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   Capítulo 22 ¿Me estás siguiendo

La chica de mi vida Por Luciana Palabras: 11876

Actualizado: 2020-03-22 00:05


"Emm... Oye, Karen acaba de llamar. Me invitó a una fiesta que se llevará a cabo esta noche y me dijo que tú y Sean podían venir conmigo", se explicó Carla antes de que Terence pudiera decir algo. En realidad, ni siquiera escuchó una sola palabra de la llamada, dado que él colgó justo antes de que pudiera acercarse.

"¿Sabes qué? De hecho esta noche tengo que encargarme de algunas cosas. ¿Por qué no vas y llevas a Sean contigo?", le dijo Terence a Carla con los ojos fijos en los de ella. Después caminó hacia los víveres que se encontraban sobre la mesa, los recogió y fue directo hacia la cocina.

"Algo no anda bien", murmuró Carla para sí misma mientras caminaba hacia su habitación.

La noche ya había caído.

"Sean, hay un lugar al que tengo que ir más tarde, así que pórtate bien y haz toda tu tarea. ¡Volveré pronto!", inmediatamente después de que Terence, la chica le lanzó esas palabras a Sean y salió de la casa a toda prisa.

"Oye, Carla, ¿tendrás una cita con Terence? ¡Date prisa y ve rápido! ¡Te desearé la mejor de las suertes!", le gritó Sean de manera burlona mientras portaba una sonrisa de oreja a oreja y formaba con su rostro una expresión de sabelotodo.

"¡¿De qué diablos estás hablando?! ¿Una cita? ¡No tengo tiempo para eso! Tengo que encargarme de algo más importante. Recuerda esto: cuando Terence regrese, si te llega a preguntar en dónde estuvimos esta noche, le dirás que fuimos a la fiesta de Karen. ¡¿Te queda claro?!", Carla abrió los ojos de par en par, intentando intimidar a su hermano pequeño, y en cuanto terminó de hablar con él, caminó hacia la puerta rápidamente para comenzar a seguir a Terence.

Carla era plenamente consciente de que ese hombre ya llevaba bastante tiempo viviendo en su casa. Sin embargo, en ningún momento él había revelado nada acerca de su pasado; era como si hubiera colocado una barrera invisible a su alrededor, la cual protegía el secreto de su misteriosa identidad. Finalmente, como el día de hoy, su intuición detectivesca le ayudó a percatarse de algunas pistas que la podrían llevar a la verdad y la chica decidió aprovechar esta oportunidad.

Ahora que ya estaba siguiendo este rastro, no lo dejaría escapar tan fácilmente.

¿Acaso había algún motivo que le impidiera hacerlo?

¡Obviamente ella no perdería esta oportunidad perfecta!

Carla estaba extremadamente ansiosa por averiguar la verdadera identidad de Terence y conocer exactamente qué estaba ocultando el hombre.

Después de que este último tomó un taxi, ella lo siguió hacia la primera parada: un centro comercial. Al llegar, le pidió al taxista que esperara con ella en el auto mientras miraba directamente hacia la entrada a través de la ventana, y en momento que Terence finalmente salió del centro comercial, Carla casi se ahoga de la sorpresa, ya que la ropa que llevaba puesta el hombre era completamente diferente a la que tenía cuando salió de la casa, dándole un cambio drástico a su estilo. Había cambiado su playera por una camisa polo de color crema claro, la cual parecía haber sido diseñada para adaptarse perfectamente a su cuerpo; los pantalones que llevaba puestos tenían un diseño simple pero elegante, además de que a simple vista podía notarse que eran costosos. Y por último, pero no menos importante, él llevaba un par de zapatos sofisticados, los cuales parecían ser de un diseñador reconocido y seguramente le habían costado una fortuna.

Carla hizo una pausa por un momento, sintiendo que su corazón estaba a punto de dejar de latir. La ventana del taxi era como una pared que separaba a dos mundos completamente diferentes, y en uno de esos lados estaba ella, completamente boquiabierta y mirando fijamente a través de la ventana; incluso si pudiera salir, no se atrevería a saludarlo.

Mientras lo vigilaba, Carla lo vio subir a una limusina Lincoln, y en cuanto abordó el vehículo, este arrancó.

