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   Capítulo 18 Quiero que te quedes

La chica de mi vida Por Luciana Palabras: 8229

Actualizado: 2020-03-18 19:25


Terence estuvo a punto de atragantarse con lo que estaba bebiendo cuando vio que Carla lo estaba observando, y entonces le preguntó él, frunciendo el ceño ligeramente, "Carla, ¿acaso estás molesta porque te gusto pero no correspondí tu amor? ¿Es por eso que hablas mal de los hombres?".

Poniendo los ojos en blanco, Carla tomó un gran trago de su bebida: "Terence, no te hagas ilusiones. ¿En verdad crees que me gustas?

¡No te sobreestimes por fa! Puede que Evan sea una basura, pero al menos no me ha hecho ningún daño".

Después, ella arrojó la taza vacía al brazo de Terence, se puso el impermeable y salió a la lluvia.

Terence parecía encogido, no por la taza que Carla le arrojó, sino por la reacción de la chica, y la sonrisa en el rostro del hombre se desvaneció cuando la vio alejarse en la motoneta.

Esa noche, al regresar a casa, Carla estaba tan agotada que se desplomó sobre la cama, y aunque la hambre hizo retumbar a su estómago en protesta, ella no tenía fuerzas para moverse.

Momentos después, Terence entró en la habitación con una bandeja de comida y la colocó sobre la mesa frente a Carla.

"¡Aquí está la cena! Acabo de calentar todo, por favor come algo mientras esta todavía está caliente", le recordó él.

Tumbada de lado, Carla lo miró y luego contempló los alimentos enfrente, pues eran todos sus platillos favoritos, especialmente las verduras salteadas, y que tenían muy buena pinta.

Su estómago vacío había tomado la decisión por ella, por lo que se arrastró fuera de la cama y fue a la mesa a recoger los palillos, y una vez probada la comida, la chica comenzó a devorarla rápidamente.

"¡Oye, más despacio! ¡Nadie te va a robar la comida, es toda tuya! Sólo ten cuidado o te puedes ahogar", Terence le recordó con suavidad y le dio un vaso de agua.

Al meterse una gran cantidad de arroz en la boca, ella le quitó el vaso y tomó un sorbo de aguda para bajarla: "No sabes lo hambrienta que estaba después de entregar tantos pedidos, especialmente a la hora de comer, casi babeé por todos los manjares que llevaba".

La hora de comer era el momento más ocupado para la entrega de alimentos, generalmente ella no tenía tiempo para almorzar hasta que terminaba este lapso y para entonces ya no tenía hambre.

"En realidad ya no tendrás que trabajar tanto y estar tan cansada...", mientras hablaba, Terence sacó un sobre de su bolsillo y lo colocó frente a la chica.

"¿Qué es esto?", le preguntó ella.

Carla dejó los palillos y echó un vistazo dentro del sobre, y cuando vio el montón de efectivo, la chica tenía los ojos abiertos de par en par por la sorpresa

"¿De dónde sacaste todo ese dinero?", ella estaba desconcertada.

Inexpresivo, Terence le respondió: "Solía programar computadoras en el tiempo libre y últimamente tomé un trabajo de este tipo y eso es la mitad del dinero que me deben.

Y como no tenía una tarjeta, les pedí que me pagaran en efectivo".

Carla se enderezó, sacó el dinero del sobre y comenzó a contarlo.

"¡Guau, has ganado mucho por escribir el código!

¡Hay veinticinco mil dólares aquí! ¿Y dijiste que es sólo un anticipo?", la sorpresa no cabía en ella.

Terence sólo asintió y silenciosamente dejó el dinero a un lado: "Primero cena, la comida se enfriará y no querrás comerla así.

El efectivo es todo tuyo, eso debería cubrir todas las facturas de hospital que pagaste por mí y también el almuerzo en el restaurante de lujo".

Carla tomó los palillos y continuó cenando, complacida y aliviada de haber recuperado su dinero ya que no quería seguir trabajando tanto.

'Eso fue muy amable de su parte, me pagó tan pronto como ganó el dinero', pensó ella para sí misma.

Después, Terence continuó hablando: "Una vez que termine la programación, tendré unos cincuenta mil dólares y te lo daré todo para devolverte lo que has hecho por mí, pero entonces, me tengo que ir".

De pronto, Carla perdió el apetito y dejó de comer.

Ella se tragó la comida que tenía en la boca con amargura y lo miró con el ceño fruncido: "Bien, ahora que tus alas son más fuertes, quieres volar lejos...

