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   Capítulo 2 El hombre perfecto

Adicto Por Xiomara Palabras: 12768

Actualizado: 2020-01-04 11:11


Tan pronto como salió de la mansión, Amelia fue recibida con una ventisca helada; fue entonces que se dio cuenta de que estaba usando ropa poco abrigada para salir al exterior. Apretó las manos en un puño, se sentía impotente, los ojos hinchados le dolían y pronto una lágrima cayó por el rabillo de sus ojos y le humedeció la cara.

Amelia no se sentía triste por la traición de Jasper sino que le dolía pensar en que los momentos tan preciados que había pasado con él en los últimos cinco años habían sido solo un espejismo.

Después de deambular largo rato sin rumbo, Amelia quiso regresar a su casa, pero de solo pensar en los recuerdos que le esperaban en cada rincón, sus pasos se hicieron demasiado pesados como para moverse en esa dirección. Entonces pensó en su amiga Courtney, así que la llamó para desahogarse con ella.

"¡Vaya, vaya! ¿Pero qué haces llamándome en este día especial? ¿No deberías estar en una cita con Jasper, cómo es que tienes chance de llamarme?", se burló Courtney, apenas conectó la llamada.

"¡Nada de citas, este ha sido el peor cumpleaños que he tenido en toda mi vida!", resopló Amelia sin rodeos. Entre ellas no existían las formalidades, eran muy cercanas, así que no se iban por las ramas si había algo importante que decir.

"¿En serio? ¿Pero qué pasó? ¿Jasper no quiso acostarse contigo".

"¿Desde cuando eres tan vulgar, Courtney? Oye, cancela todo lo que tengas para esta noche y vámonos de copas, ¿te parece?". Amelia fue directo al grano, en ese momento solo quería ahogar sus penas en alcohol para intentar olvidarlas.

"¿Qué dices? ¡Bueno, si estás triste por tu cumpleaños, no hay nada mejor que una noche de copas con tu mejor amiga para arreglar eso!" Courtney no la detuvo sino que la aupó: "¿Qué tal si vamos a Moon Bar? He escuchado que los hombres más guapos de la ciudad suelen estar allí, puede que incluso conozcas a uno mejor que Jasper".

'No creo que sea tan difícil conseguir a uno mejor', reflexionó, entrecerrando los ojos. De hecho, ella no se había cuestionado eso en mucho tiempo, pero ahora lo tenía más claro que nunca.

Muy pronto, la noche cayó sobre la Ciudad A, los postes de luz y los anuncios de neón inundaron con sus colores la zona comercial de la ciudad. Poco a poco, las calles y edificios cobraron vida, era un espectáculo digno de ver.

Esa era la primera vez que Amelia visitaba el Moon Bar, era normal que estuviera nerviosa, pero como solo quería emborracharse, no perdió el tiempo y caminó directo a la barra sin esperar a nadie, cuando se sentó, inmediatamente llamó al camarero y le pidió que le sirviera un trago de vodka seco.

El hombre la miró con sorpresa cuando la escuchó, pues no esperaba que una chica como ella ordenara un trago tan fuerte.

Amelia se acomodó en la barra mientras esperaba que le sirvieran y contempló las luces y el entorno en el bar. Había muchos hombres y mujeres bailando apasionadamente al son de la música que sonaba a todo volumen, se agarraban y manoseaban con lujuria mientras movían sus cuerpos.

Ante semejante escena, Amelia esbozó una leve sonrisa. Se quedó sentada largo rato y, después de beberse su trago de vodka siguió tomando varias copas de vino hasta que sintió que el rostro le ardía y un dolor le halaba el estómago hacia abajo. Evidentemente, como no había comido casi nada en el día y ahora había bebido demasiado, estaba tan ebria que no podía mantenerse ni mantenerse sentada en la barra.

"¿Está bien, señorita?", preguntó amablemente el cantinero cuando la vio trastabillando en su asiento.

Amelia estaba un poco mareada, después perdió la cordura, empujó al camarero y empezó a gritar:

"¡Lárguese, acabo de romper con mi novio y en cinco años de relación ni siquiera perdí la virginidad!".

En ese momento, un hombre alto estaba pasando cerca de ella y se detuvo cuando la escuchó decir eso, una sonrisa desdeñosa se dibujó en sus labios.

"En ese caso, no debería seguir tomando", sugirió el cantinero, mientras trataba de quitarle la copa de vino.

Sin embargo, Amelia le apartó la mano y refutó sus palabras: "¿Que no tome? ¿Y por qué no? ¡La bebida puede ayudarme a disipar el dolor! La verdad es que ahora estoy demasiado frustrada, así que solo sírveme otro trago".

