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   Capítulo 13 Encuentro con los suegros

Adicto Por Xiomara Palabras: 10718

Actualizado: 2020-01-06 00:24


A la mañana siguiente, alguien llamó a la puerta de Amelia, sacándola de su sueño; cuando finalmente abrió los pesados párpados, ella cayó en cuenta de lo que le había prometido a Lucian el día anterior, así que rápidamente, saltó de la cama y se estrujó los ojos para arrancarse la modorra. '¡Ah, hoy tengo que reunirme con los padres de Lucian!', pensó con algo de nerviosismo.

"¡Ya me levanté! ¡Estaré lista en un minuto!". Entonces corrió al baño a cepillarse y lavarse la cara antes de cambiarse la ropa. Después de comprobar por última vez cómo se veía en el espejo, corrió escaleras abajo.

Al llegar a la planta baja se dio cuenta de que Lucian estaba desayunando en el comedor. El traje negro que tenía puesto combinaba a la perfección con su frialdad habitual, verlo así hizo que Amelia sintiera que sus palabras cálidas de anoche habían sido solo un sueño.

"Lo siento, me quedé dormida", dijo para disculparse, mientras se acercaba a él.

Normalmente, ella se acostaba temprano, pero últimamente se había estado acostando tarde y había perdido su horario de sueño.

"No importa". Después de morder un trozo de pan, Lucian lo dejó en su plato y la miró con frialdad. "No quedó desayuno suficiente para ti, tendrás que conformarte con las sobras. Si aún tienes hambre, puedes comer algo más en la Mansión Zhan, eso es lo que te ganas por quedarte dormida".

"¿Qué dijiste?". Amelia no podía creer lo que acaba de escuchar y miró el trozo de pan con una ceja levantada en señal de completa incredulidad. "¿Pretendes que coma eso?", preguntó.

"Debías preparar el desayuno pero te quedaste dormida", respondió Lucian, encogiéndose de hombros. "Más bien deberías estar agradecida de que todavía compartí mi desayuno contigo".

"Lucian, ¿realmente crees que debería agradecerte por tu 'amabilidad'?". Amelia estaba sumamente irritada por su actitud. '¿Por qué actúa así de repente? ¡No entiendo cómo puede burlarse de mí de esta manera!'.

"Tú decides si comes o no, tenemos cinco minutos para ir a la Mansión Zhan así que es tu decisión", dijo Lucian en voz baja.

Amelia se quedó aturdida por un rato.

¡Ese no era el mismo hombre que la había defendido ayer! Pero luego se dio cuenta de algo: 'Ayer estábamos frente a otras personas, ahora como estamos solos no tiene por qué fingir cordialidad conmigo'.

"Está bien, vámonos", dijo ella con una sonrisa amarga.

"Espero que entiendas lo importante que es esto", le recordó Lucian cuando subieron al auto. "Trata de mostrar la mejor versión posible de ti misma, intenta cooperar aunque no tengas ganas".

¿Se lo estaba pidiendo o era una orden?

Aunque no le convencía demasiado, Amelia asintió la cabeza y suspiró suavemente.

La Mansión Zhan estaba ubicada al borde de una ladera, justo donde el risco terminaba y se encontraba con el mar. Según la geomancia china, creencia que la familia Zhan seguía fielmente, una casa rodeada por ambos elementos: tierra y agua, estaba signada para la prosperidad.

Cuando el Porsche plateado llegó a la entrada, el portón se abrió automáticamente. Frente a la mansión había una gran fuente de piedra y a la izquierda un hermoso vivero. Amelia contempló con asombro las flores, muchas de las cuales ni siquiera conocía. A pesar de que hacía mucho frío, las mismas estaban en pleno cenit de la floración, lo cual era un verdadero deleite para la vista.

Lucian salió del auto y Amelia se lo quedó viendo por un momento. El aura de nobleza que irradiaba lo hacía parecer como un príncipe nacido para morar en su ostentoso castillo.

