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   Capítulo 14 No podía dejar de mirarla

Adicto Por Xiomara Palabras: 8696

Actualizado: 2020-01-06 00:34


A Amelia no le importaba el hecho de que Shelly estuviera actuando como una niña malcriada frente a Lucian ni que le declarara la guerra, ella simplemente no quería pasar ni un segundo más en esa casa. No solo no tenía idea de qué hacer, sino que además debía actuar para Lucian.

Ella realmente había asumido que no tendría que hacer gran cosa, pero lo menos que esperaba era que Francis tuviera semejante arrebato en su contra.

"Shelly, mi madre parece disfrutar de tu compañía, ¿por qué mejor no te quedas a almorzar con ella? Amelia y yo podemos irnos", dijo Lucian, apartando su mano.

Amelia respiró aliviada al escuchar esa respuesta.

Francis estaba furiosa y se enojó aún más con Amelia cuando vio que su hijo no se quedaría a almorzar. Si las miradas pudieran matar, no habría quedado nada de Amelia en ese instante.

Tan pronto como dejaron la Mansión Zhan, ella dejó escapar un profundo suspiro y todavía temblaba cuando se montaron en el auto.

"¿Estabas asustada?", preguntó Lucian, mirándola a los ojos.

Como ya estaban solos, Amelia no vio necesidad de seguir actuando, así que volvió la cabeza hacia la ventanilla para tratar de calmarse.

Los recuerdos asestaron su mente y pronto estuvo perdida en sus pensamientos. Jasper había sido criado en una familia disfuncional, sus padres se habían separado cuando él era pequeño, así que había vivido buena parte de su vida solo con su madre. Cuando llevaban dos años saliendo, él la llevó a conocer a su mamá; naturalmente, Amelia se puso nerviosa al principio porque sabía que conocer a los padres de su novio era un gran asunto. Esa era la primera vez que hacía algo así, así que estaba perdida. Un mes antes del encuentro ya ella estaba enloqueciendo de la ansiedad. Al ver sus nervios, Jasper se burló de ella: "Aunque fueras fea, igual te llevaría a conocer a mi madre".

Las lágrimas empezaron a brotar de sus ojos sin que se percatara.

Cuando finalmente conoció a la madre de Jasper, se dio cuenta de que se había estado ahogando en un vaso de agua, pues la señora era una mujer muy amable y la trató con mucho cariño como si fuese su propia hija.

Para ella fue imposible no viajar al pasado después de que Francis la tratara tan horrible, la comparación era inevitable.

Al cabo de un rato, Amelia empezó a sentirse mareada y fue cuando recordó que no había desayunado nada y el vaivén del auto le generaba náuseas. Entonces se acercó a la ventanilla y bajó un poco el vidrio para que el aire fresco le soplara en la cara.

"¿Qué te pasa?", preguntó Lucian con preocupación cuando vio que ella se estaba agarrando el estómago. "¿Te sientes mal?", añadió, bajando la velocidad.

Amelia apretó los dientes y dijo en voz baja: "Creo que necesito un poco de aire fresco".

"Está bien, podemos bajarnos si quieres". Dicho eso, estacionó el auto al borde de la carretera y bajó para abrirle la puerta. Miró a su alrededor y encontró un restaurante no muy lejos de allí. "Lo siento, olvidé por completo que no habías desayunado; podemos ir allí y comprar algo para comer y aliviar tu dolor de estómago".

Naturalmente, como todavía estaba en ayunas, el viaje en automóvil y el sobresalto en la mansión le provocó náuseas. Amelia tenía muchas ganas de vomitar, pero cuando intentaba hacer arcadas no salía nada. Sus ojos ya estaban llorosos y rojos por hacer tantos intentos infructuosos.

Cuando Lucian miró su rostro pálido no pudo evitar culparse a sí mismo por no haberle hecho desayuno en la mañana.

"Deja que te ayude", dijo pacientemente en un tono de voz cálido.

Pero ella rechazó de inmediato su ofrecimiento: "No, puedo hacerlo sola".

Entonces se secó las lágrimas para recomponerse un poco.

Sin embargo, no pudo rechazar la comida como hizo anteriormente porque se estaba muriendo de hambre. Tan pronto como el cuenco de sopa de maíz llegó a su mesa, Amelia comenzó a devorarlo con avidez. A pesar de que estaba caliente, no dejó de comerlo porque le ayudaba a sobrellevar el malestar estomacal.

"¿Y bien? ¿Entonces solo estabas mareada?", le preguntó Lucian cuando terminó de comer, extendiéndole un vaso de agua tibia.

