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   Capítulo 20 Una temperatura de 39°

La chica de mi vida Por Luciana Palabras: 7918

Actualizado: 2020-03-20 00:05


Terence se tranquilizó y luego le echó un vistazo al despertador sobre la mesa para ver si había pasado suficiente tiempo desde que colocó el termómetro debajo de la axila de Carla, antes de quitárselo cuidadosamente de la chica.

"Tienes 39 ℃, debes tomar medicamento de inmediato", exclamó él.

Terence entró en la sala de estar y regresó con un vaso de agua y antipiréticos para la fiebre de Carla.

Carla le sostuvo la mano mientras el hombre la ayudaba a tomar la medicina, pues ella estaba delirando por la fiebre y le preguntó: "Por favor, dime quién eres, ¿por qué esas personas intentaban matarte? ¿Y qué hay de tu familia?".

Carla divagó inconscientemente, sin notar que los ojos oscuros de Terence se entrecerraron ante sus preguntas. El hombre, por su parte, en lugar de darle cualquier explicación, prefirió ponerle las pastillas en la boca primero.

"Está bien, primero toma tu medicina", sugirió él.

Las pastillas eran muy amargas y Carla las tragó con agua para eliminar el sabor de su lengua.

Después de esto, ella se sintió aliviada y suspiró profundamente.

"Lo sé, para ti sólo soy una persona ordinaria...", Carla se apoyó en la cabecera de la cama y habló en voz baja.

"No nos has dado ninguna información sobre ti porque no esperas quedarte con nosotros por mucho tiempo, por eso no quieres que sepamos mucho de tu vida, ¿o me equivoco?", añadió ella.

Carla miró pensativamente a Terence, quien permaneció en silencio con la mirada perdida.

"Bien, supongamos que estoy hablando tonterías debido a la fiebre, nunca te volveré a preguntar sobre este tema. Después del cumpleaños de mi hermano puedes irte cuando quieras, no intentaré convencerte de que te quedes", espetó Carla.

Luego de decir esto, ella se tumbó y se metió en la colcha.

"Ya me encuentro mejor, me tomé la medicina y no necesitas quedarte, vuelve a dormir ahora y estaré bien", Carla murmuró con una combinación de molestia y desconcierto.

A pesar de que estaba delirando por la temperatura, ella sabía claramente

que Terence tenía muchos secretos, pues parecía ser indiferente a muchas cosas, lo que le dificultaba distinguir cuándo hablaba en serio y cuándo estaba de broma.

Además, todo sobre este hombre hizo que Carla se sintiera como si estuviera en un sueño, y al despertarse de ello, Terence ya no estaría allí, dejando que su vida fuera igual que antes de conocerlo.

"Me quedaré un rato más, sólo cierra los ojos y duerme un poco", le dijo Terence.

Él se sentó junto a su cama y actuó como si Carla no le hubiera dicho nada.

Ella durmió profundamente unas horas, pero cuando la medicina dejó de hacer efecto, volvió a sudar de todo el cuerpo y se movió por la cama sin darse cuenta de que se estaba descubriendo.

En la oscuridad, Terence envolvió el edredón a su alrededor, la abrazó y susurró: "Está bien, no te muevas o te resfriarás de nuevo".

Terence miró a la chica mientras la tenía entre sus brazos, con los ojos llenos de deseo.

Él no tuvo más remedio que luchar con diferentes sentimientos de afecto pero pronto se calmó

y volvió a ser el mismo de siempre.

Después de que la fiebre se fue y el cuerpo dejó de sudar, Carla se relajó y durmió mejor que antes, después se acurrucó en la almohada humana que yacía a su lado y se envolvió en ella.

Al día siguiente, cuando la luz del sol llenó cada rincón de la habitación, Carla se despertó, bostezó y abrió los somnolientos ojos.

Ella se quedó estupefacta al ver que

su camisón le rodeaba la cintura y dejaba al descubierto su ropa interior además de que su pierna estaba presionada entre las piernas de un hombre.

Uno de sus brazos estaba envuelto alrededor de la cintura del hombre tocando su piel

y por si fuera poco, él tenía una de sus manos cómodamente recargada en uno de sus senos.

Carla lo miró boquiabierta y pensó

que Terence había rebasado los límites del atrevimiento, entonces levantó la mano y lo abofe

teó en la cara.

