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   Capítulo 8 De regreso a casa

Adicto Por Xiomara Palabras: 10277

Actualizado: 2020-01-05 00:25


"El Grupo Zhan tiene una constructora y hoy estuve en una de las obras aprendiendo de primera mano con los obreros. Fue una gran experiencia, creo que impulsaré un programa de apoyo a los empleados básicos pues son el verdadero motor de la empresa", comentó, recostado en el sofá.

La luz mortecina de la lámpara de cristal sobre él lo hacía lucir aún más apuesto. Amelia lo miró a los ojos y no pudo evitar sentir cierto consuelo en su corazón.

"¿Tienes hambre? Esta noche yo cocino". La propia Amelia estaba sorprendida por sus palabras.

Incrédulo, Lucian espabiló los ojos y le preguntó: "¿Sabes cocinar?".

"Un poco, pero entiendo que a las personas adineradas como tú no le interesan las comidas caseras que yo pueda hacer. Bueno, está bien, cocinaré para mí sola", explicó Amelia apresuradamente.

Ser amable era su naturaleza, simplemente no podía soportar ver a alguien exhausto frente a ella porque se le ablandaba el corazón, su instinto era cuidar de los demás.

Lucian no dijo nada, pero no pudo evitar alzar las comisuras de su boca.

Una vez que Amelia se familiarizó con la cocina, empezó a seleccionar todos los ingredientes que necesitaba para preparar la comida.

Lucian todavía estaba en la sala de estar, pero cuando el olor de la cocina llegó a sus fosas nasales fue como si todo el cansancio del día se hubiese desvanecido. Se quedó viendo el reloj que colgaba en la pared y fue como si viajara en el tiempo, o más bien en sus recuerdos, porque pronto sintió como si hubiese retrocedido cinco años atrás. Sus pies lo llevaron inconscientemente a la cocina donde vio a alguien caminando de aquí y de allá, preparando algo delicioso para él.

Amelia podía sentir que alguien la estaba mirando, así que se volvió y se sorprendió al verlo parado allí. Entonces le brindó una sonrisa incómoda y dijo: "Puedes volver a la sala a ver televisión, la cena pronto estará lista".

Que la miraran así la inquietaba.

"¿Qué? ¿No te gusta que te vea cocinar? ¿O es que te distraes con mi belleza?", bromeó Lucian, dejando escapar una risita.

Amelia frunció el ceño, pero a pesar de que no le gustó su comentario, no dijo nada; Después de todo, ella todavía necesitaba de su ayuda mañana.

Cuando la cena estuvo servida, Lucian quedó asombrado. ¡Realmente no esperaba que ella supiera cocinar! Aun así, bromeó un poco: "Bueno, me pregunto si esto será comestible".

Amelia no sabía cómo responderle, así que simplemente lo ignoró y empezó a comer.

Al final, Lucian se sintió animado y decidió sentarse junto a ella.

Vacilante, intentó probar un trozo de pollo y pronto las arrugas de su ceño fruncido desaparecieron. 'De verdad sí sabe cocinar', pensó.

"Lucian, si no te gusta le puedes pedir a tu asistente que te ordene algo a domicilio", resopló Amelia sin levantar la vista.

Él suspiró mientras la veía disfrutando de su comida y dijo: "Bueno, no está mal, pero ya que eres mi esposa, supongo que tendré que arreglármelas".

¡Qué excusa tan ridícula!

Amelia alzó la mirada y lo fulminó, lo único que quería era recogerlo todo e irse, pero como sabía que tenía que pedirle que la acompañara a la Mansión Mo, esbozó una sonrisa y le respondió: "Lo siento, Lucian".

Aunque sonreía, su mirada no era de dicha en absoluto.

Después de cenar, él comentó, como si pudiera leer sus pensamientos: "Pensé que no querías ir... ¿Qué te hizo cambiar de parecer?".

La mano de Amelia empezó a temblar mientras fregaba los platos y, si el fregadero no estuviese lleno con agua, probablemente habría roto uno o dos.

¿Cómo era posible que ese hombre que apenas la conocía pudiera saber lo que estaba pensando? O ella era muy predecible o él era muy inteligente.

Cuando terminó de fregar los platos, Amelia salió de la cocina. Lucian tenía puesta ropa casual y parecía que acababa de salir de la ducha. Su pecho fornido era claramente visible a través de su camiseta de algodón.

"Acabo de llamar a tu padre y le pregunté por la boda, será a las diez de la mañana pero me pidió que llegáramos un poco antes". Lucian se veía encantador, incluso cuando solo estaba parado con su taza de café en la mano; si tan solo su mirada no fuera tan indiferente, se parecería a un rayo de sol prístino.

Los ojos de Amelia brillaban mientras le asentía.

Aunque le molestaba un poco que se tomara el atrevimiento de llamar a su padre, una parte de ella se sintió conmovida por el gesto.

Él se dio cuenta del pesar en sus ojos, así que le dijo: "Si te cuesta mucho, solo piensa en el futuro, será mejor".

Al principio ella no entendió lo que quiso decir, pero después lo comprendió y sonrió aliviada.

Parecía que no era tan frío después de todo, sabía consolar a la gente.

A la mañana siguiente, Amelia fue sacada abruptamente de su sueño por un repiqueteo en la puerta. Inmediatamente salió de la cama y se vistió a toda prisa para abrir.

Ella pensaba que sería Lucian, pero se sorprendió al ver a un grupo de chicas en el pasillo. Luego de saludarla cortésmente, le dijeron: "Señora Amelia, el señor Lucian nos pidió que la ayudáramos a arreglarse para la boda".