Mientras hablaba, Amelia señalaba torpemente su corazón y al final terminó rompiendo en llanto.

"¿Qué?", preguntó el cantinero sin saber qué hacer ahora.

"Sigue en lo tuyo, yo me encargaré", dijo una voz gélida desde atrás.

"¡Jasper Gu, bastardo! ¡¿Cómo pudiste?!", sollozó Amelia, completamente borracha, confundiendo a aquel hombre con su exnovio. Su llanto se intensificó cuando pensó que Jasper se preocupaba por ella, así que agarró la mano del sujeto con ansiedad y siguió llorando.

Cuando el camarero vio la escena, inmediatamente quiso alejarse del asunto por miedo a meterse en problemas. "Señor, ya que es amigo de esta señorita, ¿podría pagar su cuenta?", dijo respetuosamente.

El hombre misterioso sacó su tarjeta enseguida y, sin decir nada, pagó la cuenta antes de sacar a Amelia del ruidoso bar.

Una vez afuera, la helada brisa nocturna mordió la piel de Amelia, haciéndola temblar. Aunque había tomado mucho, el frío le dio algo de sobriedad, así que miró al hombre frente a ella y le preguntó con voz apagada: "¿No estabas enamorado de Yolanda? ¿Qué estás haciendo aquí entonces?".

Dicho eso, empezó a patear y golpear en el aire para desahogarse.

"¡Quédate tranquila!". Un rastro de impaciencia se dejó sentir en la fría voz del hombre cuando metió a Amelia en su Porsche plateado.

A pesar de su borrachera, ella pudo distinguir que la voz de ese tipo no era la de Jasper; abrió bien los ojos para tratar de reconocer sus rasgos pero estaba oscuro y no podía ver bien. Sin embargo, como le dolía el estómago vacío y se sentía como un gatito abandonado, no tardó en acurrucarse en el asiento del copiloto y empezó a llorar de nuevo.

"Aguanta un rato, ya estamos por llegar". Probablemente por su expresión de sufrimiento, la voz del hombre se suavizó un poco esta vez.

El Porsche plateado se estacionó frente a una exclusiva mansión llamada "SJ Garden" y, tan pronto como el hombre apagó el auto, un mayordomo se acercó a él y dijo: "¡Señor Lucian, el señor Nicolas se enteró de su regreso y le pidió que fuera a la Mansión Zhan esta noche!".

El hombre, quien estaba sali

endo en ese momento con Amelia en brazos, frunció el ceño, algo disgustado por las palabras del mayordomo. Sin embargo, cuando su vista bajó al hermoso rostro de la chica en sus brazos, su mal genio desapareció por completo.

"¡Ay, me duele!", gimió Amelia, adolorida.

"¡Darren, por favor anda a buscar al doctor Chen!", le pidió al mayordomo, con una mirada de preocupación.

"Pero el señor Nicolas todavía está esperando por nosotros, señor", tartamudeó torpemente, Darren Fang.

El rostro de Lucian se volvió sombrío y espetó de mala gana: "Muy bien, lo llamaré yo mismo.

Cuando escuchó su respuesta, la mirada nerviosa del mayordomo dio paso a un suspiro de alivio; acto seguido, Darren esbozó una sonrisa cordial y respondió rápidamente: "¡Ahora mismo iré a llamar al doctor Chen!".

Aunque las luces resplandecían fuera y dentro de la mansión, el espacio se sentía gélido porque nadie vivía allí.

Con semejante dolor de estómago, la conciencia de Amelia pendía de un hilillo y vagamente solo llegó a sentir que la abrazaban unos brazos cálidos. Aunque quería comprobar si esa persona era Jasper, sus intenciones se vieron interrumpidas cuando sintió que caía suavemente sobre algo muy suave.

"Todos los hombres son unos bastardos", fue lo único que alcanzó a decir. Lucian Zhan, quien estaba acostándola en la cama en ese momento, la miró directo a la cara cuando ella pronunció esas palabras; sin querer, se detuvo y una sonrisa juguetona se esbozó en su rostro.

"El doctor Chen ya está aquí, señor Lucian", anunció el mayordomo desde la puerta.

"Está bien, déjalo pasar".

Lucian se hizo a un lado y esperó a que el médico revisara a Amelia. Cuando el doctor Chen la examinó, enseguida se le acercó y le preguntó: "¿Cómo se encuentra ella?".

Cuando Darren vio la preocupación en los ojos de Lucian, se quedó estupefacto porque, hasta donde podía recordar, el joven Zhan siempre había sido un tipo demasiado distante y arrogante. Aunque había salido con varias chicas en el pasado, nunca las había llevado a su casa, sino que se encontraba con ellas en habitaciones de hotel. Lo que más sorprendía era que la chica que estaba sobre la cama parecía ser bastante normal e incluso estaba pasada de copas.

