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   Capítulo 14 ¿Le dijiste que eras mi novio

La chica de mi vida Por Luciana Palabras: 8364

Actualizado: 2020-03-15 00:05


"¡Oye, venga!", se quejó Carla frunciendo las cejas, "Deja de tratarme como a una tonta. ¡Sabes que hubiera sentido algo si realmente me hubieras hecho lo que dices!".

Ella levantó la manta para ver si todavía tenía puesto el pijama. Después de comprobar que así era, suspiró aliviada y luego se levantó para vestirse, y entonces le lanzó una mirada fulminante a Terence, quien se limitó a sonreír.

Él se veía muy cómodo en la cama de la chica, así que se estiró, colocó los brazos detrás de su cabeza y la observó mientras elegía un atuendo de su armario. "Karen te ha llamado. Le pregunté si podías tomarte medio día libre y estuvo de acuerdo, así que no hay necesidad de que te apresures. No tienes que presentarte a trabajar sino hasta después del almuerzo".

"¿Espera, qué has dicho?", exclamó Carla con el vestido rojo favorito en la mano, "¿Karen llamó? ¡¿Y tú fuiste quien lo contestó!?".

Terence se sentó y sonrió burlonamente, "Sí. Lo contesté por ti".

Eso era demasiado, y Carla ya no podía soportar más, así que, debido a lo molesta que estaba, le arrojó al hombre un gancho de ropa.

Entonces suspiró profundamente tratando de calmarse y se llevó las manos a la cabeza. "Bien, ¿qué más le dijiste y qué te dijo ella?".

"¡Adivina!".

Él se echó a reír, sin duda disfrutando de lo ansiosa que había logrado poner a la joven. "¡O-oye! ¡Eso no está bien!", chilló él enseguida por el otro gancho que le había arrojado la chica.

"¡Dime lo que le dijiste y lo que ella te dijo, cabrón! ¿Al menos te preguntó quién eras? ¿Y le mencionaste la clase de idiota que eres?", le gritó la chica, con los ojos abiertos de par en par por la ansiedad. Si el asesinato no fuera ilegal, ese presumido yaciendo sobre su cama no se mostraría tan presuntuoso en ese momento.

Él se mostró decepcionado, por lo que se llevó la mano al corazón dramáticamente, "Eso fue muy grosero. ¡Has herido mis sentimientos! Una dama honorable no debería comportarse así. Maldecir es algo que las mujeres no deben hacer. Una buena dama no debe maldecir aún si está ansiosa por saber algo".

Carla se cruzó de brazos y dijo con sarcasmo: "Lo siento mucho. Para empezar, no soy una buena persona, pero tú debes ser un santo, ya que eres tan bueno. ¡Has hecho muy buenas obras! Chantajear a la persona que te salvó la vida, irrumpir en su casa y vivir a costillas de ella. Guau. Sin duda eso es algo que una buena persona haría".

Carla estaba harta. Después de todo, ella no era una celebridad que tuviera la necesidad de cuidar cada movimiento que hacía. Era una mujer común y corriente y decía lo que se le daba la gana.

Terence se rio, "Bueno, dale las gracias a tus padres. ¡Naciste privilegiada!".

"¡Oh, gracias, santísimo señor! Sé exactamente de lo que estás hablando. Estás tratando de decirme que no merezco un marido rico porque soy muy "grosera". Bueno, te tengo una noticia de última hora. No me importa una mierda".

Entonces la chica levantó su dedo medio hacia él.

"¿Ahora déjate de pavadas y solo cuéntame lo que te dijo Karen? ¿Se enojó? ¡Si es así, me va a regañar!".

Terence sacudió la cabeza sonriendo y le dijo: "Ah, bueno, le dije que aún estuviste durmiendo y le pregunté si podías tomarte un día libre. Ella dijo que estaba bien y no hizo más comentarios".

"Ya veo", le respondió Carla, quien tenía el presentimiento de que algo andaba mal, así que siguió presionando.

"Le dijiste que todavía estaba durmiendo, ¿verdad? ¿No te había preguntado quién eras? Quiero decir, a Karen le encantan los chismes. ¿Qué más te preguntó? ¿Y qué le respondiste tú?".

Terence tosió. Al parecer esa chica no era fácil de engañar. "Bueno, le dije que soy tu novio. Es que ella no me hubiera creído si le hubiera dicho que solo soy un amigo". Él levantó ambas manos, encogiéndose de hombros

y Carla lo fulminó con la ira que ardía en los ojos. Su suerte no podía ser peor. ¿Era posible que las cosas pudieran ponerse peores?

"¿Sabes qué? Vete a la mierda. Púdrete en el infierno. ¡Me estás arruinando todo!".

Ella respiró hondo, preparándose para la tormenta que se avecinaba.

