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   Capítulo 24 El retrato

Adicto Por Xiomara Palabras: 12212

Actualizado: 2020-01-07 01:04


Normalmente Amelia no se defendería por más duras que fuesen las palabras, pero esta vez...

"¿Qué es lo que más aprecias, ah? Estoy segura de que es la foto de tu madre, ¿no es así? Bueno, la guardé en el sótano para que no tengas que preocuparte por perderla".

"¿Pusiste el retrato de mi madre en el sótano?". Amelia estaba furiosa y espabiló los ojos con rabia pura.

"Sí, es el lugar perfecto para guardarlo porque está tranquilo y nunca nadie baja hasta allí, ¿no es eso lo que le gusta a los muertos?", continuó Yolanda con desdén, sin percatarse de que solo estaba haciendo enojar más a Amelia.

"¡Zas!". El ruido de la cachetada resonó en toda la casa.

"¿Cómo te atreves a abofetearme, Amelia?", preguntó Yolanda aturdida mientras se cubría el rostro con la mano.

"¿De verdad pensabas que no me iba a defender? ¡Estás insultado a mi madre, me estás sacando de quicio y no pienso seguir tolerándolo!", respondió con calma mientras caminaba al sótano.

A Amelia no le importaba que se metieran con ella o que la insultaran, pero cuando se trataba de su madre, su límite de tolerancia era mínimo.

Iris se había suicidado porque no había podido manejar todos los problemas que cargaba sobre su espalda, pero eso no quería decir que su memoria no mereciera respeto. Solo las personas malas de corazón eran capaces de hablar mal de los muertos y definitivamente Yolanda y Sophia eran personas horribles.

El sótano era un lugar oscuro y estaba lleno de toda la basura que la familia Mo había ido almacenando a lo largo del tiempo. Cuando bajó las escaleras, Amelia suspiro al encender las luces porque la cantidad de cajas que había en el lugar era abrumadora, sería casi como encontrar una aguja en un pajar. Mientras aguantaba las lágrimas hizo todo lo posible por buscar entre las cajas el retrato de su madre.

"Déjame ayudarte", dijo Lucian suavemente. Su consideración logró consolarla un poco.

"Gracias", respondió ella y siguió buscando.

Aunque había pasado casi media hora, todavía no podían encontrar el retrato de Iris. Para ese entonces ya su frente estaba perlada de sudor porque el aire apenas circulaba por la estancia y era difícil respirar allí. Agobiada, se puso la mano en el entrecejo y respiró profundamente.

"¿Por qué no sales a tomar un poco de aire fresco? Yo me quedaré aquí y seguiré buscando", dijo Lucian suavemente cuando se dio cuenta de que tenía dificultades para respirar.

Él insistió porque sabía que ella nunca admitiría que estaba cansada.

Amelia se limpió el sudor de la frente. Sus ojos estaban rojos e hinchados a pesar de no haber soltado ni una sola lágrima.

Cada vez que el recuerdo de su madre invadía su corazón, ella tenía que controlarse para no llorar a pesar del dolor que sentía. La gente solía decir que en cuanto a los muertos, lo mejor era sonreírles y liberarlos del peso de las preocupaciones mundanas y así lo creía Amelia.

'Mamá, no te preocupes, no pienso seguir aguantando esto; no quiero que te preocupes por mí en el futuro', pensó.

"¡Sí, lo encontré!". Finalmente, Amelia halló el retrato de Iris en una caja. Mientras lo aferraba contra su pecho, las lágrimas se escaparon finalmente de su rostro, soltando todas las emociones que había estado reprimiendo.

"Tranquila, tranquila, ya está". Lucian se acercó a ella y le acarició el pelo para consolarla.

Cuando Amelia subió a la sala no se topó con Yolanda sino con Jasper, quien estaba sentado en el sofá con una mirada culposa en el rostro. Cuando notó su presencia, él caminó hacia ella y le dijo en tono de disculpa: "Amelia, Yolanda fue demasiado lejos esta vez, me disculpo en su nombre".

A Amelia se le había disipado la rabia hasta que lo escuchó decir eso, ahora estaba furiosa, así que se burló con desdén:

"¡Ja, pero tú ni siquiera tienes derecho a pedirme disculpas!".

