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   Capítulo 20 Primer día de trabajo

Adicto Por Xiomara Palabras: 9902

Actualizado: 2020-01-07 00:24


Aunque ciertamente no le agradaba la idea de tener que trabajar en el Grupo Zhan, Amelia todavía se levantó temprano al día siguiente.

"Señora Amelia, está despierta", comentó Lily, quien estaba parada al pie de la escalera con un delantal floral como si estuviera esperando por ella.

Amelia asintió torpemente y bajó las escaleras, examinando la estancia rápidamente. '¿Y Lucian, sigue dormido? ¿Acaso quiere hacerme llegar tarde hoy?', pensó.

"Vaya, muy bien, luces mucho mejor con ese vestido puesto". Amelia de pronto escuchó la voz de Lucian.

Sonrojada, miró el vestido con inconformidad y luego le echó un vistazo a Lucian.

Ella había obedecido sus órdenes y se había puesto la ropa que él había dejado seleccionada en su ropero. Sin embargo, aunque el vestido le quedaba bien, ella no se sentía del todo cómoda porque era muy ajustado para su gusto.

Su figura se veía estilizada gracias al dobladillo del vestido y lucía realmente muy femenina.

Lucian la admiró por un momento mientras la examinaba de pies a cabeza.

"¡No frunzas el ceño así, Amelia; recuerda que estás trabajando para el Grupo Zhan ahora, no en un pocilga!". Mientras hablaba, Lucian se puso su saco y Amelia se perdió en su voz y sus gestos. Para cuando recuperó el sentido, él ya estaba sentado en la mesa del comedor hablando con Lily. "Por favor, llama a la señorita Amelia y dile que venga a desayunar conmigo".

Obedientemente, la chica caminó hacia ella y dijo: "Señora Amelia, el señor Lucian quiere que desayune con él".

Amelia realmente no estaba de buen humor, pero sabía que no había nada que pudiera hacer para evadir su responsabilidad, así que se sentó en la mesa frente a él.

"Probablemente la mayoría de los empleados del Grupo Zhan te reconocerán con solo verte, pero nadie te va a tratar diferente por ser mi esposa", comentó Lucian mientras iban en el auto de camino a la empresa.

'Uf, qué alivio', se burló internamente. Honestamente ella nunca se había visto a sí misma trabajando en un lugar como el Grupo Zhan.

"Anoche, tu padre llamó y dijo que se estaba recuperando bastante bien. Me comentó que le gustaría que lo visitaras cuando tuvieras tiempo", añadió Lucian con firmeza, aunque ella pudo notar algo extraño en su tono de voz.

Sorprendida, Amelia preguntó lentamente: "¿Volverá a recaer?".

"Al menos por ahora su situación está bajo control y ya puede volver a la compañía a encargarse de sus negocios en vez de estar en casa todo el día", explicó Lucian y luego agregó: "Quiere que su empresa se alíe con el Grupo Zhan, pero le dije que eso dependerá de tu desempeño en tu nuevo puesto".

Su mirada y su rostro eran impasibles.

Por su parte, la ira se encendió en los pequeños ojos de Amelia, quien preguntó con enojo: "¿Qué crees que soy, Lucian?".

La compañía de Vernon era muy modesta en comparación con el gigante que representaba el Grupo Zhan, no había forma de que pudieran compararse. Si bien Amelia no tenía idea de lo que tramaba su padre, lo cierto era que estaba sumamente enojada con Lucian.

¡Solo había aceptado casarse de mentiras con él, nada más ni nada menos!

"Ahora eres mi esposa, lo descubriré", dijo Lucian con una sonrisa pícara

Cuando llegaron a la sede del Grupo Zhan, Amelia se quedó pasmada con la grandiosidad del edificio.

¡Se elevaba hacia el cielo!

"¿Todo... todo esto es del Grupo Zhan?". Eran al menos unos 20 pisos y en la fachada principal había un gran letrero que decía "Grupo Zhan". A Amelia le dolió un poco el cuello con tan solo intentar alzar la vista hasta la cúspide. Aun así, sintió curiosidad porque nunca había visto algo así antes, era asombroso.

Lucian asintió con calma y agregó: "Esta es la sede central de la compañía, tenemos otras sucursales en varias ciudades".

"O sea que hay más...", murmuró Amelia, mordiéndose el labio inferior con incredulidad.

Lucía encantadora mientras contemplaba el edificio con asombro.

"¡Buenos días, señor Lucian!". Su asistente, Eric, caminó rápidamente hacia ellos y se inclinó con una ligera reverencia. Entonces, vio a Amelia detrás de su jefe y saludó cortésmente: "Mucho gusto, señora Amelia".

"No... hay ne...". Le iba a decir que no la llamara señora Amelia, pero cuando miró a Lucian, prefirió no hacerlo e hizo un ademán atolondrado.

"Eric, de ahora en adelante, puedes llamarla por su nombre, especialmente en las horas de trabajo porque es una empleada normal del Grupo Zhan. Se encargará de recibir a los clientes y de traerme agua y alguno que otro bocadillo".

"¿Agua y bocadillos?", repitió Amelia sorprendida, mientras lo miraba a los ojos. Honestamente no esperaba que esas fueran sus nuevas funciones.

"Así es", confirmó Lucian, con una pizca de mofa en sus ojos.

