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   Capítulo 5 Esposa ante la ley

Adicto Por Peach Palabras: 11155

Actualizado: 2020-01-04 11:36


El lujoso Porsche salió del distrito acaudalado lleno de mansiones y se dirigió al apartamento alquilado de Amelia.

Aunque ella realmente no quería regresar a su casa porque le traía muchos recuerdos de Jasper, no tenía más opción, pues no había otro lugar al cual pudiera ir.

Cuando el auto llegó a su conjunto residencial, Amelia dijo: "Señor Lucian, mi edificio está justo al frente, me puede dejar acá y cruzar en la próxima calle".

'Somos una pareja de mentiras, no hay razón para que me acompañe al apartamento de todas formas', pensó.

Lucian miró a su alrededor y comentó: "Bueno, dado que somos esposos según nuestro acuerdo", dijo con una sonrisa pensativa. "Quizás debería acompañarte hasta la puerta", continuó.

Amelia sacudió la cabeza de inmediato. "Sí, tenemos un acuerdo, pero eso no significa que debamos mantener esta fachada las 24 horas del día. Sr. Lucian, ¿podría darme algo de espacio personal?", dijo.

Él la miró y respondió: "Justo estás saliendo de una relación ahora, ¿dónde podré encontrarte si las cosas se vuelven demasiado difíciles de manejar?".

Aunque lo dijo inocentemente, Amelia sintió que sus palabras le taladraron el corazón.

Por alguna razón, pasar tiempo con él le había hecho olvidar por un momento su corazón roto. No podía evitar sentirse incómoda y después quiso decir algo, pero las palabras no le salían de la boca.

"¿Qué te pasa?", le preguntó él cuando vio su mirada perdida, entonces siguió la dirección a la que apuntaban sus ojos y descubrió que Amelia estaba perdida mirando a una pareja que se abrazaba y besaba apasionadamente.

'¡Qué pequeño es el mundo!', casi dice ella.

De pronto, Lucian sintió que había descubierto algo sobre Amelia, así que encendió de nuevo el auto y dio una vuelta intrépida para regresar por donde habían venido.

"¿Qué estás haciendo?", preguntó ella, ansiosa.

"¿No has escuchado decir que las cosas no deben hacerse a medias?", dijo Lucian con seriedad. "Pues bien, si ahora eres mi esposa, tu hogar debe ser SJ Garden".

Amelia se quedó conmocionada por un rato, pero luego lo miró y sintió que el corazón se le ablandaba.

Durante los últimos cinco años ella no había tenido otro lugar al cual ir que no fuera su apartamento. En casa de los Mo, la madre de Yolanda la veía como un estorbo y la propia Yolanda solía intimidarla, haciendo de su estancia allí un completo infierno. Después fue que conoció a Jasper y él le rentó el apartamento; inocentemente ella había pensado que eso fortalecería su relación pero al final su amor terminó de la peor manera posible.

Al recordar las tribulaciones de su vida, las palabras de Lucian se tornaron más cálidas para ella.

"No me importa a quien ames, Amelia, pero tienes que escucharme", dijo él casualmente, pero como ella no le respondió, frunció el ceño.

Al cabo de un rato, ella se mordió el labio y le asintió. "¿Puedo quedarme por un par de días en tu casa?", le preguntó, casi en un susurro.

Ahora que ella y Jasper no eran nada, no le veía sentido a quedarse en su viejo departamento pues eso solo la haría sentir más desdichada.

"Mi casa es tu casa, puedes quedarte tanto tiempo como quieras", respondió Lucian. Su rostro proyectaba una sonrisa amable, la cual daba cuenta de su naturaleza elegante y agraciada. Amelia no podía dejar de contemplarlo, pues se sentía adicta a sus encantos.

Si bien reconocía que él no era como Jasper y podía llegar a ser sumamente frío, algo en su persona le dio cierta tranquilidad y seguridad.

"¿Por qué me miras así?", preguntó Lucian de la nada, volviéndose hacia ella y, con una sonrisa burlona, siguió: "¿Piensas que soy tan atractivo que no puedes evitar enamorarte de mí?".

