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   Capítulo 19 Una cena juntos

Adicto Por Xiomara Palabras: 10495

Actualizado: 2020-01-06 11:24


"¿Qué te gustaría cenar?", preguntó Lucian cuando se subieron al auto.

Amelia estaba a punto de responder con algo grosero, pero luego lo pensó mejor y decidió no hacerlo. Entonces señaló con el dedo un restaurante tradicional y dijo: "Caldero mongol".

Al principio se suponía que ella iba a cenar con su amiga, pero obviamente pudo por culpa de Lucian. Entonces eligió comer caldero mongol porque le encantaba ese platillo y quería ser feliz a pesar de no haber podido cenar con Courtney.

Poco a poco logró sentirse mejor, convenciéndose a sí misma.

Lucian no era fanático de la comida picante, es por eso que cuando Amelia mencionó el caldero mongol para la cena, un destello de asco cruzó por sus ojos; aun así, le asintió y caminaron hasta el restaurante tradicional.

Lucian le pidió al camarero que les reservara una cabina privada, pero pronto Amelia intervino: "Hay una mesa junto a la ventana. Podemos sentarnos allí".

"¿Qué? ¿No te parece vergonzoso sentarte afuera?", dijo, ligeramente enojado. A pesar de que todavía era temprano, el lugar estaba casi repleto y a él no le gustaba comer en un ambiente tumultuoso.

"Si te da vergüenza, puedes ir a comer a otro lado; de todas formas yo me quedaré a comer mi caldero mongol y me sentaré en esa mesa de la ventana", dijo Amelia con determinación. Luego se volvió hacia el camarero y declaró: "Tomaremos aquella mesa de allá".

El restaurante estaba tan lleno que prácticamente era un milagro que una mesa junto a la ventana estuviera libre. Amelia no podía comprender por qué Lucian sentía tanta aprehensión por la idea de comer en público.

Por un momento ella pensó que él simplemente daría media vuelta y se iría, pero para su sorpresa, Lucian la agarró del brazo y caminó con ella hasta la mesa de la ventana.

Al principio se sorprendió, pero luego sonrió triunfante.

Todavía no podía creer que fuera capaz de salirse con la suya.

"¿Sabes por qué vine hasta aquí, Amelia?", preguntó cuando tomaron asiento.

"¿Porque iba a ser más vergonzoso si te marchabas?", supuso ella con una sonrisa pícara.

"¡Oh, Amelia!". Lucian estaba visiblemente ofendido. Parecía que ella ya no tenía pelos en la lengua para decir las cosas. No obstante, como había tanta gente alrededor, respondió en voz baja: "Como mañana empiezas a trabajar para mí, solo te estoy dejando ganar por esta vez".

La sonrisa relajada de Amelia desapareció por completo.

La idea de ir a trabajar en el Grupo Zhan hizo que su corazón se acelerara a mil.

"Lucian, ¿puedes dejar de actuar así? ¿Se te olvida la advertencia que me dio tu madre cuando estuvimos en su casa?". Si ella aceptaba trabajar en el Grupo Zhan, la gente empezaría a hablar y verían su nueva posición en la empresa como un acto de nepotismo.

"Amelia, ¿por qué te preocupas tanto? Solo vienes a trabajar al Grupo Zhan, no es como que te vayan a tratar como a una diosa o algo así, tampoco te pongas en un pedestal", dijo Lucian sin rodeos.

"Trabajaré en cualquier lugar menos en el Grupo Zhan", respondió Amelia obstinadamente.

"Mi paciencia se está agotando, si no te agrada la idea voy a tener que forzarte", dijo Lucian con frialdad, mientras sus ojos agudos escrutaban a Amelia.

"Lucian, no quiero pelear contigo con el estómago vacío. Hablemos de esto más tarde". Pronto, un camarero les sirvió su orden en la mesa. Las palabras de Lucian habían logrado poner incómoda a Amelia, era como si a él le intimidara que ella se defendiera y por eso se tornaba más agresivo. Para olvidarse del tema, ella trató de enfocarse en la comida.

"Buen provecho, señora Amelia". Con eso, Lucian volvió la mirada hacia la ventana, sin ánimos de probar el caldero mongol.

Amelia supuso que estaba enojado con ella, así que simplemente no dijo nada.

Como no estaban en buenos términos, no tenía sentido negociar con él.

Ella logró concentrarse en comer y fue capaz de ignorar a Lucian.

"Oye, ¿ese no es el señor Lucian?".

"Pero, ¿qué está haciendo aquí? ¿No se supone que debería estar comiendo en un lugar lujoso? ¡Este no es lugar para que un hombre como él esté cenando!".

"Sí, estoy de acuerdo contigo. Y mira nada más a la mujer con la que está, come como una bestia...".

"Escuché que se casó recientemente, ¡ay me cayó tan mal esa noticia!".

La gente no tardó en notarlos y empezar a chismear. Amelia dejó de comer y luego lo miró a los ojos.

Un poco avergonzada, le preguntó con indiferencia: "¿Por qué no comes?"

Como pensaba que ningún hombre se resistiría a un buen trozo de carne, ella ordenó varios cortes para él, pero Lucian ni siquiera había tocado sus palillos todavía.

"Me llené con solo verte comer", respondió sin emoción.

Amelia frunció el ceño, pues pudo captar a la perfección la ironía en su tono de voz. Sin prestarle demasiada atención, levantó sus palillos de nuevo y continuó devorando la comida.

A Lucian no le gustaba para nada la comida picante y frunció el ceño en señal de desaprobación cuando vio que ella le echaba más chile a su comida.

Media hora después, Amelia finalmente estuvo satisfecha y bajó los palillos.

