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   Capítulo 6 Dejar el pasado atrás

Adicto Por Peach Palabras: 10026

Actualizado: 2020-01-04 13:44


Con la lección de su última borrachera aprendida, Amelia decidió que no iba a volver a confiar en Lucian, era lo más razonable.

"¿Por qué te quedas viéndome? Solo pide la comida". Él la miró y se dio cuenta de que parecía estar de mal humor.

"Menos charla, más acción". Amelia estaba sentada con la mano en la frente, lucía preocupada y la verdad era que su cabeza no dejaba de dar vueltas por todo lo que había sucedido esa mañana.

"Muy bien, después de comer podemos ir de compras al centro comercial. Aunque si no quieres ir de compras me puedes dar tus tallas y le diré a alguien que te compre ropa". Cuando el mesero regresó con los platillos, Lucian agarró sus palillos y empezó a comer.

'¿Que alguien me compre ropa?'.

"¡Tengo mi propia ropa, no tienes que preocuparte por mí!".

Lucian alzó la vista y exclamó en tono burlón: "Bueno, digamos que ahora que eres mi esposa necesitas vestir un poco más presentable. Ya sabes cómo es la gente, podrían empezar a hablar...".

"¡Nadie se burlará si mantienes la boca cerrada!". A pesar de que estaba demasiado malhumorada como para comer, tuvo que dejar su enojo a un lado ante la deliciosa comida que habían servido frente a ella.

Cuando Lucian se dio cuenta de que estaba devorando la comida con avidez, le acercó una taza de té y le sugirió: "Será mejor que comas más despacio, podría ser vergonzoso si llegas a ahogarte".

Aunque su gesto fue dulce, sus palabras fueron de mal gusto.

Enojada, Amelia puso los ojos en blanco y luego agarró la taza de té. "¿Cómo vamos a hacer esto si siempre me haces sentir mal?".

Luego recordó lo de las fotos y empezó a enojarse de nuevo.

"¿Por qué le das tantas vueltas al asunto? Solo dame tus tallas y ya. Además, fue tu novio quien te hizo sentir mal en primer lugar y supongo que nunca más volverás a sacrificarte por él, ¿no es así?". Aunque su tono fue gentil, sus palabras golpearon a Amelia como un autobús.

Sin embargo, luego cayó en cuenta de que no debería sentirse triste por Jasper, ya aquello era parte del pasado y no tenía sentido seguir dándose golpes de pecho.

"¡Pues sí, así es!". Ya no estaba molesta y se concentró en seguir comiendo en vez de discutir.

Después de almorzar, Lucian la llevó a una zona de tiendas exclusivas de la ciudad.

Él ya lo tenía todo planeado, así que le pidió a la dependienta que seleccionara una colección con sus mejores y más recientes conjuntos. En menos de media hora, la empleada ya había seleccionado unos 23 conjuntos especialmente para Amelia y los compraron todos. Cuando salieron de allí, Lucían la llevó a la joyería y le compró el set de diamantes más bonito que había en exhibición.

"Esto es demasiado, Lucian, basta". Cuando Amelia vio el brillante anillo de diamantes en su anular, se sorprendió tanto que inmediatamente trató de quitárselo.

"Amelia, recuerda que somos una pareja ahora y estamos casados, es normal que uses un anillo. ¿Por qué te lo quitas?". Como le habló con tanta gentileza, ella dejó de intentar quitarse el anillo. Cuando contempló mejor el diamante, su corazón empezó a latir con fuerza.

Luego de hacer varias compras en diversas tiendas, la pareja estaba lista para irse, así que Lucian fue a buscar su Porsche mientras ella lo esperaba en la salida del centro comercial. Desgraciadamente, Jasper y Yolanda estaban llegando en ese momento y, antes de que pudiera evitarlos, Yolanda le gritó: "¡Amelia! ¡Eres tú!".

Los ojos de Amelia se espabilaron, no sabía cómo sentirse en ese momento. '¿Acaso Yolanda se volvió loca?', pensó. Normalmente, su hermanastra la miraría con recelo o simplemente la evitaría; sin embargo, ahora estaba haciendo lo opuesto y la trataba con amabilidad. Quizás se había dado cuenta de sus errores después de todo.

"Jasper me dijo que ahora tienes un esposo muy acaudalado. ¡10 millones le ofreció a la familia Mo para que dejaran que se casara contigo!". Luego de una pausa, Yolanda continuó: "Es una suerte que terminaras con Jasper, ¿no es así? ¡No habrías conseguido a un marido tan rico de seguir con él!".

El rostro de Amelia se volvió sombrío y luego le echó un vistazo a Jasper, quien estaba justo junto a Yolanda.

"Yolanda, cállate". Algo nervioso, Jasper apartó a su prometida y se acercó a Amelia para agradecerle.

'¿Ahora me agradece? ¿Por qué? ¿Por el dinero?', reflexionó ella.

"¡Que tú seas una sinvergüenza no significa que yo también lo sea! Aunque mi esposo obró sin mi consentimiento, mi padre tampoco quiso aceptar ese cheque; supongo que a algunos simplemente les encanta tomar el dinero fácil, ¿no es así? Por ahí escuché que planeaban celebrar una fastuosa ceremonia de bodas con ese dinero, pero dime, ¿quién se creen para gastar lo que es mío? Por un lado el tipo que me engañó y por el otro la mujer que me robó a mi novio. Ja. Son patéticos. ¡De ninguna manera voy a dejar que gocen de ese cheque!", espetó Amelia, incapaz de aguantar su ira. Por su parte, Jasper y Yolanda se quedaron pasmados, mirándose en

tre sí.

