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   Capítulo 22 Ataque al corazón

Adicto Por Xiomara Palabras: 9708

Actualizado: 2020-01-07 00:45


"¡Ven conmigo!". Lucian agarró a Amelia por la muñeca y la llevó de regreso a su oficina.

Una vez allí, él cerró la puerta de un portazo. Ella temía que pudiera regañarla o algo por el estilo.

"Lucian, estamos en el trabajo, ¿podrías ser un poco más profesional?" La voz de Amelia se apagó.

A pesar de que Lucian siguió tan impasible como siempre, sus acciones lograron conmover a Amelia, porque empezó a ponerle cubitos de hielo en la parte de su rostro que todavía estaba hinchada.

"¿De dónde sacaste ese hielo?", preguntó ella, sorprendida.

"Estás en el Grupo Zhan, no hay nada que no puedas conseguir aquí". Mientras tanto, Lucian había envuelto los cubitos en un pañuelo para presionarlo contra su rostro sin lastimarla.

De hecho, lo primero que hizo al salir de la sala de juntas fue pedirle a Erick que le trajera cubitos de hielo a la oficina. Él pensaba que Amelia estaría allí, pero había tardado mucho más de lo esperado en el baño de damas.

Luego de pensarlo mejor, se dio cuenta de que probablemente Amelia tenía toda la razón de estar molesta porque de todas formas era su culpa que aquello le hubiese pasado.

"Puedo hacerlo yo misma...". Cuando él le puso hielo en la cara, ella se sintió incómoda y luego bajó los ojos avergonzada.

A pesar de que había sido la perjudicada, por alguna razón se sentía culpable.

"Aplícate un poco de pomada en la cara, si te ven con el rostro hinchado afectarás la imagen del Grupo Zhan". Sabía que diciéndole eso sería la molestaría, pero como ya tenía que regresar a la junta, no tenía que lidiar con eso.

"¡La imagen del Grupo Zhan no tiene nada que ver conmigo!". Ella no podía creer que le preocupara tanto la imagen de la compañía.

Lucian se rio entre dientes y le entregó un vaso de agua cuando se dio cuenta de su mal humor. Luego dijo cortésmente: "Hoy has pasado por mucho, regresaré en media hora, todavía tengo que terminar esa junta".

Amelia se ponía nerviosa cada vez que él le hablaba así, dulce y gentil. Sentía que el rostro se le sonrojaba.

Quizás ese sentimiento... era que...

Amelia bajó la cabeza rápidamente, avergonzada.

Cuando Lucian dejó la oficina, ella no pudo calmarse; mientras él parecía el caballero perfecto que tenía todo bajo control, ella no podía esconder sus emociones con tanto éxito.

Amelia se puso el hielo en el cachete hinchado y sonrió, dejándose perder en sus pensamientos.

Tal como había prometido, Lucian regresó en media hora. "Déjame ver", le dijo al entrar a la oficina.

Lucian se inclinó hacia ella, cerrando la distancia entre los dos y provocando que su aroma a menta la invadiera de nuevo.

Amelia se sonrojó de inmediato y bajó la cabeza con timidez antes de decir: "Gracias por tu preocupación, estoy mucho mejor ahora".

"¿Que pasa?", preguntó él cuando vio la extraña mirada en su rostro.

Amelia parpadeó varias veces mientras se metía unos mechones de pelo detrás de la oreja; lucía avergonzada mientras hablaba:. "No, nada. ¿Ya es hora de almorzar?".

Sus ojos eran incapaces de sostenerle la mirada.

"Parece que tienes hambre. Ven, salgamos a almorzar". Con una sonrisa en el rostro, Lucian le dio los cubitos de hielo a Amelia y le recordó: "Síguelo aplicando mientras caminamos para que no amanezca hinchado mañana".

Ella ni siquiera tenía hambre y solo lo había dicho porque no soportaba que Lucian se la quedara viendo así. En un principio pensó que él solo estaba jugando, pero cuando notó su mirada seria, dijo:

"Creo que debería quedarme aquí; o sea, es que nada más mírame la cara...".

"Amelia, ¿de verdad crees que puedes afectar la imagen del Grupo Zhan?", bromeó él.

Ella se mordió el labio y sacudió la cabeza.

"Bueno, igual no tengo nada más que hacer esta tarde, así que déjame llevarte a casa entonces". Al ver su rostro hinchado, Lucian sintió un poco de pena.

'¿De verdad está siendo amable conmigo? ¿A qué se debe ese cambio tan repentino'.

Mientras pensaba en eso, escuchó que él dijo: "No te conmuevas tanto, simplemente no me quiero sentir culpable; después de todo, fue mi madre quien te golpeó. Ah, y descuida, no se te descontará el día; de hecho, haré que te paguen los honorarios médicos, ¿te parece?"

"¡Bueno, está bien!", asintió Amelia, sintiéndose mucho mejor ahora.

Cuando salieron de la oficina, Lucian la llevó a un consultorio para que revisaran su rostro. Le recetaron algunos analgésicos y medicamentos antiinflamatorios para que la hinchazón bajara y antes de irse, Lucian le preguntó al médico si ella necesitaba ser hospitalizada. Su sugerencia provocó que Amelia lo viera con desdén, pues pensaba que estaba haciendo un escándalo por nada.

"¿Alguna vez has estado enfermo? Parece que no porque no sabes nada al respecto. ¿Te imaginas la cantidad de hospitales que necesitaríamos si a todos nos hospitalizara

n por algo tan trivial?", comentó ella en cuanto subieron al auto.

