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   Capítulo 28 Solo te quiero a ti

Adicto Por Xiomara Palabras: 10032

Actualizado: 2020-01-08 00:54


Una sonrisa llena de ironía apareció en el rostro de Sasha antes de responder con tristeza: "Lucian, solo te quiero a ti".

Con eso, salió de la oficina.

Cuando Lucian llegó a casa descubrió que Amelia había pasado toda la tarde en la habitación donde estaba el retrato de su madre y Lily le informó que no salió ni siquiera cuando ella llamó a su puerta.

'¿Desde cuándo esta mujer es tan obediente?', se preguntó.

Él solo quería asegurarse de que no volviera a emborracharse de nuevo, pero no esperaba que siguiera sus indicaciones al pie de la letra.

Lucian se fue directo a la habitación con la llave de la puerta y cuando la abrió se encontró con una figura de espaldas mirando el retrato en la pared y murmurando:

"Mamá, lo siento tanto; anoche bebí demasiado y como castigo Lucian me pidió que viniera a purgar mis pecados. Creo que solo se estaba burlando de mí, pero no me importa venir aquí y hablar contigo".

Él no había querido castigarla, tan solo quería que aprendiera la lección para que no volviera a pasarse de copas.

"Mamá, probablemente ya conozcas a Lucian, él es tan apuesto y amable; a veces también suele ser muy dulce conmigo, pero lo que más me conmovió fue cuando me pidió que viniera hasta aquí para que no te sintieras tan sola...".

A pesar de que sonaba natural, Lucian sentía que solo estaba fingiendo.

Cuando pensó que había terminado de hablar, intentó acercarse, pero ella continuó: "No sé qué fue lo que me pasó, por alguna razón me molesté mucho cuando regresó su novia... Sé que nuestra relación es falsa, pero aun así estaba muy triste y no es que me sintiera infeliz con la vida de lujos que me ha estado dando, sino que simplemente me sentí incómoda...".

La voz de Amelia se escuchaba suave y tierna, y para Lucian resultó de lo más adorable.

Pronto una sonrisa apareció en su rostro y una inexplicable felicidad le embargó el corazón.

"¿En serio?". De repente, una gélida voz sacó a Amelia de su letargo.

Era Lucian, pero, ¿qué estaba haciendo él allí?

Inmediatamente, Amelia se dio la vuelta para comprobar que fuera él y cuando lo vio, se dejó caer en el suelo con una expresión de completo terror. ¿Había estado escuchado su conversación con Iris?

'¡Maldición, estaba tan perdida en mis pensamientos que ni siquiera me di cuenta que alguien había entrado!'.

"Lucian, ¿acaso no te enseñaron modales?", le reclamó.

Él alzó la vista hacia la foto en blanco y negro que estaba en la pared y susurró: "¿Sabías que no es correcto gritar delante del retrato de tu madre?".

Amelia se quedó sin palabras, se sentía sumamente avergonzada y su rostro se había puesto rojo como un tomate maduro.

"¿Por qué te pones así? ¿Te avergüenza verme aquí?". Dicho eso, se inclinó y la ayudó a levantarse.

"¡No, claro que no!". Sin embargo, cuando recordó todo lo que había dicho, la vergüenza la embargó y tuvo que agachar la cabeza mientras trataba infructuosamente de liberarse de su agarre.

"Sabes que soy más fuerte, no te puedes deshacer de mí", le susurró Lucian al oído, derritiéndola como mantequilla.

El zumbido de los latidos de su corazón le pulsaba los oídos.

Para ninguna mujer era fácil hacerle frente a un hombre, pues éstos generalmente eran más corpulentos y fuertes. Mientras él la sostenía, Amelia se quedó tiesa, lo cual los dejó en una posición bastante íntima.

"Lily me dijo que no has comido nada en todo el día, ¿acaso estás en huelga de hambre?", preguntó suavemente mientras aflojaba su agarre.

En ese instante, ella no podía discernir si estaba soñando o no.

Lucian, quien siempre parecía frío y distante, estaba genuinamente preocupado por ella. Al menos era paciente y comprensivo.

Al escuchar eso, ella volvió en sí y retrocedió un poco antes de responder: "No he sentido hambre".

Obviamente estaba mintiendo.

Como estaban solos en la habitación, el rugido de su estómago no podía pasar desapercibido.

Eso solo hizo que se avergonzara más.

Con el ceño fruncido, Lucian la sostuvo y le dijo: "Ven, vamos a cenar".

Su tono era sumamente serio.

Amelia no lo rechazó, pues aunque no quería cenar con él, sentía demasiada hambre y no tenía más elección.

"Mm, pollo con chile, pescado en escabeche...", murmuró con una sonrisa cuando Lily sirvió la mesa. Luego levantó sus palillos y dijo: "Muchas gracias, Lily. ¡Estos son mis platillos favoritos!".

"No tiene que agradecerme, señora Amelia, fue el señor Lucian quien me dijo que le gustaba la comida picante. Espero que lo disfrute", respondió la criada.

'¿Lucian hizo eso?'. Amelia frunció el ceño y alzó la mirada para ver que él se había sentado justo enfrente.

'¿Quiere verme mientras como?', pensó, aterrada.

"Lily, ¿podrías traerme unos utensilios y un plato? Me gustaría cenar con la señora Amelia", ordenó una voz grave desde el otro lado de la mesa.

¿Acaso la engañaban sus oídos? ¿De verdad había dicho que quería cenar con ella?

