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   Capítulo 29 Estás viviendo en mi casa y comiendo mi comida

La chica de mi vida Por Luciana Palabras: 13073

Actualizado: 2020-03-26 06:45


Carla se puso tensa cuando sintió que Terence la abrazaba por detrás y apoyaba la cabeza contra su hombro. Al agachar la mirada, ella vio dos manos fuertes aparecer debajo de las suyas, las cuales comenzaron a ayudarle a recoger las hojas de té.

"Relájate, no te pongas nerviosa. Solo quiero hablar contigo por un momento. Prometo que no voy a comerte", le dijo Terence en tono de broma mientras continuaba recogiendo las hojas de té para después ponerlas en un frasco. Al terminar, el hombre cerró la tapa y le preguntó: "Carla, ¿qué tal si vamos afuera a dar un paseo?".

"¿Quieres hablar de algo conmigo? Dímelo de una vez y no necesitamos ir a ninguna parte", tras lo dicho, ella lo apartó, tomó una taza de la alacena y puso en ella algunas hojas de té.

Cada vez que este hombre se le acercaba, ella se volvía loca.

"Carla, por favor, piénsatelo bien antes de rechazarme. Ven conmigo y dame la oportunidad de cuidar de ti y Sean, ¿de acuerdo?", le imploró Terence.

Era solo cuestión de tiempo antes de que él tuviera que irse de la Ciudad BH. Los dos sabían que la Ciudad JA, lugar donde vivía Terence, estaba muy lejos, por lo que a Terence le preocupaba que si algo llegaba a sucederles, no podría llegar a tiempo para ayudarles.

Por ello, él pensó que la mejor manera de lidiar con ese problema era pedirles que fueran a la Ciudad JA para vivir con él, ya que estando allí sería más fácil estar al pendiente de ellos.

La chica llenó la taza con agua caliente y se volvió para mirarlo: "¿Ir contigo? ¿Y para qué? ¿Para que conozcan a la heroína que te salvó la vida? Me temo que después de algunos meses, se hartarán de nosotros y nos terminaremos odiando, y cuando eso pase, mi hermano y yo acabaremos en una situación mucho más precaria de la que ya estamos ahora".

'En la Ciudad JA solo viven mandatarios, personalidades y personas muy ricas; es un lugar que está lleno de individuos acostumbrados a vivir una vida llena de lujos. Es la ciudad más próspera de nuestro país.

¿Qué rayos podría hacer yo en ese lugar?', pensó ella con amargura.

"Carla, no rechaces mi sugerencia solo por capricho. Primero piénsalo bien antes de tomar la decisión. La Ciudad JA realmente no es tan terrible como crees. Sé que te preocupa el hecho de que no sabes cómo será tu futuro estando allí. Es cierto que allí viven muchas personas ricas, pero también hay personas de clase media. No obstante, lo que más te debe importar es que la Ciudad JA es mucho más segura para ti comparada con este lugar. Si vivierais allí, Sean podría tener una educación mucho mejor que esta. Eso es lo que quieres, ¿o no?", le dijo Terence mientras ponía las manos sobre los hombros de ella.

"Aún no has respondido mi pregunta. ¿Cómo me vas a presentar con tu familia y amistades? Cuando te pregunten quién soy, ¿qué les dirás?", le preguntó Carla mientras lo miraba directo a los ojos.

Terence tomó la taza que ella tenía en la mano y la puso a un lado. Después, tomó sus manos entre las suyas y las puso sobre su corazón mientras la miraba directo a los ojos.

"Bueno, tú dime", murmuró él.

Carla agachó la cabeza y sonrió con amargura.

"¿Les dirás que soy tu novia? ¿Tu amante? ¿O tu segunda mujer? Sé muy poco sobre ti, y no tengo idea de si ya tienes novia o si en la Ciudad JA eres un hombre casado", le dijo ella después de liberarse de su agarre. La chica volvió a sujetar la tasa entre las manos, le sopló al té para enfriarlo, y tras tomar un sorbo, lo colocó en la mesa detrás.

'Las mujeres no deberían creer ciegamente en todo lo que les dice un hombre', pensó la joven.

Terence frunció el ceño y le respondió: "No, no tengo novia ni esposa. Soy el hijo menor de mi familia. Si mis hermanos mayores aún no se han casado, ¿por qué yo lo habría de hacerlo primero?

Como veo que sabes muy poco de mí, me gustaría darte todo el tiempo que necesites para conocerme mejor. Pero antes que nada, deberías darme una oportunidad, ¿verdad?".

Carla simplemente suspiró, y como ya quería cambiar de tema, le dijo: "Bueno, creo que ya estuvimos platicando mucho tiempo. Sean está allá abajo esperándote. No lo hagas esperar demasiado".