Ella todavía tenía los ojos humedecidos y lucía realmente frágil. Por alguna razón, él siempre asumía que Amelia se sentía sola cuando dejaba de hablar por largo rato.

"Gracias", murmuró mientra

s desviaba la mirada.

La razón por la cual Lucian se comportó tan distante con ella en la mañana era porque temía que se estuvieran involucrando demasiado sentimentalmente y quería mantener la distancia entre ellos. No obstante, luego de verla en ese estado se arrepintió profundamente por haber actuado de esa forma.

"¿Te sientes mejor? ¿Quieres que te lleve al hospital?", preguntó con el ceño fruncido, visiblemente preocupado.

Amelia estaba aturdida, se sentía como flotando en el aire en alguna especie de sueño. Lucian había sido muy grosero con ella en la mañana y ahora de repente la trataba con cariño y se preocupaba por su salud.

Ciertamente no iba a permitir que jugaran con sus sentimientos de esa forma.

Si bien era consciente de que solo estaban fingiendo ser una pareja y que no debería importarte, ella tenía sentimientos y no le gustaba que la maltrataran.

"Señor Lucian, quisiera estar a solas por un tiempo". En ese momento no quería ni siquiera estar con él en el mismo auto.

"Esta tarde tengo una video conferencia importante, pero al menos déjame llevarte a casa". Lucian no se dio cuenta de la extraña mirada en su rostro y solo se concentró en seguir conduciendo.

Amelia se volvió hacia él y le dijo con frialdad: "No. Quise decir que me quiero bajar para poder caminar a casa".

Lucian enseguida detuvo el auto, su rostro era un poema indescifrable.

"Amelia, necesitas descansar", dijo con firmeza, sin dejar lugar a réplicas.

A pesar de eso, Amelia permaneció tranquila e insistió: "Pensaba que no íbamos a interferir en la vida del otro, que solo debíamos fingir frente a los demás".

"Pero estás enferma y todavía soy tu marido ante la ley, se supone que debo cuidar de ti", dijo él claramente.

De pronto, Amelia se sintió débil.

"Lucian... ya puedes dejar de fingir", dijo con dificultad.

Con eso, Lucian encendió de nuevo el auto y se puso en marcha a SJ Garden, ignorando por completo la petición de Amelia.

Normalmente, el trayecto desde la Mansión Zhan hasta SJ Garden tomaría media hora, pero como Amelia no se sentía bien del estómago, él redujo la velocidad y les tomó cerca de una hora regresar.

Lucian se sintió aliviado cuando se dio cuenta de que ella se había quedado dormida en el camino.

Cuando llegaron, él la sacó suavemente del auto y se quedó un rato contemplando su rostro. El recuerdo de aquella noche en el bar asestó su mente, la pobre estaba tan desconsolada y ebria que no dejaba de sollozar en sus brazos. Seguía siendo tan liviana ahora como lo era esa noche.

Amelia pudo sentir un cálido aliento contra su rostro, contrastando claramente con el frío del exterior y no pudo evitar comentar: "¡Mmmm, qué acogedor!".

Entonces enterró su rostro en el pecho de Lucian en un gesto realmente íntimo.

Por su parte, él no podía creer que pudiera estar tan cerca de una mujer sin sentirse incómodo o irritado.

Lucian frunció el ceño, tenía ganas de despertarla pero luego de pensarlo mejor decidió no hacerlo; después de todo, todavía tenían toda la mañana por delante.

Caminó con ella hasta la habitación y la dejó suavemente sobre la cama, ignorando por completo el torbellino de emociones que crecía en su interior. Después de recostarla le puso una mano sobre la frente y se sintió aliviado al comprobar que no tenía fiebre.

No obstante, no podía evitar sentirse extrañado por el hecho de que se sentía preocupado por ella.

Lucian se quedó parado junto a la cama, contemplando a Amelia mientras dormía apaciblemente. Ella parecía una muñeca de porcelana, tan delicada, como si el más mínimo roce pudiera romperla. Su piel nívea era irresistible y no pudo evitar preguntarse cómo se sentiría tocar una piel tan suave.

Se podía decir que nunca la había contemplado realmente hasta ese momento. Amelia no era una mujer que destacara entre las demás, especialmente porque se vestía para confundirse entre la multitud, pero cuando Lucian contempló detenidamente su belleza, se dio cuenta de lo delicada que era. Definitivamente no era extravagante, sino más bien sutil.

Si su teléfono no hubiese empezado a sonar, habría pasado todo el día allí parado, nada más que contemplándola.

'Quizás solo me esté preocupando porque me siento culpable por lo de esta mañana...', pensó con una sonrisa amarga antes de contestar.

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