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   Capítulo 16 Eres tan narcisista

Adicto Por Xiomara Palabras: 10591

Actualizado: 2020-01-06 00:54


Amelia no lo confirmó ni lo negó, sino que se quedó pensando en lo aislada que había estado recientemente en JS Garden. Incluso Courtney se quejaba de que ya no tenía tiempo para nadie que no fuera Lucian. Si estaban en una relación de mentira, ¿no se suponía que cada uno debería tener su propio espacio? No era como si fueran una pareja de verdad...

"¿Puedo pedirte un favor, señor Lucian?", preguntó seriamente al cabo de un rato.

Él alzó la mirada y la vio directo a los ojos antes de responder: "¿Qué ocurre?".

Su voz era gélida y no transmitía emoción alguna.

Mientras le sostenía la mirada, ella tomó aire antes de continuar: "Creo que deberíamos fijar una fecha límite para nuestro acuerdo".

Si seguían viviendo de esa forma, ella no tendría libertad ni futuro.

Los ojos de Lucian se volvieron sombríos de repente y replicó: "¿Ya no estás despechada, señorita Amelia?".

¿Despechada? Ella se quedó confundida al escucharlo porque no comprendía a lo que se refería.

Al principio, Amelia había accedido a la petición de Lucian porque estaba despechada, pero ahora que Jasper se había casado con Yolanda estaba demasiado molesta y devastada como para distraerse con nada.

"Ni siquiera sé por qué quisiste casarte conmigo en primer lugar. Si era porque querías independizarte de tus padres, pues muy bien, ya los conocí y no les agradé; no tenemos que seguir fingiendo y de todas formas ya dijeron que no volverían a interferir en tu vida". Amelia no supo cómo pudo reunir el coraje para decir todo aquello, pero se sentía aliviada de poder sacar lo que tenía guardado. Para entonces ya habían cometido muchos errores, ¿qué les depararía el futuro si seguían así?

"Amelia, ¿piensas que puedes retractarte tan fácilmente?". Enseguida Lucian dejó lo que estaba haciendo y caminó hacia ella, mirándola con frialdad. Luego añadió firmemente: "Si bien es cierto que nuestro matrimonio es falso, ¿no puedes detenerte un momento a pensar en tu padre enfermo? ¿Tienes idea de cómo se pondría cuando se entere de que nuestro matrimonio es falso?".

Amelia alzó la mirada sin saber cómo responder.

El hecho de que eso pudiera afectar a su familia nunca le pasó por la cabeza. Ella pensaba que podrían terminarlo cuando quisieran sin mayor problema, justo como él le había dicho.

"Conoces a la perfección tu situación en el seno de la familia Mo, ¿sabes dónde quedarías parada si te quitas el apellido Zhan?". Esas frías palabras la golpearon como si la hubiese atropellado un camión.

"De verdad que eres muy extraño, Lucian, ¿no es así? Ni siquiera tenemos una mínima conexión emocional, ¿por qué me pediste que me casara contigo en primer lugar? ¡Esto va a terminar haciéndonos daño a los dos!". Si él tanto quería casarse, ¿por qué no se había buscado a alguien que lo amara para no tener que volver a hacer algo así?

Lucian frunció el ceño, su mirada lucía triste y llena de dolor, pero aun así fue capaz de recomponerse y volver a su estado impasible de siempre.

"Tu padre sufrió un ataque al corazón y afortunadamente pude contratar al mejor cardiólogo para que lo atendiera; creo que no te convendría quitarte el apellido Zhan en esas condiciones. Mientras tanto, no quiero volver a escuchar hablar del tema a menos que yo lo sugiera", dijo firmemente, sin dejar lugar a réplicas. Acto seguido, se dio media vuelta y la dejó ahí sola.

A pesar de su tratamiento intensivo, las condición de salud de Vernon solo había empeorado recientemente y como ella quería que su padre recibiera las mejores atenciones posibles, no le quedaba de otra que acceder a los deseos de Lucian.