"Muy bien". Lily se dio la vuelta para ir a la cocina y c

uando regresó, trajo consigo unos palillos y un cuenco para Lucian. "Señora Amelia, recuerdo que una vez me dijo que no le gustaba comer sola y hoy se lo comenté al señor Lucian. Es tan terno, definitivamente está enamorado de usted".

'Parece que Lily no sabe guardarse las cosas, creo que cometí un error al confiar en ella', pensó.

Sin embargo, dado que era la empleada de Lucian, no le sorprendía en lo más mínimo que le contara esas cosas.

Amelia solo lo había dicho en esa ocasión porque quería que Lily la acompañara a cenar, no porque se quejara de que Lucian no le hacía compañía.

Sin saber qué decir, solo bajó la cabeza y empezó a servirse. El hambre se le desarrolló después del primer bocado y empezó a comer con avidez.

"Tranquila que te vas a ahogar", dijo Lucian, al tiempo que colocaba un vaso de agua frente a ella.

Amelia alzó la mirada y se topó con sus ojos profundos.

Algo en ellos había cambiado, era como si toda la frialdad se hubiera marchado para dar paso a la ternura.

"Gracias", murmuró torpemente.

Lucian dejó escapar una risita al notar su mirada tímida y comentó: "¿Por qué te empeñas en ser tan educada conmigo si estamos casados?".

"¿Qué?". Amelia se sorprendió, pues eso era lo último que esperaba que saliera de su boca.

¡Oh Dios! ¿Por qué estaba actuando tan extraño? Hablaba como si fuera alguien distinto, especialmente cuando mencionó lo del matrimonio.

¿Acaso solo estaba siendo amable porque estaban a punto de separarse?

"Lucian, no tienes que hacer esto; me he acostumbrado a las despedidas, puedo lidiar con esto", dijo fingiendo tranquilidad, aunque internamente estaba en crisis.

Lo cierto era que tenía miedo de la separación y de la vida que le esperaba después.

"¿De qué estás hablando? Creo que no termino de captar lo que quieres decir", dijo Lucian, perplejo.

Él insistía en actuar como si nada estuviera pasando, así que fue directo al grano.

"Lucian, ya conocí a Sasha ayer; ella es tu novia, ¿no?", preguntó Amelia con seriedad mientras bajaba los palillos.

Con las cejas alzadas, Lucian respondió con otra pregunta: "¿Acaso estás celosa?".

Ella estaba tratando de tener una conversación seria con él, pero Lucian insistía en esquivar el asunto.

Como no podía comprender lo que pretendía, decidió dejarlo pasar; de todas formas, ya no importaba porque su matrimonio falso había llegado a su fin.

"Lucian, como ella ya regresó, creo que es tiempo de terminar con esta farsa", dijo sin inmutarse, tratando de no sonar triste ni molesta.

El rostro de Lucian se ensombreció por completo y respondió con frialdad, ignorando lo que ella acababa de decir. "Si ya terminaste de comer, puedes subir y escribir las reflexiones a las que llegaste hoy. ¡Y ni se te ocurra volver a embriagarte sin mi permiso!".

Su tono cambió repentinamente y la gentileza se vio reemplazada por la rabia. Dicho eso, se levantó de la mesa y se fue de mala gana.

Cuando Amelia se encontró sola en el comedor, sintió que el corazón le empezaba a doler.

Si Lucian no la amaba, ¿por qué insistía en querer controlarla?

Entonces decidió seguir haciéndole caso, pues pensaba que quizás de esa forma lograría liberarse.

Para ella, su palabra era la ley y haría cualquier cosa que le pidiera.

Después de escribir sus reflexiones, caminó con la hoja hasta su estudio y llamó a la puerta. Con su permiso, colocó el informe sobre la mesa y dijo sin emoción: "Aquí está la reflexión que me pediste".

Lucian estaba hojeando algunos documentos cuando ella lo interrumpió. Luego alzó la mirada y le dijo con frialdad: "Apuesto a que te sentiste fatal mientras lo escribías, ¿por qué demonios no pensaste en tu hígado antes de beber tanto?".

"¡Nadie es tan responsable, Lucian!", respondió ella con impaciencia, aunque se arrepintió de sus palabras tan pronto como éstas salieron de su boca.

¿Por qué le habló de esa forma? ¿Acaso estaba tratando de sabotearse a sí misma?

"Bueno, esto está muy bien escrito, aprecio mucho que lo hayas hecho... Lo dejaré pasar, pero solo por esta vez", advirtió Lucian después de leer el informe que Amelia le acababa de entregar.

Se sentía como si fuera un maestro regañando a su estudiante desobediente.

Amelia no dijo nada, sino que simplemente se dio la vuelta para marcharse pero él la detuvo: "Mañana es sábado, así que eres libre de salir y hacer lo que quieras".

Aunque estaba molesta, no pudo evitar emocionarse al escuchar eso, pero se aseguró de no demostrarlo porque temía que Lucian cambiara de opinión. "Está bien", respondió con el tono más despreocupado que pudo.

Él entrecerró los ojos como si sospechara de su tranquilidad pero no dijo nada más.

No hacía falta decir que Lucian era increíblemente bueno adivinando las intenciones de la gente.

De todas formas, lo importante era que tendría todo el día para ella sola; podría salir y tomar algo de aire fresco, pero lo que más la emocionaba era no tener que estar bajo su ojo escrutador.

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