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   Capítulo 23 La enfermedad de Vernon

Adicto Por Xiomara Palabras: 11024

Actualizado: 2020-01-07 00:54


"Ya que estás empeñado en defenderla a ella y a su hija, no hay nada más que pueda decir. Cuídate". Súbitamente, Amelia se tornó fría y distante.

Sin embargo, justo cuando estaba a punto de dar la vuelta para marcharse, Lucian la agarró por el brazo. Cuando alzó la mirada, ella se topó con sus ojos profundos y no pudo evitar sonrojarse.

"He llamado al médico, no debe tardar en venir; anda a lavarte esa herida, yo me encargo". La voz de Lucian fue como un calmante que alivió un poco el desconsuelo de Amelia.

Por alguna razón, él no dejaba de apoyarla aunque no fuese su responsabilidad.

Amelia no podía sentir otra cosa que no fuera gratitud en ese instante.

Cuando ella se marchó, Lucian se acercó a Vernon, quien yacía sobre la cama. "¿Por qué haces esto?", le preguntó.

Vernon estaba algo asustado y se sentía culpable. Como sabía que Lucian no era un hombre fácil de engañar, decidió ser honesto con él: "En el pasado, Amelia solía ser extrovertida y alegre, pero ahora es tan sensible y encerrada en sí misma... Desde que su madre falleció, ella cambió por completo; no volvió a hablarme y su actitud para con esta familia se tornó completamente indiferente. Sin embargo, desde que me enfermé su aspereza se suavizó y me trata mejor...".

"¿Entonces quieres decir que solo estás tratando de llamar su atención?", resopló Lucian, mientras sacudía la cabeza en señal de rechazo.

"Lucian, me alivia ver que tratas tan bien a mi hija", comentó Vernon, complacido.

"Si bien Amelia todavía no sabe la verdad, no tardará en enterarse porque ya no es una niña. Nunca ganarás su confianza si la engañas así. Además, es de muy mal gusto que juegues con tu salud de esa manera", dijo Lucian rotundamente. Luego se puso de pie y miró a Vernon. "Ya llamé al médico para que viniera a revisarte de todas maneras, puedes descansar, yo iré a hablar con ella".

"Lucian, sé que no está bien, pero, ¿puedes prometerme una cosa? Cuida bien de Amelia". Los ojos del anciano estaban llenos de vergüenza y remordimiento.

Cuando escuchó eso, Lucian se sorprendió un poco, pues honestamente pensaba que a Vernon solo le interesaban los beneficios comerciales de su relación, no se esperaba que se preocupara tanto por su hija.

El corazón empezó a latirle con fuerza y una oleada de culpa lo azotó.

En un segundo comprendió cuán poco se había preocupado por Amelia y lo insensible que había sido con ella en tantas ocasiones.

"Amelia es mi esposa, no tienes de qué preocuparte". Sin importar los pormenores de su acuerdo, la realidad era que estaban casados y él debía cuidar de ella.

Mientras tanto, Amelia se había metido en la cocina para preparar una cacerola pequeña de congee. Lucian entró y se quedó recostado en el umbral, solo admirándola.

"¿Es para tu padre?", le preguntó, mientras se acercaba a ella.

Amelia asintió y luego se volteó para preguntarle: "¿Quieres un poco?".

Parecía estar de buen humor ahora.

"Eso huele delicioso, deberías cocinar más en el futuro", dijo con una sonrisa.

Con estas palabras, Lucian se dio la vuelta y se fue.

¿Qué había querido decir con eso? Amelia sacudió la cabeza de mala gana y pensó: 'No creo que sea un cumplido, solo lo dijo por decir'.

Después del chequeo, el médico informó que no se trataba de nada grave y que probablemente solo fuera consecuencia del estrés laboral y emocional.

Tras ese pronóstico, Amelia finalmente pudo suspirar aliviada.

Sin embargo, todavía no estaba del todo tranquila y le dijo a Lucian en voz baja: "Me preocupa dejarlo solo esta noche".

