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   Capítulo 10 La ceremonia

Adicto Por Xiomara Palabras: 9671

Actualizado: 2020-01-05 00:45


"Nos podemos ir si te sientes incómoda", dijo Lucian, acercándose a ella.

Aunque Amelia no quería negarse a ayudar no podía soportar la arrogancia de Yolanda.

"¿Amelia?". Jasper volvió a entrar y se le acercó, ignorando por completo las miradas inquisitivas de todos los presentes. "¿Podemos hablar?".

Antes de que pudiera darse cuenta, ya Jasper la había agarrado por el brazo, listo para llevarla a un lugar apartado.

"Señor Jasper, ¿no cree que deberíamos tener más cuidado con lo que hacemos y decimos en público?", dijo Lucian con frialdad, mientras mantenía su agarre sobre Amelia por el otro lado.

Avergonzado, Jasper la soltó e inclinó la cabeza para disculparse. "Lo siento, Lucian. Tenía prisa y parece que olvidé mis modales".

"Si viniste a pedirle a mi esposa que sea la dama de honor, has malgastado tu energía porque no pienso dejar que nadie la humille de nuevo". Lucian actuaba como si fuera su responsabilidad proteger a Amelia, ella no lo podía creer.

¿Cómo es que sus sentimientos podían ser tan profundos?

Jasper enseguida se volvió hacia ella y le suplicó: "Amelia, sé que me odias pero la ceremonia está por empezar, ¿podrías dejar a un lado tus sentimientos personales y venir a ayudar a tu hermana?".

Esa era la primera vez que Jasper le suplicaba y era ridículo que lo hiciera por el bienestar de otra mujer.

Obviamente Amelia estaba afectada por todo lo que había pasado, pero al final, luego de sopesarlo largo rato, decidió acceder.

Cuando le asintió, Jasper no pudo contener su emoción y le agarró las manos en señal de agradecimiento. "Sabía que aceptarías, siempre has sido tan considerada".

Era difícil encontrar la honestidad en sus palabras.

Dicho eso, Amelia se volvió hacia Lucian, quien parecía indiferente.

"Oye, no tienes que preocuparte por mí, ¿no te dije que te iba a ayudar?", le susurró él al oído.

Ella apretó los labios y fue a cambiarse el vestido por el de dama de honor y después salió de la Mansión Mo junto a Lucian, rumbo a la ceremonia.

Afuera, el tiempo era hermoso, el sol brillaba y las nubes blancas contrastaban con el azul del cielo. No obstante, los sentimientos de Amelia no podían ser más opuestos, pues se sentía nerviosa y algo angustiada.

"Para ser honesto, eres mucho más elegante que tu hermana, pero ella tiene una mejor figura". Lucian vaciló un poco antes de continuar: "Creo que ese es el aspecto que la hace resaltar sobre ti".

Ella sabía que lo que él quería decir era que Yolanda tenía más confianza en sí misma porque sabía lo despampanante que era.

"Entonces, ¿ella es más tu tipo o qué?", replicó Amelia, mirándolo con desdén.

"Oh, bueno, ella es más astuta", respondió él.

"Lucian, ¿estás tratando de ponerme nerviosa? Tendrás que esforzarte más si es eso lo que quieres lograr", dijo, volviendo el rostro hacia otro lado.

Cuando llegaron a la boda, el maestro de ceremonia estaba anunciando que el evento estaba por comenzar.

El lugar estaba finamente decorado y los invitados estaban expectantes y emocionados. Era un ambiente mucho más fresco que la tensión que se vivió en la Mansión Mo.

Mientras sonaba la marcha nupcial, los novios entraron y empezaron a caminar lentamente hacia el altar. Detrás de ellos iba Amelia como su dama de honor. Sin quererlo, ella desvió la mirada hacia la multitud y sus ojos se toparon con los de Lucian, haciéndola sonrojar.

El vestido de dama de honor no tenía tirantes, por lo que su espalda y hombros quedaban en su mayoría expuestos. Ciertamente Amelia no estaba acostumbrada a usar ese tipo de ropa y le hacía recordar la noche de ebriedad que había tenido hace días cuando conoció a Lucian.

"Señor Jasper, ¿promete amar a su esposa en la pobreza y la riqueza, en la salud y la enfermedad? ¿Jura amarla y respetarla por el resto de su vida?".

Una vez que el sacerdote proclamó los votos, la atención de todos los invitados se centró en la pareja. Lucian era el único que miraba a Amelia en vez de a los novios. Por alguna razón que desconocía se sentía sumamente atraído por ella en ese momento y no podía quitarle la vista de encima.

En los cinco años que Amelia había pasado junto a Jasper, ella había soñado cientos de veces con el día de su boda. En aquel entonces él le había prometido que vivirían felices para siempre, pero no esperaba que el destino le jugara una broma de tan mal gusto y terminara siendo su dama de honor en su boda con otra mujer.

En vez de estar feliz por él, se sentía molesta y triste.

Antes de que pudiera darse cuenta, la ceremonia terminó y, cuando finalmente volvió a sus sentidos, notó que tenía los brazos helados, entonces se frotó un poco con las manos y caminó al tocador para cambiarse el vestido. No había dado ni tres pasos cuando de pronto sintió que un par de manos fuertes la agarr

aban, así que se volvió para ver y se dio cuenta de que era Lucian.

