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   Capítulo 5 Estoy enamorado de una...

Doble Moral Por Elizabeth R Palabras: 11289

Actualizado: 2021-04-07 01:30


Camille POV

Mi corazón va a explotar de verdad. No paro de mirar el espejo retrovisor para asegurarme de que él se quedó atrás. Me tiemblan tanto las manos en el volante que me sorprende poder mantener el auto entre las líneas blancas.

Ela, tengo que hablar con Ela…

Finalmente llego a nuestro dormitorio. Y rezo para que esté aquí.

Al abrir la puerta la encuentro envuelta en su edredón.

—Ela, Ela, me ha encontrado —suelto con pánico.

—¿Quién te ha encontrado Camille? —contesta ella sin pestañear.

Esto es todo, pierdo la cabeza.

—¿Quién más va a ser, Ela? Benjamín, el tipo al que robé.

Esto hace que Ela se incorpore con su sonrisa de tonta.

—¡Wow! ¿Qué ha hecho?

Le cuento la historia de forma descuidada e intranquila. Me siento enloquecida, estresada y en mi punto de quiebre.

Y siento como una bofetada en la cara la risa de mi mejor amiga.

—¿De verdad Ela? —pregunto dolida.

—Lo siento, ¡ya sabes que te quiero! Es que nunca te he visto tan nerviosa —admite.

—Bueno, tal vez sea porque mi vida está en juego —me quejo, y luego doy un suspiro largo antes de añadir un poco avergonzada—. Tú no viste la mirada en sus ojos, el agarre de muerte que tenía sobre mí, la forma en que reclamó mi trasero como si yo fuera suya.

—Vale Camille, lo siento… pero… suena caliente lo que me cuentas —dice mientras contiene su risa.

No puedo creer que se comporte así en este momento.

—Lo único caliente aquí son los artículos de su bol… —Inmediatamente aprieto los labios recordando sus palabras cuando me interrogó sobre la bolsa: "Buena respuesta Camille, buena respuesta".

—¿Qué estabas diciendo Camille? —dice Ela mirándome con extrañeza.

Es mejor mantener mi boca cerrada sobre la dichosa bolsa.

—Nada Ela. Tienes razón, solo estoy alterada. Pero hay algo que no está bien en él y por ello no puedo descuidarme. Y para empeorar las cosas, va a estar rondando por mi casa para cerrar el trato de su compra.

Ela me mira con simpatía y yo me excuso para tomar una ducha y dirigirme al trabajo.

Benjamín POV

El resto de la reunión es un fracaso porque no puedo evitar que mi mente vuelva a pensar en Camille.

Vuelvo a mi habitación y a las 10 de la noche ya me arrastro por las paredes del aburrimiento. Estoy acostumbrado a Nueva York, la ciudad que nunca duerme. Y en esto, recuerdo que he visto un club de striptease a unas pocas manzanas de distancia y murmuro:

—¿Por qué no? Es mejor que estar aquí encerrado.

Al cabo de una hora estoy sentado junto a una pista de baile viendo a una variedad de mujeres hacer lo suyo tratando de conseguir dinero. Ninguna me llama la atención… Y estoy a punto de irme cuando una nueva bailarina surge de un lado.

Casi me rio a carcajadas de mi suerte. Es ella. Tiene medio cubierto el rostro con un antifaz, pero es ella. Observo cada vaivén, sacudida y balanceo que hace casi como si estuviera bajo un hechizo. Y la forma en que trabaja la barra pondría en vergüenza a cualquier gimnasta. Mi polla se pone dura solo con verla, como probablemente todos los demás bastardos que la miran embobados.

De repente un sentimiento de pura y cruda emoción me invade. Quiero arrancarla del escenario. Hacerle saber que es mía y sacarles los ojos a todos estos cabrones.

Finalmente se dirige a mi sección. Llámenlo destino o lo que sea, pero se detiene frente a mí moviendo su jugoso trasero. Se agacha justo delante de mi cara y tengo que luchar contra el impulso de agarrarla.

Ella se da la vuelta con un movimiento sedoso que me permite ver sus firmes pechos. Lentamente se pone en cuclillas con las piernas abiertas como las alas de un águila. Lo único que se interpone entre el paraíso y yo es una fina y sedosa correa de tela.

