ManoBook > Romances > Adicto

   Capítulo 12 Déjame abrazarte

Adicto Por Xiomara Palabras: 9361

Actualizado: 2020-01-05 01:05


Amelia entró cabizbaja a la mansión, caminando detrás de Lucian y Shelly, quienes conversaban amenamente. Al llegar a la cocina, dejó escapar un suspiro.

Ahora que lo consideraba con más calma, quizás fuese mejor que se quedara cocinando, pues al menos de esa forma no tendría que estar cerca de ellos sintiéndose incómoda.

"¿Qué puedo hacer por usted, señora Amelia?". De pronto, Darren irrumpió en la cocina y le ofreció su ayuda.

La repentina aparición del mayordomo tomó a Amelia por sorpresa, quien pronto le hizo un ademán y respondió: "No, nada; estoy bien, gracias".

Darren frunció un poco las cejas y abrió y cerró la boca un par de veces como si estuviera a punto de decir algo.

"¿Pasa algo?", preguntó ella, al notar el dilema en el rostro del mayordomo.

Darren cruzó las manos, completamente perdido en sus pensamientos y, al cabo de un rato, finalmente preguntó: "¿De verdad ama al señor Lucian?".

Amelia sintió que la garganta se le apretaba al escuchar eso, no podía decir ni una sola palabra.

Esa era la primera vez que se veía forzada a pensar en eso, después de todo, ¿por qué habría de pensarlo si lo de ellos no tenía ninguna base emocional?

Era innegable el hecho de que Lucian era un hombre espléndido, era apuesto, amable y definitivamente mucho mejor que Jasper, quien la había engañado.

No era de extrañar que muchas mujeres estuvieran detrás de un hombre tan atractivo como él.

"Lo siento, señora Amelia, no quise importunarla de esa manera", arguyó rápidamente Darren.

Como tenían un acuerdo, ella decidió hacer su parte; así que respondió sin problemas: "¿Sabes algo? El amor entre dos personas no solo se demuestra físicamente sino también en la forma en que se relacionan, en cosas tan sencillas como la convivencia".

Aunque estaba mintiendo, en cierta forma hablaba desde el corazón porque así era como ella creía que se construía un buen matrimonio.

Darren le asintió con una mirada reflexiva y le dijo: "Bueno, como no hay nada que pueda hacer aquí, la dejaré sola".

"Gracias, Darren. Cuando la cena esté lista puedes venir a comer con nosotros antes de marcharte". A pesar de que no lo conocía muy bien, ella no se sentía tan nerviosa en su presencia. Probablemente fuese porque el mayordomo tenía la misma edad de Vernon y emanaba el mismo aura respetable.

Después de preparar la comida, Amelia se encaminó hacia la sala para avisarles que la cena estaba lista, pero se detuvo en seco cuando vio la escena ante ella.

"Ven aquí, Lucian, déjame abrazarte. Ahora que estás casado, ya no tendré oportunidad de estar contigo", sollozó Shelly, quien estaba acurrucada entre los brazos de Lucian. Desde la posición en la que estaba podía ver perfectamente la expresión de Amelia, pero aun así no se detuvo, sino que continuó: "Siempre me has protegido desde que era una niña; no sé qué voy a hacer si algo me llega a pasar y no te tengo...".

Sus palabras provocaron que el corazón de Amelia se tensara... No pudo evitar pensar en Jasper y la forma en que solía protegerla...

Si algo sentía por Shelly en ese momento era empatía.

"Shelly, ya no eres una niña". Cuando Lucian notó la presencia de Amelia, enseguida apartó a la chica y le preguntó: "Cariño, ¿ya está lista la cena?".

Su voz era gentil y suave mientras hablaba.

Como respuesta, Amelia alzó la mirada y le asintió.

Luego miró a Shelly, sintiéndose culpable por haberlos interrumpido y se inclinó levemente en señal de disculpas.

Mientras cenaban, Shelly no dejó de parlotear sobre los viejos tiempos que había pasado junto a Lucian, sobre cuánto lo adoraba y lo bueno que era con ella. Cada palabra que pronunciaba tenía que ver con él.

Durante todo el tiempo, Amelia permaneció muda e indiferente, y solo habló para instar a Shelly a comer más.

Su intención era ser cordial, pero Shelly la malinterpretó por completo, pues pensaba que todo lo que hacía era solo para reafirmar su posición como la esposa de Lucian.

Cuando terminaron de cenar, la chica se ofreció a lavar los platos, pero Amelia rechazó esa posibilidad inmediatamente, alegando que ella era una invitada y además tampoco había demasiado que lavar, solo un par de platos y palillos.

"Bueno, te acompañaré a ver cómo lo haces para aprender", dijo Shelly suavemente.

¿Aprender? Al principio, Amelia se quedó un poco confundida, pero luego pensó en que posiblemente ella fuera tan rica como Lucian y por eso quizás no había tenido la oportunidad de hacer el más mínimo quehacer en su vida.

