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   Capítulo 409 La anécdota de Terence

La chica de mi vida Por Orange Palabras: 14392

Actualizado: 2020-10-17 13:13


Carla se puso a limpiar el coche, y mientras lo hacía, llevaba puesta una sonrisa brillante en su rostro, con su hermoso cabello corto rebotando traviesamente arriba y abajo.

Al mirar a la enérgica mujer que tenía enfrente, Terence sintió que en ese instante todo su mundo se iluminaba; ella poseía una belleza tan radiante, que su sola presencia hacía que el aire a su alrededor fuera acogedor y agradable.

Poco a poco, los labios del hombre formaron una leve sonrisa mientras su corazón se llenaba de la calidez que le transmitía Carla.

Él simplemente no pudo evitar imaginar su futuro con ella, el cual estaría lleno de dulces y agradables momentos. Terence amaba mucho a esta mujer, y sin duda estaba dispuesto a hacer todo lo posible para vivir una vida feliz a su lado.

"Srta. Carla, ¡no necesita hacer esto! Limpiar el coche ni siquiera es mi trabajo, ¡y definitivamente no es el suyo!", Rainer intentó evitar que Carla siguiera limpiando el coche, pero la chica solo arrugó la nariz y le dijo: "Rainer, ¿de verdad crees que soy la clase de persona que es tan mimada que ni siquiera puede ayudar a limpiar?". Ignorando el comentario de Rainer, la chica continuó pasando el paño por las partes donde el auto tenía más polvo, y después de asegurarse de que había dejado limpia esa zona, ella se dio la vuelta solo para descubrir a Terence mirándola fijamente con satisfacción.

Sintiéndose un poco avergonzada, Carla caminó hacia Terence, y Rainer aprovechó que la chica estaba distraída para quitarle rápidamente el paño que tenía en la mano.

Fue entonces cuando Terence expresó su opinión: "Tal vez nadie te mimaba antes, pero ahora que estás aquí, las cosas serán diferentes. No sólo te serán concedidas un sinfín de comodidades, sino que también te convertirás en la mujer más preciosa de toda la Ciudad JA". Al terminar sus palabras, el hombre tomó la mano de su amada, y de manera cariñosa, la sostuvo entre las suyas. Entonces, él añadió: "Por eso mismo, de verdad no merece la pena que sigas haciendo los trabajos sucios y agotadores, que te endurecerán las manos".

Carla se acercó a Terence, y mientras lo miraba directo a los ojos, envolvió los brazos alrededor de la cintura del hombre. Entonces, ella frunció el ceño y se quejó: "¿Me estás regañando?".

"No, mi amor, por supuesto que no, pero si esto te molesta, ya no hablaremos del tema. Recuerda que hoy tienes que ir a probarte tu vestido de novia. Anda, es hora de irnos, ¿de acuerdo?", le recordó Terence con un tono divertido mientras pasaba los dedos entre el cabello de su amada.

Rainer, quien se apresuró a terminar de limpiar el auto mientras Carla y Terence estaban hablando, de inmediato les abrió la puerta para que abordaran el vehículo.

En breve, los tres llegaron a la tienda de vestidos de novia.

Esta era la mejor tienda de vestidos de novia en toda la Ciudad JA, ya que además de confeccionar vestidos de la más alta calidad, también era famosa por su excelente servicio; todos sus diseños eran personalizados, y dado que cada vestido podría considerarse una obra maestra, las parejas de las familias más poderosas acudían exclusivamente a esta tienda. Por otra parte, el lugar también era famoso por atender a una sola pareja por día.

Terence ya había acudido días antes a la tienda para dar instrucciones respecto al diseño del vestido de novia de Carla, así que el día de hoy lo único que tenían que hacer era tomar las medidas de la chica. Por su parte, Carla ni siquiera estaba preocupada por el diseño de su vestido, después de todo, conocía muy bien a Terence, por lo que estaba segura de que había elegido lo mejor para ella.

Por la ciudad ya corrían las noticias respecto a su boda, que duraría tres días, dentro de los cuales no estaba considerado el banquete que se ofrecería un día antes de las ceremonias.

Carla era consciente de que la familia An invitaría a toda clase de personas, por lo que era probable que durante estos tres días ella conocería a familiares y conocidos de todos los rincones del mundo.

Hasta donde la chica sabía, el primer día estaba reservado para los clientes más importantes del Grupo AJ, aquellos que llevaban mucho tiempo siendo socios de la compañía. En cuanto al segundo día, estaba reservado exclusivamente para los parientes cercanos, sobre

echarle un vistazo al hombre, Carla supo que no obtendría ninguna respuesta de su parte, así que ella se inclinó hacia adelante y se acercó a Rainer. "Oye, como eres tú el que despertó mi curiosidad, ¡ahora tienes la obligación de contarme toda la historia! Si no me lo dices ahora, ¡te preguntaré cada vez que te vea hasta que me lo cuentes!", decidida a escuchar la anécdota, Carla amenazó al hombre.

"Oh... No, lo siento, pero le tengo más miedo al castigo que pueda aplicarme el Sr. Terence", sacudiendo la cabeza, Rainer se negó.

"No te preocupes. Mientras él esté conmigo, no se atreverá a tomar represalias contra ti. Si te amenaza, ven conmigo y yo te protegeré", le respondió Carla.

Rainer se volvió para mirar a Terence, y al notar que este no había pronunciado objeción alguna, finalmente exclamó: "¡Cómo usted diga, Srta. Carla! Como es usted quien me está obligando a decirlo, debe prometerme que no habrá problema con que le cuente toda la historia. De todos modos, esto sucedió hace 10 años, por lo que es una anécdota bastante antigua".

"Bueno, deja de andarte con rodeos. ¡Cuéntamelo todo ahora mismo!", le instó Carla.

Rainer no pudo evitar reírse al recordar lo sucedido, y después de recobrar la compostura, el hombre comenzó a relatarle todo a Carla: "En aquella época, el Sr. Terence solo tenía diecisiete años. Mucha gente acudió a su fiesta de cumpleaños, y de repente, en medio de la celebración, el Sr. Theo dijo que tenía preparado para su hermano un regalo muy especial. Entonces, el llevó al Sr. Terence a una habitación que estaba a oscuras y con todas las luces apagadas. De manera inesperada, cuando el Sr. Terence entró en esa habitación, el Sr. Theo de inmediato salió del cuarto y cerró la puerta desde afuera".

Rainer hizo una breve pausa para mirar a Carla a través del espejo retrovisor, y al notar lo impaciente que lucía la chica, él no pudo evitar soltar una leve risa. Ella, por su parte, se encogió de hombros y le gritó: "¿Y luego? ¡Continúa! ¡Por favor! ¿Qué había en la habitación? ¿Fue algo espantoso? ¡¿Que había adentro?!".

"¡Está bien! ¡De acuerdo! ¡Continuaré! Cuando el Sr. Terence entró en esa habitación, las luces se encendieron, y fue entonces cuando se reveló la sorpresa. El Sr. Theo escogió personalmente a seis supermodelos, las cuales se encontraban bailando al interior, justo cuando el Sr. Terence entró...", en ese momento Rainer hizo una pausa, se echó a reír de nuevo

y su mirada se posó sobre Terence, quien seguía con el ceño fruncido y con los ojos fijos en otro lado. En opinión de Rainer, esto era lo más gracioso que le había sucedido a su jefe, por lo que no podía dejar de estallar en carcajadas cada vez que lo recordaba.

Carla se sintió un poco impaciente gracias a lo que acababa de escuchar. Entonces con los ojos abiertos de par en par, ella le preguntó: "¿Y luego?".

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