Aunque su relación con su padre no había sido la mejor, ella no tenía espacio en su corazón para odiarlo, mucho menos después de que cayera enfermo.

Si Lucian era la única luz de esperanza que garantizaría la salud de su padre, entonces ella no tendría problemas en seguir fingiendo a su lado.

Cuando Amelia bajó las escaleras, Lucian estaba por marcharse, pero al verla, él alzó las cejas y le preguntó: "¿Ya tomaste tu decisión? ¿Vas a renunciar ahora?".

El rencor era evidente en su voz.

"Prométeme que cumplirás con tu palabra". Su mirada estaba fija en los ojos de Lucian.

Para él, su rostro enojado era sumamente risible, así que bromeó: "Luces como si acabaras de firmar tu certificado de defunción".

¿Cuál era la diferencia? Amelia estaba empezando a creer que el único propósito de Lucian era molestarla. Aun así, no había nada que pudiera hacer, pues había sido ella quien se había puesto en esa situación al acceder en primera instancia.

Entonces fingió ignorar el hecho de que se estaba burlando de ella y lo dejó pasar. Cuando el olor a comida que emanaba de la cocina llegó a sus fosas nasales, se dio cuenta de que estaba realmente hambrienta, así que miró a Lucian y dijo con enojo: "Anoche pasé la noche en vilo y honestamente no tengo ánimos de seguir discutiendo contigo, solo déjame ir a comer en paz".

"Muy bien, anda a recobrar fuerzas para que puedas seguir discutiendo conmigo después", replicó él entre risas.

"Señora Amelia, preparé sopa de pollo a petición del señor Lucian; por favor, sírvase", dijo Lily, mientras le llenaba un plato.

Amelia se sonrojó en insistió en que podía servirse sola, luego miró a Lucian

y pensó: 'Este tipo es tan extraño'.

A veces era sumamente dulce y otras la ignoraba por completo, ella realmente no sabía qué esperar de él ni quién era realmente.

"Es temprano todavía, si no tienes nada que hacer puedes salir con tus amigos y puedo pasar por ti a la hora de la cena", dijo Lucian mientras comían.

Amelia se sorprendió al escucharlo decir eso, así que bajó sus palillos y le preguntó: "¿Necesitas que haga algo por ti?".

Lucian dejó escapar una risita y luego dijo con seriedad: "Deja de suponer que estoy tramando algo".

"Señor Lucian, eres un hombre de negocios, ¿no es así como funciona?". Al fin y al cabo, incluso su matrimonio era un trato. Tenían que discutirlo todo antes de poder llegar a un acuerdo.

"Eres una mujer inteligente, ¿no?". Con una sonrisa perspicaz, Lucian continuó: "Asegúrate de no quedarte dormida mañana, tienes trabajo en el Grupo Zhan, parece que serás la nueva asistente del CEO".

"¡¿Qué?!". Incrédula, Amelia se puso de pie y, mirándolo a los ojos, replicó de mala gana: "No pienso aprovecharme de tu fortuna pero tampoco quiero trabajar en el Grupo Zhan".

Sorprendida por su actitud, Lily dijo en voz baja: "No se moleste con el señor Lucian, estoy segura de que quiere lo mejor para usted".

La voz de la chica era suave y gentil.

Avergonzada, Amelia le respondió: "Oh, lo siento mucho, no quise asustarte".

Ella no pudo controlarse, pues había olvidado que Lily seguía allí.

"Has estado muy expresiva hoy, Lily". Lucian se puso de pie y enderezó el cuenco que Amelia había tumbado al levantarse, luego le susurró al oído: "Señora Amelia, no estamos solos; por favor, compórtese como debería".

