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   Capítulo 26 Me tengo que ir

Adicto Por Xiomara Palabras: 11005

Actualizado: 2020-01-08 00:34


Lucian atenuó la mirada y preguntó con indiferencia: "¿Qué piensas hacer si me voy?".

Si su tono de voz hubiese sido diferente, habría sonado conmovedor pero en vez de eso parecía impaciente

Su comportamiento era, cuando menos, extraño. ¿No había dicho esa mujer que se verían de nuevo esa noche? Era natural que Amelia asumiera que no regresaría a casa con ella.

"Siempre me voy a casa después del trabajo, hoy puedo tomar un taxi, ¿no habías dicho que tenías una cita esta noche? ¿Ella no se enojará llegas tarde?", dijo sarcásticamente, desviando la mirada.

"¿Son celos eso que siento en tu voz?", preguntó él con frialdad.

Amelia logró adivinar el sarcasmo que se escondía tras esa frase.

"¡Qué infantil eres!". Y con eso agarró su cartera y se dio media vuelta para marcharse.

Dejándose caer en el sofá, Lucian sonrió para sí mismo.

En el elevador, Amelia se quedó mirando el vacío mientras su espalda no paraba de sudar.

El silencio profundo la llevó a pensar de nuevo en el beso. Estaba tan atrapada en sus propios pensamientos que no se dio cuenta de que Lucian ya estaba parado detrás de ella.

La primera vez, cuando él la besó frente a Francis y Nicolas, ella no estaba muy contenta con él, pues encontró ese gesto completamente innecesario. Sin embargo, hoy se sentía diferente, su corazón no dejaba de latir a toda máquina y estaba inquieta, era como si no pudiera mantener la compostura ante él.

"Bueno, aquí estamos", dijo Lucian claramente, sacándola de su letargo.

Ella se estremeció, pues todavía se sentía algo avergonzada.

No podía quedarse tranquila porque tenía la sensación de que todo el mundo en la ciudad se estaba burlando de ella.

Tan pronto como salieron del edificio, ella notó que una mujer vestida de rojo saludaba con emoción a Lucian, sonriendo de oreja a oreja.

Amelia intentó dejar cierta distancia entre los dos para evitar cualquier incomodidad y por temor a causar problemas.

Al igual que ellos, muchos trabajadores también estaban saliendo de sus respectivos puestos de trabajo y mientras ella se quedó parada a las puertas del edificio sin saber qué hacer, la gente la miraba como lo había hecho en la mañana. Sin embargo, esta vez, no era porque se estuviera bajando de un auto lujoso y le causó curiosidad lo que la gente pudiera estar pensando.

"Lucian, te he estado esperando por media hora". Cuando Lucian se acercó a la mujer, ella lo abrazó con cariño y le dio un beso. Era una escena adorable.

Amelia frunció los labios y desvió la mirada. 'Podrá ser muy apuesto, pero estoy segura de que nunca quisiera salir de verdad con alguien como él', pensó

"¿Qué? ¿Por qué esa mujer besa al señor Lucian frente a su esposa? ¿Cómo se atreve?", comentó una mujer que iba pasando.

"Baja la voz, el señor Lucian podría escucharte y despedirte", respondió su colega, tirando de su manga. Luego susurró: "Tengo entendido que esa es Sasha, una vieja amiga del señor Lucian, ella también es hija de una familia prominente. ¡Creo que se habrían casado desde hace tiempo de no ser por la señora Francis!".

Aunque hablaban en voz baja, Amelia fue capaz de escuchar claramente lo que decían.

Inexplicablemente, su corazón se desplomó y se sintió muy triste.

De pronto sintió como si todas sus justificaciones y excusas hubiesen colapsado.

Aunque todo era una farsa, parecía que ella se lo había tomado a pecho.

No era de extrañar que Lucian no hubiese regresado anoche, pues la estaba pasando muy bien con esa mujer. ¿Entonces eso quería decir que su acuerdo había terminado?

