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   Capítulo 21 Bofetada de bienvenida

Adicto Por Xiomara Palabras: 9244

Actualizado: 2020-01-07 00:34


"Entendido". Luego se volvió hacia Amelia y continuó: "Prepara los archivos de la reunión, cualquier cosa le preguntas a Erick si no entiendes".

Dicho eso, se marchó de la oficina.

'¡Qué arrogante!', pensó ella con el ceño fruncido.

"Señora Amelia... Ehm... Amelia, estos son los documentos de la reunión; me encargué de alistarlos y preparar la sala de juntas. Esta es una gran reunión de accionistas, este tipo de encuentros suelen hacerse de vez en cuando, será mejor que estés atenta hoy para que aprendas todo lo posible", explicó Erick pacientemente de manera amistosa.

Según las palabras de Erick, no había mucho que pudiera hacer porque ya todo estaba arreglado. Estaba a punto de suspirar aliviada pero pronto vio a Francis y a Nicolas acercándose a ella.

'Tiene sentido que estén aquí, es una reunión de accionistas después de todo'.

La noticia de su nuevo puesto de trabajo ya había llegado a oídos de Francis, pero Amelia honestamente no esperaba toparse con ella en su primer día.

La pobre se quedó congelada en el corredor, esperando que pasara la tormenta.

El piso estaba limpio y brillante, tan prístino que podía ver su reflejo en él; pero pronto una sombra negra le nubló la visión. Ella se agarró las manos nerviosamente, temiendo las palabras que Francis le asestaría.

"¿Qué estás haciendo aquí?". Francis estaba vestida con un abrigo de lana rosado y joyas valiosas. Sin embargo, las palabras que emanaron de su boca tumbaron su porte digno.

"No me sorprende que esté aquí, tía, es la esposa de Lucian después de todo". Shelly sostuvo el brazo de la mujer mientras sus ojos viciosos deambulaban sobre Amelia.

"¿Quieres decir que Lucian le ha dado acciones del Grupo Zhan?". Francis la miró completamente conmocionada y con sumo desdén.

"Bueno, no seas tan grosera, Francis; estamos en la sede de la compañía, este no es lugar para asuntos familiares. ¡Qué vergüenza!", dijo el hombre en la silla de ruedas.

"Nicolas, no deberías haber consentido a tu hijo. ¡Mira lo que has hecho! ¡Estás trayendo problemas a la familia!". La mujer parecía no querer darse por vencida y, en vez de calmarse, caminó hacia Amelia y le dio una cachetada. "¡Me las pagarás si llegas a meter las manos en el Grupo Zhan!".

Acto seguido, volvió a propinarle otra cachetada, esta vez más fuerte que la anterior. Amelia se quedó aturdida y un zumbido ensordeció sus oídos, la cara le ardía y sentía una ligera hinchazón.

"Francis, ¿cómo pudiste golpearla?". Nicolas, sentado en su silla de ruedas, estaba tan enojado que sacudió su bastón. Como estaba incapacitado físicamente solo podía hablar para detener esa situación vergonzosa.

"Haré lo que me dé la gana, ¿qué vas a hacer para detenerme?". Dicho eso, se arremangó para asestar otra cachetada.

Pero falló.

"Señora, sé que quiere mucho a su hijo y se preocupa por él, pero no pienso aguantar una cachetada más", dijo Amelia con calma mientras sostenía su mano.

Francis se zafó inmediatamente y exclamó: "¡Shelly, trae a Lucian ya mismo!".

"No hay necesidad", respondió él con frialdad.

"¡Lucian!", gritó Shelly con sorpresa, corriendo a su encuentro como una mariposa alborotada.

"Llegaste justo a tiempo, hijo, esa mujer irrespetuosa me lastimó la mano. ¿Crees que así se comporta una Zhan?". Apenas llegó Lucian, Francis intentó hacerse la víctima.

"No sé cómo se comporta una Zhan, pero lo que sé es que ella es mi esposa". Luego caminó hacia Amelia y la agarró por la cintura antes de continuar: "¿No te da vergüenza?".

¿Acaso pretendía que aguantara sus maltratos?

Francis quedó perpleja y miró a Amelia con ojos fríos y afilados, mientras que Shelly la miraba con el mismo sentimiento.

"Los accionistas acaban de llegar, señor Lucian", le recordó Eric en voz baja.

Estaban justo de camino a la sala de juntas, así que Francis se paró detrás de Nicolas después de escuchar eso.

"Acompaña a la señora Amelia a la enfermería para que la revisen", ordenó Lucian al ver el rosto hinchado de su esposa.

"No, gracias; puedo encargarme de esto sola". Todo lo que quería era salir corriendo de allí hacia un lugar tranquilo, así que salió rápidamente hasta el baño después de decir eso.

Al ver su figura en retirada, Lucian se sintió apesadumbrado.

"¡Qué mujer tan maleducada! ¿Cómo pudo irse así como así?", se burló Shelly.

"Shelly, esta es la junta general de accionistas, no te puedo dejar entrar", le advirtió Lucian en el umbral de la puerta de la sala de juntas cuando se dio cuenta de que la chica lo estaba siguiendo.