"¡Por supuesto no!", negó ella rápidamente mientras su rostro se sonrojaba. "¡Por muy guapo que seas eso no te quita lo malencarado!", arguyó.

"¿Malencarado?", replicó él, mirándola con incredulidad. Cuando comprendió lo que quiso decir, esbozó una gran sonrisa y se burló de ella: "Bueno de ti me podría quejar diciendo que eres un poco delgada para mi gusto, pero definitivamente luces encantadora cuando estás ebria. ¡Estoy seguro de que viviendo en SJ Garden te tornarás más femenina!".

"¡Eres un sinvergüenza, Lucian!", exclamó Amelia, frunciendo el ceño. Obviamente estaba molesta.

Esbozando una cálida sonrisa, él dijo en tono serio: "Eres la primera mujer que he llevado a mi casa y también serás mi esposa. Aunque lo nuestro solo sea un trato, definitivamente no es un juego para mí. De ahora en adelante me ocuparé de ti y te daré algo de espacio si lo necesitas. Pero aun así, considéralo".

Después de que Lucian terminó de hablar, Amelia se quedó muda por un buen rato, fue cuando llegaron a la Oficina de Registro Civil que cayó en cuenta de dónde estaban.

"¿Qué estamos haciendo aquí?", preguntó, señalando la puerta de la oficina gubernamental. Estaba extremadamente confundida y tenía mil interrogantes en mente.

"Por favor, cálmate", dijo él suavemente. Lucian sostuvo sus dedos y luego le agarró la mano antes de encaminarse a la Oficina de Registro Civil. Con calma, le informó: "Le he pedido a mi asistente que lo arregle todo". Miró a Amelia a los ojos y siguió: "¡Nos casaremos en cinco minutos!".

"¡¿Que fue lo que dijiste?!", exclamó Amelia, mientras se tapaba la boca, sorprendida. Sus ojos se abrieron tanto que casi se salen de sus cuencos, estaba al borde de un colapso nervioso.

"Si bien lo nuestro es puro teatro, ¿quién dice que no podemos hacerlo más creíble?".

"¡Imbécil! ¡Te estás aprovechando de mí!

¿Crees que con esas fotos puedes hacer lo que quieras conmigo?", exclamó. "Pues no...".

"Señor, acá tiene el registro familiar que me ha pedido sacar de la Mansión Mo", dijo un hombre que se acercó a ellos vestido con un traje formal. Dicho eso, le pasó la carpeta con los documentos a su jefe. Por su parte, Amelia no podía estar más enojada.

Estaba completamente desconcertada, no podía creer que Lucian pudiera obtener su registro familiar tan fácilmente.

Vernon Mo, el padre de Amelia, la quería mucho, pero ocultaba su amor por ella para no contrariar a su detestable esposa, Sophia. De alguna manera, ella y Yolanda se las habían arreglado para tomar el control de la familia Mo.

"¡Excelente trabajo, Erick!", le dijo Lucian a su asistente. Con una sonrisa de oreja a oreja, se volvió hacia Amelia, quien todavía estaba conmocionada. "Pensaba que el señor Vernon no estaría de acuerdo con que desposara a su hija, ciertamente no esperaba que fuera tan rápido", dijo.

El rostro de Amelia estaba pálido y sus ojos rojos de ira mientras empuñaba sus manos con tanta fuerza que sus uñas se clavaron en sus palmas.

"No sea tan modesto, señor Lucian, no hay razón para que nadie rechace un cheque por diez millones", comentó el asistente. Después se volvió hacia Amelia y se presentó: "Señorita Mo, mi nombre es Erick Chen. Soy el asistente del señor Lucian. Mucho gusto".

'¿Diez millones? ¡No puedo creer que comprara la voluntad de mi padre de esa forma!', pensó Amelia.

'Si es tan rico, ¿por qué no escogió a otra?'.

"Lucian, ¿estás loco?", le reclamó. Amelia simplemente no podía entender por qué un hombre como él estaría tan loco por casarse.

Lucian la miró a la cara y le dijo lentamente: "Bueno, como tu padre aceptó gracias a mi generoso regalo, ya no tenemos que preocuparnos por eso; ya ves que no soy un hombre paciente".

