atoraron en un bloque suelto de cemento que lo hizo tropezar y caer boca abajo.

La pecera voló por los aires mientras los ojos de todos la miraban con ansiedad.

Cuando se cayó al suelo con bastante fuerza, esta se hizo añicos y los pequeños cristales se quedaron esparcidos por el piso.

El pez, por otro lado, salió volando en la dirección contraria y se desapareció de la vista. Sean se levantó rápidamente y miró a su alrededor asustado, "¿Dónde está mi pececiito?".

Pero antes de que alguien le respondiera, el chico se asustó otra vez por un grito que hizo eco en el silencioso salón del restaurante de Nina, quien se puso un poco histérica debido a que el agua le salpicó el cabello y el impecable vestido blanco después de la caída de la pecera.

"Estoy empapada. ¡Solo mírame!", dijo Nina furiosa.

Sean se quedó sin palabras al ver todo lo que había sucedido, pues estaba tan asustado que ni siquiera se atrevía a moverse.

Nina, por otro lado, se puso a gritar nuevamente al mirarse el vestido, "¡Dios mío! ¡Me cayó encima el pez! ¡Guácala, el pez está sobre mí! ¡Quítamelo ahora mismo! ¡Alguien! ¡Ayúdenme! ¡Háganlo rápido!".

En general los animales le daban asco, pero especialmente los peces viscosos, así que definitivamente no iba a tocarlo, no importaba lo que pasara. Ella trató de sacudírselo, pero el pez estaba pegado a uno de los adornos de flores de su vestido.

Sean inmediatamente recuperó la movilidad y le quitó el pescado del vestido.

"Lo siento mucho, tía Nina. Te juro que no lo hice a propósito. Por favor, perdóname", suplicó el chico.

Una vez recuperado de la conmoción, Sean recordó que el pez le pertenecía, que obviamente estaba ahora jadeando impotente. 'Será mejor que lo devuelva al agua antes de que muera', pensó el chico. Entonces se fue corriendo por algo donde poner al pez, hasta que finalmente encontró un vaso de agua, que estaba en la mesa de otra persona. "¡Ya está!", gritó Sean en voz alta, bastante orgulloso. Sin embargo, al hombre que estaba sentado en la mesa no le pareció divertido verlo poner un pez en su vaso.

Nina volteó a ver su vestido, el cual se había arruinado por completo, que la hizo gritar al chico enojada, "¡Estúpido mocoso! Hiciste esto a propósito, Sean. ¡Sé que así fue!".

"¡No, eso no es verdad! ¡No fue mi intención!". Con los ojos abiertos de par en par, Sean fingió que le escurría una pequeña lágrima y agregó, "Lo juro, tía Nina, no lo hice a propósito".

Ella lo miró con incredulidad, "¡¿Cómo te atreves a mentirme?! ¡Conozco todos tus trucos y tácticas y esto definitivamente no fue accidental!". Entonces la mujer volteó a ver a Carla, quien estaba haciendo todo lo posible para no reírse, "¡Tu hermana probablemente está confabulada contigo!".

Pero para sorpresa de Nina, nadie le respondió y todo el mundo de pronto tenían los ojos posados en ella, que ella encontró muy extraña. Entonces bajó la mirada y se dio cuenta de que el vestido blanco que llevaba se estaba transparentando, que la hizo gritar al chico nuevamente furiosa y avergonzada: "Sean, ¡me las pagarás por esto!

¡Eres un bribón! Te daré una dura lección".

Sin embargo, ella no pudo atraparlo, pues Terence se lo impidió poniéndose de pie entre los dos.

"Srta. Nina, por favor cálmate. Él solo tiene diez años y además ya se disculpó por su mal comportamiento. No puedes solo ir y castigarlo así como así", le dijo a Nina en un tono frío antes de que Carla pudiera intervenir para ayudar a su hermano.

Mientras tanto Evan se acercó a ellos al escuchar el ruido, quien inmediatamente se quitó el abrigo y se lo puso a su novia mientras le calmaba: "Nina, no te enfades. Es solo un vestido. Te compraré uno nuevo. Además, Sean solo es un niño. No hay necesidad de que te enfades. No le des tanta importancia a esto".

"Evan, fue su...", trató de explicarle la mujer.

"Evan, lo siento. Déjame disculparme con Nina por mi hermano. Realmente es solo un niño imprud

ente y travieso y como resultado se cayó al suelo y mojó el vestido de Nina. ¡Me disculpo sinceramente por eso!", expresó Carla ante ellos antes de que Nina pudiera terminar lo que iba a decir.

"Está bien. Como ya he dicho, él es solo un niño pequeño y no tiene la culpa. Bueno, pueden seguir adelante y disfrutar de su cena solos. Llevaré a Nina a arreglarse", les dijo Evan asentiendo levemente hacia Terence antes de volverse a ayudar a Nina e irse con ella.

Al verlos partir, con un suspiro de alivio, Sean se dio la vuelta y felizmente le guiñó un ojo a su hermana.