"Pensé que ya te habías ido", dijo, cubriéndose el pecho y bajando la mirada.

Cuando se dio cuenta de que Amelia tenía frío, Lucian se quitó el sacó y se lo puso encima.

A ella la tomó por sorpresa su gesto, pero agradeció que el frío fuera reemplazado por la calidez de su abrigo.

Aunque había visto escenas similares en la televisión cientos de veces, Amelia nunca había experimentado nada parecido en su vida y estaba conmovida por eso.

Entonces alzó la mirada y le agradeció en voz baja, pero siempre evitando toparse con sus ojos.

Como ella casi nunca se maquillaba, su aspecto resaltaba ahora que estaba finamente arreglada y engalanada con ese hermoso vestido. Su sonrisa provocó que el corazón de Lucian se acelerara sin control.

Él la miró por largo rato con una extraña sonrisa en los labios, estaba embelesado.

"Oh, Lucian, Amelia; aquí están, los estaba buscando". La voz de Yolanda interrumpió el sagrado momento de silencio entre los dos.

Avergonzado, Lucian apartó la mirada y su expresión gentil se desvaneció, volviendo a su estado de frialdad habitual.

Yolanda se había cambiado el vestido de novia por un cheongsam rojo bordado con un hermoso patrón y adornado con un elegante chal sobre sus hombros. Su cabello rizado la hacía lucir aún más hermosa.

"Yolanda, pensé que mamá te había dicho que te abrigaras más, ¿por qué no le hiciste caso?", dijo Jasper, acercándose con un abrigo en la mano y el ceño fruncido.

Algo enojada, Yolanda replicó: "Bueno, ¿no ves que tengo un chal? Si voy a ser el centro de atención, no puedo usar eso".

Yolanda era el tipo de mujer que primaba la belleza sobre todo lo demás; nunca salía sin maquillarse y durante el invierno no le importaba usar seda aunque no la abrigara. Solía ir a la peluquería al menos una vez a la semana y le encantaba ir a bares con sus amigos.

Sin embargo, ahora que estaba embarazada ya no podía hacer ninguna de esas cosas y no era difícil suponer que le estaba costando habituarse a su nuevo estilo de vida.

'No te metas en los asuntos de los demás', se recordó Amelia a sí misma, para no intervenir.

"Estás embarazada, tienes que cuidarte", dijo Jasper, con el ceño más fruncido.

Pero sus palabras solo hicieron molestar a Yolanda, quien le respondió de mala gana: "¿Solo te casaste conmigo porque estoy embarazada?".

Algo espantado, Jasper se volvió hacia Amelia y le dijo en tono de disculpa: "Muchas gracias por asistir a nuestra boda, lamento mucho el impasse que tuvimos, sinceramente espero que podamos recompensarlo alguna vez".

"¿Por qué estás cambiando el tema, Jasper? ¡Te estoy hablando!". Al parecer, el hecho de que su esposo se disculpara con Amelia en vez de hacerle caso a ella, disparó la ira de Yolanda, quien tiró de su manga y continuó: "¡Quiero que le digas que ya no la amas!".

Amelia no entendía lo que estaba ocurriendo, ¿por qué Yolanda estaba actuando de esa manera? ¿No se habían casado ya? ¿Entonces por qué seguía dudando de él?

Si Jasper estaba siendo honesto, ¿por qué debería desconfiar tanto?

Se suponía que lo primordial en una relación era el respeto y la confianza mutua y ellos parecían no tener ninguna de las dos.

Era como si Jasper hubiera olvidado el verdadero significado del amor, estar con Yolanda era la muestra de su derrota.

Desde la muerte de su madre, Amelia había sido tratada casi como la sirvienta de la familia Mo. Sophia no la soportaba y Yolanda siempre la trataba mal. Su corazón solo se abrió cuando Jasper llegó a su vida, lo entregó todo cuando lo conoció porque esperaba que pudiera darle un amor verdadero. Su nueva realidad era completamente abrumadora para ella.

"Basta, Yolanda", imploró Jasper, avergonzado. "Ya eres mi esposa, ¿no puedes confiar ni un poco en mí?".

Pero Yolanda solo se burló:

"Confío en ti, pero necesito escucharlo de tu boca, tengo que oír esas palabras, realmente necesito probar que ya no la amas". La mujer esbozó una sonrisa malvada al tiempo que alzaba el mentón y veía a Amelia con arrogancia, como si le estuviera declarando la guerra.

"Cariño, te amo".

Una profunda voz llegó a los oídos de Amelia.

Ella pudo sentir el aliento caliento en su oreja y un estremecimiento por todo el cuerpo, su rostro se puso rojo como un tomate y su corazón empezó a latir a toda velocidad.

Para casi todos, su amor era básicamente un cuento de hadas; era poco creíble para la mayoría porque provenían de mundos muy distintos.

"¡Mira, Jasper!". Yolanda lo fulminó con la mirada y luego se volvió hacia Amelia y dijo con voz amenazadora: "Ya que parecen estar genuinamente enamorados, te dejaré en paz; pero te aseguro que si llegas a demostrar que todavía sientes algo por Jasper, pagarás las consecuencias".

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