Jasper estaba visiblemente avergonzado y después de unos segundos fue que pudo responder: "Si soy honesto contigo, la verdad es que no quería tomar tu habitación de esa forma pero... ya sabes que a Yolanda le encanta competir contigo y nada de lo que le dije sirvió porque igual no me hizo caso...".

'¿Qué? ¿De verdad va a interpretar el papel de marido agraviado conmigo?', pensó.

"Sí, es cierto, le encanta quitarme lo que es mío pero si hay algo que puedo agradecerle es que me quitara al imbécil que tenía por novio y me salvara de un porvenir de desdicha". Por primera vez en mucho tiempo, Amelia tenía el coraje de decir lo que sentía. Era como si el retrato de Iris en su mano le diera fuerzas.

Jasper se congeló y pensó: '¡Vaya, sí que ha cambiado, ya ni la reconozco!'.

"Amelia, ¿por qué no llevas el retrato de tu madre a casa? Estoy seguro de que en SJ Garden tendrá el lugar de reposo pacífico que necesita", dijo Lucian suavemente, tomándola por la cintura.

SJ Garden estaba situado al pie de una montaña, junto a un río; definitivamente era un lugar mucho más armonioso que la Mansión Mo, donde todo parecía ser un caos siempre.

El problema era que su matrimonio con Lucian no era real sino un teatro. ¿Sería correcto llevar el retrato de su madre a la casa de un extraño?

"No hay problema, de verdad, quiero que estés tranquila", agregó cuando notó la vacilación en su rostro.

Amelia alzó la mirada y no pudo evitar detenerse en la fina barba que cubría el rostro de Lucian. Aunque a veces parecía que nada le importaba, él siempre lograba hacerla sentir mejor cuando lo necesitaba.

Pronto su ceño fruncido fue reemplazado por una brillante sonrisa.

La escena íntima hizo que el corazón de Jasper se retorciera de dolor.

En el pasado, Amelia solía mirarlo con los mismos ojos llenos de gratitud y amor, pero ahora era otro hombre a quien veía de esa forma.

Cuando Lucian y Amelia regresaron a SJ Garden, ella quiso ir a su habitación para ver donde podía dejar el retrato de Iris, pero Lucian la detuvo y le dijo: "Ven conmigo".

A pesar de no comprender lo que quería, ella todavía lo siguió.

"¿Para qué me trajiste a esta habitación vacía?". De hecho, al estancia estaba casi vacía, salvo po

r algunos muebles finamente dispuestos en lugares estratégicos; el lugar parecía un cuadro clásico pero sin tantos adornos innecesarios.

"Puedes dejar el retrato de tu madre aquí, puedo conseguirte un altar para que lo pongas", sugirió Lucian mientras señalaba un lugar en la pared.

Amelia pensó que eso era innecesario, ya que realmente no le importaba dejar la foto de Iris junto a su cama.

"Gracias, pero honestamente no hay necesidad de hacer esto, puedo ponerlo en mi habitación que es bastante grande de todos modos", respondió tímidamente mientras apretaba el retrato entre sus manos.

"Mira por la ventana, la vista a los bambúes y la pradera es realmente hermosa, siempre se ve así de bonito así sea invierno o verano... Solo deja la foto aquí y te conseguiré un altar", insistió Lucian firmemente.

Sin saber qué decir, ella no pudo negar el hecho de que aquella habitación era mucho más tranquila que cualquier estancia de la Mansión Mo.

'No puedo estar más agradecida con él, ha sido tan solidario conmigo y este gesto es tan considerado', pensó. Si bien era consciente de que la gente adinerada tenía ciertas particularidades, agradecía encarecidamente que Lucian no fuera el típico cliché.

Luego de dejar la foto en una mesita, Lucian se inclinó para contemplarla por un momento y, cuando salieron de la habitación, comentó: "Iris era una dama muy hermosa".

Amelia sonrió y dijo con orgullo: "Mi padre me decía que solía ser el centro de atención en la universidad, todos los chicos la perseguían".

Al contemplar la felicidad en el rostro de Amelia, una suave sonrisa se esbozó en el suyo. "Bueno, has hecho honor a su belleza, de eso no hay dudas".

Las facciones de Amelia eran delicadas, su brillante sonrisa hacia que la gente se sintiera conmovida y su inocencia y castidad sin dudas provocaban cosquillas en el estómago de Lucian, quien por alguna razón se sentía consolado a su lado.

