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   Capítulo 203 La cita secreta de Terence

La chica de mi vida Por Vegetable Palabras: 8704

Actualizado: 2020-06-30 03:43


Carla tenía todas sus cosas empacadas tan pronto como regresó al hotel. A la mañana siguiente, ella y Rainer reservaron un vuelo desde la Ciudad HA.

Este la acompañó a la Ciudad BH y, después de llevarla a su casa y asegurarse de que estaba a salvo, se fue a la Ciudad JA.

Terence quería que Rainer se quedara con Carla, pero ella se negó porque no quería que nadie la estuviera vigilando todo el día, y mucho menos un hombre, que le traería muchos inconvenientes.

Al cabo de medio mes y después de que la compañía pasara el periodo de mayor actividad, finalmente llegó el momento de que Carla renunciara. El día en que tenía que presentar su carta de renuncia al gerente ella se sentía preparada.

Él, en cambio, no quería que ella se marchara, pero cuando esta le explicó que su hermano se había quedado en la Ciudad JA para su futuro estudio, finalmente aceptó el hecho.

Durante su estancia en la Ciudad BH, a la chica le resultaba extraño ver que Terence la esperara con tanta paciencia sin hacer nada para que ella volviera antes, ya que ella sabía perfectamente cómo deseaba él que regresara lo antes posible. ¡Ese hombre ni siquiera la dejó hablar con su hermano por teléfono!, y él dejó muy claro que si ella extrañaba a su hermano, tenía que ir a la Ciudad JA a verlo.

Como Sean era la debilidad de la joven, ella no tuvo más remedio que aceptar la condición.

Cuando finalizó el proceso de renuncia, Carla reservó un vuelo a la Ciudad JA. Ella se despidió de Karen y organizó todo en casa antes de marcharse.

Esa misma noche, Carla llegó a la Ciudad JA pasadas las 11 de la noche. La chica tenía intención de darle una sorpresa a Terence, así que no le avisó de su llegada.

Ella lo echaba tanto de menos que no podía esperar más para verlo, al fin y al cabo, el amor funcionaba así. Una vez que te enamorabas de alguien, tu corazón dejaba de pertenecerte. Al principio ella quiso mantenerse alejada de Terence porque quería proteger su corazón, pero fracasó miserablemente, y se terminó enamorando de él hasta los huesos.

Como el destino ya estaba escrito y ella no podía seguir negando lo que sentía por Terence, prefería amarlo con todo su corazón y no pensar en cómo terminaría su amor algún día. Lo único que esperaba era no arrepentirse en el futuro.

Carla no tardó en llegar a la villa con vista al mar.

"¿Se-Señorita Carla?", exclamó Rainer, a quien le pilló tan por sorpresa que tartamudeó. La chica dejó su equipaje en la entrada y se dirigió al ascensor.

"¡Señorita Carla, espere, por favor!", Rainer la persiguió y le preguntó: "Señorita Carla, ¿por qué

? ¡Llévame!". La ira de Carla crecía por momentos. Ella tomó un agotador vuelo nocturno desde la Ciudad BH para darle una sorpresa a Terence, sin embargo, resultaba que fue él quien le dio una sorpresa a ella.

Ya era pasada la medianoche cuando llegó y, sin embargo, él se encontraba todavía en el club nocturno con otra mujer.

La joven tenía que verlos con sus propios ojos para creérselo.

Rainer conocía bien a Carla y sabía si él no le decía dónde estaban, ella pondría ese club patas arriba para encontrarlos, así que decidió llevarla al último piso, donde había una terraza al aire libre con solo una mesa ocupada.

Desde la distancia, Carla pudo ver a una pareja hablando íntimamente en un sofá bajo un paraguas rojo.

La chica estaba sentada de espaldas a ella y enfrente estaba Terence, a quien reconoció de inmediato.

Él estaba sentado con una pose elegante y una copa de vino tinto a medio terminar a su lado. Sus cautivadores ojos miraban a la chica mientras él la escuchaba atentamente.

A Carla le resultaba familiar la voz de la chica, pero no le importaba nada más que Terence, a quien miraba fijamente enojada.

En ese momento parecía que la chica dijo algo que la puso triste, ya que comenzó a llorar de repente. Terence, por su parte, sacó su pañuelo y le secó las lágrimas, consolándola con dulzura.

Era como si ambos estuvieran en su propio mundo y se hubieran olvidado de todo lo que les rodeaba. Carla llevaba de pie allí bastante tiempo y ellos ni siquiera se dieron cuenta de su presencia.

Ella estaba muy enojada y se preguntaba cómo los dos podían ocultárselo.

Confiaba en Terence con todo su corazón, ¿y así era cómo él le pagaba?

No cabía duda de que haría que él se lamentara.

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