"Señorita, ¿todavía quiere que siga a ese auto?", el taxista no tenía idea de quién era ese hombre, pero aun así quedó asombrado cuando lo vio a él y a la lujosa limusina a la que él había subido. Como toda esta situación lo había confundido un poco, optó por preguntarle a la mujer que llevaba de pasajera.

"...¡Por supuesto! ¡Sígalos, por favor!", con el corazón palpitando intensamente, Carla insistió en continuar con su investigación; en su mente estaba tratando de procesar lo que acababa de atestiguar, y con ello quizás podría descifrar toda esta historia.

'He llegado muy lejos en mi afán de descubrir sus secretos. ¡¿Por qué elegiría dar marcha atrás cuando ya casi lo logro?!', pensó con malicia. Estaba muy empeñada en seguir hasta el final, y ansiaba enormemente poder descubrir la verdad.

Después de avanzar un par de millas, la limusina se detuvo en la entrada principal del hotel más lujoso de la Ciudad BH.

Por su parte, el taxi en donde iba Carla siguió a la limusina hasta el hotel y mantuvo la distancia para seguir espiando y pasar desapercibidos.

Tras pagarle al taxista y bajar del vehículo, la chica se puso unas gafas oscuras y caminó hacia la entrada principal.

"¿Sr. An? ¡Qué alegro tengo! ¡Finalmente ha llegado!", Race trotó hasta él al tiempo que lo recibía. Luego entraron al hotel acompañados de una pequeña multitud de personas que los seguían.

Mientras tanto, Carla ya había llegado a la puerta principal, y tras echarle un vistazo al vestíbulo a través de las gafas oscuras, ella descubrió que había mucha gente conglomerada y dándole una cálida bienvenida al hombre que acababa de llegar, notando que incluso algunas de las personas que estaban entre la multitud obviamente eran altos directivos del hotel.

Carla respiró hondo, dado que estaba tan agitada que incluso podía escuchar a su propio corazón latir a un ritmo anormal.

'¡¿Quién demonios es en realidad este hombre llamado Terence?! ¡¿Por qué los directivos se tomarían la molestia de tener a tanta gente en la entrada pa

ra recibirlo?!', una serie de preguntas cruzaron rápidamente en la mente de la chica.

"Señorita, lo siento, hoy no se está recibiendo a ningún cliente en el hotel. ¡Vuelva en otra fecha por favor!", el guardia de seguridad la detuvo y le informó bruscamente cuando ella estaba a medio paso de poder entrar en el vestíbulo.

"Disculpe caballero, pero la persona que acaba de entrar es un buen amigo mío. ¿Sería usted tan amable de permitirme pasar?", Carla le habló al guardia con un tono meloso mientras le mostraba la sonrisa más radiante que pudo fingir.

"Señorita, no intente coquetear conmigo, no es gracioso. Le he dicho claramente que hoy no se está recibiendo a ningún cliente en el hotel. Más le vale irse en este momento, o de lo contrario no tendré más remedio que sacarla de aquí por la fuerza", con la barbilla alzada, el guardia la trató con indiferencia, y tras inspeccionarla de pies a cabeza con la mirada, notó que su sencillo atuendo no coincidía con el glamour del hotel.

Carla no pudo hacer nada más que alejarse a toda prisa de la entrada, cuando, de repente, se le cruzó por la mente un destello de intuición. '¡Es imposible que un hotel tan grande tenga solo una entrada! Señor, temo decirle que me ha subestimado.

¡Ya verá que sí lograré entrar!', Carla apretó la mandíbula para reprimir sus deseos de venganza: '¡Hoy he decidido que no me iré de este hotel hasta que descubra quién es en realidad este hombre!', juró en voz alta para sí misma.

Mientras tanto, en un lujoso pent-house que poseía una decoración muy ostentosa, un hombre de unos setenta años permanecía junto al enorme ventanal. Su cabello ya era completamente cano, pero su espíritu permanecía jovial y lleno de vigor; llevaba puesto un traje italiano color gris ceniza hecho a la medida, el cual le daba cierto aire de sabiduría. Toda la escena parecía una pintura, con él siendo como un miembro de la realeza que había sido plasmado en ella.