Pero antes de que pudiera seguir, la voz filosa de Yolanda irrumpió en la habitación. "Papá, ¿de quién es ese lujoso auto que está estacionado al frente?".

Poniendo los ojos en blanco, Amelia le dirigió una sonrisa burlona a Lucian.

"Sé cómo te sientes, Amelia...", dijo Vernon en voz baja, seguido por un ataque de tos. Él temía que la llegada de Yolanda pudiera devenir en un nuevo roce entre las dos.

"He soportado a esa mujer por más de diez años, creo que puedo soportar verla ahora. Por favor, papá, solo trata de descansar". Ante cada riña entre las chicas, Vernon siempre le decía a Amelia que dejara a su hermanastra en paz, aunque fuese Yolanda la que causara los problemas.

El anciano frunció el ceño, marcando profundamente las arrugas de su rostro.

"¿Y bien? ¿Dónde está papá?", preguntó Yolanda desde abajo. " ¡Jasper!", gritó. "¿Puedes venir a ver si papá está en casa? No quiero subir las escaleras".

Como la villa estaba hecha de madera, era fácil escuchar cualquier ruido en su interior, mucho más el estruendoso timbre de voz de Yolanda. Cada centímetro de la casa fue puesto en su sitio por las manos de Vernon; Amelia tenía unos siete años en aquel entonces y mientras su padre se encargó de construir el lugar, su madre lo decoró con esmero. Sin embargo, con el paso de los años, a la estructura no se le había hecho el adecuado mantenimiento y ahora lucía deteriorada.

La villa seguía estando en el mismo lugar de siempre, pero adentro las cosas habían cambiado mucho, al igual que la gente que vivía en ella.

Pensando en eso, Amelia empezó a ponerse triste.

Por eso es que ya casi ni iba a la Mansión Mo, prefería quedarse en su apartamento rentado comiendo comida rápida que ir un domingo a visitar a su padre, por ejemplo.

Además, si se hubiese quedado en su casa, no habría podido tener la libertad de ver a Jasper cuando quisiera, así que realmente nada la obligaba a quedars

e allí.

Sophia no perdió la oportunidad de denigrar a Amelia frente a Vernon por haber manchado su castidad yéndose a vivir con un hombre a una edad tan temprana. Como él siempre le hacía caso, también se molestó con ella por haberse ido de la casa.

Los pasos resonaron por la escalera de madera y Amelia frunció el ceño porque sabía que era Jasper.

Parecía inevitable que ese hombre de su pasado siguiera apareciendo en su vida una y otra vez.

La amargura por su traición todavía envilecía su corazón y los recuerdos de los buenos tiempos que habían pasado juntos todavía atormentaban su mente.

"Toc-toc". "¿Papá, estás en casa?", gritó desde el otro lado de la puerta.

Amelia se puso de pie y abrió la puerta sin siquiera levantar la cabeza. Con la mano en el pomo, se dio la vuelta y le dijo a Lucian: "Ya que están de regreso, deberíamos irnos".

Amelia no quería pasar ni un segundo en la misma habitación con Jasper y mucho menos quería escuchar la fastidiosa voz de Yolanda.

"Bueno" Con una sonrisa, Lucian se levantó y miró a Vernon. "Cuídate y no dudes en llamarnos si necesitas algo".

Una ola de cariño envolvió el corazón de Amelia cuando escuchó a Lucian diciéndole eso a su padre.

Aunque ella no era una mujer vanidosa, no pudo evitar sonreír orgullosa ante Jasper y agarrar el brazo de su esposo para marcharse juntos.

"Amelia", exclamó Jasper, luego vio a su alrededor y continuó. "Y Lucian, acabo de llegar con Yolanda, ¿ya ustedes se van?". No pudo evitar sentirse avergonzado mientras miraba a Amelia con vacilación y luego a Lucian con timidez, como vería un subordinado a su jefe

"Sí", respondió Lucian con naturalidad.