La gente con tanto dinero en la vida no tenía por qué molestarse en hacer nada con sus propias manos porque les bastaba con pagarle a alguien para

que hiciera lo que fuese por ellos. En su caso, aunque la familia Mo era acomodada y tenía sus propios sirvientes, lo cierto era que Sophia había acaparado sus atenciones solo para ella y Vernon, es por eso que Amelia había tenido que aprender por su cuenta a hacer los deberes de la casa. Además, tampoco era que la familia Mo fuera millonaria, la verdad era que Vernon solo era dueño de una pequeña empresa y ganaba lo suficiente para mantener a su prole y darse un par de lujos de vez en cuando.

Shelly se apoyó contra la puerta, con las manos sobre el pecho como si estuviera presidiendo una reunión de algún tipo.

"No me importa si ya conseguiste casarte con Lucian porque sé que sus padres nunca te aceptarán. Eres demasiado superficial, apuesto a que solo lo sedujiste". Al escuchar eso, Amelia dejó caer el plato que estaba fregando, pero por fortuna pudo recomponerse rápidamente y concentrarse de nuevo en lo que estaba haciendo.

La Shelly dulce desapareció por completo, era obvio que tenía celos de Amelia y estaba molesta con ella, de la chica que era frente a Lucian no quedó ni rastro.

Si bien Amelia no tenía demasiado en claro los alcances de la relación entre ella y Lucian. sabía que debía defenderse, pues ahora era su esposa y debía actuar como tal.

"¿Debería importarme si sus padres me aceptan o no? Me casé con Lucian y mientras él me acepte y me ame, me basta; haré lo que sea necesario para congraciarme con sus padres y sé que lo lograré". Amelia realmente no sabía lo que estaba sucediendo; hasta donde entendía, sabía que Shelly sentía algo por Lucian y por eso actuaba así, le daba un poco de pena su situación, pero de todas formas no sabía qué decirle.

El pecho de Shelly empezó a inflarse y desinflarse con rabia; estaba tan molesta que incluso alzó la mano para abofetear a Amelia, pero Lucian la detuvo a tiempo. "Shelly, conmigo puedes hacer lo que quieras porque sabes que te considero como una hermana, pero en cuando a Amelia, estás sobrepasándote, ella es mi esposa y merece respeto".

Su voz fue fuerte y decidida, Amelia no pudo evitar sonrojarse al escucharlo, pues ese hombre guapo estaba luchando por ella y defendiéndola. Cualquiera se desmayaría ante él, pues parecía un noble caballero medieval.

La expresión en el rostro de Shelly se ensombreció y le lanzó una mirada furiosa a Amelia antes de responder con nerviosismo: "¡Te vas a arrepentir por esto, Lucian!".

Acto seguido, la enfurecida chica se marchó sin siquiera mirar a atrás.

Consternada, Amelia se dio la vuelta y miró a Lucian. "¡Anda, ve tras ella!", instó.

"¿De qué estás hablando? Ella no es mi esposa, ¿por qué tendría que ir tras ella?", respondió Lucian casualmente mientras la miraba a los ojos.

Amelia frunció el ceño, sin comprender sus intenciones.

"Bueno, entonces iré yo". Considerando la hora y lo lejos que estaban del centro de la ciudad, le preocupaba que algo pudiera pasarle a Shelly.

"No es tu asunto, Amelia, el chofer se encargará de llevarla", dijo Lucian con frialdad, mientras le bloqueaba el paso.

Amelia estaba un poco perpleja. '¿En qué momento le pidió a su chofer que la llevara?', pensó.

Entonces se frotó la parte trasera de la cabeza y miró hacia otra parte. Luego de un rato, finalmente agradeció por todo lo que había hecho ese día.

"Debes estar exhausta, anda a descansar", respondió Lucian, cálidamente.

Amelia sintió que el corazón le iba a estallar al escucharlo, como si un calor inexplicable la abrazara en medio de ese gélido invierno.

Recientemente, Lucian le había demostrado que sí se preocupaba por los demás. Ella podía sentir los latidos de su corazón en la garganta, así que esbozó una sonrisa y alzó la vista para mirarlo.

Por su parte, él vio en las ondas de sus labios las suaves curvas de un lirio espléndido y la hermosa vista lo dejó embelesado.

Amelia se veía aún más hermosa cuando sonreía.

En los últimos días, ella había estado sumamente tensa y nunca sonreía, pero ahora que lo hacía, lucía más brillante que el sol después de un día lluvioso.

Rápidamente, Lucian luchó para recobrar la compostura y volver a su disposición habitual. Ella era un soplo de aire fresco, pero desgraciadamente él no podía permitirse esas distracciones en ese momento.

Por ahora, él necesitaba de ese matrimonio falso y de no una relación real. Ni siquiera podía pensar en lo que había pasado hace tres años porque el dolor todavía lo torturaba. Desde entonces él se había prometido a sí mismo no volver a involucrarse en una situación que lo dejara tan vulnerable, así que debía enfocarse en mantener las cosas a raya para evitar confundir sus sentimientos.

(← Acceso rápido del teclado) Anterior Contenidos (Acceso rápido del teclado →)
 Novels To Read Online Free

Escanea el código para descargar la aplicación Manobook.

Subir

Compartir