ManoBook > Romances > La chica de mi vida

   Capítulo 21 La llegada de Nicholas

La chica de mi vida Por Luciana Palabras: 8866

Actualizado: 2020-03-21 00:05


"¿Hola? ¿Carla? ¡Por favor! Abreme la ...", preguntó Terrence, llamando a la puerta, pero antes de que él pudiera finalizar la frase, la puerta se abrió repentinamente, revelando a Carla, quien lo miró con las manos aún enjabonadas.

"Lo siento, estaba lavando la ropa, así que no te escuché", le dijo la joven.

Terence entró con una bolsa de vegetales en las manos. Colocándolas sobre la mesa, detuvo a Carla, quien se disponía a dirigirse al baño para seguir lavando la ropa. "Tuviste fiebre ayer, no deberías hacer ningún trabajo hoy. ¿Cuándo vas a empezar a cuidarte?", y agregó él, "Deja de lavar esa ropa. Lávate las manos y vete a la cama a descansar".

Escuchando estas palabras, Carla sopló las burbujas blancas de las manos y le respondió, "No estoy tan enferma como crees. Ya me siento mucho mejor, y puedo hacer perfectamente el quehacer. Tú solamente relájate, ¿de acuerdo?".

Después haber mojado de sudor la colcha la noche anterior, lo único que quería era lavarlo.

"No, aún no puedes hacer la colada. Que te sientas mejor no significa que estés completamente recuperada. Es más, todavía estás muy débil. ¿Cómo podrías siquiera tocar el agua fría y tender la ropa con todo y la brisa fresca que sopla afuera? Hazme caso y sé una buena chica. Ahora ve a tu habitación y descansa un poco".

En ese momento instantáneamente el hombre la tomó del brazo y la llevó al baño sin esperar su respuesta.

Juntos y de pie en el reducido baño, Terence tomó las manos de Carla y la ayudó a enjuagarlas. La chica inevitablemente, pudo olfatear el delicado aroma del hombre, que provenía de su propio gel de baño.

"Terence, ¿por qué haces tanto por mí?", le preguntó Carla.

Terence le estaba ayudando a secar las manos con una toalla cuando escuchó la pregunta de la chica, entonces levantó la cabeza y enseguida vio los brillantes ojos de la chica mirándolo directamente a la cara. "Favor con favor se paga.

Me salvaste la vida y ahora me toca a mí cuidarte. Además, ¿con quién más puedes contar?".

Respirando profundamente, ella le replicó: "¿De verdad? ¿Todo esto solamente es porque te salvé la vida? Si es por eso, ¿de verdad es necesario que me cuides así?

Terence, para ser honesta, no me gusta esta relación tan incierta contigo.

Si quieres algo conmigo, dímelo de frente. No hagas las cosas bajo el pretexto de que te salvé la vida. Tú sabes que eso no es cierto".

Ella pensó que lo había malinterpretado, pero ahora, luego de todo lo que él había hecho por ella, ¿podría seguir considerando su gesto como mero agradecimiento?

En aquel estrecho baño repleto del olor a detergente, mirando esos ojos brillantes reflejándose a sí mismo, Terence suspiró y le contestó, "Carla, eres la única persona que he querido tratar bien sin ninguna obligación. Lo digo en serio".

En efecto, ella era la única.

Después de atestiguar tanta fama y fortuna, sagacidad y sutileza en su mundo, dio por hecho que esas cualidades podrían existir en alguien.

Y ahora que el destino los unía, comenzaba a comprender que una chica así de linda y pura existía en el mundo. Aquella chica, que parecía tan fuerte y valiente, había asumido la responsabilidad de cuidar a su familia y cuidar de su hermano pequeño desde muy joven.

¿Pero qué había de ella?

No había ni rastro de alguna vestimenta elegante en su armario. Además, tan solo contaba con unos zapatos deportivos sencillos, baratos y cómodos. Incluso cuando estaba enferma, nunca dependía de nadie más que de ella misma, pues no le gustaba molestar a los demás.

Ella era como una bella luz caída del cielo, la cual iluminaba el corazón de Terence.

Era algo que él simplemente no podía ignorar. No había forma de que lo hiciera, aún si lo intentara muchas veces el hombre.

"Entonces, ¿Debo entender por tu silencio que no sientes nada por mí?".

Carla levantó las cejas interrogándolo.

Nadie podía culparla si ella no lo comprendía, pues todo lo que había sucedido entre los dos estaba más allá de una relación casual, lo cual le hacía ilusionarse.

Siendo una chica que le gustaban las cosas claras, tuvo que plantear la pregunta para ir directo al grano.

Pero cada vez que formulaba una pregunta así de directa, no lograba obtener una respuesta satisfactoria.

"¿Estás ansiosa por tener una aventura conmigo?". Terence le replicó en broma, tocándose la nariz. Después de eso, agregó él en un tono más serio, "Carla,

para ser sincero, yo...".