Cuando Darren vio el auto, enseguida se acercó a Lucian con una gran sonrisa en el rostro: "Señor, finalmente ha regresado; se le ha echado mucho de menos".

Ambos siguieron al mayordomo hasta el interior de la mansión. Los pisos eran todos de mármol traído directamente desde Italia y una gran lámpara de araña colgaba sobre el pasillo central iluminando cálidamente la escalera que se abría debajo de ella. En cada pared había grandes ventanas arqueadas y cuadros colgados por doquier, lo cual le daba un aspecto aristocrático y elegante a la estancia.

Un agradable alarido de risas brotó desde la sala, aligerando el ambiente.

"¿Tenemos visitas?", preguntó Lucian, frunciendo el ceño.

"Sí, la señorita Shelly An vino a visitar a la señora Francis", respondió Darren vacilante mientras miraba a Amelia de reojo.

Al escuchar eso, el corazón de Amelia se desplomó y en un segundo pudo recordar vívidamente el rostro enojado de Shelly la noche anterior.

"Vamos, Amelia". De pronto, Lucian extendió la mano hacia ella, mirándola con urgencia, pero con un gesto que pedía permiso antes de imponer nada.

Ella separó ligeramente los labios, sin saber si debía tomar su mano o no. Sin embargo, cuando recordó como la había tratado en la mañana, dejó escapar un suspiro y volvió la cabeza hacia otro lado con enojo.

"¡Lucian!", exclamó Shelly desde el sofá antes de correr a su encuentro.

"¡Ah, viniste!, dijo Francis jocosamente mientras se daba la vuelta hacia él.

Pero Lucian no dijo nada, sino que tiró de Amelia, quien estaba detrás de él, y la puso a su lado.

"Oh... ¿Por qué viniste con ella?". La sonrisa de Francis se congeló en un instante, era fácil adivinar que no estaba nada contenta con su presencia.

"Amelia es mi esposa, ¿acaso está mal que la tr

aiga conmigo a casa?", dijo Lucian, sosteniendo su mano con más fuerza y entrelazando sus dedos fríos con los de ella. Su voz era helada y dominante, como si estuviera a punto de hacer una declaración de guerra.

Amelia estaba demasiado nerviosa y no sabía qué hacer frente a todas esas personas.

"¡Lucian, afuera puedes hacer lo que te dé la gana, pero no puedes traer a una cualquiera a la mansión de la familia!", arguyó Francis con desprecio mientras la miraba de arriba a abajo con desprecio. "¡Mucho menos a una vividora!".

Amelia enseguida alzó la vista e intentó decir algo, pero Lucian agarró su mano con más fuerza aún.

Ella ladeó la cabeza, visiblemente agraviada e indefensa.

El asco en la mirada de Francis y sus ojos punzantes habían logrado cortar su autoestima como un cuchillo la mantequilla.

"Si hay algo que quieras decir, dímelo a mí, no tienes por qué insultar a Amelia", dijo Lucian, sin perder la compostura pero con determinación.

"¿Qué? ¿En serio te vas a poner a discutir conmigo?", preguntó la mujer, con los labios temblando de rabia e impotencia.

Ante esa escena, Shelly se apresuró a consolarla. "No te enojes, tía Francis, estoy segura de que Lucian no ha querido faltarte el respeto. En todo caso, creo que lo mejor es que...".

La frase final se la susurró al oído y los demás no pudieron escucharla.

En un momento, Shelly miró a Amelia a propósito.

La forma en que sus ojos brillaban no indicaba nada bueno, esa mujer quería problemas.

Al final, Francis asintió y dijo: "Dado que tienes el descaro de venir a la mansión". Entonces apuntó a Amelia con el dedo y siguió: "Debes prometerme que no tocarás ni un centavo de la familia Zhan".

El desprecio en los ojos de Amelia se reflejó en los de Francis.