Shelly frunció el ceño, hizo un mohín y dijo: "Lu

cian, déjame pasar como tu asistente personal, prometo que no causaré problemas".

"No me gusta tener a chicas temperamentales en reuniones tan importantes", dijo él con firmeza.

Shelly hizo un puchero, pero como sabía que él no cambiaría de opinión, agregó: "Está bien, me iré".

En el baño.

Amelia se quedó viendo su reflejo en el espejo por largo rato. Tenía el rostro tapado con una mano y no la retiró hasta que oyó una voz sarcástica por detrás. Se veía impasible en vez de afligida.

"¡Qué escena más triste!".

Shelly se plantó de brazos cruzados detrás de ella con una sonrisa triunfante.

Pensaba que, dado que Lucian la había rechazado, debía desquitarse con Amelia.

Para ignorarla, Amelia abrió el grifo y dejó correr el agua.

"No finjas ser pura y noble frente a mí, Amelia; sé perfectamente de lo que eres capaz y déjame decirte algo: soy capaz de lo mismo. ¡Además, estoy por encima de ti en todos los sentidos!". Shelly cerró el grifo y se sentó en el borde del lavabo. Tenía puesto unos tacones altos y su figura sexy irradiaba de una forma deslumbrante tras sus palabras triunfantes; sin embargo, su mirada solo expedía odio hacia la mujer frente a ella.

A pesar de provenir de una familia noble, lucía como una prostituta vestida con tan poca ropa en pleno invierno.

"Bueno, haz tu mejor esfuerzo entonces". Dicho eso, Amelia se marchó.

Dado que ella y Lucian solo estaban fingiendo ser esposos, no le importaba lo que Shelly pudiera decir ni sus amenazas.

Sin embargo, Shelly no lo percibía de esa forma y veía en su indiferencia un desafío. Estaba alerta y pensaba que Amelia estaba a punto de atacar, es por eso que se bajó del lavabo y se plantó frente a ella. "Si te preocupa el dinero, te pagaré el doble para que dejes a Lucian", dijo con desprecio.

Si algo no soportaba Amelia era a la gente que no le importaba pisotear la dignidad del prójimo solo por tener mucho dinero y poder. Es por eso que no se quedó quieta y replicó: "¡Podrás pagarme lo que sean, pero Lucian no está dispuesto a dejarme!".

Aunque decía la verdad, sus palabras resultaron desafiantes para Shelly.

"¿Me estás diciendo que eres irremplazable en el corazón de Lucian?". La mujer estaba celosa y la malicia le brotaba por los poros.

"¡Señorita Shelly, más le vale pasar más tiempo con él antes de perder el tiempo conmigo!". Amelia ya había visto de lo que ella era capaz y sabía que solo sería peor si seguían hablando. Además, todavía tenía el rostro hinchado y no estaba de humor para decir ni una sola palabra más.

"¿Qué quieres decir con eso?". Shelly interpretó que Amelia presumiendo el amor que Lucian le tenía. "No creas que podrás ser su esposa por mucho tiempo más; te juro que dentro de poco te las vas a ver duras".

Amelia sonrió y dijo, "Eso espero".

De hecho, ella estaba ansiosa por terminar su acuerdo con Lucian, por lo cual las palabras de Shelly no significaron nada.

Ante su indiferencia, a Shelly no le quedó de otra que marcharse de mala gana.

Amelia se quedó aturdida por largo rato y no volvió en sí hasta que una voz gélida le preguntó por detrás:

"¿En qué piensas?". Después de contemplarla por largo rato, Lucian se dio cuenta de que ella estaba absorta y ni siquiera se movía; entonces se le acercó y revisó su rostro hinchado. Con el ceño fruncido, le reclamó: "¿Por qué no fuiste a la enfermería?".

Ella se cubrió la cara con las manos como si no quisiera que él la mirara.

A pesar de la fuerte cachetada, lo que más le dolió fueron las palabras de Francis.

"Lucian, debo haber quedado en deuda contigo en mi vida anterior". Mientras lo veía con el ceño fruncido, ella no sabía si reír o llorar.

Sus palabras fueron como un martillo que repentinamente golpeó el corazón de Lucian.

Esa frase le traía recuerdos. Sí, definitivamente ella se lo había dicho también; todavía recordaba su rostro humedecido por las lágrimas. Sin embargo, a diferencia de ella, Amelia no dijo nada más; no era como si lo estuviera culpando de algo, pero definitivamente se sentía culpable.

Al ver que sus ojos se opacaban, ella pensó que quizás había sido demasiado dura y le dijo: "¿No estabas en la junta general de accionistas? ¿Qué estás haciendo aquí?". Sin contar el hecho de que estaba en el baño de damas.

¿Qué era lo que le estaba pasando? ¿Por qué estaba distraído en la reunión? ¿Por qué se preocupaba tanto por Amelia?

La mente de Lucian estaba llena de muchas preguntas, pero ninguna certeza.

Pensó que debía estar perdiendo la cordura, pues Amelia no lograba salir de su cabeza mientras estaba en la junta.

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