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   Capítulo 13 ¿Te has enamorado de mí

La chica de mi vida Por Luciana Palabras: 10038

Actualizado: 2020-03-14 00:05


"Dime, ¿por qué venías a buscarme?", le preguntó Terence en voz baja.

Pero parecía que Carla tampoco tenía la idea por qué lo hizo y se lo preguntaba a sí misma. ¿No odiaba que la gente se metiera en su vida? Esa era la única razón por la que nunca les pedía favores a los demás, pero esta vez era un poco diferente. Él había distraído a los matones para ellos, y ni siquiera había pensado ni un minuto en sí mismo ante el peligro, mientras todo lo que le preocupaba era decirles que corrieran a casa y se cuidaran entre ellos, que a la chica la hizo muy conmovida.

"Por nada especial. Salí a ver si estabas bien porque todavía me debes algo de dinero y si murieras, ¿quién me lo pagaría? Venga. No puedo dejarte solo aquí", declaró Carla mientras lo ayudaba a levantarse lentamente.

Terence dejó escapar una risita suave cuando vio que la chica obviamente estaba tratando desesperadamente de ocultar la ansiedad.

"¿En serio? ¿Estás segura de que eso no se debe a que ya te has enamorado de mí?

Esa es la razón por la que volviste a buscarme, ¿no es así? Estabas preocupada por mí, ¿cierto? Auch, auch, auch", de repente gritó él de dolor antes de que pudiera terminar sus palabras, y se debió a que Carla le había pellizcado deliberadamente la pierna lesionada. "No te hagas ilusiones. Aparte de la buena apariencia, ¿qué más tienes? No tienes dinero ni un elevado estatus social, y, para colmo, eres un alborotador. ¿Por qué me enamoraría de ti?", le replicó Carla.

'Si fuera de clase alta, ¿cómo se atreverían esos matones a hacerle daño?', pensó ella mientras lo ayudaba a subir a su moto. "Abrázame fuerte. Ten cuidado y trata de no caerte. Si te sientes incómodo, me lo dices", agregó ella.

Al tenerla fuertemente abrazada, Terence le respondió con alegría: "No te preocupes. Con una belleza como tú en los brazos, jamás te soltaré".

Pronto llegaron a una pequeña clínica alrededor del vecindario, donde trabajaba el amigo de Carla, Harrow, a quien la chica comenzó a llamar tan pronto como bajaron de la pequeña moto.

Unos minutos después, Harrow les abrió la puerta.

En la clinica.

Después de hacerle una revisión preliminar a Terence, Harrow procedió a vendar las heridas y le administró una inyección.

"Le recetaré medicamentos para tres días Asegúrate de que los tome a tiempo, y también de que permanezca en cama durante al menos tres días. Si el dolor no disminuye después de tomar la medicina, deberás llevarlo a que lo revisen inmediatamente en el hospital", le aconsejó Harrow a Carla mientras preparaba la medicina para Terence.

"Carla, ahora dime la verdad. ¿Quién es ese hombre? ¿Cuál es la relación entre ustedes dos?", le preguntó el médico.

"Oh, él es solo un amigo. Pasé cerca de donde vive y lo encontré herido, así que no pude dejarlo solo allí", le respondió Carla parpadeando.

"Uf...¡qué alivio! Es mejor que solo sea tu amigo. Hay algo inusual en sus heridas, ya que encontré algunos rastros de una bala que lo rozó. Si no hubiera sido tan ágil como para esquivarla, podría haber muerto.

Entonces concluyo que su identidad es ciertamente sospechosa, y creo que será mejor que te alejes de él", le sugirió Harrow con seriedad mientras la miraba fijamente.

Al escuchar el consejo de Harrow, Carla lo pensó profundamente por un momento, y cuando levantó la vista, se encontró con los ojos de Terence mientras este salía de la sala de examinación.

Carla le agradeció a su amigo y dejó la clínica junto con Terence después de que terminaron, y finalmente se fueron a casa.

Con las dos piernas vendadas, Terence realmente necesitaba descansar un poco

y el espacio en el sofá no era lo suficientemente amplio para que pudiera descansar bien. De hecho, incluso era un poco estrecho para él.

Además, Harrow había mencionado que tenía que permanecer en cama durante al menos tres días, y acostarse en el sofá no lo ayudaría a recuperarse rápidamente.

Aunque a Carla le cuesta mucho tomar esta decisión, finalmente decidió llevarlo a su habitación para que pudiera descansar en la cama hasta que se recuperara por completo.

La habitación de Sean era demasiado pequeña, y su pequeña cama no sería suficiente para dos personas, especialmente si uno de los dos era un hombre tan grande como lo era Terence, por lo que ella sabía que dejarlo dormir allí no era práctica.

Y la suya, en cambio, aunque tampoco no era tan grande, parecía que podría encajar bien con él.

"¿Qué estás haciendo? ¿A dónde vas con esa colcha? Ya es tarde. ¿Aún no te vas a meter en la cama?".

Terence pareció perplejo cuando notó que Carla llevaba su edredón a la sala de estar.

Ella lo miró intensamente.

Estaba claro como el día lo que ella planeaba hacer, pero él de todos modos le había preguntado. ¡El descarado diablo no tiene vergüenza!

Apretando los dientes con ira, la joven pensó que realmente no debía haberlo compadecido ni debía haber salido a buscarlo. Debió haberlo dejado allí para que muriera en la calle.

