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   Capítulo 27 Espera, ¿una gran estrella en los suburbios

La chica de mi vida Por Luciana Palabras: 9140

Actualizado: 2020-03-26 00:05


"Sí, Sean tiene razón, hasta un niño tiene una visión más grande que tú, ¿no podrías expandir tu mente a nuevos horizontes?", Terence miró a Sean con aprecio, parecía que su futuro cuñado tenía mucho potencial, después de todo, no es nada fácil que un pequeño como este transmitió lo que pensaba de una manera tan sensata.

De pronto, las venas comenzaron a marcarse en la frente de Carla, ya era suficiente, este par de hombres la estaban sacando de sus casillas, por lo que apretó el puño y golpeó la mesa.

Ella los miró seriamente y gruñó: "¿Qué demonios están haciendo ustedes dos?

¡Sean, un niño de 10 años como tú no debería preocuparse por el matrimonio, especialmente por el mío!".

Luego se volvió hacia Terence y le gritó: "¡Y tú, sólo porque amablemente te dejé quedarte aquí no significa que puedas hacer lo que quieras! ¡Sólo déjate de tonterías! ¡Ya terminé de cenar, me voy de aquí!".

Después de decir esto, Carla se fue furiosa a su habitación, que asustó mucho a los dos muchachos en la sala.

Mirando la puerta cerrada, Terence le puso un brazo alrededor de los hombros de Sean: "¿Ves? Las chicas se cohíben demasiado y cuando no quieren seguir hablando contigo, se irritan y se dan la vuelta, de ahora en adelante será mejor que esto se quede entre nosotros, ¿entendido?".

Sean asintió de acuerdo con una mirada determinada y

luego gritó levantando su puño en el aire: "¡Tienes razón!".

Cuando la chica llegó a la habitación, se tiró boca arriba sobre la cama mirando al techo, pues ella estaba empezando a notar algo sospechoso en el comportamiento de Terence. Para empezar, ¿qué quería él de ellos? Lo de hacerle compañía a Sean ya no parecía tan confiable para la chica.

Para evitar encontrarse con el hombre otra vez, Carla decidió esperar hasta que fuera muy tarde para salir de su dormitorio a ducharse.

Al echarle un vistazo a su teléfono, la joven descubrió que ya eran las diez y media de la noche.

¡Gracias a Dios! ¡Ella no podía esperar más! Entonce ella se puso rápidamente la pijama y salió de su habitación.

y suspiró aliviada cuando no vio a nadie en la sala de estar. 'Quizás Terence estaba en la habitación de Sean', pensó la chica.

Ella fue de puntillas al baño y notó que la luz aún estaba encendida.

"¿Ocupado?", la joven preguntó en voz baja pero no hubo respuesta. 'Tal vez Sean se ha olvidado de apagar la luz de nuevo', pensó la chica, así que no dudó nada en girar la manija de la puerta y entró.

"¡Ay! ¡Dios mío! ¡Un pervertido!", Carla gritó y rápidamente se cubrió los ojos. Terence acababa de bañarse y ya se estaba secando, luego se giró y le explicó: "¿Sabes? Esperé mucho tiempo a que salieras de tu habitación para darte una ducha, pensé que no ibas a salir, así que me bañé primero".

"Entonces, ¿por qué no me respondiste cuando te pregunté si había alguien adentro?", Carla se dio la vuelta y cerró la puerta de un portazo.

'¡Ese hombre es nefasto! ¡Qué estupidez! ¡Le pregunté si había alguien adentro y él ni siquiera me respondió!', se dijo la chica a sí misma, ruborizada.

"Bueno, tengo derecho a quedarme callado, además, no exageres tanto, mujer, esta no es la primera vez que me ves desnudo", Terence salió con una toalla alrededor la cintura.

Ella ya lo había visto desnudo la primera noche que pasaron juntos en este piso.

"¡Pero esa vez no fue mi intención!", Carla exclamó, conteniendo el impuso de darle al hombre una patada en el culo.

Él se secó el cabello con una toalla y la miró con los ojos entrecerrados: Lo importante es que me viste desnudo".

Él tiene razón en esto, ciertamente ella lo había visto completamente desnudo.

Al verlo andorrear por el piso con una sola toalla alrededor de su cintura, la chica se quedó sin palabras y entró enseguida en el baño suspirando honda y lentamente para reprimir la ira.

En ese momento, Terence se detuvo y sus ojos se posaron en dirección hacia el baño, detrás del vidrio esmerilado él podía observar a una figura esbelta y elegante hasta que el sonido del agua cayendo en el piso lo sacó de su aturdimiento.

Generalmente él no era un hombre impulsivo, sin embargo, él se dio cuenta de que se estaba volviendo cada vez más arrebatado con Carla.

Después de veinte minutos, Carla salió del baño con una toalla sobre su cabeza y su bata de baño. Se dirigió sigilosamente a su habitación como una ladrona, y suspiró de alivio después de que finalmente llegó a su dormitorio.