Sus ojos finalmente encuentran los míos, y la mirada de sorpresa que pone me hace sonreír. Ella se levanta y se escabulle hacia el otro lado del escenario, lo más lejos posible de mí.

Mi mirada sigue observando cada uno de sus movimientos con hambre. De vez en cuando me mira, para ver si sigo aquí. Sí, muñeca, no voy a ninguna parte…

Al final, su sesión termina y desaparece, pero la veo mezclándose con los clientes y otras bailarinas.

Así cavilo que este es su plan de juego: trabajar tentando a los hombres y luego mezclarse con ellos ofreciendo bailes eróticos para conseguir más dinero. Y sin darme cuenta, una pelirroja comienza a acosarme con sus ofertas, pero yo solo tengo un objetivo… Camille.

Agachándome, le susurro al oído a la pelirroja.

—¿Ves a la rubia de allí?

Ella asiente.

—La quiero ahora —exijo.

La pelirroja se aparta furiosa y escupe:

—Bien. Ve a la sala vip y espera en la habitación tres.

Me apresuro a irme, encuentro la sala tres y me instalo a esperar.

Camille POV

Samantha se acerca, me da un codazo con el ceño fruncido y me dice amargamente:

—Un imbécil te está esperando en la habitación tres. —Y así el segundo golpe me llega esta noche. El primero fue el hecho de que Benjamín esté aquí, lo cual casi hace que mi sistema nervioso colapse. ¡Ese bastardo! Es como un resfriado del que no me puedo librar. Parecía tan satisfecho al verme aquí el muy engreído.

Asiento con la cabeza y me quejo por dentro.

Detesto hacer bailes eróticos. Realmente no es lo mío joder a solas a un extraño… Pero si quiero graduarme, debo hacerlo.

Me dirijo al camerino a retocarme rápidamente.

Un par de minutos después, reluciente, me dirijo a la habitación 3, temiendo seriamente esto. Respirando profundamente, abro la puerta y entro.

—Hola, prostituta. —La profunda risa de Benjamín me saluda.

—¡Maldición! —grito y luego añado—. No voy a bailar para ti.

Él sonríe.

—Soy un cliente que paga. Tienes qu

e hacerlo.

—No, puedo negarme —digo agarrando el pomo de la puerta, pero su siguiente comentario me para en seco.

—¿Sabe tu papá que su dulce princesa es una chica de la noche?

Me quedo helada, sin saber si siento ira o miedo. Él toma mi silencio como respuesta.

—No creo que lo sepa. Te sugiero que si quieres mantener tus actividades traviesas bajo control empieces a mover ese culo.

Girándome con los puños cerrados, digo:

—No puedes hacer eso.

—Muñeca, hago lo que quiero. Cuanto antes lo aprendas, mejor será nuestra relación.

Jadeo y muevo el dedo delante de su cara.

—No hay ningún tipo de relación entre nosotros. —Y él se limita a reírse de mí negando con la cabeza.

Mientras permanecemos en un loco silencio, saca su teléfono.

—¿Qué estás haciendo? —pregunto un poco preocupada.

—Creo que voy a llamar a mi nuevo amigo Steve. Parece que su hija va por el mal camino. ¿Qué clase de amigo sería si no se lo hiciera saber?

—No te atreverías —siseo.

Su única respuesta es pulsar el botón de llamar. Mi ira se desborda y me lanzo contra él luchando por su teléfono.

—¡Cabrón! Dame ese teléfono ahora o te prometo que te mataré —me quejo.

Él deja escapar una carcajada.

—Me gustaría ver cómo lo intentas. Toma, muñeca, mira, le he dado a colgar. Ahora, si no quieres que cumpla mi promesa, te sugiero que me des mi espectáculo.

Desde mi arrebato me encuentro tumbada en su regazo mirándolo. Parecemos estar atrapados el uno por el otro, pero rápidamente sacudo la cabeza y me escabullo de su regazo. Le doy un empujón en el pecho y gruño:

—Te odio.

Sus ojos parecen nublarse y contesta sin rodeos:

—Ponte a la cola, muñeca, ponte a la cola.

Sí, de acuerdo, tal vez me he pasado de la raya y no he debido haber dicho eso, pero el diablo se ha metido en mi piel y he actuado antes de pensar. Y estoy haciendo mucho esto últimamente.