¿Era esto lo que s

e ganaba por ser de corazón blando? Al final, ¡incluso ella había perdido su preciosa cama por esa sinvergüenza!

Ella nunca se imaginó que llegaría el momento en el que no tendría más remedio que actuar bien y ser por demás generosa con él.

"¿Que qué estoy haciendo?", le respondió con una pregunta retórica. "¿No fue suficiente que te dejara quedarte en mi casa y que te cediera mi cama? Ahora, ¿quieres que me acueste contigo también?", le gritó enojada. Mirándolo intensamente, se dio la vuelta y se alejó.

"Espera", le gritó él mientras se sentaba en el borde de la cama. "No tienes que dormir en el sofá. Está muy duro y no podrás conciliar el sueño. Venga. ¡Mírame! ¿Qué puedo hacer en esta condición? Podemos dormir juntos en la misma cama".

Si el sofá hubiera sido de buena calidad, podría ser suficiente para dormir, pero ese sofá barato no era para nada cómodo.

¿Quién podría haber adivinado que su amable gesto pondría a Carla tan furiosa?

"¿Mi sofá es demasiado duro? ¿Me estás tomando el pelo? Es tu sofá el que está duro. ¡Todos tus sofás son tan duros como rocas!".

Carla corrió hacia la puerta con paso atronador, y se dirigió directamente al sofá después de salir de la habitación, pero como el destino ya estaba escrito, resultó que lo que Terence había dicho era verdad.

Como le costaba tanto encontrar una posición cómoda en este duro sofá, ella no podía conciliar el sueño.

Nunca había dormido la joven en el sofá, pero, ¿quién en su sano juicio dormía en un sofá cuando era mucho más cómodo dormir en la habitación?

El sofá estaba realmente muy duro, e incluso después de darse la vuelta unas mil veces, siguió sin poder dormir, y a pesar de que estaba acostada sobre su edredón, le dolían mucho la espalda y las caderas. ¿Por qué nunca había notado lo duro que era cuando se había sentado ahí en muchas ocasiones?

Después de dar vueltas y vueltas innumerables veces, finalmente la chica se quedó dormida profundamente.

A la mañana siguiente...

Debido a que se había acostado muy tarde la noche anterior, Carla dormía como tronco, ignorando completamente la alarma de su teléfono.

Además, esta solo sonó por unos segundos ya que

Terence lo apagó tan pronto como comenzó a sonar.

Entonces Carla durmió una hora más después de eso.

"Hola, ¿Carla? Ella todavía está durmiendo".

Terence había tomado el teléfono de Carla y lo respondió por ella, pues ya llevaba un buen rato sonando.

"¿Yo? Soy su novio Carla todavía está durmiendo en este momento porque se quedó despierta hasta tarde anoche.

¿Está bien si va a trabajar en la tarde? Gracias", continuó Terence en voz baja después de echarle un vistazo a la chica, quien estaba profundamente durmiendo.

Él se rio entre dientes cuando colgó el teléfono. '¡Qué buena jefa es Karen!'.

Cuando esta se enteró de que él era el novio de Carla, no pareció enojarse, y de hecho incluso pareció estar bastante complacida.

Después de dejar el teléfono en la mesa, el hombre se volvió para ver a Carla y tiró de la colcha para cubrirla bien.

Como un tronco, la joven durmió dos horas más y luego abrió los ojos, luciendo aturdida.

"¿Qué hora es?", le preguntó bostezando.

¡Mierda! Ya tenía que estar en el trabajo. Al mirar por la ventana y ver el sol en lo alto del cielo, ¡se dio cuenta de que iba a llegar muy tarde al trabajo!

"Son solo las 10 en punto. Todavía es temprano para almorzar", le respondió lentamente Terence, acostado al otro lado de la cama mientras verificaba la hora.

"Todo ha terminado para mí. ¡Recuerdo haber puesto la alarma en mi teléfono! ¡Y tú! ¿Por qué no me despertaste?". Entonces se levantó apresuradamente y corrió hacia el armario para buscar ropa que ponerse, pero de repente notó que algo andaba bastante mal.

"¿Por qué estaba en la cama?".

Terence dejó el libro que estaba leyendo y le explicó: "Ayer no parabas de moverte una y otra vez en el sofá y te caíste al suelo tan pronto como te dormiste, así que te traje aquí".

Carla se frotó los ojos y lo miró con escepticismo. ¡No podía recordar nada!

"¿Estás bromeando? ¿Me trajiste aquí desde el sofá?", lo cuestionó sin poderle creer.

Con las cejas levantadas, le dijo él: "¿Bromear? Aparte de mí, ¿quién más en esta casa podría levantarte y traerte aquí desde el sofá?

Quizá tenía las piernas lesionadas, pero no estaba discapacitado, y además, ella no era muy pesada y la sala de estar tampoco estaba muy lejos del dormitorio. Por eso, era perfectamente capaz de hacer algo así.

Con los ojos puestos fijamente en ella, Terence notó que ella aún dudaba sobre su fuerza, y un hombre siempre se siente mal cuando una mujer duda de algo sobre él, sin importar lo que sea.

"Pensaba que después de que dos personas duermen juntas en la misma cama por una noche, la mujer tendría otra cosa que decir al hombre en lugar de cuestionarle la capacidad de caminar", bromeó él mientras miraba el cuerpo de la joven, quien llevaba un camisón suelto ligeramente transparente.

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