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   Capítulo 4 ¿Tu

Doble Moral Por Elizabeth R Palabras: 8901

Actualizado: 2021-04-07 01:26


Benjamín POV

Al llegar a Montgomery encuentro un mejor hotel y puedo dormir bien. Incluso teniendo en cuenta el hecho de que no puedo quitarme a Camille de la cabeza y que todavía estoy enfadado por el incidente. Por ello, quiero que el acuerdo por las tierras se complete para poder centrar mi atención en su caza.

Me instalo en mi nuevo auto de alquiler que está completo con todos los lujos a los que estoy acostumbrado. Y aunque no es el Porsche que me espera en casa, servirá.

Y así, finalmente me dirijo a la casa del anciano que debo embaucar para revisar el terreno y hacer una oferta que me convenga…

Me detengo frente a una casa de campo tradicional de estilo sureño. Está muy bien cuidada y rodeada de hectáreas de hermosas tierras. Es casi una pena saber que pronto será un centro comercial o lo que sea que mi padre quiera.

Antes de llegar a la puerta, un hombre bastante grande, pero en forma, sale por ella:

—Usted debe ser el hombre que viene del norte para comprar mi terreno —dice extendiendo su mano.

—Ese soy yo —digo poniendo mi actitud de vendedor.

—¿Cómo está? Soy Steve Vallard. El hombre que busca —habla con un profundo acento sureño.

Me esperaba un hombre mayor. No este, que probablemente tiene unos 50 años.

—Sí, usted es a quien busco. Soy Benjamín Harper y es un placer conocerlo —sonrío, tratando de ganármelo.

—Bueno, señor Harper, pase. Tome asiento y esperemos a mi hija. Parece que quiere opinar sobre esto —dice el anciano con una suave risa.

Asiento con la cabeza mientras me pregunto por qué es tan importante la opinión de su hija. Pues es responsabilidad de un hombre el llevar a cabo este tipo de negocios.

—Me parece justo —me oigo decir, aunque me parece insultante.

—Así es. Mi hija va a la universidad cercana y debería estar aquí en cualquier momento. Es una gran chica, pero déjeme advertirle. Está empeñada en no vender esta propiedad y puede ser un poco dura. —El viejo advierte y no puedo evitar preguntarme por qué deja que esta hija suya tenga tanto control en lo que le pertenece solo a él. Me siento y escucho mientras sigue hablando de su hija, que supongo puede ser un problema.

—La mayoría de la gente que la conoce ni siquiera iría en contra de ella en una discusión. —Se detiene para dar una risa sincera—. La mayor parte de las veces es culpa mía por malcriarla y ceder. Su madre se marchó cuando era una niña, dijo que este lugar no era para ella. Volvió a California y me dejó criándola solo. Eso probablemente explica por qué es tan… bueno, cómo se dice… oh, ya lo verá —concluye con un guiño.

Y así, empiezo a escuchar a Steve divagar. Pues me distrae de mis propios problemas y me da un vistazo a una vida normal. Ser el hijo de un mafioso tiene sus ventajas, pero haber crecido rodeado de armas, asesinatos y demás no ofrece mucha normalidad.

Mientras estamos en una profunda conversación, una voz femenina llama.

—Papá, estoy aquí. Deja que me refresque y me reuniré contigo.

Un momento después entra Camille en la habitación y se detiene.

—Oh my good.

El Sr. Vallard y yo levantamos la vista ante su estridente entrada. Una mirada entre la conmoción y el miedo marca su rostro en forma de corazón. Voy a levantarme, pero me lo pienso dos veces. Joder, no puedo echar a perder este trato. Si la mato delante de su padre, tendré que matarlo a él también, y entonces el trato se echará a perder.

Steve rompe la tensión.

—Camille este es el Sr. Harper. Sr. Harper esta es mi hija Camille.

Esto me da la oportunidad perfecta para acercarme a ella. Me acerco extendiendo mi mano. Y sus ojos no parecen demasiado desafiantes ahora. De hecho, parece que va a echarse a correr.

Camille mira fijamente mi mano y lentamente levanta sus ojos para encontrarse con los míos. Su boca se separa levemente al ver el fuego que arde en mi alma. Supongo que se está preguntando cómo puede escabullirse de esto.

De mala gana, me coge la mano y me aseguro de apretarla con fuerza. Me da un poco de placer verla hacer una mueca de dolor. Esbozo una sonrisa brutal mientras ella lucha por liberarse. Pero segundos después finalmente la suelto.

Camille se vuelve hacia su padre.

—Papá, tengo que irme. El trabajo me llama. Continúa esta reunión sin mí y me pones al corriente más tarde.

Me levanto.

—Déjame acompañarte a la salida —pido, tratando de sonar como el perfecto caballero.

—Oh no, está bien. —Camille jura que mi oferta es bastante precipitada.

—Insisto —dig

o en un tono más exigente.