Aunque se suponía que había esperado ese momento por mucho tiempo, ahora que finalmente había llegado, no tenía en claro qué hacer a continuación.

"¿En qué piensas?". Cuando se dio cuenta de que ella no lo había seguido, se le acercó y la tomó por el brazo antes de conducirla hacia Sasha. "Conoce a mi asistente, Amelia".

"Hola", la saludó la mujer con una gran sonrisa y ella no pudo evitar pensar: '¿Será que es una modelo?'. Era tan sensual y tenía una sonrisa tan brillante. ¡Lucía como una diosa!

No era de extrañar que a Lucian le gustara, ¿qué hombre no se volvería loco por una mujer tan hermosa como Sasha?

"Hola", dijo Amelia en voz baja mientras extendía su mano con timidez, aunque internamente estaba teniendo un ataque de pánico.

"Tienes una asistente muy hermosa, Lucian", comentó Sasha, todavía con una gran sonrisa.

Parecía que la mujer no estaba al tanto de su trato con ella, o de lo contrario no se mostraría tan amable.

"Gracias"·, respondió Amelia, un poco avergonzada. Dado que Lucian la había presentado como su asistente, no había nada que pudiera seguir haciendo allí, pues era obvio que tres eran multitud. Obviamente, él no iba a decirle a Sasha que estaban casados. "Señor Lucian, señora Sasha, me tengo que ir, espero que la pasen muy bien esta noche".

Amelia esbozó una gran sonrisa y antes de que Lucian pudiera decir nada, ya se había dado media vuelta para marcharse.

Cuando estuvo del otro lado de la calle, dejó escapar un suspiro de alivio seguido por una oleada de tristeza.

Se tuvo que sentar en una escalinata porque estaba demasiado abrumada como para continuar.

Después de todo, resultaba que Lucian ya estaba enamorado de alguien más. Con razón le interesaba tanto casarse, pues solo quería acallar a su madre para poder estar con su verdadero amor. Parecía que su matrimonio falso con Amelia solo había sido una excusa para ganar tiempo antes

del regreso de Sasha.

No pudo evitar sentirse utilizada por Lucian, aunque si lo pensaba bien, ella también se había beneficiado del trato que habían hecho.

Si realmente contribuyó a que él y Sasha pudieran estar juntos, entonces quería el mérito por ello.

Amelia decidió verlo desde esa perspectiva para consolarse un poco. Como todavía era temprano, decidió llamar a Courtney para cenar con ella en algún lugar donde sirvieran caldero mongol. Luego le mandó un mensaje a Lily para avisarle que no iría a cenar a casa esa noche.

Al caer la tarde, las calles quedaron iluminadas por el destello de las farolas e inundadas por la gente y los autos. Amelia y Courtney fueron a comer en un puesto de comida rápida y se sentaron al aire libre a degustar sus cócteles y brochetas. Conversaron largo rato mientras comían y bebían plácidamente.

"Amelia, ¿te imaginas la que se armaría si mañana aparecieras en las portadas de los diarios con este aspecto?", comentó Courtney entre risas al verla comiendo al borde de la carretera con el rostro embarrado en salsa.

"Ya me lo imagino, ¡la dama de la familia Zhan, vagando por las calles de la ciudad!", se burló Amelia.

"No te preocupes, estoy segura de que ya tienen la foto que saldrá mañana en todas las noticias. ¡Al menos el puesto de brochetas ganará una buena publicidad! ¡Pronto no se podrá estar aquí de lo abarrotado que estará!", respondió Courtney, dejando volar la imaginación.

Al principio ellas habían tenido la intención de comer caldero mongol, pero como el lugar al que fueron estaba abarrotado, terminaron comiendo en un puesto de comida rápida al borde de la carretera.

"Por cierto, ¿ya Kent empezó a trabajar en el Grupo Zhan?". Hasta entonces, Amelia había pasado casi toda su jornada en la oficina y como el edificio era tan grande, era poco probable que se topara con él.