¿Sabes? R

ealmente no esperaba que fueras una persona tan desagradecida. Yo arriesgué mi vida llevándote a casa, ¡y ahora quieres ignorarme con un poco de dinero!

¿Por qué tienes tanta prisa por irte de aquí tan pronto como comienzas a ganar dinero?

¿Por qué no te fuiste antes cuando vivías y comías gratis en mi casa?".

Terence sonrió ante sus palabras y

se puso de pie inclinándose hacia ella:

"¿No se supone que querías que saliera de aquí lo antes posible? Ahora me voy a ir y de repente no quieres que lo haga, además estás pensando en todo tipo de excusas tontas, ¿por qué lo haces?".

Aunque no se conocían desde hace mucho tiempo, Terence sabía qué tipo de persona era Carla, ella no era una persona materialista a pesar de su obsesión por el dinero.

Al tenerlo tan cerca, Carla podía sentir que los latidos del corazón se le aceleraban, así que ella miró al suelo ruborizada mientras lo empujaba un poco con la mano.

"¡Tonterías! Me gusta el dinero y lo sabes. Me costaste una fortuna mientras comiste y viviste en mi casa gratis, además te salvé la vida, ¿crees que tu dinero puede pagar todo eso?", exclamó la joven, quien miró nerviosamente la pila de dinero en efectivo en la cama para no tener el contacto visual con él.

"¿Disculpa? ¿Entonces qué tengo que hacer para ganar mi libertad?", Terence habló en un tono bajo y seductor mientras se inclinaba más cerca de Carla, pues se había dado cuenta del efecto que él tenía sobre la chica. Ella podría decir cualquier cosa pero él sabía que en realidad estaba pensando otra, que le despertó el interés por seguir estudiándola.

Después de tragar saliva, la chica apartó la mirada mordiéndose los labios.

"¡Maldición Terence!", Carla dijo empujándolo con el dedo índice. "¡Parece que todo lo que tienes para ofrecerle a una mujer es tu cuerpo y nada más! Ya no quiero hablar más de esto, ¡ve a darte una ducha y compláceme esta noche! Si haces las cosas bien y estoy satisfecha entonces consideraré si te dejo ir o no, ¿de acuerdo?", añadió ella.

La sonrisa de Terence se hizo más profunda cuando la miró a los ojos desafiantes de la chica, quien se veía muy dulce con las cejas fruncidas y una mueca en los labios.

"¿Ya ves? Como dije antes, parece que no quieres que me vaya. Ahora estás usando la excusa de que quieres hacer el amor conmigo para que me quede, ¿verdad?", Terence le dijo alzando una ceja.

Lo que Carla había dicho era en tono de broma aunque por dentro realmente lo añoraba, sin embargo, Terence lo había dicho directamente haciéndolo vergonzoso, así que ella extendió la mano y lo pellizcó en la mejilla.

"¡Tienes razón! Desde que te llevé a casa, Sean y yo hemos estado comiendo mucho mejor que antes, así que, si no tienes prisa, ¿podrías irte después de su cumpleaños?", le preguntó la joven.

'Si realmente se quiere ir entonces no tengo forma de retenerlo aquí, puede irse si así lo desea, no obstante, a Sean le agrada mucho y le sería importante si este hombre estuviera allí para su cumpleaños', pensó ella.

"¡Ay! ¡Que eso duele, mujer!", Terence apartó la mano de la chica, frunciendo el ceño, mientras la miró fijamente y le preguntó: "¿Quieres que me quede sólo para el cumpleaños de Sean y nada más?".

Carla se mordió el labio y lo miró directamente a los ojos: "Sí, hay algo más, ¿pues no recuerdas tu promesa?

Dijiste que nos cuidarías en el futuro, ¿te acuerdas?".

Los ojos de Terence brillaron cuando le respondió: "Por supuesto que sí".

"Muy bien, pues ya tengo tu palabra, si me encuentro con alguna dificultad, iré a buscarte. Pero que quede claro que ya me lo prometiste, nunca trates de negarlo cuando venga a ti", Carla dijo con lágrimas en los ojos.

Nadie podía prever el futuro y si Carla necesitara ayuda definitivamente pensaría en

recurrir a Terence.

"Cumpliré mi promesa", Terence le respondió, mirándola profundamente a los ojos.

Después de todo eso, la chica se sintió incómoda bajo su mirada y comenzó a arreglar la mesa, pero una mano firme la detuvo, Terence la agarró y la empujó hacia la cama, dejándola inmóvil debajo de su cuerpo.

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