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   Capítulo 19 Un hombre misterioso

La chica de mi vida Por Luciana Palabras: 9765

Actualizado: 2020-03-19 00:05


"¡Terence, eres demasiado pesado! ¡Suéltame ya!", Carla gritó en voz alta y pateó sin rumbo tratando de liberarse del control de Terence.

Mirando como Carla trataba de deshacerse de él con todas sus fuerzas, Terence frunció el ceño y le dedicó una sonrisa amarga, pues en realidad todo lo que hizo fue agarrarla suavemente por los hombros y después le dijo: "¡Vaya! No eres nada divertida, no es de extrañar por qué ningún hombre se ha enamorado de ti".

En este tipo de casos, las mujeres eran generalmente tímidas, siempre que sintieran algún afecto por el hombre en cuestión, sin embargo, esta chica, de la que Terence estaba seguro de que no estaba enamorada de él pero al menos le gustaba de alguna manera, estaba actuando de una manera bastante diferente.

Al escuchar las tonterías de Terence, Carla lo fulminó con la mirada, y como lo veía seguir burlándose de ella, le dio una patada en el vientre antes de que el hombre pudiera darse cuenta.

"¡Ay!", gritó Terence.

El intenso dolor lo obligó a dejarla en paz y enseguida el hombre se tumbó en la cama boca abajo. 'Fue una gran patada', se dijo a sí mismo.

Al verlo así, Carla aprovechó la oportunidad para escapar pero la agarró él enseguida por ser más rápido, antes de girarla bruscamente y abrazarla con fuerza. La chica apenas podía respirar con la cara enterrada en el hombro del hombre, que era demasiado fuerte.

"Es mejor que tengas cuidado la próxima vez, ¿qué pasaría si me hubieras pateado en la parte equivocada y arruinado mi virilidad? Eso sería una mala noticia para ti", Terence declaró con una sonrisa juguetona.

Él arrinconó a Carla con las fuertes piernas para evitar que luchara, y luego le pellizcó la barbilla para que ella lo mirara a los ojos.

"¡Ja! ¡Como si en realidad me importara! Tu virilidad no tiene nada que ver conmigo, pues dejaré ese problema a tu futura esposa para que se preocupe", se burló la joven, después de echarle un vistazo al par de piernas largas alrededor de su cuerpo.

"Las mujeres siempre ocultan lo que realmente piensan, ¡eres una obstinada!", Terence le sonrió a Carla sacudiendo con la cabeza y después le acarició suavemente el cabello.

"De todos modos no me iré por ahora, pues prometí enseñarle a Sean a jugar al baloncesto, ¿recuerdas? Además, yo...", Terence se inclinó más cerca hacia ella, sin dejar espacio entre ellos.

"¿Hermana? ¿Terence?", mientras Terence le susurraba al oído a Carla, de repente, se abrió la puerta, revelando a Sean parado afuera con las manos agarrando la manija, quien estaba a punto de entrar en la habitación cuando vio a Terence y Carla aferrarse el uno al otro, entonces se sonrojó de inmediato y miró hacia otro lado.

"Oye, Terence, ¿puedes ayudarme con mi tarea? Tengo una duda...", Sean les dijo con torpeza.

Carla ya había saltado de la cama lo más rápido que pudo, primero se arregló la ropa y luego se arremangó la blusa para limpiar las sobras de la bandeja de comida.

Terence, en cambio, se levantó lentamente, y al ver que Carla estaba ruborizada, le lanzó a la joven una sonrisa radiante mientras caminaba hacia Sean. "Por supuesto, cuéntame sobre el problema y lo resolvemos juntos".

Después de que Terence y Sean se fueron, Carla lanzó un suspiro de alivio, agarró los tazones y salió de la habitación.

En la alcoba de Sean, Terence resolvió la duda rápidamente, después de explicárselo con tranquilidad, él recibió una mirada de adoración del niño. Sin embargo, las expresiones de Sean cambiaron rápidamente a algo que Terence no pudo entender: "Tú... ¿tú estás...? ¿Te vas a casar con mi hermana?".

Terence se echó a reír, puso la mano sobre la cabeza de Sean y le revolvió el cabello afectuosamente.

"¡No te apresures pequeñín! Recuerde que hay que dejar que las cosas fluyan... Cuando conoces a alguien que te gusta, debes tomar las cosas con calma, debes de ganarte su corazón paso a paso.

Sólo cuando su amor es todo tuyo, entonces podrán superar todas las dificultades juntos, confía en mí, después de todo lo que pasen unidos, la chica que sea tu novia jamás podrá vivir sin ti", Terence le explicó con confianza.

Para dejar más claro su punto, él extendió las manos delante de Sean y las cerró lentamente, apretando los puños como si él estuviera llegando a algo.

Al otro lado de la puerta, Carla se puso a reír cuando escuchó la explicación del hombre y le dijo a su hermano:

"¡Sean, no escuches sus tonterías! Aún eres muy joven, ¡no dejes que este hombre te engañe!", ella entró y le jaló la oreja a su hermano. "¡Ten presente esto pequeño bribón! ¡No te atrevas a olvidarte de tu hermana cuando tengas novia! ¡Escucha siempre mis consejos! ¿Está claro?", agregó la joven con el ceño fruncido.

