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   Capítulo 26 Te vestiré yo mismo

La chica de mi vida Por Luciana Palabras: 10114

Actualizado: 2020-03-25 00:05


Molesta, Carla había olvidado que su ropa interior estaba dentro del paquete que le había arrojado a Terence, muriéndose de vergüenza, ella se sonrojó cuando vio al hombre sacando un sostén frente a sus ojos, él dobló su ropa cuidadosamente y la apiló en la cama según la secuencia de uso como una buena sirvienta.

Carla sintió que sus mejillas ardían de ira cuando vio que Terence había puesto su ropa interior sobre la pila de ropa, entonces ella respiró profundamente para calmarse y le dijo: "¡Si alguien va a acomodar mi ropa, ese será mi futuro esposo! ¿Quién crees que eres para hacerlo?".

En realidad, al haberlo conocido, Carla no esperaba que él se molestara por lo que le dijo.

Sin embargo, Terence, por su parte, parecía ser muy ofendido por estas palabras y dejó de hacer lo que estaba haciendo y se enderezó, dirigiéndole una mirada furiosa:

"¿Perdón? ¿Acaso quieres que me disculpe contigo?".

Carla se puso las manos en las caderas y exclamó: "¡Dije que sólo mi futuro esposo tendrá el derecho a vestirme y tú no eres él!". Ella ignoró la expresión enojada del hombre y agarró su ropa para ir al baño a cambiarse, pero antes de que pudiera hacerlo, Terence la tomó de las manos con fuerza.

"Según lo que acabas de decir, entonces es mi trabajo vestirte, ¡sólo disfrútalo cariño!", él sostuvo los costados de su pijama blanca y estaba a punto de quitársela sobre la cabeza.

Al darse cuenta de que no era una broma, Carla se sintió nerviosa, y trató de detenerlo pero él era más fuerte.

"¡Detente! ¡Llamaré a la policía y les diré que me estás acosando! ¡Para!", Carla le dijo en voz alta con el ceño fruncido. Ellos habían coqueteado, se habían acariciado y besado pero nunca habían hecho el amor, por lo que ella tenía miedo de lo que iba a suceder.

Si esto hubiera sucedido antes de que Carla descubriera quién era Terence en realidad, probablemente a la chica no le resultaría tan difícil de aceptar todo eso porque en ese momento, ella pensaba que los dos eran del mismo mundo.

Sin embargo, ahora las cosas eran diferentes, lo más probable es que tuvieran roces tarde o temprano, por lo que Carla no quería cruzar esa línea con Terence y complicar su relación.

"Acosar, ¿eh? Eso no es nada, pues si te vas a llamar a la policía, te tendría que dar una evidencia más sólida, espero que sepas a lo que me refiero...", Terence sonrió perversamente mientras le decía esto a la chica. La delgada tela de la pijama no era nada para sus fuertes manos, por lo que la rompió el hombre fácilmente de un solo tirón.

Esto sucedió tan rápido que Carla ni siquiera se dio cuenta hasta que su piel se sintió más fresca, cuando ella miró hacia abajo y vio que su pijama estaba hecha jirones alrededor de su cintura. Mientras tanto, el hombre desabrochó su sostén y después le puso uno nuevo cuidadosamente.

Casi sin notarlo, la chica ya tenía puesta la ropa recién lavada, rodeándole la cabeza con el aroma a detergente. Terence la estaba vistiendo como si fuera una bebé, él levantó uno de sus brazos y luego metió la manga en el otro, después le acomodó la playera y la ajustó a su cuerpo.

"Perfecto, ¡esa es mi chica!", él exclamó con satisfacción y luego frunció el ceño mirando los pantalones de la pijama, pensando en cómo cambiarlos rápidamente.

Al darse cuenta de lo que Terence planeaba hacer, Carla agarró rápidamente los pantalones, corrió al baño y se encerró dentro, luego apoyó la espalda contra la puerta para recuperar el aliento.

Terence se echó a reír cuando la vio escapar, posteriormente se agachó para recoger la pijama rasgada del suelo y la llevó a la nariz después, aspirando su encantador aroma con los ojos cerrados.

Carla finalmente salió jadeando como si ella acabara de escapar de algún tipo de peligro.

'Por fin ha sacado a relucir su verdadera forma de ser, ¡Vaya imbécil! Pero, ¿por qué siento que sigo cayendo en su trampa?', pensó ella.

Carla se tomó un minuto para tranquilizarse y después miró su reloj, si no se apuraba, llegaría tarde al trabajo.

Más tarde ese día.

Al terminar su jornada laboral, Carla se sentía realmente agotada pero no quería regresar a casa, por lo que se detuvo para dar algunas vueltas en su motoneta.

Pensando en el incidente con Terence esa mañana, su corazón de repente comenzó a latir más rápido, que la hizo sentirse nerviosa pero emocionada a la vez.

Al darse cuenta de que el celular llevaba varios minutos sonando, Carla se detuvo para responder dicha llamada, cuyo identificador mostraba el número de casa, sin embargo, ella estaba renuente a contestar porque no sabía si era Sean o Terence y todavía no sabía cómo tratar con este último.

"Hola...", Carla finalmente tomó la llamda.

"Hola, soy yo, ¿sigues en el trabajo?", le preguntó Sean.

"Ya casi salgo, llegaré a casa en unos minutos, ¿estás bien?", sintiéndose aliviada de que sólo fuera su hermano, ella se relajó.