Por mucho que él intentara tratarla como trataba a las demás mujeres, pronto se dio cuenta de que no funcionaba en su caso por el simple hecho de que ella no era como las demás. Amelia se sentía cómoda consigo misma y no tenía problemas en expresar sus emociones, una cualidad que él consideraba vigorizante.

'¿Eso fue un cumplido?'. Amelia lo miró con sorpresa, se sonrojó y se cubrió el rostro inconscientemente.

Por fortuna ya su mejilla no estaba hinchada.

"Lily, ¿podrías preparar sopa de judías verdes para la cena de la señora Amelia?, le pidió a la criada luego de hacer una llamada. "Esta noche tengo una cena importante así que no regresaré hasta tarde. Por favor, asegúrate de que la señora Amelia se acueste temprano".

"Está bien", asintió Lily y luego preguntó cautelosamente: "Señor Lucian, ¿la señora está embarazada?".

¡Embarazada! Lucian frunció el ceño de inmediato y respondió con otra pregunta: "¿Por qué piensas eso?".

¿Cómo se suponía que iba a quedar embarazada si ni siquiera dormían en la misma habitación?

"Lo pregunto porque he notado que no duermen en la misma habitación... ¡Si la señora Amelia está embarazada, con más razón debería dormir con usted en la habitación principal para que pueda vigilar su sueño!". La criada estaba visiblemente confundida.

De pronto, el rostro de Lucian se tornó sombrío y dijo con solemnidad: "Solo concéntrate en hacer tu trabajo. No metas la nariz donde no te incumba".

Si Lily no lo hubiera mencionado, él ni siquiera se habría dado cuenta de que eso sería un problema; después de todo, la preocupación de la criada era completamente valida dado que eran un pareja de recién casados.

Cuando Amelia bajó las escaleras no pudo encontrar a Lucian por ningún lado, pero pronto Lily salió de la cocina y le dijo: "Señora Amelia, el señor Lucian me pidió que le preparara sopa de judías verdes para la cena, también me dijo que esta noche cenará con un cliente y que no hay necesidad de que lo espere".

En la boca de Lily, Lucian sonaba como el esposo perfecto.

Amelia asintió con una sonrisa, se sentó en la mesa y luego invitó a la criada a comer con ella; no obstante, Lily sacudió la mano tímidamente y le respondió: "No hay necesidad señora, Amelia, disfrute su comida que yo comeré más tarde".

Cuando notó lo nerviosa que estaba, Amelia se puso de pie y se le acercó para preguntarle con suavidad: "Por favor, ¿podrías acompañarme a cenar? Es muy aburrido comer sola".

De hecho, vivir sola en una casa tan grande la deprimía un poco.

"Está bien", asintió Lily, incapaz de rechazar una petición tan amable por parte de su señora. "Soy tan afortunada de estar a su servicio, usted es realmente muy amable y paciente".

Por alguna razón, sus palabras entristecieron a Amelia.

"Lily, de ahora en adelante no quiero que me veas como a tu ama y yo tampoco te trataré como mi sirvienta. Si tienes miedo de que Lucian te regañe, puedes llamarme por mi nombre cuando estemos solas las dos. ¿Te parece?". Amelia sabía perfectamente lo que se sentía ser tratada como una sirvienta y honestamente no quería hacerle eso a nadie. Para ella, Lily era como una hermana pequeña y no concebía tratarla de otra forma.

"Señora Amelia, usted es... tan amable. Me acabo de graduar de la secundaria, pero este no es mi primer trabajo, ya he servido a otras familias adineradas pero todos estaban un poco mal de la cabeza, se enojaban por la más mínima tontería y me gritaban... Usted ha sido la única que me ha tratado con amabilidad". La mirada de Lily irradiaba gratitud por todos lados y sus ojos estaban borrosos por las lágrimas acumuladas en ellos.

Después de cenar, Amelia dio un pequeño paseo por los alrededores y después volvió a la sala de estar para ver la televisión con Lily. Cuando el reloj dio las diez, la chica le recordó: "Señora Amelia, puede acostarse ya si tiene sueño".

Como sabía que no tenía que esperar a Lucian, Amelia le hizo caso y subió a la habitación. No quería quedarse despierta hasta tarde, así que se dio una ducha rápida y se fue a la cama. No obstante, no pudo conciliar el sueño fácilmente porque no dejaba de pensar en Lucian.

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