"Ayer se reportó en recursos humanos, escuché que le fue bastante bien". Courtney levantó su copa de cóctel y dijo con una sonrisa: "¡Brindemos por eso! ¡Por el futuro feliz que la vida nos depara!".

Un futuro feliz... Para Amelia esa frase prácticamente carecía de sentido.

Como si la muerte de su madre no fuera lo suficientemente traumática para ella, la traición de Jasper tampoco la ayudó mucho a pensar en su futuro con esperanza.

Ella nunca se había propuesto a buscar la felicidad, o quizás no había conocido a nadie que pudiera hacerla realmente feliz.

"¡Salud!", dijo y luego se llevó el vaso a la boca y empezó a beber.

Courtney, sin embargo, parecía sorprendida por su actitud y le preguntó: ¿Acaso no eres feliz, Amelia?".

"¿Por qué habría de sentirme desdichada?". Dicho eso, se limpió los labios con las manos, luciendo bastante tranquila.

"Entonces, ¿por qué acabas de beber tu bebida de un solo trago? ¿Lucian no se enojará si llegas borracha esta noche?". Si bien no había problemas con que bebiera un par de copas, no era lo correcto que se embriagara ahora que estaba casada.

Después de todo, la familia Zhan era muy estricta y a Courtney le preocupaba lo que pasaría si Amelia rompía una de sus reglas.

"Nos conocemos desde hace años; sé que odias que te controlen y honestamente no sé cómo te trata la familia Zhan, pero lo que trato de decirte es que si no estás cómoda allí, por favor dímelo. Aunque no puedo hacer nada al respecto, al menos puedo ofrecerte mi hogar para que te quedes conmigo si así lo deseas", dijo Courtney de corazón, mientras veía a Amelia, quien ya estaba algo embriagada.

"Gracias", respondió Amelia, atragantándose con un nudo en la garganta. En ese momento se dio cuenta de lo mucho que había crecido su amiga, definitivamente no era la misma chica de hace unos años.

Amelia era consciente de que tenía que enfrentar cualquier vicisitud que la vida le deparara, pues esa era la única forma en que podría crecer como persona.

Todavía estaba lo suficientemente sobria como para tomar un taxi, así que decidió hacerlo. No obstante, Courtney seguía preocupada por ella, así que se le acercó y trató de ayudarla. "¿Dónde está tu teléfono? Llamaré a Lucian y le pediré que te venga a recoger...".

"¡No, por favor!", la detuvo de inmediato. "Él ahorita está en una cena importante, tomaré un taxi".

Para espabilarse, se clavó las uñas en las palmas y sacudió un poco la cabeza.

"Sé que tomaste más de la cuenta cuando no te estaba viendo". Courtney no estaba cómoda con la idea de dejarla sola en un taxi, así que le propuso: "¿Por qué no te quedas en mi casa esta noche?".

"Mañana tengo que ir a trabajar", le explicó Amelia, negando con l cabeza.

Aunque SJ Garden no era su verdadero hogar, todo lo que quería era ir allí y entrar a la habitación donde estaba el retrato de Iris.

"Bueno, supongo que ahora que estás casada no eres mi responsabilidad; no soy más que tu amiga", admitió Courtney. Cuando finalmente pararon un taxi, ella habló con el conductor antes de dejar que Amelia se fuera con él.

En realidad, Amelia sí estaba borracha, pero no lo suficiente como para no recordar lo que pasó. Al llegar a SJ Garden, sintió que el estómago le daba vueltas y tuvo que recostarse contra el umbral de la puerta para inducirse el vómito. De repente, una mano la agarró por la muñeca. Asustada, ella trató de recomponerse para no vomitar y la bilis se le quedó atorada en la garganta, dificultándole la respiración.

Sus ojos aguados reflejaban a la perfección la luz de la luna, dibujando pequeñas estrellas brillantes en ellos.

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