"Sí, todo bien, sólo marcaba para decirte que te apuraras, Terence y yo te estamos esperando para que todos podamos disfrutar de est

a deliciosa comida que él preparó. Él no me dejará comenzar sin ti, dice que tenemos que esperarte, por favor date prisa, ¡me muero de hambre!", Sean le dijo mientras miraba a Terence, quien estaba escuchando su conversación.

Después de colgar el teléfono, Carla se sentó en su motoneta por un momento para ordenar sus pensamientos, y llegó a la conclusión de que sólo había un lugar al que podía ir y ese era su hogar, así que ella soltó un profundo suspiro y giró el volante de su vehículo para dirigirse a casa.

Carla llegó a su casa y entró de mala gana.

Al ver que su hermana había regresado, Sean le acercó rápidamente sus pantuflas, pues él no podía esperar para cenar.

Terence se acercó a ella y le quitó el abrigo, lo colgó tal y como él solía hacer antes decir a la chica: "Bienvenida a casa, lávate las manos y cenemos".

Carla había estado acostumbrada a esta rutina y en el pasado, esto no parecía nada extraño, no obstante, ahora esta le había molestado tanto que ella incluso se sentía incómoda. Carla sabía que Terence, quien cocinaba y hacía tareas domésticas para ellos, no estaba acostumbrado a ese estilo de vida, más bien estaba acostumbrado a que hicieran las cosas por él, ¡por el amor de Dios, tenía una limusina Rolls-Royce con chófer!

Por más que se esforzaba, Carla no podía entender lo que piensa el hombre. ¿Desde cuándo a un chico rico y privilegiado le gustaba servir a los pobres? Simplemente no tenía ningún sentido y era muy difícil que la joven lo aceptara.

"Te dije que Terence no era un hombre desagradecido y resulta que tengo razón", Sean dijo haciéndole pucheros a su hermana. La noche anterior, Carla le había dicho a Sean que Terence se quedaría con su familia y no regresaría pero él no le creyó, así que cuando el hombre regresó hoy, el pequeño le demostró a su hermana que él tenía razón.

"Sí, comamos", Carla le respondió en voz baja, quien puso una cucharada de arroz en su plato, inclinó la cabeza para comer y apartó la mirada de Terence.

Terence frunció las cejas al ver esto. "No sólo comas arroz, también guisé diferentes platillos para ti, aquí están, pruébalos", le dijo él mientras

puso los platillos favoritos de la chica en su plato, como el pescado apilado, los vegetales fritos y unos deliciosos camarones. Pronto, el plato de Carla estaba tan lleno de comida que ella no sabía por dónde empezar, Sean observó esta escena y sintió celos porque su hermana estaba recibiendo toda la atención.

"Oye, Terence, Carla ya es una adulta mientras que yo aún soy un niño, ¿por qué le sirves a ella en vez de a mí? Eso no es justo", Sean se quejó mientras empujaba los palillos contra su plato con molestia.

Terence se dio cuenta de que le había prestado más atención a la chica que a Sean, así que volvió a poner unos camarones y vegetales en el plato de chico para consolarle.

"Esto es para ti, Tienes que saber que tu hermana ha trabajado todo el día para poner la comida en la mesa, así que deberíamos cuidarla más, además, hoy les he preparado comida suficiente, puedes servirte lo que quieras", le explicó Terence.

Sean estaba contento con la aclaración de Terence, luego los miró a él y a su hermana y les preguntó: "¿Tú y mi hermana se pelearon?

Estaba asustado porque pensé que ya no te regresaría, pero me alegro mucho de que estés con nosotros ahora".

Terence hizo una pausa por un momento para limpiarse las manos con una servilleta y luego le calmó: "No te preocupes, que eso no va a suceder, por cierto, que me has recordado algo, ¿te gustaría venir a mi ciudad y estudiar allí?

Hay muchas escuelas en esa ciudad y algunas tienen muy buena reputación, si estudias en uno de esos colegios tendrás una mejor educación, ¿qué te parece?".

Sean era el punto débil de Carla y Terence se estaba aprovechando de eso, pues él sabía que si el pequeño asistía a una escuela en su ciudad natal, ella lo seguiría.

Sin embargo, Terence no esperaba que Carla le respondiera de forma negativa, antes de que Sean tuviera la oportunidad de decir algo: "¡No, definitivamente no!". Carla se negó rotundamente en nombre de su hermano pequeño: "Sean ha vivido aquí por muchos años, tiene muchos amigos y se lleva bien con los compañeros de clase, no es una buena idea que se separe de ellos".

Con la boca llena de camarones, Sean miró el semblante molesto de su hermana y dijo: "Pero eso no me suena mal, cuando ustedes dos se casen algún día, seguramente viviré en la misma casa, así que no es nada malo si me mudo allí".

Algunos niños de su clase habían tenido que mudarse de la ciudad con sus padres, esto era muy común.

La familia era mucho más importante para Sean que los compañeros de clase, por lo que no tuvo problemas para aceptar esta sugerencia.

"Cof, Cof...", Carla se aclaró la garganta en estado de perplejidad, antes de girarse hacia Sean con el ceño fruncido, pues su hermano le estaba volviendo loca que incluso ella tenía ganas de patearlo debajo de la mesa. '¡Qué hermano tan poco fiable resultó ser!', ella pensó con coraje.

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