El sonido de alguien tocando la puerta lo interrumpieron.

"¿Terence, Carla? ¿Están en casa?

Les he traído unas albóndigas. Por favor, abran la puerta".

Carla corrió inmediatamente hacia la puerta para recibir a la inesperada visita, dejando a Terence viéndola alejarse con un profundo suspiro.

De hecho, él estaba enamorado de ella, pero algunas de sus preocupaciones lo hacían incapaz de tener algo serio con una chica, y a ella le fue imposible comprender dichas preocupaciones.

No obstante, él no podía controlarse y alejarse de ella.

"Carla, estas son unas albóndigas frescas hechas por mi mamá. ¿Ah? ¿No está Terence?". Tracy le preguntó al ver sola a Carla, escudriñando la casa.

"Está adentro", le respondió Carla, mientras tomaba el plato de las manos de Tracy sin negarse.

Al ver a Terence salir del baño, Tracy se dirigió hacia él sonriendo, "Terence, ven conmigo y prueba las albóndigas. ¡Están jugosas y muy ricas!".

"Gracias", él le respondió. A pesar de que Terence le devolvió la sonrisa, no se molestó en acercarse a ella.

Tracy intentaba conversar con Carla, pero naturalmente, ella estaba distraída, pues todo lo que podía parlotear era en Terence.

Tan pronto como Tracy se marchó, Carla se sentó en el sofá, cruzó las piernas y disfrutó de las albóndigas, que en efecto estaban deliciosas. Levantando la vista, le preguntó a Terence, quien estaba frente al escritorio, "¿Por qué no vienes a probar algunas? Las hizo especialmente para ti.

La ayudaste a llevar frutas, mientras conversaban y reían entre ustedes por las escaleras. Vi cuán alegre estabas. ¿Por qué ahora pareces tan fría y distante?".

Al escuchar su condescendiente tono, Terence se levantó y caminó hacia ella. Sentado a una distancia considerablemente más cercana, él la rodeó con el brazo en el sillón.

Y luego le explicó, "Me la encontré cargando un montón de cosas, así que la ayudé un poco en el camino. Creo que sería algo bueno que ustedes se llevaran bien. Espera. ¿Quizás estás celosa?".

Mirándolo fijamente, a Carla no le apeteció darle una respuesta y simplemente se limitó a comer las albóndigas.

"Carla, ¿acaso me consideras una persona tan poco confiable?", Terence le preguntó seriamente.

Carla dejó el plato al escuchar esas palabras, y le respondió en un tono bastante seguro, "Por supuesto que sí".

Su veloz respuesta tomó a Terence por sorpresa, dejándolo momentáneamente sin palabras. Pero enseguida el hombre la tomó de la mano cuando ella estaba a punto de ponerse de pie.

"Carla, creo que deberíamos aprovechar ahora para hablar de esto", le sugirió.

Carla retiró la mano, encogiéndose los hombros, "No creo que sea necesario. ¿No te tienes que ir? Ya no podremos seguir platicando, así que no hace falta que me aclares todo eso".

De inmediato, Carla se levantó para dirigirse al baño. Quería terminar de lavar la ropa, pero resultaba que Terence ya había puesto toda la ropa en la lavadora y limpiado el piso.

Y como él ya se había ocupado de todo, ella no tuvo más remedio que tomarse un descanso en la habitación.

En la sala de estar, Terence sintió la vibración de su teléfono, así que contestó y salió al balcón.

"Sr. An, soy Race", especificó el hombre del teléfono.

"¿Que pasa? ¿Está bien mi abuelo?". Terence le preguntó preocupado.

"Sr. An, la cuestión está así. Tan pronto como el Sr. Nicholas escuchó que usted estaba en la Ciudad BH, solicitó en secreto un avión privado, así que debería llegar allí esta noche".

"¿Qué?".

Terence se enfurruñó luego de escuchar aquella noticia. Mirando a su alrededor, el hombre bajó la voz, "¿No te había pedido que me dieras más tiempo? ¿Por qué tiene que venir aquí el abuelo?

"Lo siento, Sr. An. Fue idea del Sr. Nicholas, y sabe que no hay forma de que lo detenga. Su abuelo dijo que la única forma en que se sentirá aliviado es verlo a salvo con los propios ojos. Race le informó con impotencia.

Meditando el asunto por un tiempo, Terence se deprimió un poco mientras le respondió, "Está bien, lo sé. Envíame la dirección del hotel donde se alojará mi abuelo".

Al colgar el teléfono, el hombre cerró los ojos, lanzando un suspiro profundo

y antes de dirigirse a la sala de estar, hizo una pausa por un minuto.

Al instante en que se dio la vuelta, encontró a una mujer parada junto a la puerta, probablemente intentando espiar la conversación.

(← Acceso rápido del teclado) Anterior Contenidos (Acceso rápido del teclado →)
 Novels To Read Online Free

Escanea el código para descargar la aplicación Manobook.

Subir

Compartir