Terence estaba sentado en la sala de estar escribiendo algo en la computadora, después escuchó el sonid

o de su puerta al cerrarse y sacudió la cabeza.

Él sonrió juguetonamente y murmuró: "Si quiero entrar, entraré, ni siquiera cien cerraduras podrán detenerme".

Al día siguiente, Sean terminó sus clases por la tarde y

fue a jugar al baloncesto con Terence en el patio de su vecindario.

Al salir de trabajar, Carla no fue a casa directamente, como pensó que aún era temprano, ella se dirigió al centro comercial y comenzó a explorar algunas jugueterías.

Ese domingo sería el cumpleaños de Sean y como ya era viernes, no le quedaba mucho tiempo para prepararle el regalo. Como su hermana, la joven estaba buscando el regalo ideal para él.

Cada año, Carla le preparaba a su hermano sus platos favoritos y un pastel pequeño y sencillo, pero esta vez Sean cumpliría 10 años, por lo que ella quería prepararle algo especial.

Carla era mucho mayor que Sean y lo veía crecer todos los días, después de que sus padres fallecieron, ella asumió toda la responsabilidad de su hermano.

"Buenas tardes señor, ¿qué precio tiene ese?", Carla señaló un avión de juguete a control remoto pues recordó el momento en que Sean le había rogado que se lo comprara pero ella no estuvo de acuerdo ya que era demasiado caro.

"Oh, ¿este? Este avión es el último modelo de nuestra marca, y cuesta novecientos noventa y nueve dólares. Si lo desea puede entrar y echarle un vistazo, también puede elegir entre cualquier otro modelo", el vendedor le respondió con una sonrisa.

Carla entró en la tienda para checar si encontraba algo más para su hermano, sin embargo, sus ojos se abrieron como platos al ver el excesivo precio de los juguetes, ¡algunos costaban entre tres mil y ocho mil dólares!

El avión que ella había visto en el escaparate al parecer era el más barato del establecimiento.

"Creo que me llevaré el modelo que está en el aparador", Carla le dijo señalando el juguete.

Teniendo en cuenta su situación financiera, la chica tuvo que elegir el más económico, para ella, mil dólares ya era demasiado.

De vuelta en el edificio, Carla le pidió al portero que se quedara con el regalo hasta el cumpleaños de Sean ya que quería que fuera una sorpresa.

Mientras subía por las escaleras, ella notó que muchas personas corrían hacia la cancha de baloncesto, y la mayoría eran chicas.

"¿Abby? ¿Qué está pasando? ¿Hay algo allí?", Carla tomó el brazo de Abby, la hija menor de Martha, quien vivía en el mismo edificio que ella.

"Bueno, no sé exactamente los detalles pero hay rumores de que una gran estrella vino a nuestro vecindario, así que vine a comprobarlo yo misma", le respondió Abby, quien, después de decirle eso, corrió junto con los demás hacia la cancha de baloncesto.

'Espera, ¿qué? ¿Una gran estrella? ¿Visitando los barrios bajos?

¡Qué ridículo!', Carla no lo creía en absoluto.

Luego la joven se encogió de hombros y siguió a la multitud, después de todo no perdía nada si lo comprobaba con sus propios ojos, ¿cierto?

La cancha de baloncesto se llenó de repente, casi todas las personas del vecindario fueron allí para ver qué estaba pasando.

Carla se dirigió al borde de la cancha tropezando con la multitud, entonces vio a un hombre familiar que botaba la pelota, a quien le seguía un niño más bajo que estaba tratando de pensar en una forma de robarle el balón.

Carla quedó boquiabierta cuando finalmente reconoció a estos dos chicos.

'¿T-Terence? ¿Sean?', ella estaba incrédula ante lo que veía.

"¡Dios mío! ¡Me encanta este hombre! ¡Qué chulo!", una chica gritó emocionada.

"¿Crees que él corresponda a tu amor?", le preguntó una mujer.

"¡Por supuesto! Terence ama a sus fanáticos, ¡así que debe amarme a mí!", la chica le respondió con una sonrisa.

"¿Ah sí? ¿Lo conoces? ¿Podrías presentármelo?", le preguntó la mujer.

"¡Claro que no! ¡No estoy dispuesta a compartir a mi Terence con nadie!", la chica replicó como si estuviera hablando en serio.

Carla escuchó las bromas de dos chicas jóvenes, después miró la cancha de baloncesto completamente llena, chasqueó la lengua y sacudió la cabeza.

'¿Por qué estas personas tienen que ser tan celosas con un hombre guapo?

¡Son sólo unos pueblerinos ignorantes que realmente no tienen idea de cómo funciona el mundo!', ella pensó para sí misma frunciendo el ceño.

"¡Carla!", Sean gritó al verla. 'Oh Dios mío...', en ese instante, la joven lamentó haber estado ahí.

Sean tenía ojos de lince y enseguida vieron a su hermana parada frente a la multitud, así que sonrió, se limpió el sudor de la frente y la saludó con entusiasmo.

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