Aunque no la odiaba realmente y sabía que solo estaba haciendo todo aquello por el bien de su hijo, toda esa charla sobre el dinero de la familia hizo que Amelia se sintiera realmente desdichada.

"¡Tía, incluso se atreve a mirarte a los ojos, es una descarada!", comentó Shelly, señalándola.

"Lárgate", dijo Francis apretando la mandíbula. "Vete antes de que el padre de Lucian te vea".

"Sé que su familia es la más acaudalada de la ciudad, pero quiero recordarle que quien quiso este matrimonio fue su hijo, ¡no yo!". 'Sé que le prometí a Lucian que daría lo mejor de mí hoy, pero eso no significa que tenga que aguantar los insultos de esta mujer', se dijo a sí misma.

"¿Entonces te pesa mucho ser mi nuera?". Parecía que eso no era lo que Francis estaba esperando y bajó la voz, pero la rabia en su rostro no se desvaneció.

"Amelia tiene razón, fui yo quien quiso este matrimonio, así que no hay motivos para que intimides a mi esposa de esta manera, no lo permitiré", dijo Lucian, sosteniendo su mano firmemente.

Amelia apenas lo reconoció cuando le echó un vistazo de reojo.

Entonces se aferró a su agarre, reconfortándose en el calor de su palma, aunque todavía se sentía muy incómoda.

No era cierto que ella fuese una descarada, Amelia siempre había sido muy respetuosa con los mayores, pero cuando Francis la atacó de esa manera, no pudo seguir soportándolo.

"Tranquila, tía, ¿no acabas de decir que te alegra que esté aquí? Bueno, deberías aprovechar este momento para estar feliz y no para amargarte con personas insignificantes", dijo Shelly mientras acariciaba suavemente la espalda de Francis.

"Hazme caso, Lucian, ¿por qué no te casas con una buena chica como Shelly? Simplemente no puedo entender cómo es que has podido elegir a una completa desconocida como esposa. ¡Solo Dios sabe de dónde la habrás sacado y cuáles son sus verdaderas intenciones! ¡No me vengas a llorar cuando te salga con una infidelidad o algo peor!" espetó Francis, enardecida. "Oh, Shelly, lo siento tanto, parece que tu oportunidad de un buen matrimonio se ha desvanecido".

"No importa lo que digas, la realidad es que Amelia y yo estamos casados, tan solo vine a informarte, así que tu objeción no tiene ningún peso", dijo Lucian con la mirada ensombrecida.

Luego de escuchar esas palabras, Amelia quedó aún más confundida, pues no podía entender cómo es que Lucian estaba tan apresurado por casarse con ella en vez de buscarse a una mujer a quien realmente amara. Entonces recordó lo que había dicho de querer tomar las riendas de sus destino y comprendió un poco.

'Pero', pensó. 'Esa decisión que tomó puede que nunca lo haga feliz'. Después de todo, no había amor entre ellos.

"Eso es todo, Amelia, regresemos a casa", le dijo Lucian suavemente. Cuando escuchó su tierna voz, ella se sonrojó, volvió en sí y miró a Francis con temor; al descubrir sus ojos iracundos, desvió la mirada rápidamente y asintió en silencio.

'¡Bueno, no creo ser capaz de aguantar ni un segundo más aquí!', pensó.

"Casi no vienes por aquí, Lucian. Ahora que lo has hecho deberías esperar al almuerzo antes de irte", sugirió Shelly mientras caminaba hacia él. Sin pensarlo dos veces, ella lo agarró por el brazo como si fuera lo más natural del mundo y continuó: "Aunque te hayas casado, no puedes olvidarte de mí así... sabes que todavía estoy enamorada de ti y nada de lo que hagas podrá cambiar esa realidad".

Dicho eso, Shelly miró con recelo a Amelia.

'Por favor, no aceptes...', rezó Amelia internamente, cruzando los dedos por detrás de la espalda.

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