"Amelia, solo estaba preocupado por ti. Trata de no ser tan desafiante para la próxima", advirtió Lucian mientras la miraba a los ojos.

¡Oh Dios mío! ¡Ese hombre!

Después de sacudir la cabeza en señal de desaprobación, Amelia se volvió hacia el otro lado para ignorarlo.

"Tu teléfono está sonando", dijo Lucian de repente, con el mismo tono gélido de costumbre.

Amelia rebuscó en su cartera pero se dio cuenta de que había dejado el celular en la oficina. Afortunadamente para ella, él había tenido la consideración de agarrarlo y guardarlo.

"Gracias", dijo Amelia en voz baja. Cuando revisó su teléfono, descubrió que era una llamada de su padre. Dudó por un momento antes de contestar, pero al final lo hizo. "Hola, papá", dijo.

"Amelia, ¿puedes venir ahora a la Mansión Mo?". La voz de Vernon era ronca y parecía estresado.

"¿Qué pasó, papá?", preguntó con nerviosismo al darse cuenta del tono extraño de su voz.

Lucian también se dio cuenta de que algo andaba mal, así que detuvo el auto para esperar que ella terminara de hablar.

"¿Hola papá?". Vernon había colgado la llamada y Amelia agarró a Lucian por el brazo y le pidió, visiblemente preocupada: "¿Podrías llevarme a la Mansión Mo?".

Sin dudarlo, Lucian aceleró y volteó en la primera esquina, rumbo a la Mansión Mo.

'Pensaba que estaba recuperado, ¿por qué sonaba tan débil al teléfono entonces? ¿Y por qué colgó?'.

Ella estaba realmente ansiosa y no protestó cuando Lucian aceleró el auto a toda velocidad.

"No te preocupes, él estará bien", la consoló.

"Gracias", respondió sinceramente.

Cuando llegaron a la Mansión Mo, Amelia entró corriendo y se topó con Vernon parado en medio de la sala de estar, sin aliento y con una mano sobre su pecho.

"Papá, ¿qué pasa?", le preguntó, arrodillándose ante él.

"Quizás esté teniendo un ataque al corazón, corre a buscar su medicina", dijo Lucian mientras ayudaba a Vernon a levantarse.

"Está bien", dijo Amelia, temblando mientras buscaba las medicinas, luego se las entregó a Lucian y añadió: "Traeré agua".

Tan pronto como Lucian puso la píldora en la boca de Vernon, Amelia dejó escapar un gemido. Aunque fue mínimo, Lucian todavía alcanzó a escucharlo.

Sin quererlo, había dejado caer el primer vaso y se había cortado un poco la mano. "¡Toma!", dijo apresuradamente mientras extendía un segundo vaso de agua hacia Lucian.

Luego de tomar la pastilla, Vernon empezó a mejorar y dijo con voz ronca: "Siento haberte preocupado".

Lucian sacudió la cabeza y le dijo a Amelia: "Lávate las manos con agua fría".

Su voz no era la más dulce, pero aun así su preocupación le bastó para sentirse conmovida.

"Papá, ¿por qué estás solo en casa? ¿Dónde está Sophia?". Amelia revisó todas las habitaciones pero no encontró ni a Sophia ni a la única criada de la casa.

Vernon tosió varias veces antes de poder responderle: "Como Yolanda está embarazada, tu madre y Susan la están cuidando".

"¡Ella no es mi madre!", protestó Amelia.

Lucian enseguida se volteó para mirarla con un destello de sorpresa en sus ojos.

Ni una sola vez en esos diez años ella había llamado a esa mujer "madre", ni siquiera "tía", Le molestaba mucho que Vernon se refiriera a ella de esa forma.

¿Por qué tenía que perdonar a Sophía después de todo lo que le había hecho?

Iris siempre había sido una mujer resuelta; incluso cuando se enteró de la infidelidad de Vernon con Sophia, ella nunca lloró ni mostró aflicción en público. En vez de eso, ella procuró conversar seriamente con él al respecto, como dos adultos. Sin embargo, cuando él pasó una noche sin regresar a casa, ella supo de inmediato que estaba con su amante y entendió que su matrimonio se estaba cayendo a pedazos...

Reflexionando al respecto se podría decir que fue eso lo que llevó a Iris a querer suicidarse; la pobre estaba sumamente deprimida y afligida y nunca pudo expresarlo ni desahogarse.

Las lágrimas inundaron el rostro de Amelia al pensar en eso.

"Hija, sé que todavía guardas rencor en tu corazón; aunque no lo creas, yo también me arrepiento de todo incluso cuando ya ha pasado una década. Pero tenemos que dejarlo ir y seguir adelante, no tiene sentido seguir cargando con cosas del pasado". A sus palabras les siguió un ataque de tos.

"¡Puedo entender que Sophia quiera cuidar de Yolanda pero Susan debería estar aquí para cuidarte! Tienes una afección cardíaca y ella lo sabe. ¿Por qué te dejó solo entonces?", dijo Amelia mientras se limpiaba las lágrimas con el dorso de la mano.

"Es porque me he sentido mejor, me he estado recuperando; creo que fue el estrés de la empresa lo que me llevó a recaer, ya no estoy joven como antes". Vernon cambió el tema hacia el trabajo para no responder directamente a su interrogante.

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