En ocasiones Karen podía dar mucho miedo cuando regañaba a a

lguien, sin embargo, se preocupaba mucho por Carla y por Sean, así que su deseo era que hubiera alguien que se encargara de cuidarlos a ambos, por lo que le organizaba citas repetidamente, y se esforzaba bastante en ello.

Era por eso que Carla había decidido quedarse con ella a pesar de que bien podría haber conseguido un mejor empleo, pero había un dicho que decía:

"Si algo puede salir mal, saldrá mal".

De repente, alguien llamó a la puerta, lo que provocó que Terence y Carla volvieran la cabeza hacia la puerta con expresiones de asombro. "¿Quién será esta vez?", murmuró la chica irritada.

"¿Carla? ¿Carla? ¿Hay alguien en casa? ¿Estás ahí?

¡Soy yo, Karen! ¡Por favor abre la puerta!".

Carla sintió un gran nudo en la garganta, y sintió que todo el pelo alrededor de sus brazos se crispaba y que un escalofrío le recorría la espalda. "Oh Dios mío..." Entonces se cubrió la cara con las manos.

"¿Karen? Oh Dios, ¿por qué eligió visitarme en un momento tan inoportuno? ¡Estoy frita!".

Ella se puso lo primero que encontró y después le susurró a Terence, "¡Quédate aquí!", y cerró la puerta de golpe.

"¡Hola Karen! ¡Qué sorpresa! ¿Qué te trae por aquí?", con una sonrisa, la chica abrió la puerta pero sin intención de dejarla entrar.

Karen era su jefa y parecía ser más joven de lo que en realidad era a pesar de estar al principio de los 40 años. Tenía el pelo corto y rizado y llevaba gafas. Ella fingió decepción al mostrarle a Carla una bolsa de fruta.

"¿Qué? ¿No me vas a dejar entrar? ¡Me lastimas!".

Carla tosió y a regañadientes abrió un poco más la puerta, "L-Lo siento, Karen, me sentía un poco mal, pero venga, ¡pasa!".

"¡Oh! No te preocupes Está bien. Ahora entiendo porqué necesitas tomarte medio día libre. Cuando una está en una relación romántica, lo único que quiere es estar recostada con la persona que ama", le dijo Karen al entrar en la habitación. Después se bajó las gafas y le dijo: "No nací ayer, sabes". Entonces prosiguió a revisar las habitaciones como si buscara a alguien.

Primero abrió la habitación de Sean y lo encontró con sus auriculares puestos mientras hacía los deberes. "¡Oh, hola!". El chico se quitó los auriculares por un momento. "Hola, Sean! Solo estoy visitando a tu hermana. ¡No me hagas caso y continúa con lo que estás haciendo!", le sonrió Karen.

Cuando cerró la puerta, caminó hacia la habitación de Carla, pero fue interrumpida antes de que pudiera girar la manija de la puerta.

"¡Karen, toma asiento en la sala de estar primero! ¡Te traeré algunas bebidas y bocadillos!", le sonrió Carla haciéndola hacia un lado.

Karen le devolvió la sonrisa, se sentó en el sofá y se encogió de hombros.

"Bien. Tú eres quien manda. Venga. ¿Por qué no me quieres enseñar a tu novio?".

Carla se congeló de inmediato, haciendo que sus ojos se abrieran de par en par, "¿Qué? ¿Qué novio, Karen? ¡Deja de burlarte de mí!".

"Deja de hacerte la tonta conmigo, querida. ¡Sé que vive contigo! ¡Pobre de ti! ¡Tus padres fallecieron cuando eras aún muy joven! Como una persona mayor, ¡tuve la sensación de que debía cuidarte!".

Entonces Karen le hizo señas con las manos. "¡Venga! Tráemelo. No podré confiar en él si no lo veo hoy mismo. ¡Déjame conocerlo!".

"Karen, debes haber entendido mal. No tengo novio", trató de explicarle Carla.

"Tú sabes lo que siempre me pasa. Las personas que me has presentado no quieren tener nada que ver conmigo porque vivo con Sean".

Esa era exactamente la razón por la que Karen había hecho un gran esfuerzo para encontrarle alguien especial.

"Pero, querida, un hombre respondió mi llamada de hace un rato. ¿No me consideras tu familia ni confías en mí? ¿Por qué no me dejas verlo? ¡No hay nada de qué avergonzarse!".

Karen era alguien difícil de engañar, así que ella se puso de pie y volvió a caminar hacia la habitación de Carla, quien la siguió con la intención de detenerla a pesar de que ya era imposible ocultarlo.

Esa mujer había sido muy amable con ella y Carla no quería ocultarle nada.

De repente, la mandíbula de Carla se fue hasta el suelo, ya que en ese momento la puerta de su habitación fue abierta desde dentro.

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