Momentos después, Terence notó que Carla y Sean se habían sentado y tarareaban una canción con las piernas cruzadas. Parecían estar de muy buen humor mientras comían macarrones.

"Aquí tienes, Carla. Pruébalo. ¡Es realmente delicioso!", le dijo el chico.

"Sí que lo es. Y también es muy costoso. Sean, ¡comamos tanto como podamos!", le contestó Carla.

Terence sacudió la cabeza mientras los veía disfrutar de los macarrones. '¡Qué graciosos!

Lo que pasó no fue más que una treta. Simplemente no querían que Nina estuviera cerca, por lo tanto, lo planearon todo para echarla y así pudieran disfrutar de la cena solos', pensó Terence mientras los miraba con una sonrisa dibujada en el rostro.

Poco después, pagaron la cuenta y salieron del restaurante.

Al guardar la tarjeta en el bolso, Carla se sintió muy angustiada, pues era un almuerzo muy caro que casi estaba fuera de su alcance. Entonces se volvió hacia Terence y lo miró enojada: "Terence, no actúes así sin haberme consultado la próxima vez. ¡De lo contrario te irás de mi casa!

¿Me explico?", le amenazó ella.

Al lanzar un profundo suspiro, Terence asintió con una sonrisa y le respondió: "Sí, su majestad", y agregó él, "Sin embargo no creo que sea una buena idea planear tretas con tu hermano. Él es solo un niño pequeño y podrías estarlo malcriando".

Carla volteó a ver a su hermano y frunció los labios, "¿Cómo puedes decir eso? No soy una mujer mala. Por supuesto, me aseguraré de no malcriarlo.

Puedo discernir entre lo qué está bien y lo qué está mal, pero también tengo que darle una lección a las personas malas si es necesario. ¿Lo entiendes?".

Al mismo tiempo, Sean caminó hacia él y le dijo: "Terence, todavía tienes el brazo con heridas. Déjame llevar el pez".

Era un chico muy lindo y educado, y fue por eso le había regalado el pez el gerente de ese restaurante. Como la pecera se había roto, de momento, el chico tuvo que ponerlo en una bolsa de plástico para llevarlo a casa.

Terence tomó el animalito con una mano y colocó su brazo alrededor del hombro del niño cuando lo escuchó, y entonces le respondió con una sonrisa tranquilizadora: "No te preocupes. Mi brazo estará bien, y no me cuesta nada llevar tu pez. Tú, por otro lado, debes tener más cuidado. ¡Procura no tropezar la próxima vez! No me hagas preocupar".

Aunque la lesión no era evidente debido a que estaba cubierta por su ropa, el vendaje en su brazo y la tirita en su cabeza estaban expuestas.

"Terence, no tienes que preocuparte por mí. No me voy a caer de nuevo. Esa mujer es muy despreciable. ¿Cómo es posible que insulte a mi hermana sin ningún costo? ¡Es por eso que le tiré el agua encima!", se quejó Sean arrugando los labios. De hecho, él se había jurado proteger muy bien a su hermana desde muy pequeño, y no podía dejar que alguien la intimidara de esta forma.

Después de escucharlo atentamente, Terence lo miró con ternura, le revolvió el pelo y dijo: "Está bien, lo entiendo".

'Sean quizá sea un niño lindo, inteligente y todavía muy pequeño, pero ya sabe cómo proteger a su hermana. Me alegro mucho de escuchar eso', pensó el hombre.

Al caer la noche, finalmente salieron del parque de atracciones, y como Carla ya había gastado mucho ese día, Terence no se atrevió a pedirle que tomaran un taxi. De ninguna manera ella lo aceptaría, pues definitivamente le dejaría afligida ante la idea de un gasto tan grande, así que el hombre no dijo una palabra mientras los seguía a la parada de autobuses. Habían decidido tomar el transporte público.

Era un típico sábado por la noche y mucha gente había pasado allí el fin de semana, por lo tanto, una gran multitud estaba reunida esperando el autobús, y además había un embotellamiento de tráfico cerca en ese mismo momento.

Carla simplemente no logró subirse al autobús. ¡Había mucha gente intentando abordar!

Enojada, vio cómo se iba el vehículo. Después se dio la vuelta y miró a su hermano pequeño y a Terence, quien estaba con heridas.

"¡Bien, ya no puedo más! Tomemos un taxi", les dijo la chica.

Terence puso su mano sobre el hombro de Sean y le sonrió después de escucharla. De hecho, él no planeaba tomar el autobús en absoluto, y como ya conocía a Carla, pensó que al final elegiría tomar un taxi. Parecía que simplemente había estado esperando pacientemente a que ella tomara la decisión por su cuenta.

Dado que la parada estaba llena de personas, decidieron caminar por la carretera unos minutos antes de tomar un taxi a casa, pero de repente una furgoneta negra se detuvo al otro lado de la carretera, y la puerta se abrió rápidamente, por donde se bajaron unas ocho personas, quienes se lanzaron agresivamente hacia ellos.

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