Y así aparece la mirada desafiante de ayer, mientras ella dice con los dientes apretados:

—Y yo insisto en que no y continúe con esta reunión.

—Camille, deja que el señor Harper te acompañe mientras yo voy a por unas bebidas —dice su padre viniendo en mi ayuda.

Le doy una sonrisa ganadora mientras ella sale corriendo ignorando los deseos de su padre. Me rio mientras ella intenta correr hacia su auto, pero es inútil. Agarrándola bruscamente por el brazo la hago girar.

—Voy a gritar —sisea.

—Y me reiré mientras te corto la lengua —le advierto.

—Te reto a que lo intentes. Mi padre te pegará un tiro en el culo —me amenaza.

Casi inclinándome por la risa gruño,

—Y veremos quién sale vivo.

—Suéltame —gruñe tratando de liberarse de mi agarre.

—Dame lo que es mío —gruño igual que ella.

—Bien, de acuerdo. Está en mi auto —sisea mirándome fijamente.

Tirando de ella hacia su auto le pregunto con firmeza.

—¿Por qué coño pensaste que podías robarme? Si solo te dieras cuenta de en qué te has metido…

Ignorando mis amenazas se agacha en su auto para recuperar mi cartera. Como un imán mis ojos son atraídos por su trasero redondo mientras se inclina sobre el coche.

—También es una pena. Podríamos habernos divertido mucho —digo pasando mi mano por su trasero y dándole un fuerte apretón.

Ella se levanta,

—Quítame las manos de encima.

—No decías eso anoche. Además, solo estoy recuperando lo que es mío —sonrío.

—Estás loco, Benjamín. Mi trasero no pertenece a nadie. Pero esto es tuyo —sisea clavándome la cartera en el pecho.

La halo hacia mí con brusquedad.

—Tal y como yo lo veo, me debes y mucho.

—Lo siento, pero no conseguirás esa mierda de mí. Yo no soy así —se defiende.

—No me insinuaste lo mismo anoche. Recuerdo claramente que te frotaste sobre mí, chupándome el dedo. —Le echo en cara.

Ella me corta,

—Todo eso fue una actuación. Tuve que hacerlo para poder coger tu cartera. No es mi culpa que seas débil.

—Débil es una cosa que no soy, te lo puedo asegurar —gruño y miro rápidamente mi cartera.

—Está todo ahí. No he tocado nada —dice Camille con suficiencia.

—Entonces, ¿qué sentido tenía cogerla, por no hablar de drogarme? —pregunto.

—Tuve que hacerlo. Era un estúpido reto que tenía que completar para entrar en una hermandad. Nunca había robado en mi vida. Simplemente estabas en el lugar equivocado en el momento equivocado —dice actuando como si su razón justificara sus acciones.

—No Camille, solo elegiste la víctima equivocada —le advierto.

—Suéltame Benjamín. Tienes tu cartera, ahora vete. —Ella insiste tratando de alejarse una vez más.

Mi mirada se vuelve oscura y seria.

—¿Qué has visto en mi bolsa Camille? —pregunto, arqueando las cejas.

—No he visto nada, lo juro —me contesta y por primera vez veo que una pizca de miedo cruza su rostro y un escalofrío recorre su columna vertebral.

Siento que la he hecho quebrar un poco. Colocando mi boca cerca de su oído, susurro profundamente:

—Buena respuesta Camille, buena respuesta.

—Ahora déjame ir. Mi padre te debe estar esperando. —Ella insiste.

Aplico un poco de presión en su muñeca, solo lo suficiente para conseguir una mueca de dolor.

—¿De verdad quieres que te deje ir?… Pues necesito que me digas "por favor Benjamín déjame ir". —Ante esto, veo la ira ardiente iluminar sus ojos y entonces sonrío.

—Claro que no, no voy a decirlo —escupe.

Añado un poco más de presión.

—Dilo, o no te soltaré. —Y, por supuesto, sigue negando hasta que el dolor se vuelve demasiado incómodo.

Se pone de puntillas y me mira a los ojos con rabia. Ella sabe que ha perdido la batalla y eso la enfurece. Entre dientes apretados, grita:

—Por favor, déjame ir, Benjamín.

Con mi sonrisa conquistadora, le suelto la muñeca y veo cómo se la frota.

—La próxima vez no tardes tanto, muñeca.

—La próxima vez no tendrás la oportunidad de ponerme las manos encima —espeta.

Me rio mientras sube a su auto y se marcha. Después de todo esto, mis ganas de matarla y cabrearla desaparecen. Sinceramente, disfruto de nuestras pequeñas riñas. En cierto modo, es refrescante no tener que lidiar con todos los asuntos de "negocios" en casa o preocuparme de si en un momento dado me van a volar los sesos. Puede que me permita un poco de diversión normal mientras esté aquí. Y por diversión me refiero a Camille, ¡mi muñeca!

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