Antes de salir de la habitación, Amelia se dio la vuelta para mirar a su padre por última vez. "Papá, te dejé congee en la cocina. Si mañana te quedas solo, me puedes llamar para venir a prepararte la cena".

Aunque realmente no quería decir eso, no pudo evitar ofrecerse porque Vernon seguía siendo su padre después de todo. Como decía el dicho: "La sangre es más espesa que el agua".

"No te preocupes por mí. Estaré bien", respondió Vernon con una leve sonrisa.

Jasper todavía no adivinaba lo que había pasado, así que se acercó a Vernon y le dijo: "Papá, ya vengo, solo quiero hablar un momento a solas con Lucian y Amelia".

Tan pronto como salió de la habitación, Amelia quiso soltarle la mano a Lucian, pero cuando se dio cuenta que Yolanda los estaba viendo apretó su agarre.

Lucian notó su apretón y la miró de soslayo, luego bajó la mirada y vio que Yolanda estaba al pie de las escaleras. "Vámonos rápido", susurró.

Pero con Jasper acercándose a ellos, no pudo decir más.

"¡Oh, son ustedes! ¡Su auto es muy genial!". Como era de esperarse, antes de que Amelia bajara las escaleras, Yolanda ya había iniciado su parloteo.

Pero Amelia estaba acostumbrada a lidiar con ella, así que se preparó para evadirla y seguir su camino hacia la salida.

El rostro de Yolanda se contrajo en un ceño fruncido al ver cómo estaba siendo ignorada. "No tan rápido, Amelia", gritó. "En caso de que aún no estés al tanto, he tomado tu habitación para el bebé... Bueno, solo pensaba que debías saberlo".

"¿Qué?". Enseguida Amelia se volteó con una expresión de indignación y sorpresa.

"Si bien Jasper y yo ya tenemos donde vivir, nos gustaría seguir viniendo de vez en cuando a la mansión. Supongo que no te molestará ya que ahora eres la esposa de un millonario, ¿no es así? Una habitación cutre no debe significar nada para ti". Con los brazos cruzados sobre el pecho, Yolanda contrajo el rostro en un mohín de asco al pensar en la antigua habitación de su hermanastra.

Amelia se aguantó la rabia y dijo con calma: "Puedes tomar lo que quieras, no me importa, pero de ninguna manera vas a tomar mi habitación".

Dicho eso, siguió su camino hacia la puerta principal.

"¡Amelia, todavía no termino contigo! ¡No creas que te tengo miedo solo porque tienes a Lucian a tu lado!". El rostro de Yolanda cambió por completo y ahora un destello de mofa brillaba en sus ojos. Con una mano se agarró el vientre y con la otra señaló el rostro de Amelia antes de decir: "¡Como te casaste con Lucian, ahora cualquier cosa en la familia Mo está a mi entera disposición!".

"¿De verdad crees que puedes convertirte en un miembro de esta familia solo por llevar el apellido?".

Hace diez años, Sophia introdujo a Yolanda a la familia, cambiando su apellido de Che a Mo; con eso la chica pudo empezar a tratar a Vernon como su padre.

Sin embargo, debido a todas las cosas que había tenido que soportar por parte de su hermanastra, a Amelia no le resultaba fácil aceptarla como un miembro de su familia.

Los primeros meses tras la llegada de Sophia fueron apacibles porque ella se comportó como un ángel, pero después comenzó a ponerse ociosa y floja como un gato; no hacía nada en todo el día, solo jugaba mahjong. Como casi no paraba en casa, Amelia tuvo que encargarse de todas las labores domésticas en la mansión y poco cambió cuando contrató a Susan porque todavía quedaban muchas cosas por hacer.

Es por eso que Yolanda siempre actuaba con tanta altivez y se burlaba de Amelia diciendo que no estaba siquiera a la altura de la servidumbre de la familia Mo.

Por la expresión en su rostro, podía adivinarse que a Yolanda realmente le había afectado lo que Amelia le había dicho.

Tenía los dientes apretados porque no esperaba que su hermanastra tuviera las agallas para responderle de esa manera.

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