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   Capítulo 65 Un Accidente

Adicto Por Changdu Palabras: 14552

Actualizado: 2020-01-14 00:44


"Courtney desapareció en tu restaurante y si no la encuentras, serás responsable por esto...". Amelia no pudo terminar la oración porque de pronto sintió que perdía la fuerza y su cuerpo se desplomó en el suelo. No podía ponerse de pie y estaba demasiado débil como para pronunciar una palabra más.

Frente a ella, el hombre la miraba imperturbable; luego se le acercó y Amelia pudo notar el extraño brillo en sus ojos. Él extendió la mano y le acarició el pelo para peinarlo hacia atrás. "No te preocupes, señorita Amelia. Me encargaré de esto y me haré responsable".

"¿Qué estás haciendo?", gritó ella, sorprendida por las acciones del hombre. Vigorizada por la rabia, rápidamente le apartó la mano y lo miró con firmeza.

Un extraño dolor empezaba a extenderse por su cuerpo y la presionaba, dejándola sin fuerzas para defenderse. Sin embargo, nunca permitiría que nadie la tocara, incluso en una situación tan grave.

"Señor Chen, encontramos a la dama". La tensión se vio interrumpida por una voz desconocida. Desde un rincón, apareció la figura de un joven vestido elegantemente.

Al escuchar sus palabras, Amelia se dio la vuelta y le preguntó: "¿Es cierto lo que dices? ¿Encontraron a mi amiga?".

"No es gran cosa, señorita Amelia... No te pongas tan ansiosa. Ven, déjame ayudarte", dijo el hombre, quien todavía estaba muy cerca de ella e hizo un ademán para volver a ayudarla. Una gran sonrisa adornaba su rostro en ese momento.

Luego de escuchar que su amiga había aparecido, se sintió mucho más aliviada y miró al hombre frente a ella, todavía vacilante de aceptar su ayuda. Terca como era, intentó pararse por su cuenta, pero no pudo, pues no tenía fuerza en las extremidades. Sabía que debía abandonar su tozudez porque, de lo contrario, no podría bajar las escaleras por su cuenta.

No le quedó de otra que aceptar la ayuda del desconocido para ponerse de pie y poder caminar.

Poco a poco, bajó las escaleras asistida por el hombre y, justo cuando estaban cerca de la salida, Lucian llegó y se puso ansioso al verla con ese sujeto. Él enseguida vio que el brazo del hombre le rodeaba el hombro y estaban en una posición muy íntima. Inmediatamente se apresuró a su encuentro y le advirtió: "¡Aléjate de mi mujer!".

"Cariño, aquí estás". La tierna voz de Amelia mitigó la furia que crecía en el corazón de Lucian. Más calmado, se dispuso a comprobar que ella no estuviera herida.

Al mismo tiempo, una Courtney muy ebria y con la ropa desarreglada, salió a su encuentro, llamando a Amelia. Al verla, Lucian frunció el ceño y le ordenó a sus hombres: "Ayúdenla a subir al auto, yo me encargaré de todo aquí".

Uno de los guardaespaldas se acercó a Courtney y la ayudó a salir del restaurante. Para ese entonces, el lugar estaba vacío, pues todos los clientes se habían marchado cuando vieron que Lucian apareció.

El restaurante parecía una taberna de maleantes que había sido requisada por la policía.

"¡Bienvenido, señor Lucian!", lo saludó el gerente, siempre con una gran sonrisa.

Lucian miró al sujeto con frialdad mientras abrazaba a Amelia y la ayudaba a mantener el equilibrio: "¿Qué les hiciste?", le preguntó toscamente.

Pero al hombre parecía no importarle su frialdad y mantuvo su sonrisa en todo momento. "La señorita Amelia y su amiga bebieron demasiado esta noche... me di cuenta cuando llegué, pero todo está bien, no pasó nada".

"Ciro, los años de reputación de tu restaurante terminan ahora". Las palabras de Lucian salieron de su boca como una nevada nocturna, gélidas y mortales. Sin más que decir, rápidamente cargó a Amelia y la sacó de allí. El gerente del lugar, Ciro, se quedó pasmado con una expresión amarga en su rostro.