¿Arreglar

se? Avergonzada, Amelia retrocedió un paso y rechazó su ayuda.

La chica frente a ella le dijo: "Señorita Amelia, tenemos la orden de dejarla lista para la boda; por favor, no lo haga más difícil para nosotras".

Al final no tuvo más remedio que aceptar a regañadientes.

Honestamente ella no esperaba que Lucian pudiera ser tan considerado, no solo le había comprado un vestido sino que había contratado a estilistas para que la maquillaran y peinaran. Mientras las mujeres trabajaban, ella se veía al espejo y no podía evitar pensar que lucía radiante con ese maquillaje.

Media hora después, estaba lista.

Cuando finalmente salió de la habitación, se topó con Lucian, quien estaba vestido con un elegante traje gris; se veía sumamente guapo, con sus ojos entrecerrados y su nariz perfilada. La sonrisa en su rostro denotaba su buen humor.

Amelia era consciente de que si se presentaba en la boda con él, sería el centro de atención porque se veía tan apuesto...

"30% de apariencia y el resto de maquillaje, creo que así pasarás como mi esposa sin problemas", dijo con una sonrisa orgullosa.

Amelia se sonrojó y agachó la cabeza, lo cual hizo que el corazón de Lucian se acelerara.

Diez minutos después, el auto salió de SJ Garden. Amelia no pronunció ni una sola palabra, la frustración en su rostro era más que obvia.

"¿Qué? ¿Todavía no lo superas?". Lucian sabía que tenía que mencionarlo.

Algo contrariada, Amelia volvió la cabeza al otro lado y decidió ignorarlo.

Como todavía era temprano, Lucian decidió conducir primero a la Mansión Mo.

La familia Mo vivía en una cálida villa de dos pisos. El jardín delantero exhibía una gran variedad de plantas, pues la jardinería era el pasatiempo favorito de Vernon. En ese espacio residía el único rescoldo de tranquilidad que le quedaba a la atormentada familia.

Había varias personas arremolinadas en la entrada; unas cuantas damas de honor jugaban y coqueteaban con los padrinos de la boda.

Amelia y Lucian salieron juntos del auto y se quedaron contemplando la escena en silencio. Cuando Lucian le puso una mano en el hombro, ella se sintió sorprendida.

"Vamos, te acompañaré". Aunque su voz era casual, cada palabra taladró la mente de Amelia.

"Oye, Amelia, pensé que no estarías aquí hoy. Parece que al menos viniste a mostrar un poco de respeto por Yolanda". La voz que se escuchó no fue otra que la de Sophia, la madrastra de Amelia, quien no dejaba escapar ni la más mínima oportunidad para ridiculizarla y hacerla molestar.

Amelia se detuvo en seco y alzó la cabeza para mirar a su madrastra. Sophia tenía puesto un cheongsam espléndido y estaba finamente maquillada; su cabello largo y rizado la hacía lucir aún más despampanante.

Como Amelia ya estaba acostumbrada a su actitud, pasó de largo y la ignoró por completo para subir las escaleras.

"Este debe ser el joven promesa del Grupo Zhan, ¿no es así?". Ahora el tono de Sophia era distinto, parecía estar emocionada.

Amelia se detuvo en seco y se volvió para tomar la mano de Lucian. "¿Decías que querías ver a mi padre, ¿no es así? Te llevaré arriba".

Lucian no dijo nada, pero tampoco se resistió y cuando al fin estuvieron arriba, Amelia dejó ir su mal humor.

"¿Tanto miedo le tienes a tu madrastra?", preguntó Lucian cuando notó que el delicado rubor en sus mejillas.

¿Cómo sabía que Sophia era su madrastra?

"No te sorprendas tanto, cuando se tiene dinero uno puede llegar a saber ciertas cosas", agregó él al ver que estaba sorprendida.

Luego de contemplar el hermoso rostro de su acompañante, Amelia apretó los labios y llamó a la puerta.

"Adelante", dijo una voz profunda seguida de una tos seca.

"Al lado hay un estudio, puedes echarle un vistazo si quieres". Aunque lo había traído con la excusa de presentarle a su padre, parecía que no tenía intenciones de hacerlo.

Sin embargo, Lucian hizo oídos sordos a sus palabras porque enseguida abrió la puerta y dijo: "Hemos venido a visitarte, papá".

Era tan bueno actuando que ella no podía ponerse a su altura aunque lo intentara.

"¡Oh, Lucian, no solo estoy feliz sino honrado de tenerte aquí hoy!", exclamó Vernon con una gran sonrisa. "Amelia, estoy tan feliz por ti, este es tu destino; eres muy afortunada de tener a hombre tan competente a tu lado. No sabes lo aliviado que me siento al saber que alguien cuidará bien de ti en el futuro".

Amelia forzó una leve sonrisa, pero su actuación no fue muy convincente; ella todavía guardaba mucha amargura en su corazón por lo de Jasper, así que no tenía idea de cómo se tornarían las cosas ahora.

"Amelia, ¿te importaría darnos algo de privacidad? Me gustaría discutir un par de cosas con Lucian", le pidió Vernon con una voz ronca.

Ella dudó un momento y le echó un vistazo a Lucian, no sabía si debía hacerle caso a su padre porque, al fin y al cabo, su matrimonio era solo un engaño. Le preocupaba que Vernon pudiera decir cosas que pusieran a Lucian en una posición incómoda.

"Anda, ve", le dijo Lucian con una voz llena de ternura.

Ella estaba un poco confundida, pero solo apartó la mirada y le asintió.

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