"¡Agh!". Aunque estaba molesta y quería replicar con algo, pronto vio que Lily la estaba observando, así que forzó una sonrisa y cambió el tema. "¿En serio puedo salir con mis amigos? ¡Bueno, me iré ahora mismo!".

Aunque la sonrisa no se borró de su rostro, no se podía percibir mucho entusiasmo en su voz.

Lucian le siguió el juego y le dijo: "Le puedo pedir a Frank que te lleve".

"¿A quién?". Aunque estaba sorprendida, lo dejó ir y continuó: "No, descuida, puedo tomar un taxi, no necesito que alguien me lleve".

Realmente ya estaba cansada del tratamiento especial, últimamente había recibido demasiado y había alcanzado su cuota.

"Frank es mi chofer, lo contraté precisamente para eso. ¿Acaso quieres que pierda su trabajo porque no tiene sentido tener un chofer?", dijo tranquilamente.

Amelia no quería que nadie perdiera su empleo y la única forma en que eso no sucedería era si accedía a dejar que Frank la llevara.

Honestamente, lo menos que quería era causarle problemas a nadie, así que no tenía más opción que ceder.

"¿Puedes dejar de ser tan presumido con tu riqueza? Por Dios, eres un CEO, por supuesto que tienes un chofer; pero la gente normal como yo no necesita de eso", dijo con naturalidad, mirándolo a los ojos.

"Está bien, está bien, toma tu taxi, pero después pasaré por ti", se comprometió.

Amelia no esperaba que su excusa sirviera, así que sonrió complacida.

Cuando Lucian la vio sonreír, sacudió la cabeza y alzó su maletín, presto a marcharse. Luego la miró de nuevo y se ofreció: "Ya me voy, te puedo dejar en la parada de taxis si quieres".

Amelia le asintió y lo siguió en su camino hacia la puerta.

'Es tan alto', pensó. A pesar de que él solo estaba a un paso de ella, Amelia tuvo que trotar para poder seguirle el ritmo.

"¡Ah!". Sin querer, ella se tropezó y dejó escapar un pequeño grito.

"Dame tu teléfono. Guardaré mi contacto". De pronto, él recordó que no tenía su número y no podría avisarle para ir a recogerla, así que se dio la vuelta para pedirle el teléfono, pero entonces la vio caminando con la cabeza gacha y sobándose la rodilla.

"¡No te rías!", le advirtió antes de que pudiera decir nada, mientras le pasaba el teléfono.

"¿No crees que deberíamos actuar más como marido y mujer?". De pronto, Lucian extendió su mano y la puso alrededor de la cintura de Amelia. Esa clase de intimidad la ponía nerviosa, pues temía lo que pudiera suceder después.

"Ehmm... pe-pero...". Tan nerviosa estaba que ni siquiera podía articular sus palabras. No quería apartarlo, así que solo enterró la cabeza en sus brazos.

Lucian la soltó y comentó juguetonamente cuando vio que estaba sonrojada: "¿Pero qué? ¿Es que soy demasiado guapo para ti?".

"¡Oh, eres demasiado narcisista!", arguyó Amelia, poniendo los ojos en blanco mientras se apresuraba a entrar en el auto.

"En fin, solo llévame hasta la parada de taxis". Le preocupaba que Lucian no cumpliera su promesa y al final quisiera llevarla; ella quería mantenerse bajo perfil, pues no quería que Courtney sobrepensara las cosas si la veía bajándose de un auto de lujo. ¡Podría creer que estaba presumiendo ante ella si lo hacía!

"Bueno, aquí estamos, señora Amelia". Lucian cumplió su promesa y la dejó en la parada de taxis, pero antes de dejar que se bajara, la tomó por la muñeca y le recordó: "Que no se te olvide llamarme cuando termines para pasar por ti, si no regresas a casa esta noche, mañana estarás de nuevo en las noticias".

Obviamente, eso era una amenaza.

Como Amelia no tenía ánimo de discutir, solo se mordió el labio y le asintió.

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