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   Capítulo 3 Solo él

Doble Moral Por Elizabeth R Palabras: 6394

Actualizado: 2021-04-04 09:26


Benjamín POV

¿Qué demonios es ese ruido? ¿Dónde estoy? Joder, ¿qué ha pasado?, pienso en mis adentros mientras intento abrir los ojos, pero un dolor punzante me atraviesa la cabeza. Puedo sentir que estoy tumbado en una cama y aún tengo la ropa puesta. Mierda Benjamín, ¡piensa!

Después de un minuto, finalmente consigo echar un vistazo desde mis párpados semicerrados. La brillante luz del sol hace arder mis córneas. Mientras piezas de recuerdos empiezan a filtrarse en mi mente… auto averiado, dos chicas, Angry Rooster, tener sexo. Con esto todo vuelve con fuerza.

—Camille —expreso, y me siento de golpe. Miro a mi alrededor y me doy cuenta de que estoy solo—. ¿Qué demonios pasó anoche? Me siento como si me hubieran golpeado varias veces. —Es entonces cuando veo mi bolsa de viaje abierta y su contenido desparramado por el suelo.

—Mierda —gruño abalanzándome sobre ella. Rebusco entre mis pertenencias y no veo que falte nada. Sé que no la dejé así. Soy muy analítico con la organización. Algo no está bien aquí.

Un objeto de plástico brillante me llama la atención sobre la cama. Al acercarme me doy cuenta de que es mi licencia. Frenéticamente me agarro el bolsillo trasero y siento que me falta la cartera.

—No puede ser —grito mientras saco el edredón desgastado de la cama, con la esperanza de que la cartera salga de algún lugar de la cama.

—Oh, ella está muerta. Acaba de firmar su certificado de defunción —digo mientras no puedo creer que caí en esta mierda… pronto seré un capo de la mafia, y acabo de ser engañado por unas malditas universitarias, o lo que sean esas dos.

Hago memoria, y sé que no bebí lo suficiente anoche para estar tan borracho. Pero ese último trago que la perra prácticamente me empujó por la garganta tuvo que haber tenido algo. La mataré. Empezaré por sus rótulas y luego le dislocaré los hombros. Ella conocerá el dolor.

Nadie me hace esta mierda. Y no me importa lo hermosa que es o las ganas que tengo de follarla… Espera, qué. ¿Te ha robado y todavía quieres follártela? Debo ser un nuevo tipo de estúpido.

Todavía con el cerebro nublado, recuerdo sus últimas palabras antes de que todo se volviera borroso anoche…

"No cariño, yo te voy a follar a ti."

Una fuerte carcajada sarcástica surge de lo más profundo de mi pecho.

—Sí, nena, me has follado bien, pero existe la venganza. Espero que estés preparada para que te folle sin lubricación. Crudo y duro. Te encontraré una vez que mi negocio aquí esté completo, muñeca.

Más tarde, para añadir un nuevo insulto a mi ya maltrecho ego, descubro que me mintieron sobre lo lejos que estaba Montgomery. Solo está a 15 minutos de aquel espantoso lugar en el que pasé la noche. Una trampa desde el principio. Esto me hace desear que mis manos no estén tan atadas en este pueblo de mala muerte, ya que podría traer a mis hombres y tenerla acorralada en poco tiempo, pero no puedo arriesgarme a que me descubran aquí. Además, me da demasiada vergüenza que alguien sepa cómo me ha engañado una chica. Este debe ser mi pequeño secreto y el de esas dos mujeres problemáticas.

Camille POV

Me despierto sintiéndome un poco aturdida por la noche anterior. Tampoco dormí muy bien. Las imágenes de

un hombre italiano caliente me atormentan. O bien me dispara con una de sus muchas pistolas, o bien nos reímos a carcajadas de mi broma y seguimos donde lo dejamos.

Sacudiendo la cabeza para despejar mis pensamientos, salgo de la cama, me ducho y salgo de mi apartamento dando saltos para dirigirme al campus con la esperanza de encontrar a Tia y presentar mi trofeo. Tia es la hermana principal de la hermandad y la responsable de convertirme en ladrona de una noche.

Mentiría si dijera que mientras camino no miro de vez en cuando por encima del hombro esperando ver a Benjamín en las sombras.

—Chica contrólate —me digo a mí misma—. Probablemente aún está noqueado y, a juzgar por su bolsa, va a tardar en irse de Montgomery. —Agarro con más fuerza mi trofeo, que es su cartera, esperando que todo esto haya valido la pena.

Al ver a Tia saliendo de la casa de la hermandad, corro hacia ella, y pongo la cartera delante de su cara:

—Lo hice. ¿Y ahora qué? —pregunto con ansiedad.

Tia me mira fijamente.

—No sé Camille. Tendré que hablar con las otras hermanas.

—Pero pensé que habías dicho que si hacía esto estaba dentro. —La acuso, mientras empiezo a sentir que la rabia se apodera de mí.

—Oh, debes haber entendido mal. Todavía hay que discutirlo y hacer una votación. El hecho de que hayas seguido nuestros deseos no significa que estés automáticamente dentro —dice un poco cortante.

—¿Qué? —siseo.

—Arriesgué la vida y la integridad física por esto. Podría haber sido encarcelada —despotrico.

Tia se ríe con su risita falsa.

—Me pondré en contacto contigo Camille. —Y se marcha la muy maldita.

Ahora estoy atascada con esta cartera de la muerte y todavía no puedo entrar a la hermandad. Joder, realmente necesito entrar. Hacerlo me ayudará en mis solicitudes de becas y demás.

No tengo becas y el dinero se le está agotando a mi padre. Incluso está intentando vender nuestra tierra familiar. La hemos tenido durante generaciones y no puedo imaginar el dolor que le causaría dejarla ir. En cuanto a mí, me encanta ese lugar y renunciaría de buena gana a mi educación para asegurar que siga en nuestras manos, pero mi padre está empeñado en la idea de venderla.

Y yo… incluso bailo desnuda en un bar por la noche para pagarme parte de la carrera. No porque lo disfrute, pero seamos realistas, el dinero que gano trabajando en una cafetería no compite con el que gano sacudiendo mi cuerpo. Por supuesto, mi padre no sabe que hago esto. Además, no hago las cosas que hacen las otras chicas. No me acuesto con los clientes para ganar dinero extra, y estoy segura de que no me drogo. La gente se sorprendería si supiera cuántas chicas se pagan sus estudios enseñando las tetas.

Me dirijo a mi primera clase, pero me quedo en plantada por unos momentos cuando apenas he dado dos pasos. Qué hacer con la cartera y tratar de entrar en la hermandad me tienen estresada.

Y hay que añadir también la culpa a mi lista de problemas. Benjamín se veía tan dulce y vulnerable allí tirado desmayado anoche, que no quería dejarlo ni hacerle esto. Tal vez debería buscarlo y devolverle sus pertenencias. Y él está en Montgomery, ¿cuántos italianos con traje andan por ese pueblo? Solo él.

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