Sean estaba asustado, todo lo que pudo hacer fue asentir agudamente, rogándole piedad a su hermana: "En el puntaje de mi examen de Matemáticas,

lo juro, ¡no tendré novia sin tu permiso! ¡Por Dios! ¡Déjame ir por favor!".

"¡Ese es mi chico!", Carla le dio unas palmaditas en el hombro a su hermano y le sonrió cálidamente.

Sacudiendo la cabeza, el hombre puso los ojos en blanco y les sonrió.

Después de un rato, Carla notó que se estaba haciendo un poco tarde para Sean, pero que seguía Terence en la habitación, por lo que sin dudarlo, ella lo arrastró fuera del dormitorio para que Sean pudiera descansar tranquilamente y luego ella fue a darse una ducha.

"¡Achu!", Carla estornudó mientras salía del baño y se frotó la nariz.

"Será mejor que tomes una pastilla en caso de que estés resfriada", Terence estaba en la sala de estar trabajando en la computadora y se giró hacia Carla al oír su estornudo.

Aunque había llevado el impermeable, finalmente ella se quedó mojada bajo una lluvia tan fuerte.

"No hace falta, un vaso de agua caliente debería ser suficiente para sentirme mejor", a Carla no le gustaba tomar medicamentos, por lo que tomó un vaso de agua caliente y se dirigió directamente a su habitación.

Sin haberlo tomado en serio, la chica se durmió rápidamente, pero comenzó a sentirse peor a la medianoche, pues tenía sed y le dolía todo el cuerpo. Después de darse cuenta de que el vaso de agua en la mesita de noche estaba helado, ella finalmente decidió levantarse de su cómoda cama para ir por un vaso de agua caliente.

El único problema era que tan pronto como se puso de pie, el mareó la derribó.

Buscando algo a lo que aferrarse, su mano aterrizó en la mesita de noche, ella volcó accidentalmente el vaso de agua y este se rompió en pedazos en el suelo.

Poco después, la puerta de su habitación de abrió de golpe.

"¿Qué pasa?", Terence entró asustado. Él encendió la luz y encontró a Carla apoyada en la mesita de noche, mirando fijamente al cristal roto en el suelo, no obstante, lo primero que notó fue que se veía realmente pálida.

Una de las piezas de vidrio le había hecho una herida en el pie y ella estaba sangrando.

"¿Qué te pasó?", Terence le preguntó desconcertado, quien se dirigió hacia Carla ignorando los fragmentos de cristal por todo el piso, se agachó y aclaró el desorden a su alrededor, después levantó su pie y le revisó con cuidado la lesión: "Afortunadamente no es un corte profundo, iré por el botiquín de primeros auxilios".

Carla seguía mareada y recostada en la cama, cada vez que tenía un resfriado, ella no podía quedarse dormida ni mantener los ojos abiertos completamente, ya que tenía la mente hecha un desastre.

Terence no tardó mucho en regresar a la habitación con el botiquín y un termómetro en las manos, estiró el brazo de Carla y checó su temperatura.

"¡Ay! ¡Qué frío!...", ella frunció el ceño y puso mala cara mientras miraba el termómetro.

Terence culpó a Carla suavemente mientras se agachaba para tratar la herida: "¿Acaso no sientes que estás hirviendo en fiebre? ¿Por qué no me has llamado? Estoy justo afuera en la sala de estar, ¿por qué te levantaste tan precipitadamente?".

Carla le respondió con un suave gemido, su visión era borrosa pero aún podía reconocer al hombre que la cuidaba.

Ella no estaba acostumbrada a esto pero de alguna manera, se sentía cálida y acogedora.

Antes de conocer a Terence, la chica no tenía a nadie a quien recurrir cuando estaba enferma, por lo que naturalmente se acostumbró a cuidarse sola. Cada vez que se sentía mal, tenía que ir a buscar por el agua o al médico por su cuenta, sin embargo, en ese momento se dio cuenta de qué bueno era lo de tener a alguien a su lado.

"Terence...

Terence...", Carla repitió su nombre.

"Aquí estoy, no iré a ningún lado", Terence le respondió, intentando tranquilizarla. Tan pronto como terminó de limpiar y cubrir su herida, él se levantó y se sentó junto a ella. "Levanta un poco la cabeza y déjame acomodarte la almohada. Eso es, muy bien. Ahora espera un momento, que te voy a traer unas pastillas, entonces podrás volver a dormir", Terence le dijo suavemente con una cálida sonrisa.

"Oye, acabo de darme cuenta de algo, no sé nada de ti excepto tu nombre...", Carla le dijo con debilidad, quien luego levantó la cabeza ante el impulso de Terence y todo el tiempo lo miró con los ojos borrosos. Ella nunca le había preguntado sobre su vida porque durante su primer encuentro había pensado que no serían más que conocidos casuales.

Cuando estaba claro que Terence se había quedado por bastante tiempo, ella había tratado de preguntarle pero no pudo encontrar una manera de comenzar el tema y siempre esperó que él se lo dijera sin que se lo pidiera.

Ahora, Carla estaba ansiosa por saber más de Terence.

Era cierto que ella no sabía nada sobre este hombre a excepción de su nombre.

Terence estaba a punto de levantar la colcha cuando escuchó las palabras de Carla, entonces se detuvo de repente.

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