Mientras tanto, Amelia seguía mareada y sentía que su cuerpo se balanceaba en el aire. En su ensueño, logró abrir los ojos para ver el rostro de Lucian y, como pudo, lo tanteó como si no pudiera verlo claramente. Su miedo y ansiedad pronto se desvanecieron ante su presencia.

"¿Por qué está haciendo tanto calor?". Cuando la metió en el auto, Lucian le tocó la frente y frunció el ceño; Amelia estaba hirviendo. Pensaba que estaba resfriada, así que le pidió a Frank que condujera a toda prisa y se sentó en el asiento trasero junto con ella, pues quería mantenerla vigilada en todo momento.

"Lo siento... no bebí mucho...", murmuró ella sinceramente, r

, la abrazó con fuerza, sin ánimos de soltarla.

Amelia de por sí estaba conmocionaba por descubrir que había dormido en la misma cama con Lucian y su próximo movimiento la sorprendió aún más. Ella pudo sentir cómo sus fuertes manos se envolvían alrededor de su cintura y su cuerpo se pegaba al suyo. Tenía la cara casi aplastada a la fuerza contra su pecho y tanta intimidad hizo que su corazón se acelerara a millón. No podía ni respirar.

Luego de un rato, una voz fría le preguntó: "¿Recuerdas lo que pasó anoche?".

Bueno... anoche había bebido una cerveza y... Courtney desapareció... y después vino Lucian y... Amelia se devanó los sesos tratando de recordar lo que había pasado, pero solo le llegaban vagas imágenes de lo que había pasado.

"Sí, lo recuerdo", respondió en voz baja. Ella sabía que había cometido un error, así que se disculpó enseguida: "Lo siento, es que Courtney y Kent pelearon y quería acompañarla...".

"Por tu culpa pasé la noche en vela, estoy demasiado cansado; será mejor que te quedes en mis brazos o las pagarás", la interrumpió con esa fría advertencia.

Cada palabra salió de su boca con firmeza, parecía realmente molesto.

"¿No dormiste en toda la noche?", preguntó ella, sorprendida. Entonces alzó la cabeza y trató de mirarlo mejor, pero él la apretó contra su pecho y no dejó que se moviera ni un poco.

"Si, por tu culpa", dijo él, impacientado. Luego la amenazó, "Amelia, será mejor que te quedes callada o...".

Naturalmente, ella comprendió su punto; tampoco es que fuera tan terca como para seguir parloteando y provocarlo, así que cerró la boca y enterró la cabeza entre sus brazos como si fuera un soldado tratando de resguardarse de una bomba.

Amelia se sentía tan culpable que no quería ni siquiera respirar muy hondo; sin embargo, con el tiempo empezó a sofocarse y a sentir que le faltaba la respiración, así que, inconscientemente, respiró muy hondo y despertó a Lucian.

Por suerte, él no le dijo nada y solo se movió para abrazarla más fuerte y seguir durmiendo. Poco a poco, su respiración se acompasó de nuevo hasta que se quedó dormido

Amelia, por su parte, quería quedarse obedientemente entre sus brazos, pero como no estaba acostumbrada, se sintió muy incómoda hasta el punto que no podía respirar con naturalidad...

No tenía idea de que sus pequeños movimientos eran como los de una gatita inquieta que no dejaba de frotarse contra Lucian.

Ahora, él estaba despierto de nuevo, pues su roce constante habían logrado despabilarlo. Un poco molesto, abrió los ojos y la miró fijamente, luego le ordenó: "Amelia, escribe un ensayo autocrítico sobre tus acciones de anoche. Debe tener al menos dos mil palabras y debes entregármelo antes de la cena".

Dicho eso, Lucian se dio la vuelta y volvió a dormir. De nuevo, Amelia estaba impactada y con los ojos espabilados, pues no podía creer lo que acababa de ocurrir.

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