Terence permaneció profundamente dormido hasta que sintió un dolor agudo en la mejilla y no despertó inmediatamente con el ceño fruncido:

"¿Siempre cacheteas a las personas cuando te levantas por la mañana?".

"¡Quítame la mano del pecho!", Carla le gritó mirándolo furiosamente.

Terence levantó la cabeza ligeramente y

luego vio la mano culpable, pero la verdad era que no recordó nada de eso. Él estaba a punto de dejar de tocarla pero se demoró un poco más porque se sentía bien, entonces se atrevió a mover el pulgar muy suavemente sobre la delicada piel de Carla.

"¡Te-ren-ce!", Carla le advirtió mirando la mano que no la quería soltar.

"¡El cuchillo!

¿Dónde está el cuchillo?

¡Que alguien me traiga un cuchillo!", ella rugió mirando a su alrededor. "¡Bien!", Terence se rio entre dientes mientras retiraba la mano y agarraba a Carla, quien estaba lista para tomar el cuchillo y cortarla. Sin embargo, un momento después levantó su ropa y metió la mano de Carla con una sonrisa perversa:

"A cambio de ello, ¡Aquí me puedes tocar todo el tiempo que quieras!".

Carla lo empujó fuera de la cama y de su habitación: "¡Largo de aquí!".

"Oye, te juro que no fue a propósito, a excepción de lo último, eso sí lo hice para molestarte", le explicó Terence.

"¡Zaz!", él intentó disculparse pero la puerta se cerró de golpe

frente a sus narices.

Terence se rio en voz alta al mirarse la mano que había estado en el pecho de Carla. De hecho, había muchas mujeres que habían tratado de seducirlo pero al final fallaron todas.

Puede que Carla nunca haya estado con un hombre pero Terence tampoco había estado con una mujer, estar con alguien íntimamente por primera vez podría no significar mucho para otras personas, pero para él representaba demasiado.

Sin embargo, Terence se sintió realmente bien al acostarse al lado de la chica con la mano puesta sobre su suave pecho, tanto que

quería más...

Como Carla había estado enferma la noche anterior, tuvo que pedir un día libre para recuperarse por completo.

Sean estaba en la escuela y no volvería a almorzar, así que sólo estaban Carla y Terence en casa.

A propósito, ella se mantuvo ocupada con las tareas domésticas, cambió las sábanas de su cama, las lavó y limpió la casa sin tomar ni un minuto de descanso.

El cumpleaños de Sean estaría en unos días, por lo cual Carla había planeado decorar un poco su hogar, entonces abrió la ventana para ventilar las habitaciones antes de notar

dos figuras familiares caminando hacia el edificio de afuera.

Una de las dos era Tracy, la hija de diecinueve años de la tía Li que vivía en el siguiente edificio y la otra persona tan alta y guapa, era definitivamente Terence, al parecer ella estaba hablando con él sobre algo.

"Muchas gracias", Tracy tomó la bolsa de fruta de la mano de Terence y se inclinó tímidamente para expresar su gratitud.

"No hay de qué, no fue nada", él sonrió mientras presionaba el botón del elevador.

"Oh, por cierto, mi madre cocinó albóndigas al vapor para el almuerzo, y están deliciosas, ¿te gustarían unas?", Tracy lo miró con los ojos brillantes.

Terence pensó por un momento e intentó rechazarle cortésmente: "No, así estoy bien, te lo agradezco mucho pero no quiero molestarte".

"¡Qué va!, prepararé un poco para que tú y Carla puedan comer más tarde, sólo espérame unos minutos por favor", le dijo Tracy con una sonrisa, antes de correr hacia el siguiente edificio donde estaba su casa llevando la fruta.

Terence subió las escaleras

y sostuvo la bolsa de supermercado con una mano mientras tocaba la puerta con la otra, no se llevó la llave consigo porque sabía que Carla estaba en casa.

No obstante, nadie abrió la puerta después de algunos golpes.

Terence frunció el ceño y se preguntó a sí mismo: '¿Qué sucede? ¿Acaso no hay nadie?'.

"¿Carla? ¡Carla! ¿Estás en casa? ¡Por favor ábreme!", él gritó con impaciencia.

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