En ese momento, Lucian regresó y, desde el auto, logró escuchar la conversación y empezó a aplaudir. "¡Ya volví cariño, eso fue increíble! ¡Soy tan dichoso de tenerte como esposa!".

Jasper y Yolanda alzaron la mirada hacia él y lo contemplaron con admiración. "Por favor, hable con ella. Jasper y yo nos vamos a casar pronto y solo...", rogó Yolanda.

Bajándose del auto, Lucian respondió: "Lo siento, señorita Yolanda, pero mi asistente es quien se encarga de esos pormenores. Tengo entendido que el cheque está en manos del señor Vernon y él me acaba de llamar para decirme que lo devolverá. Supongo que ahora servirá como fondo para nuestro matrimonio". Con una leve sonrisa en sus labios, Lucian extendió la mano y rodeó a Amelia con su brazo.

"¿Es eso cierto?", preguntó Amelia con incredulidad, totalmente sorprendida y emocionada.

Con una sonrisa cariñosa en su rostro, Lucian asintió. "Sí, así es".

Los rostros de la malvada pareja se ensombrecieron cuando escucharon eso. Yolanda estaba visiblemente furiosa, pero logró mantener la calma.

Al final, el dinero había caído en manos de Vernon y él era quien tenía la última palabra. Sus planes de una apoteósica ceremonia de bodas se habían desplomado tan pronto como lo habían ideado. Yolanda estaba furiosa y no encontró otra manera de desahogarse que golpear el pecho de Jasper con sus puños, incluso lo maldijo y lo llamó inútil.

Amelia se quedó pasmada contemplando la escena y Jasper apenas inclinó la cabeza mientras su mujer lo golpeaba.

"Vámonos, cariño", dijo Lucian, agarrándola por la cintura.

Amelia se sonrojó por el gesto, pero pronto se recuperó cuando recordó que debía fingir. Luego sonrió amorosamente para despistar a Yolanda, quien no dejaba de verla.

Antes de marcharse, Amelia le echó un vistazo a Jasper y le sonrió con sarcasmo.

La noche había caído y los embates del invierno habían llegado a la ciudad, pues todo parecía estar cubierto de nieve.

Amelia estaba tan inmersa en sus propios pensamientos que había seguido a Lucian sin preguntarle a dónde la llevaba. Cuando finalmente volvió en sí, se dio cuenta de que había llegado a SJ Garden.

"¿Qué hacemos aquí?", preguntó mientras hacía un ademán y lo miraba a los ojos.

"Como mi esposa, esta es tu nueva casa", respondió Lucian inexpresivamente.

Amelia se quedó congelada por un momento.

Todo había pasado tan rápido que no se dio cuenta de la nueva realidad que le aguardaba hasta que tocó el anillo de diamantes en su dedo.

"Lucian, si solo estamos fingiendo, ¿por qué tuviste que conseguir ese certificado de matrimonio y este estúpido anillo?", preguntó furiosa mientras se quitaba el anillo y lo tiraba al suelo.

"Vaya, parece que alguien todavía está de mal humor por haber visto a su ex hoy", dijo Lucian con frialdad.

Amelia lo ignoró y se alistó para marcharse.

"¿Qué estás haciendo?", le preguntó él mientras la agarraba por el brazo y la acercaba. Sus ojos se agudizaron cuando le advirtió: "¡No pongas a prueba mi paciencia!".

Ahora Lucian estaba tenso y ella solo parpadeó y dijo: "Solo acepté ser parte de tu teatro, eso no significa que tenga que intimar contigo".

Amelia estaba realmente molesta y ya ni sabía bien lo que decía. Lucian pronto aflojó su agarre y la dejó ir.

"Amelia, pensaba que solo estabas fingiendo ser inocente y casta; ¿entonces resulta que te preocupa tener que dormir conmigo?". Mientras hablaba, Lucian se había agachado para recoger el anillo en el suelo y luego se levantó para ponérselo de nuevo en el dedo. "Si vuelves a quitarte el anillo te juro que te vas a arrepentir", dijo en tono de burla.

Aturdida, Amelia subió las escaleras, guiada por él, y no fue hasta que llegaron a la habitación que le gritó: "¡Te lo advierto Lucian!".

A pesar de que estaba débil emocionalmente eso no significaba que dejaría de respetarse a sí misma.

Lucian contempló su pequeña figura y se burló.

Luego le sonrió con picardía y ella se estremeció al verlo.

"Lucian, tenemos que hablar de esto, no quiero que hagas nada", le advirtió ella, mientras se abrazaba a sí misma.

Lucian enseguida extendió las manos hasta la pared que estaba detrás de ella y cercó la distancia entre los dos. Estaban muy cerca y el cada vez se le insinuaba más.

Amelia podía escuchar con claridad la respiración de Lucian y los latidos de su corazón acelerado.

Si algo tenía que admitir era que él era un hombre sumamente guapo. A cualquier mujer le resultaría imposible resistirse a sus encantos, pero cuando recordó lo que había hecho, volvió a enojarse y quiso apartarlo.

"Amelia, escúchame bien", dijo él en voz baja. "No pienso hacer nada contigo porque lo nuestro es una mentira; además, ¿qué te hace pensar que querría hacerte algo? No me siento atraído por ti después de todo".

Dicho eso, ella se calmó un poco y su respiración se regularizó.

Sin embargo, por dentro todavía estaba tensa.

Por alguna razón, sus palabras la habían hecho molestar.

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