Suspiro.

—Bien. Si lo hago, ¿prometes que mantendrás mi trabajo entre nosotros? —Y para enfatizar añado con un puchero—. Por favor, Benjamín.

Él se recuesta en la silla como si tuviera un pensamiento profundo, casi como si estuviera llevando a cabo un negocio. Un minuto después, finalmente habla:

—Tienes mi palabra Camille. Nunca rompo mis promesas. —Entonces la seriedad lo abandona y sonríe—. ¿Debo sentirme especial ya que acabamos de compartir un momento?

Me rio a mi pesar.

—No Benjamín, esto no ha sido ningún momento. Además, si lo cuentas, solo recuerda que yo también tengo un secreto tuyo —digo juguetonamente.

—¿Y cuál es ese Camille? —pregunta con interés.

Sonrío burlonamente:

—Tu bolsa. —Antes de que pueda decir algo más, me siento empujada contra la pared con su mano alrededor de mi garganta.

—No juegues conmigo, muñeca. Sería un grave error que lo hicieras —dice con una voz que me desconcierta y me infunde miedo. Pero no se lo demuestro.

Intentando apartar su mano de mi garganta, le hablo al bruto:

—Estaba bromeando, Benjamín. Por favor, déjame ir. Me estás haciendo daño. No se lo diré a nadie, lo prometo.

Una suavidad sustituye la brutalidad de sus ojos y retira la mano. Me froto la garganta al borde de las lágrimas.

—Tengo que irme —murmuro.

—No, no me has dado mi baile. Mira Camille, lo siento. No debería haber reaccionado así.

Siento su mano rozar mi mejilla.

—Mírame muñeca.

Levanto mi mirada hacia la suya y él me quita la única lágrima que se me escapa.

—Te prometo que nadie sabrá de tu trabajo, confía en mí.

Lo extraño es que en este momento sí confío en él. Sus ojos contienen honestidad.

—Siéntate —digo preparándome para el baile erótico. Él se relaja en su asiento. Y yo, empiezo lentamente al principio. Frotando mis manos arriba y abajo de su pecho mientras me balanceo. Al ver lo excitado que está, decido subir el ritmo.

De espaldas a él, me inclino dejando que tenga una visión perfecta de mi culo mientras lo meneo. Segundos después, de nuevo de cara a él, pongo mi tacón en su pecho y le empujo suavemente hacia atrás en su asiento. Muy seductoramente, me siento a horcajadas sobre su regazo y dejo caer mi top. Y me levanto un poco para permitir que mis tetas sean su principal objetivo por ahora.

Siento sus manos agarran mis costados.

—Ah, ah, ah… no toques. Va en contra de las normas del club.

Así, me escudo un poco en esto, mientras sé que se está excitando cada vez más. Su respiración es más fuerte. Y yo estoy disfrutando viéndolo así, pues es como mi propia forma de venganza por sus acciones anteriores.

—Camille, necesito tocarte. —Sus palabras están llenas de lujuria.

Sonriendo como una zorra, niego suavemente con la cabeza y deslizo mi cuerpo a lo largo del suyo, quedando de rodillas entre sus piernas. Mirándolo, dejo que mi mejilla se roce con su dureza.

Él echa su cabeza hacia atrás con un gruñido bajo. Volviendo a subir por su cuerpo, me acomodo de nuevo en su regazo. Su dureza me presiona y me pone caliente. Enroscando los dedos en su cabello, empiezo a apretarme lentamente contra él.

Me inclino para susurrarle al oído y le digo en voz baja:

—Quieres correrte, ¿verdad? —Su única respuesta es un gruñido.

Sonriendo por haber hecho mi trabajo a la perfección, me bajo de su regazo y le digo rápidamente:

—El tiempo se acabó. —Antes de que pueda agarrarme, salgo corriendo por la puerta.

Una vez en mi camerino, sonrío a más no poder. Pues me lo imagino satisfaciéndose en mi nombre.

Bien, no voy a mentir, yo también estoy excitada. Él es…

—Joder —grito de un momento a otro, pues me he olvidado de recoger mi pago de él.

Salgo corriendo en su busca, pero me encuentro con las manos vacías. El muy cabrón se ha ido.

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Estos dos están que echan chispas 😈🔥

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