"¿Te llenaste?". Su voz era fría y aguda como cuchillos filosos.

Amelia asintió con la cabeza, luego le echó un

vistazo a la comida de Lucian y dijo: "Ni siquiera tocaste los palillos, no tendrás que pagar por eso".

"Aquí", dijo Lucian, ignorándola por completo mientras hacía un ademán para darle su tarjeta al camarero.

"Oye, no te lo lleves todavía, yo... ¡Hmf!". Pero antes de que pudiera terminar de hablar, Lucian le tapó la boca con la mano y le espabiló los ojos.

"Amelia, estamos en público, baja la voz". Lucian se puso de pie y dijo con frialdad: "La gente no dejaba de hablar de ti hace un momento; si no quieres hacer un escándalo, mejor cierra la boca".

Pronto ella miró a su alrededor y se dio cuenta de cuantas personas la miraban; inmediatamente salió despavorida del restaurante en un intento por evitar su atención.

Cuando ambos estuvieron en el auto, Lucian dijo con decepción: "¡Hueles a caldero mongol! ¡Eso es asqueroso!".

Era obvio que estaba enojado.

Amelia volvió la cabeza y habló con el mismo tono de desaprobación que Lucian acababa de usar: "Bueno, entonces quizás deba bajarme y tomar un taxi a casa".

No obstante, tan pronto como las palabras emanaron de su boca, se arrepintió de haberlas dicho.

Después de todo, ella vivía en la casa de Lucian, ¿por qué debería volver allí? Esa ni siquiera era su casa.

Lucian no dijo nada, sino que simplemente encendió el motor y se puso en marcha.

Cuando llegaron a casa y justo cuando Amelia estaba subiendo las escaleras, Lucian le dijo: "Lily salió temprano hoy, prepárame algo ligero de cenar".

Amelia estaba a punto de rechazar su pedido cuando lo vio suspirando de agotamiento mientras se quitaba el saco para recostarse en el sofá.

'Debe haber tenido un día largo y agotador', pensó.

Entonces recordó que no había probado su comida en el restaurante y debía estar hambriento, y eso fue suficiente para ablandar su corazón.

Media hora después, ella había terminado de cocinar y lo encontró dormido en el sofá de la sala.

"¿Lo estás haciendo a propósito?". ¡Le había preparado la cena y se había quedado dormido!

"Incluso si quisiera molestarte, no lo haría con el estómago vacío". En el momento en que Amelia se dio la vuelta, escuchó una voz profunda desde atrás.

Aunque estaba de espaldas a él, ella todavía puso los ojos en blanco. Estaba muy molesta y quería replicar con algo, pero él no le dio tiempo porque enseguida se sentó en la mesa y le preguntó: "¿Preparaste todo esto?".

Su voz evidenciaba claramente su incredulidad.

¿Eso era un cumplido?

"¡Así es!". Como no quedaba tanta comida en el refrigerador, ella tuvo que improvisar dos platillos que casi nunca preparaba.

Aunque tampoco la ayudaba demasiado el hecho de que esos dos platillos le trajeran recuerdos que no quería rememorar más.

"Luce estupendo, me pregunto si sabe tan bien como se ve". Una vez que lo probó, sonrió amablemente y dijo: "¡Yo pensaba que cocinabas rico, pero esto es aún mejor!".

¿Acaso la engañaban sus oídos? ¿De verdad Lucian la estaba felicitando?

¡Bueno, no te acostumbres porque esta es la última vez que te cocino algo!".

"Oh, señora Amelia, solo con cocinar esto te has ganado 80 puntos, pero nunca llegarás a los 100 si no cambias tu actitud", dijo Lucian jocosamente mientras degustaba su platillo.

Ahora que sonreía y estaba de mejor humor lucía mucho más agradable para Amelia, quien no soportaba su disposición gélida habitual.

"No soy tu sirvienta, ¿por qué debería ser cortés contigo?". Amelia lo miró con desdén, pero aun así suspiró aliviada cuando vio que se comió todo lo que le había preparado.

La receta que había preparado era una receta especial que había aprendido de su madre y que no había cocinado desde su muerte.

"¿Qué te pasa?", preguntó él cuando vio su ceño fruncido.

Amelia se quedó aturdida por un rato pero luego preguntó: "¿Ya terminaste de comer? Lo digo para recoger la mesa".

Ella estaba perdida en sus pensamientos y se quedó congelada en su sitio incluso después de que él bajara los palillos.

Por su parte, Lucian también se quedó aletargado mientras la miraba perdidamente.

Sin embargo, sus pensamientos fueron interrumpidos por la risa de cierta chica que se había quedado grabada en su memoria.

Si la tragedia no hubiese llegado a su vida, probablemente ella estaría parada allí en la cocina con él.

Cuando Amelia terminó de fregar, él ya no estaba en la sala. así que supuso que estaba durmiendo en su habitación y por eso se dispuso a subir las escaleras; sin embargo, cuando llegó a la habitación, la puerta se abrió de repente.

"¿Ya te vas a dormir?", le preguntó él, de pie junto al umbral.

Como ahora estaba vestido con ropa casual no se veía tan intimidante.

Aun así, quizás por su rostro tan apuesto, él siempre se veía frío e indiferente.

Inconscientemente, Amelia se lo quedó viendo con embeleso y se habría quedado prendada si él no hubiese dicho nada.

"Sí", respondió desviando la mirada.

"La ropa que usarás para ir a trabajar mañana está en el lado derecho de tu armario. Puedes elegir cualquier conjunto pero no uses nada de tu antiguo guardarropa, ¿vale?", le dijo mientras la miraba inexpresivamente. Luego le dio las buenas noches.

Amelia sacudió la cabeza confundida. 'Lucian es tan raro', pensó.

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