El hombre que estaba con ella la miró por un breve momento y luego se fue sin decir una palabra más.

Cuando Terence y Sean se regresaron, Carla ya se había bañado y estaba durmiendo en la habitación.

Antes de irse a su propia habitación, el chico le susurró buenas noches a su hermana.

En la oscuridad de la noche, y aunque ya estaba acostada en su cama, Carla seguía despierta, dado que simplemente no podía conciliar el sueño. Antes de conocer a Terence, ella nunca tuvo problemas para dormir, y de hecho esperaba caer rendida después de un arduo día de trabajo. Sin embargo, cuando cayó la noche, había tantas cosas en su mente que le resultaba posible dormir;

ella estuvo retorciéndose y dando de vueltas en la cama, pero sus intentos fueron en vano. Finalmente, después de horas de estarse moviendo y girando para intentar dormir, la chica tuvo que ir al baño;

ella trató de contener sus ganas, pero después de varios minutos, no pudo aguantar más y tuvo que levantarse. Carla se puso las pantuflas y caminó hacia la puerta del dormitorio; tras abrir silenciosamente la puerta, miró por la rendija y

halló tendido en el sofá a Terence, quien parecía estar profundamente dormido.

Carla exhaló sin hacer ruido y luego caminó en puntas de pie por el pasillo, pasando por delante del sofá donde Terence yacía dormido para finalmente entrar en el baño.

Al cerrar la puerta, Carla miró fijamente su reflejo en el espejo mientras se daba palmadas sobre las mejillas.

'Carla Ji, ¿a qué le tienes miedo?

¡Esta es tu casa! ¡No tienes que ser tan cuidadosa en tu propia casa! Carla, vamos, ¿realmente ese hombre te da tanto miedo?', murmuró ella para sí misma.

Carla respiró hondo y se armó de valor para poder abrir la puerta del baño y salir.

"¡Oh, Dios mío!".

En el momento en que abrió la puerta, había una gran silueta negra dirigiéndose hacia ella.

Carla se espantó tanto que dio un salto hacia atrás y se recargó contra la pared.

"¡Terence! ¿Qué rayos te pasa? ¿Qué haces allí parado a estas horas de la noche?, ¡pareces una especie de depravado! ¡Casi me matas del susto!", con su mano sobre el pecho y una voz temblorosa, Carla le gritó a Terence.

Ella se asustó mucho, ya que ni siquiera escuchó el sonido de que él se levantó del sofá y se paró frente al baño.

Terence se le acercó y colocó la mano contra la pared,

justo encima de la cabeza de la joven; como la habitación estaba cubierta por la oscuridad, ella no podía ver con claridad la expresión facial del hombre que tenía enfrente.

"¿Sabes?, tienes miedo porque has notado que sientes algo por mí".

Furiosa, Carla lo miró fijamente, luego ella se agachó por debajo de su brazo, fue a la mesa y de un solo trago bebió un vaso de agua para calmar los nervios.

Terence la siguió y se paró detrás de ella, deslizó los largos dedos delicadamente a lo largo de la parte posterior de su cuello y suavemente movió su cabello hacia un lado mientras le acariciaba el cuello. "Quiero pedirte algo. ¿Me dejas dormir contigo en tu cama esta noche?", le susurró él al oído.

Tras escucharlo, Carla casi se atragantó con el agua. "Bueno, finalmente muestras tus verdaderas intenciones, ¿o no? ¡Tan solo mírate! Estás viviendo en mi casa y comiendo mi comida, pero eso no es suficiente para ti, ¿verdad? ¡Ahora me pides dormir conmigo en mi habitación!

¿Crees que soy tonta?", Carla dejó el vaso sobre la mesa y fulminó a Terence con la mirada, lo que provocó que este último riera entre dientes al ver este lindo rostro enojado de la chica.

"Bueno, si eso es lo que te preocupa, podemos ir a mi casa. Allí puedes hacer lo que quieras, como vivir en mi casa, comer mi comida y dormir en mi cama. Así no te costará nada. ¿Qué te parece?", le dijo él con una voz tranquila.

Carla se quedó sin palabras después de lo que Terence le dijo; ella estaba tan enojada que dio un pisotón y dejó salir un resoplido para después dirigirse hacia su habitación.

Al ver que Terence la seguía, avanzó a toda prisa y cerró rápidamente la puerta antes de que él la alcanzara.

"¡Esta es mi casa y no la tuya! El sofá es lo suficientemente bueno para que puedas dormir. Si crees que no es un buen lugar para dormir, ve a tu hotel. ¡Hay una gran cantidad de cómodas y amplias camas esperándote allí!", gritó ella desde el otro lado de la puerta.