"Señor Lucian, todo lo que tiene esta señorita son un par de úlceras por haber bebido demasiado sin haber comido antes, con un poco de agua de miel se le aliviará el malestar.

"¡Entonces hay que darle esa agua cuanto antes!", soltó Lucian tras el informe del médico y luego le hizo un ademán al mayordomo. "A su orden", respondió Darren, saliendo de sus pensamientos.

Cuando el doctor Chen se fue, Lucian regresó a su habitación para cambiarse, pero pronto empezó a escuchar unos ruidos desastrosos desde la habitación de Amelia.

"¿Qué pasó?", preguntó con las cejas fruncidas.

Darren Fang parecía asustado y su rostro estaba pálido. Tan pronto como vio a su amo, corrió directo hacia él y le informó: "Señor Lucian, la señora no quiso cooperar conmigo, le fui a dar el agua con miel pero me tiró el vaso al suelo...".

Luego de ver la mirada de terror del mayordomo, Lucian bufó: "Ni siquiera eres capaz de lidiar con algo tan trivial; anda, ve a traer otro vaso de agua con miel".

"Uh...", musitó Darren, todavía más sorprendido mientras miraba a Amelia. Definitivamente la mujer que yacía sobre la cama debía tener una relación muy cercana con Lucian porque de lo contrario no se explicaba su comportamiento.

Pronto, el mayordomo regresó con el vaso de agua con miel, algo contrariado por el hecho de que no hubiera más sirvientes en SJ Garden.

"Pásame el vaso", pidió Lucian en voz baja.

"Señor, estas cosas deberían hacerlas los sirvientes pero como usted prefiere un entorno más tranquilo, despedí a todos días antes de su regreso". Darren Fang estaba en medio de un dilema porque no sabía si debía darle de beber el agua a Amelia o dársela a su amo para que lo hiciera él personalmente.

Fastidiado por su presencia, Lucian lo despachó con cortesía: "Darren, ya es tarde, deberías irte a la cama; descuida, yo me encargaré de esto".

El mayordomo le asintió enseguida, pero pronto algo le vino a la cabeza y se volvió, un tanto preocupado. "Señor Lucian, el señor Nicolas está muy enfermo, será mejor que lo visite cuanto antes...".

"Está bien, lo sé", respondió con impaciencia y sus ojos luego se volvieron hacia Amelia.

Cuando el mayordomo se fue, el silencio reinó en la habitación.

Lucian se quitó el saco de su traje y luego se arremangó la camisa para llevarle el agua a su huésped. Respiró hondo antes de coger a Amelia entre sus brazos y, como si tratara de convencer a un niño pequeño, le dijo suavemente: "Vamos, abre la boca".

Amelia se encogió de dolor, para entonces su vista seguía borrosa y alzó la mano a la nada como si intentara agarrar algo.

Afortunadamente, Lucian fue lo suficientemente ágil como para evitar su manotazo y resguardar el vaso.

Ese gesto lo impacientó un poco, así que dejó el vaso sobre la mesa de noche e inmovilizó a Amelia con una mano y le abrió la boca para tratar de verter el líquido con la otra.

Sin embargo, ella parecía estar decidida a no dejar que le diera de beber porque, aunque el vaso rozaba sus labios, ella apretó los dientes para no tragar nada.

Agotado, Lucian se dio por vencido y estuvo a punto de marcharse, pero cuando se dio la vuelta, Amelia lo agarró por el brazo y le dijo: "Oye, es mi cumpleaños, ¿no podrías quedarte conmigo?".

Un rastro de melancolía resaltó en medio de su voz embriagada, eso lo hizo dudar y ahora no estaba seguro de querer irse.

"Muy bien, pero tómate el agua con miel primero". Su voz fría se suavizó, algo completamente inusual en él.

Lucian enseguida se arrepintió de haberse adjuntado tremendo problema.

A pesar de sus palabras, todavía no consiguió su objetivo porque Amelia no se tomó el agua, en vez de eso, empezó a musitar: "Un abrazo tan, pero tan cálido...".

Cuando vio el hermoso rostro de la chica entre sus brazos, la mirada de Lucian se tornó sombría y sintió como si estuviera a punto de colapsar. Aunque quería apartarse de Amelia, había algo en su expresión de tristeza que le daba lástima y no podía.

"Bueno, supongo que me lo busqué", Después de todo, Lucian la había traído hasta su mansión y, por más que se arrepintiera, ya lo hecho estaba hecho.

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