"Abuelo, ¿qué te trae por aquí?", cuando esta voz irrumpió en la habitación, la tranquilidad en el rostro del anciano se esfumó de inmediato, evidenciando que el dueño de dicha voz era alguien a quien le importaba mucho el anciano. Sus cejas se movieron ligeramente y su mirada se dirigió hacia el joven que estaba a punto de acercársele.

"Oh, Terence. Realmente eres tú...".

El hombre que acababa de llegar corrió hacia el anciano y sostuvo su mano arrugada entre las suyas para después expresarle con ternura: "Sí abuelo, soy yo. ¡No te preocupes! ¡Estoy bien!".

Este anciano era Nicholas, el líder de la Familia An. Este último miró detenidamente a Terence de arriba abajo, y tras asegurarse de que su querido nieto no tenía ni un solo rasguño, finalmente pudo sentirse tranquilo.

"Ese bastardo de Marcus. Si tan solo yo hubiera previsto que esto sucedería, no habría estado de acuerdo con tu padre en permitirle regresar a nuestra familia. ¡¿Cómo pudo ser capaz de apuñalar a su propio hermano por la espalda?! ¡Ese bruto de corazón frío solo ha traído vergüenza a nuestra familia!", la voz temblorosa de Nicholas era una clara muestra de lo furioso que estaba. Después de dedicarle toda su vida al país y construir una reputación sólida gracias a sus numerosas contribuciones, a estas alturas, ya en plena vejez, debería ser el momento para que comenzara a disfrutar de su éxito y pasar sus últimos años en paz al lado de su familia.

Sin embargo, en ningún momento imaginó que en su propia familia sucederían tales cosas que le traerían una profunda vergüenza y angustia a su vida.

"Abuelo, cálmate. Nada es más importante que tu salud. Marcus ya llevaba bastante tiempo planteando perjudicarme. Hubo un tiempo en el que yo seguía deseando que reconociera mis sacrificios, pero sus acciones hablaron por él. Al no poder dejar atrás el pasado, a lo largo de estos años nunca pudo superarlo".

Terrence suspiró mientras sostenía las manos de Nicholas y lo ayudaba a sentarse en el sofá.

"Te aseguro que no toleraré ese comportamiento indebido. Hay que hacer algo para que ese hombre no se atreva a tocarte de nuevo. Ya hablé antes con tu padre y le indiqué que Marcus debería ser transferido a la Ciudad NF. Como ese bastardo se han ido con su equipo, ¡podemos volver a trabajar juntos tranquilamente!", declaró Nicholas con un tono firme mientras le daba a su nieto unas leves palmadas sobre el hombro.

Sin embargo, Terence sabía que Marcus nunca dejaría su plan a medias, por lo que formó una sonrisa amarga con los labios y le respondió: "Abuelo, puede que creas que todo se solucionará si Marcus se va a la Ciudad NF. Sin embargo, los hombres que le son leales no se irán a ningún lado. Incluso si regreso bajo tu protección, todavía seguiría siendo un objetivo para ellos. No se rendirán tan fácilmente, simplemente no lo harán.

Además, a decir la verdad, tengo algunos asuntos pendientes que resolver aquí en la Ciudad BH. Abuelo, ¿podrías darme algo de tiempo para finalizar todo?".

Mientras le miraba fijamente el rostro de su nieto favorito, la sonrisa de Nicholas se volvió más tierna y le preguntó: "Terence, dime, ¿no quieres volver porque sigues guardando resentimiento hacia tu padre? ¿O es porque te ha robado el corazón una mujer de esta ciudad?".

Terence solo sonrió y no le dio a su abuelo el gusto de obtener una respuesta.

"¡Cariño, si realmente crees que esa chica es la indicada, tráela a casa! Por mí no hay problema. Si ya tomaste una decisión, siempre te apoyaré, sin importar quién sea la mujer que elijas. Bajo mi vigilancia, ¡nada se interpondrá en tu camino hacia la felicidad!".

Nicholas se rio a carcajadas al ver que no recibía una respuesta por parte de su amado nieto; quien había sido delatado por el silencio.

Mientras conversaban alegremente, un fuerte ruido que llegó desde el exterior llamó la atención de los dos, por lo que voltearon de inmediato y al mismo tiempo miraron hacia la ventana...

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