"Muy bien". Pensándolo bien, ella no lo vio como gran cosa porque lo que importaba era que ahora iba a ganarse su propio dinero. Si Lucian la hubiera colocado en una jerarquía más alta

, no sabía cómo podría enfrentarse a Francis, especialmente después de las cosas que le había dicho.

"No esperaba que pudieras adaptarte tan rápido, así que primero me gustaría probar tu desempeño", se burló Lucian con un tono provocativo, como si no creyera que Amelia pudiera manejarlo.

Eric se fue con ella hasta el departamento de recursos humanos para registrar su entrada a la empresa y luego le dio un pequeño tour por las instalaciones mientras le recordaba sus funciones.

Después de obtener una perspectiva más fresca del tema, Amelia concluyó que su trabajo estaba enfocado en su mayor parte a Lucian.

Además de eso, no tenía el panorama demasiado claro; sabía que debía mantenerse al día con las actividades diarias de Lucian, organizar sus citas y reuniones, y asistir a ellas con él.

La idea de pasar tanto tiempo juntos la aturdió un poco, especialmente después de considerar su temperamento gélido habitual.

De pronto, la gran puerta de la entrada se abrió y el rostro de Amelia se puso blanco como una sábana de hotel. Acto seguido vio entrar a cuatro hombres vestidos de negro y con miradas impasibles.

Luego de ellos, entró Lucian y el ambiente cambió por completo.

¿No se suponía que esa era su oficina? ¿Qué estaba haciendo él allí?

Amelia estaba tan aterrada que puso las manos sobre el escritorio, tenía el corazón acelerado.

"Recuerden su cara", ordenó Lucian mientras miraba a Amelia con una mirada extraña.

"Entendido", respondieron al unísono los cuatro hombres de traje negro.

'¿Qué es lo que está haciendo? ¿Por qué les pide que recuerden mi cara?', se preguntó, mientras se tocaba el rostro con algo de terror.

"Ya se pueden ir". Dicho eso, los hombres se marcharon y él se metió las manos en los bolsillos con una expresión indescifrable, luego alzó las cejas y preguntó: "¿Y bien, qué piensas hasta ahora? ¿Te gusta la oficina?".

Ella todavía estaba algo perdida, pero cuando escuchó su voz respondió con algo de impaciencia: "¿Acaso importa lo que yo diga?".

Después de todo, Lucian era quien tenía la última palabra en todo lo que respectara a la compañía. La verdad era que ella no estaba nada conforme, para empezar no le agradaba para nada la idea de tener que pasar tanto tiempo con él.

"En realidad no", resopló Lucian. Luego hizo un gesto hacia el escritorio y dijo: "Puedes trabajar aquí por ahora, pero me gustaría que sepas que suelo venir aquí para tomar mis siestas".

"¿Qué?". Amelia abrió muchos los ojos, con completa incredulidad. Luego señaló un rincón y preguntó: "¿Me estás diciendo que sueles tomar siestas aquí?"

Él simplemente se encogió de hombros y dijo: "¿Qué? ¿Tienes algún problema con eso?".

La perplejidad en los ojos de Amelia fue reemplazada por un ceño fruncido.

Antes de ver la oficina, ya sentía cierta expectativa; no esperaba que semejante espacio fuera asignado solo para ella, pero aun así se sintió timada.

"¿Existe la posibilidad de que pueda conseguir otra oficina?", preguntó tentativamente. Estaba claro que no se sentía cómoda con la idea de que Lucian fuera a tomar siestas a su oficina todos los días.

Él entrecerró un poco los ojos al notar su mirada nerviosa y preguntó: "¿Por qué estás tan nerviosa?".

"Yo...". Amelia se sonrojó y respondió apresuradamente: "No estoy nerviosa, tan solo no quisiera tener que verte tan a menudo".

Su queja era perfectamente razonable.

Con una leve sonrisa, Lucian le preguntó: "¿En serio? ¿Ahora no quieres verme?".

Lucian solía emanar un delicado olor a menta que pronto llegó a las fosas nasales de Amelia. Sus ojos profundos estaban clavados en ella, poniéndola tensa.

A ella le pareció raro que no le molestara el frescor de la menta, especialmente en medio de ese invierno tan gélido.

Lucian le tendió la mano y le acarició la piel, su roce era suave y delicado, como si tuviera miedo de lastimarla.

El rostro de Amelia estaba sonrojado y bajó la cabeza con algo de vergüenza.

Lucian pensó que se veía absolutamente hermosa como un narciso que acaba de florecer.

El vestido que tenía puesto acentuaba sus facciones y le daba un aire sensual, su aroma era embriagador para él y su mirada era increíblemente tentadora. Le levantó la barbilla con una mano y dijo con voz suave: "Creo que me gustas más cuando callas".

"¿Qué?". Ella enseguida alzó la cabeza y lo miró a los ojos. Estaban tan cerca el uno del otro que solo bastaba un mínimo empujón para hacerlos chocar.

Amelia pudo sentir su aliento tibio y se alejó jadeando.

"¡Eres una cobarde!", se burló antes de apartarse, luego añadió: "Puedes fingir que no estoy aquí, pero no puedes huir".

La cara de Amelia seguía enrojecida y aunque sus latidos ya se habían calmado, todavía se sentía nerviosa.

"Toc-toc...". Alguien llamó a la puerta.

"Adelante", dijo Lucian con frialdad.

"Señor, la reunión comienza a las diez de la mañana", informó Eric mientras entraba.

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