Todavía incrédula, Amelia solo pudo soltar una carcajada sarcástica. "No tienes idea de cuánto odio a los hombres ricos y arrogantes, ¿en serio crees que voy a seguir tus órdenes como si fuera tu sirvienta?", replicó. Tras la muerte de su madre, ella solo esperaba poder refugiarse en su familia, pero su padre, el único pariente que le quedaba, parecía no prestarle demasiada atención ni siquiera cuando se trataba de su matrimonio. Eso la hizo sentir realmente decepcionada.

Entonces pudo ver que Erick Chen le estaba susurrando algo a Lucian.

"Amelia, sé que ahora te sientes impotente, pero te voy a decir algo; al principio, tu padre no quería aceptar el dinero, pero entonces tu exnovio, Jasper, se apresuró a agarrar el cheque y dijo que usaría ese dinero para organizar una apoteósica ceremonia de bodas", le dijo Lucian.

"¿Jasper?", preguntó adolorida. Casi podía sentir como si se le desangrara el corazón, ella ni siquiera podía llorar porque el dolor era demasiado grande y la paralizaba.

'¡Otra vez Jasper aprovechándose de mí', pensó.

Amelia sacudió la cabeza con dolor y no dijo nada.

"¿No te sientes mejor ahora?", le preguntó Lucian, extendiendo sus manos sobre sus hombros.

De hecho, sí se sentía mejor.

Si bien la rabia todavía le subía al pecho, le consolaba saber que Vernon no había aceptado el dinero del soborno, lo cual significaba que de alguna manera su hija todavía era importante para él.

"Me casaré contigo, pero por favor prométeme que recuperarás ese dinero". Amelia ya no lucía tan enojada.

El corazón de Lucian se aceleró cuando la escuchó decir eso, pero la emoción se fue tan rápido como llegó.

Debía estar consciente de que aquello era solo un trato y no podía permitirse enamorarse de ella.

Cuando salieron de la Oficina de Registro Civil, Amelia parecía algo alicaída.

"Yo guardaré el certificado de matrimonio, siento que si te lo doy a ti lo perderías en dos segundos porque estás demasiado distraída". Después de guardar el certificado, Lucian le preguntó: "¿Tienes hambre? ¿Qué te gustaría comer?".

A pesar de que tenía hambre, la verdad era que no estaba de humor para comer, así que Amelia simplemente lo ignoró.

"Eres mi esposa Amelia, incluso ante la ley; es mi responsabilidad cuidar de ti, así que respóndeme, por favor". Parecía estar algo enojado.

Cuando escuchó eso, Amelia alzó la mirada y respondió: "No estoy de humor para comer ahora, pero no me vendría mal tomar algo".

Lucian estaba tan desconcertado que se quedó mudo por un momento. Amelia incluso pensó que se había molestado con ella, pero después se sorprendió cuando lo escuchó decir: "Está bien, podemos aprovechar de celebrar nuestra boda. ¡Vamos!".

"¡No me gusta la comida occidental!", dijo ella cuando vio que él se detuvo en un restaurante foráneo.

"Este restaurante es famoso por su fusión de comida china con platillos occidentales; ¡estoy seguro de que te encantará!", dijo él pacientemente.

Amelia murmuró algo ininteligible entre dientes, pero él no le prestó demasiada atención.

"¡Bienvenido, señor Lucian!", lo saludó un camarero cuando entraron al restaurante. "Su mesa está lista, señor. Síganme, por favor".

La cabina privada estaba finamente decorada y Amelia no pudo evitar contemplar el espacio con deleite. Mientras estaba distraída, él de repente le agarró la mano con una sonrisa y le dijo: "Dijiste que querías beber algo, ¿no es así? Bueno, hoy puedes beber cuanto quieras; no te preocupes si te embriagas porque yo cuidaré de ti".

Amelia planeaba tomar un par de copas cuando mucho, pero empezó a vacilar después de escucharlo.

¿Quién sabía qué podía hacerle Lucian si se emborrachaba de nuevo?

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