Sintiéndose satisfecha consigo misma, Carla sonrió, ya que ahora ella podría dormir bien.

Al otro lado de la puerta seguía Terence, quien se quedó parado en el pasillo, y tras sacudir la cabeza con una sonrisa dibujada en su rostro, volvió al sofá; sacudió las almohadas, se acostó y se fue a dormir. Esa mañana se había levantado temprano el hombre, y como Carla estuvo todo el día ocupada por su trabajo, él había ido a una tienda a comprar algunos cojines nuevos para ponerlos en el incómodo sofá; aunque no podía tener una cama decente para dormir, por lo menos esto le ayudaría a dormir un poco más cómodo.

"Carla, eres una chica muy terca", murmuró Terence.

La casa era tan pequeña que se podía escuchar fácilmente el más mínimo ruido y movimiento, y debido a ello, Terence pudo escuchar lo inquieta que estaba Carla por la noche, así que decidió hacerle esa broma a propósito con la intención de ayudarla a relajarse y dormir mejor.

Por la tarde del día siguiente.

"Carla, mañana es el cumpleaños de Sean. ¿Qué te parece si lo celebramos en un restaurante? Su cumpleaños es solo una vez al año, por lo que creo que es algo aburrido celebrárselo en casa", le dijo Terence mientras miraba a Carla, quien llevaba puesto un delantal y estaba limpiando una ventana. Ella pidió permiso para laborar solo medio turno con el fin de preparar el cumpleaños de Sean. Tras escuchar lo que este último dijo, la chica le echó un vistazo y le respondió: "No tengo el dinero suficiente para comer afuera. Creo que estará bien celebrarlo en casa. Podemos decorarla con algunos globos y serpentinas. Si lo celebramos aquí, ahorraré mucho dinero".

Con una sonrisa en los labios, Terence suspiró: "Creo que sabes que seré yo quien pague por todo, ¿no? Entiendo tus dificultades, pero Sean va a cumplir diez años y es una fecha muy importante para él. Deberíamos hacerle algo divertido y especial. ¿No crees?".

Él sabía cómo era esta mujer, por lo que si él quería que su plan secreto tuviera éxito, tendría que hacer que Carla aceptara primero algunas cosas.

De lo contrario, la sorpresa que había estado planeando resultaría contraproducente para él.

Su plan consistía en alquilar todo el parque de diversiones para ese día, invitar a todos los compañeros de clase de Sean para llevar a cabo una gran fiesta de cumpleaños, y luego conseguir una mesa en el mejor restaurante de la ciudad.

Sin embargo, si él hacía todo eso sin que Carla estuviera de acuerdo, ella terminaría por convencerse de que había una enorme diferencia entre ellos, y lo que era peor, la chica incluso podría pensar que él estaba absolutamente fuera de su alcance.

Por ello, Terence en este momento no tenía más remedio que esforzarse al máximo para lograr persuadirla.

Carla dejó los trabajos que estaba haciendo y se dio la vuelta para encararlo: "¿A qué te refieres exactamente?".

Terence tomó el trapo que ella tenía en la mano y lo arrojó hacia un lado, después rodeó su cintura con el brazo y la atrajo hacia él.

"Es solo que quiero consentirte a ti y a Sean, de lo contrario, tu hombre no se sentirá satisfecho y ni todo el dinero que tiene lo hará sentirse mejor", dijo él en tono de broma. "Además, solo quiero sugerir que comamos en un buen restaurante con un ambiente agradable y un precio razonable. También me gustaría invitar a algunos amigos de Sean, pero la casa no es lo suficientemente grande como para acomodar a tanta gente. Entonces... ¿qué te parece?", Terence sonrió al ver una pizca de ilusión en los ojos de ella.

Carla lo miró fijamente por un momento mientras pensaba detenidamente en su propuesta. De repente, ella apartó la mano que él tenía en su cintura. 'Probablemente sea una buena idea', pensó para sí misma.

"Hagámoslo, ¿de acuerdo? Reservaré un lugar de inmediato", la gran emoción de finalmente poder hacer algo que los haría sentir especiales provocó que Terence malinterpretara el silencio de la chica; él pensó que con ese silencio ella había aceptado su plan, pero pasó por alto las otras emociones que se reflejaban en los ojos de la chica. Terence se inclinó y la besó en la frente con una gran sonrisa en su rostro, después se dio la vuelta y salió de la casa.

Carla agachó la mirada mientras lo veía partir; por un momento clavó los ojos en la puerta y pensó para sí misma: 'Bueno, deja que haga lo que quiera.

Al fin y al cabo, esta fiesta de cumpleaños también será la cena de despedida de Terence.

Después del cumpleaños de Sean, ya no habrá razón para que sigua quedándose con nosotros.

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